Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, noviembre de
2007
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Carta a un joven cubano
Hace poco un amigo me pidió que escribiera una carta a un joven
en Cuba llamado Jorge. Se me ocurrió escribir, además, una carta
a un joven cubano, (a cualquier joven cubano) al que se le ha
presentado una visión distorcionada de los exiliados, sus sueños
y sus luchas. Quisiera compartirla con los lectores de IDEAL, y
si la pueden enviar a un joven en Cuba, habremos logrado nuestro
objetivo.
Germán Miret
Querido joven cubano:
Naciste después del triunfo revolucionario del 1ro de enero de
1959 y estudiaste lo que la revolución decidió que era la
historia de Cuba.
No tenías por que dudar lo que se enseñaba. El niño confía en su
maestro, los maestros dicen la verdad; los maestros son hombres
y mujeres buenos; los maestros no mienten. Lo que el niño no
sabe es que en Cuba y en todos los países que fueron y son
comunistas, el maestro tiene que enseñar lo que el “Partido”
dicte.
Así surgió la versión “revolucionaria” de todo lo acaecido en la
historia de nuestra Patria desde Colón a la fecha.
Durante el período previo al triunfo revolucionario se luchó
contra Batista, contra los sicarios y torturadores, contra la
corrupción, el nepotismo, el vicio y todas las demás lacras que
azolaban a nuestra Patria; nunca se luchó por cambiar el sistema
democrático por uno comunista. Y no me entiendas mal, no todo
funcionaba tan mal como te lo han presentado en esa nueva
historia. De hecho se lograban adelantos en todo sentido.
Del sector económico no teníamos que preocuparnos mucho, la
laboriosidad, la inteligencia y el espíritu emprendedor del
cubano habían logrado colocar la economía cubana en una posición
cimera en todos los índices económicos; baste decir que Cuba
estaba por encima de España e Italia en esos índices, que el
peso cubano estaba a la par del dólar, que el calzado cubano se
exportaba, que ya casi estabamos listos para exportar carne, que
la propiedad de los centrales azucareros había pasado de un 66%
en manos extranjeras en 1902 a un 60% en manos cubanas en 1958.
La silueta de La Habana, en menos de 10 años, se había
transformado totalmente por la cantidad de nuevos edificios. El
turismo, se habia convertido ya, para esa fecha, en nuestra
segunda industria –y esto, aún antes de la época de los “jets”-.
Cuba mejoraba aceleradamente económicamente
En lo político, habían cubanos buenos que lograban leyes justas.
La Constitución de 1940 era (¡es aún hoy!) una de las más
avanzadas en cuestiones sociales en el mundo. La educación y la
medicina siempre fueron gratuitas, solamente había que hacerlas
llegar a todas partes. Solamente teníamos que animar a las
personas honestas a aspirar a cargos electivos para seguir
saneando la política y eso se iba logrando poco a poco; para
eso sí se luchó, para eso se hizo la Revolución.
Llega ese 1ro de enero de 1959 y el pueblo entero le da un voto
de confianza a Fidel Castro. Aquel dia –como decía el himno-
“brilla más el sol, el cielo es más azul, la Patria agradecida
parece que recibe la bendición de Dios” –más
tarde, tal vez por dictado del Partido, se sustituía por “la
bendición del sol”. Fidel Castro reune un equipo de gobierno
con hombres y mujeres intachables (Rufo López-Fresquet,
Agramonte, Humberto Sorí-Marín, Elena Mederos, José Miró
Cardona, Felipe Pazos, ManuelUrrutia, etc. etc, (la mayoría
terminarían presos, fusilados o exiliados). El comercio, la
industria, los sindicatos obreros, todas las asociaciones
cívicas y religiosas de la época apoyan al nuevo gobierno.
Nunca, nadie, ha tenido tanto poder como Fidel Castro en Cuba.
Solamente había un “pequeño” detalle que el pueblo en general
desconocía y que otros olvidaban, callaban o le perdonaban:
Fidel no era un tipo confiable. Se sabía que era un “bonchista”
de la Universidad de La Habana, que tenía un apetito insaciable
de poder, que sentía un placer morboso por las pistolas calibre
45, que había participado em el asesinato de Manolo Castro y el
mismo había asesinado al policía universitario Oscar Fernández
Caral, este último en su casa y en presencia de su pequeño hijo;
se sabía que había atentado también contra Leonel Gómez. Se
conocía su admiración por Adolfo Hitler, (la frase
“condenádme, no importa, la historia me absolverá”, es de
Hitler, quien la termina: “la diosa de la Historia me
absolverá”. Aún con este historial y mucho más que haría
interminable este escrito, se confió a él el futuro de Cuba.
Para garantizar su permanencia en el poder, Fidel Castro
necesitaba un sistema político donde los líderes fueran
inamovibles, ese sistema era el comunista. En una democracia,
hubiese tenido que hacer elecciones periódicas; en el sistema
comunista no. Fidel Castro no es comunista, es fidelista. De
hecho el capitalismo ha entrado en Cuba en sociedad con su
tiranía en un malabarismo ideológico que deja fuera al pueblo a
todo acceso a empresas propias. El extranjero puede practicar,
junto con el gobierno, la libre empresa, el pueblo no.
A los pocos meses de su acceso al poder quedaban a su alrededor
solamente los comunistas y los sumisos. Lo que más valía de la
lucha contra Batista comienza de nuevo a conspirar, ahora más
que contra un dictador, contra un tirano sanguinario, totalmente
desprovisto de humanidad, contra el traidor a los postulados del
Manifiesto de la Sierra Maestra del 12 de julio de 1957
(¿lo conoces?). Comienza una lucha contra un hombre tan
diabólico como astuto.
Comienzan los fusilamientos. Se cometen injusticias pero no
importa, la revolución tiene que sembrar el terror y el miedo
que marcarán su trayectoria. La premura con que se llevan a
cabo, la falta de garantías, de justicia y el apetito de sangre
de los dirigentes, principalmente, Raúl Castro, el Che Guevara y
Fidel Castro, eran indicativos de que llegaban a Cuba tiempos de
violencia. Querido joven, no se funda un proyecto de
recuperación nacional con tales principios de odio y venganza.
Por otro lado, no hay “logro revolucionario” que no se hubiese
alcanzado en aquel momento, dentro de un marco democrático,
dentro de la Constitución vigente en aquel momento. El ansia de
justicia social había permeado el alma nacional aquel 1ro de
enero. Cuba era nuestra, nadie tenía que indicarnos hacia donde
ir, todos estabamos seguros de hacia donde nos dirigíamos; ni
los americanos ni los soviéticos tenían que inmiscuirse en
nuestro proyecto. Nos dirigíamos hacia la Cuba que soñó Martí,
“con TODOS y para el bien de TODOS”. Sin embargo, un
hombre tenía otros planes: Fidel Castro Ruz.
Joven cubano, yo te comprendo pues fue en mi juventud que me dí
cuenta de todo. Pero la verdad era tan dura que me resistía a
creerla, no podía aceptar que todos nos habíamos equivocado.
Pensaba: si lo que creo es verdad, ésto no tiene solución, el
futuro de Cuba será un infierno. Desgraciadamente no me
equivoqué y el futuro fue aun peor de lo que había imaginado. En
los años que lleva la revolución, miles han sido los fusilados,
cientos de miles los presos políticos, millares de familias
divididas, escaceses y miseria en un país rico, mendicidad a
nivel mundial, casi 2 millones de exiliados -políticos o
económicos, no importa- ambos a consecuencia del sistema. Donde
sí me equivoqué es en lo de que “ésto no tiene solución” . Ésto
sí tiene solución. La solución comienza por tí y por mí, que nos
conozcamos mejor, que nos perdamos el miedo, que pensemos que
juntos podemos. Tienes el futuro por delante, ábretete a ese
futuro, aspiremos a una Cuba donde la industria y el comercio
regresen a manos cubanas, donde haya libertad de pensamiento y
de expresión de ese pensamiento por medio de la prensa y de la
libre asociación, donde los gobernantes sean elegidos
libremente, donde la educación y la asistencia médica sean tan
gratuitas como eficientes e integrales, donde la universidad sea
para TODOS y no solamente para los revolucionarios, donde
los deportistas y los artistas tengan las mismas oportunidades
que en otros países. Una Cuba donde vivamos todos en la Verdad,
la Justicia, el Amor y en Libertad.
Me hablas de José Martí y no quiero despedirme sin hablarte de
él.
¡Cuánto se le ha desvirtuado, cuánto se le ha utilizado!. Han
tomado frases escogidas para hacerlo cómplice de la revolución.
En la escuela te dijeron que era el autor intelectual del ataque
al Moncada y que odiaba a los Estados Unidos. Lo que no te
dijeron es que fue uno de los primeros en prevenirnos de la
nueva tiranía: el Socialismo, la explotación del hombre por el
Estado. Existe otro Martí, el de la Rosa Blanca, el que no sabía
odiar. De él te hablaré en otra carta.
Joven cubano medita con tu propia cabeza; olvídate de consignas;
reconoce que sólo conoces aquello que la revolución te ha
enseñado; piensa que tal vez hay otra verdad, otros cubanos no
comunistas que sueñan para Cuba un sueño como el tuyo, que tal
vez hay otro camino. Te invito a que lo exploremos juntos. Hasta
pronto.
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