Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, noviembre de
2007
|
Carta a un Joven Cubano (II)
Germán J. Miret
En mi carta anterior prometí escribirte sobre
José Martí. Ésta la dirijo con igual empeño tanto a los jóvenes
idealistas que en Cuba apoyan la revolución y luchan y se
sacrifican por ella, como a aquellos que hastiados por la
mentira y el engaño se le han marginado. Los unos y los otros
tienen un profundo sentimiento por Martí, de admiración los
primeros; desafortunadamente, de desprecio los segundos;
sentimientos antagónicos surgidos por una misma razón: se les ha
dicho que Martí fue comunista, el inspirador de la revolución,
“el autor intelectual del
Moncada”.
Es necesario que sean las mismas palabras de
Martí las que refuten tal patraña ya que su obra ha sido
manipulada a conveniencia, sus escritos han sido mal
interpretados y tergiversados y sus frases se toman fuera de
contexto.Son numerosísimos los escritos de Martí en contra del
socialismo. Aquí tomaré sólo unos pocos.
Es cierto que José Martí alabó a Karl Marx, pero
hay que leer el texto completo. En ocasión de una velada en NY
por la muerte de Marx, Martí escribió lo siguiente para La
Nación de Buenos Aires con fechas del 13 y 16 de mayo de
1883: Ved en esta gran sala. Karl Marx ha muerto. Como se
puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el
que señala el daño y arde en ansias generosas de ponerle
remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la
tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Martí
siempre tenía un “pero”, para Marx, el socialismo y los
socialistas; veía en algunos (entre ellos Marx) nobleza de
intención, pero error en la solución.
En el mismo escrito, y hablando de los que en
aquella noche habían dirigido la palabra a los presentes, señala
la presencia de Swinton: anciano a quien las injusticias
enardecen, y vio en Karl Marx tamaños de monte y luz de
Sócrates, pero enseguida arremete contra el socialista Most:
Aquí está el alemán John Most, voceador insistente y poco
amable, y encendedor de hogueras, que no lleva en la
mano diestra el bálsamo con que ha de curar las
heridas que abra su mano siniestra...
Suenan músicas; resuenan coros, pero se
nota que no son los de paz.
Criticó las injusticias de los explotadores y
defendió a los pobres, pero Martí sabía que la solución no era
el socialismo. Años más tarde usó palabras de desprecio -cosa
rara en él- hacia los socialistas que en los EEUU, en aquella
época, agitaban a los trabajadores y los arengaban a la lucha
contra los empresarios. A Spies, lo llamó un hombre chupado,
un hombre mal hecho. A Schwab, lo llamó persona torva y
enfermiza, pelo y barba al descuido, ojos temibles bajo anteojos
grandes, huesoso y ávido. A Most lo vuelve a criticar
escribiendo sobre él: con una lengua grandaza como su
barba, gordo, fofo, mirada de sargento, enamorado..., incitando
a voces a sus oyentes a que hicieran como él, y fueran a sacar
de sus guaridas a todos los capitalistas y a volar sus casas y
riquezas con las bombas que él enseña en sus libros a hacer y
manejar. De los que azuzaban a la lucha de clases dijo:
sólo son indignos de lástima los que
siembran a traición incendio y muerte por odio a la prosperidad
ajena.
La Nación. Buenos Aires 2 de julio de 1886
Fustigó los males de su época, pero veía un mal
mayor en las soluciones que ofrecía el socialismo. En este
último artículo de La Nación nos dice:
Más cauto fuera el trabajador de los Estados Unidos, si no le
vertieran en el oído sus heces de odio los más apenados y
coléricos de Europa. Alemanes, franceses y rusos guían estas
jornadas. En los de acá, el buen sentido, y el haber nacido en
cuna libre, dificulta el paso a la cólera.
Joven cubano, el defensor de los humildes, el
hombre que con los pobres de la tierra quería echar su suerte,
no quería echarlos a pelear contra los ricos, quería que
alcanzaran su redención sin odios ni luchas de clases.
De Europa llegaban las corrientes socialistas y
Martí previene de esas doctrinas extranjerizantes en otro
artículo para La Nación, el 9 de febrero de 1885,
diciendo: El alemán, que en buena porción es ciudadano
pacífico, en otra, perniciosa y activa, es fanático propagador
de medidas violentas que pongan de una vez los cimientos de las
casas en las nubes, y los trabajadores socialistas en los
lugares de los empresarios que los emplean...
De Europa vienen, pues, con los artesanos que
trabajan, los odios que fermentan. Viene una población rencorosa
e híbrida, que ni en sí misma, ni en la que engendra produce
hijos legítimos y sanos del país...
Totalmente opuesto a la lucha de clases, Martí
resentía la envidia que movia a tanto predicador de odio. El
hombre que cultivaba una rosa para su enemigo, que nunca
aprendió a odiar, utilizó siempre sus palabras más fuertes en
contra de los socialistas: Asesino
alevoso ,ingrato a Dios y enemigo de los hombres, es el que so
pretexto de dirigir a las generaciones nuevas, les enseña un
cúmulo aislado y absoluto de doctrinas y les predica al oído,
antes que la dulce plática del amor, el evangelio bárbaro del
odio.
Estableciendo una diferencia de procedimientos
entre los sindicatos obreros americanos y la política socialista
Martí escribe lo siguiente para el número de La Nación de Buenos
Aires correspondiente al 13 de septiembre de 1883:
Las asociaciones obreras, infructuosas en Europa
y desfiguradas a manos de sus mismos creadores, por haberse
propuesto, a la vez que remedios sociales justos, remedios
políticos violentos e injustos, son fructuosos en Norteamérica,
porque sólo se han propuesto remediar por modos pacíficos y
legales los males visibles y remediables de los obreros.
Comprendiendo preclaramente los peligros del
socialismo, hace una crítica a un libro de Herbert Spencer
titulado ‘La Futura Esclavitud’. En esta crítica incluye la
siguiente observación: De ser siervo de sí mismo, pasaría el
hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los
capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los
funcionarios.
Fidel Castro dice que escondió sus creencias
marxistas porque no era conveniente decirlo antes y que Martí
había hecho lo mismo. Repele pensar que Martí engañara a sus
amigos, seguidores, protectores y compañeros de armas, que
fuera hombre de dos caras habiendo criticado esa actitud en Marx
cuando dijo de él que “anduvo de prisa y un tanto en la
sombra”.
(La Nación 13 y 16 de mayo de 1883)
Si hay algo en las palabras de Martí que pudieran
referirse a Fidel Castro, las más apropiadas serían:
Con lenguas de traidores debe escribirse en la
historia de un pueblo el nombre de quien anteponga la autoridad
de su persona, o de su camarilla, a la concordia y unificación
de su país.
Examina los escritos de Martí. Ve como predicaba
constantemente con las palabras Verdad, Justicia, Paz, Amor,
Libertad..., a todas luces se ve que fue un estudioso admirador
de Alguien que antes que él predicó esas palabras: Jesús de
Nazaret.
En Cuba hasta se ha puesto en duda la persona
histórica del Nazareno. ¿Conoces, joven cubano, la defensa que
Martí hace de Jesucristo? La publicó en el periódico La
Opinión Nacional de Caracas el 4 de abril de 1882. Comienza
así: -Al cabo de diecinueve siglos que el mundo adoraba la
divina inocencia de Jesús, ha habido hombres bastante soberbios
y extraviados para formular de nuevo contra su Divina Majestad
las acusaciones que presentaron los judíos. Nada tan insensato.
Y termina Martí este artículo con una bellísima poesía a la
Virgen María del mexicano Marcos Arronis titulada “A La Madre de
Dios.”
En los escritos y en la poesía martiana se nota
una cierta influencia cristiana. De ella te hablaré
próximamente. El Señor te bendiga.
|