Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, octubre de
2007
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El
ecumenismo necesita una «purificación de las estructuras»
Entrevista
al presidente de la Conferencia Episcopal de Grecia
Zenit
SIBIU, 17
septiembre 2007 – El ecumenismo necesita una «purificación de
las estructuras» de las Iglesias y un mayor conocimiento
recíproco entre los cristianos, afirma monseñor Fragkiskos
Papamanolis, ofm-cap, obispo de Syros, Milos y Santorini.
El prelado
–que comenta con ironía que es católico griego y no
greco-católico– es también administrador apostólico de Creta y
presidente de la Conferencia Episcopal de Grecia.
Hablando
con Zenit sobre las iniciativas normales de colaboración con los
ortodoxos en su tierra, monseñor Papamanolis traza un breve
balance de las experiencias de la reciente III Asamblea
Ecuménica de Sibiu (Rumanía) y lanza un llamamiento para que
todos los cristianos celebren la Pascua el mismo día,
–¿Cuál
es la situación de la comunidad católica en Grecia?
–Monseñor
Papamanolis: En Grecia, la presencia católica es mínima en
cuanto a los católicos de nacionalidad griega. Somos el 0,5% de
la población, unos 50.000. Mientras tanto, en los últimos quince
años, con la caída del comunismo, la apertura de los países de
la Unión Europea, y la situación inestable en Oriente Medio, los
católicos hemos tenido un aumento del 700%. De 50.000 hemos
pasado a ser 350.000.
Como pude
informar al Papa, durante la visita «ad limina Apostolorum», en
octubre de 2006, por una parte este hecho nos conforta mientras
que por otra nos crea también muchos problemas, porque hay
concentraciones de católicos en lugares en los que no hay
presencia de la Iglesia Católica, donde no tenemos ni siquiera
un lugar de culto y menos aún sacerdotes.
Por
ejemplo, en la parte sudoriental de la isla de Creta, en la
ciudad de Ierapetra, hay unos mil católicos y su parroquia se
encuentra en Heraklion, a casi 130 kilómetros de distancia. En
Ierapetra hay jóvenes parejas y niños de primaria a quienes
nadie enseña el catecismo. Últimamente, hemos alquilado un local
comercial y lo usamos como lugar de culto y encuentros. Lo que
nos gustaría es que las Iglesias de las que provienen estos
católicos nos ayudaran. Pero en su mayoría son Iglesias pobres
en personal y finanzas como por ejemplo Albania.
–¿Nos
puede decir en qué ámbitos sociales hay mejores relaciones entre
católicos y ortodoxos?
–Monseñor
Papamanolis: Sobre todo, no existe un diálogo oficial entre la
Iglesia Católica y la Ortodoxa en Grecia. Pero en aquellas
ciudades, o en aquellas islas, en las que hay, aunque sea
discreta, una presencia de la Iglesia Católica, y, todavía más,
donde tiene sede un obispo católico, hay buenas relaciones entre
los obispos (ortodoxo y católico) y entre el clero, y esto es un
hecho positivo que anima a los fieles a caminar hacia la unidad.
Por lo que
a mí respecta, puedo decir que, en la isla de Syros, de la que
soy obispo desde hace 33 años, tengo buenísimas relaciones con
mi homólogo, el metropolita ortodoxo Doroteo II, que está allí
desde hace sólo cinco años. Hemos impulsado iniciativas que
edifican mucho a nuestros fieles. Por ejemplo, con motivo de las
fiestas litúrgicas, como Pascua y Navidad, vamos juntos a
visitar a los enfermos al hospital y a los ancianos de las tres
residencias de la isla. Este «juntos» ha cambiado completamente
el sentido de nuestra visita, porque no es sólo filantropía sino
que se carga de un significado de unidad y de reconciliación
entre nosotros.
Otra
iniciativa, puesta en marcha hace tres años, y que llevamos
adelante al menos una vez al año, es una comida conjunta de
sacerdotes católicos y ortodoxos. Una vez dije al metropolita
Doroteo II que, si no podemos compartir el banquete eucarístico,
podemos al menos sentarnos en torno a una mesa para comer
juntos, y discutir sin fórmulas prefabricadas. Y esto es lo que
hacemos.
–¿Qué
diálogos, entablados aquí en Sibiu, continuará a su regreso a
Grecia?
–Monseñor
Papamanolis: Por primera vez, con vistas a Sibiu, algo que no
sucedió en las dos primeras asambleas, por iniciativa de la
Iglesia Ortodoxa, y junto a las delegaciones de las Iglesias
Ortodoxa, Católica y Evangélica, mantuvimos una reunión en
Atenas. Un hecho saludado como un gran evento. Ahora, llegados a
Sibiu, ya no somos extranjeros entre nosotros, hablamos por la
calle e intercambiamos bromas de amigos.
En Sibiu,
el presidente de la Comisión para las Relaciones Intraortodoxas
e Intercristianas de la Iglesia Ortodoxa de Grecia, el
metropolita Ignacio de Volos, nos invitó a todos a comer y
decidimos seguir este diálogo luego. Sin duda, es un pequeño
paso. Pero no se trata de la simple iniciativa de un obispo, si
pensamos que cuenta con la aprobación del Sacro Sínodo.
Comenzamos así, poco a poco, casi a escondidas, diría. En el
fondo, cuando se siembra, la semilla se esconde, y luego germina
y da frutos abundantes.
–En su
opinión, ¿qué perspectivas ecuménicas abre este encuentro en
Rumanía?
–Monseñor
Papamanolis: En Sibiu, sobre todo, se ha renovado el compromiso
de las Iglesias europeas de caminar hacia la unidad. Además, en
el Mensaje final, hay varias propuestas en la campo social.
Esperamos por tanto que este Mensaje no se archive sino que se
mantenga sobre el propio escritorio. Tengo también otras ideas
en mente que no aparecen en el Mensaje. Para mí, en el camino
hacia la unión de los cristianos, las verdades teológicas son
importantísimas, y llegar a un acuerdo sobre algunos temas es
indispensable. Pero esta es ya materia para las comisiones
teológicas mixtas.
Si
nosotros y el ecumenismo estamos atravesando un sentimiento de
cansancio, se debe a que no se da importancia al conocimiento
recíproco y que siguen sobreviviendo muchos prejuicios del
pasado, que las precedentes dos asambleas contribuyeron a
cancelar sólo en parte. Por esto, encuentros como el de Sibiu
deberían repetirse más frecuentemente, también a nivel local y
nacional. Y quizá sin deber invitar a tres mil personas.
Es muy
importante que los obispos conozcamos mejor la Ortodoxia, más
allá de lo que se lee en los libros. Porque conocerla es no sólo
saber las diferencias doctrinales sino también su sensibilidad.
Y lo mismo sucede con la otra parte. Al menos en Grecia, los
libros de religión adoptados en las escuelas estatales, en el
pasado, presentaban como enseñanza de la Iglesia Católica, justo
lo que la Iglesia Católica no enseñaba sino que más bien a
menudo condenaba.
Por tanto,
estos prejuicios deben caer y, poco a poco, están cayendo,
gracias al conocimiento y a los contactos personales. En efecto,
en aquellas ciudades o islas en las que coexistimos ortodoxos y
católicos, y por tanto nos conocemos, puedo decir que los
prejuicios han caído ya tanto de una parte como de la otra.
Otra vía a
recorrer es la purificación de la estructuras, tanto en el
Iglesia Católica como en la Ortodoxa. En la práctica, la
Eclesiología sufre. Hay estructuras que deberían ser corregidas.
Unos y otros debemos recorrer este camino de conversión, que no
hay que entender como arrepentimiento de un pecado o de un mal
cometido, sino en el sentido evangélico, en el que la palabra
«metanoia» significa «cambiar de mentalidad, de espíritu».
Entonces, si se cambia el espíritu, cambian muchas cosas.
–Para
terminar, ¿le gustaría decir algo que le preocupe especialmente?
–Monseñor
Papamanolis: Diría que nuestra pequeña delegación de la Iglesia
Católica en Grecia ha presentado, aquí en Sibiu, una moción a la
presidencia de la III Asamblea Ecuménica, pidiendo que se invite
al Gobierno turco a respetar el título de «ecuménico» asociado
al Patriarca de Constantinopla. He dado este escrito nuestro a
varios obispos ortodoxos, como por ejemplo al jefe de la
delegación del patriarcado Ecuménico, el metropolita Miguel de
Austria, quien ha agradecido mucho esta iniciativa.
Un segundo
llamamiento que quiero hacer llegar a todos es que dejen de lado
todas las terquedades y que busquemos una fecha para celebrar la
Pascua el mismo día. Presenté por escrito esta moción, pidiendo
que se haga presión, con insistencia, para encontrar una fecha
común, la que sea, para que todos los cristianos festejen juntos
esta celebración litúrgica. Es decisivo. Porque si no lo hacemos
nosotros vendrá Ciro a hacerlo en nuestro lugar. ¿Saben quién es
Ciro? Era el rey de Persia que, con el edicto del 358 A.C.
permitió a los judíos volver y reconstruir el Templo de
Jerusalén porque solos no lograban ponerse de acuerdo.
Si los
cristianos no logramos ponernos de acuerdo en una fecha común
para celebrar la Pascua el mismo día, vendrás los diversos
gobiernos ateos a decirnos: «U os ponéis de acuerdo, o no
tendremos ya en cuenta vuestra Pascua». Y por tanto en Semana
Santa se seguirá trabajando normalmente, y el Domingo de Pascua
será un domingo como los demás. Como ya ha sucedido en Francia.
Esto nos
crea muchos problemas, a nosotros como Iglesia y también a la
sociedad. Piensen simplemente en el problema de los bancos, que
durante la Semana Santa se cierran en Grecia y no en otras
partes, o en las familias mixtas, con un padre católico y el
otro ortodoxo. La próxima Pascua la celebraremos nada menos que
con cinco semanas de diferencia. Quienes siguen a la Iglesia c
atólica y se remiten al calendario gregoriano, celebrarán la
Pascua el 23 de marzo de 2008, mientras que la Iglesia Ortodoxa,
que sigue el calendario juliano, la festejará el 27 de abril.
Nosotros,
desde 1968, distanciándonos no sin dolor de Roma, gracias a un
permiso especial del mismo Pablo VI, celebramos la Pascua con
los ortodoxos el mismo día, pero incluso esta solución no está
exenta de problemas. Me auguro que todos puedan decir en Pascua:
«¡Cristo ha resucitado!». Sin una Resurrección por etapas.
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