Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, octubre de
2007
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Nuestras
prioridades y la falta de tiempo
P. Raniero
Cantalamessa, ofmcap
Un día, un anciano profesor fue llamado como experto para hablar
sobre la planificación más eficaz del tiempo a los mandos
superiores de algunas importantes empresas norteamericanas.
Entonces decidió probar un experimento. De pie, frente al grupo
listo para tomar apuntes, sacó de debajo de la mesa un gran vaso
de cristal vacío. A la vez tomó también una docena de grandes
piedras, del tamaño de pelotas de tenis, que colocó con
delicadeza, una por una, en el vaso hasta llenarlo. Cuando ya no
se podían meter más, preguntó a los alumnos: «¿Les parece que el
vaso está lleno?», y todos respondieron: «¡Sí!». Esperó un
instante e insistió: «¿Están seguros?».
Se inclinó de nuevo y sacó de debajo de la mesa una caja llena
de gravilla que echó con precisión encima de las grandes
piedras, moviendo levemente el vaso para que se colara entre
ellas hasta el fondo. «¿Está lleno esta vez el vaso?», preguntó.
Más prudentes, los alumnos comenzaron a comprender y
respondieron: «Tal vez aún no». «¡Bien!», contestó el anciano
profesor. Se inclinó de nuevo y sacó esta vez un saquito de
arena que, con cuidado, echó en el vaso. La arena rellenó todos
los espacios que había entre las piedras y la gravilla. Así que
dijo de nuevo: «¿Está lleno ahora el vaso?». Y todos, sin dudar,
respondieron: «¡No!». En efecto, respondió el anciano, y, tal
como esperaban, tomó la jarra que estaba en la mesa y echó agua
en el vaso hasta el borde.
En ese momento, alzó la vista hacia el auditorio y preguntó:
«¿Cuál es la gran verdad que nos muestra ese experimento?». El
más audaz, pensando en el tema del curso (la planificación del
tiempo), respondió: «Demuestra que también cuando nuestra agenda
está completamente llena, con un poco de buena voluntad, siempre
se puede añadir algún compromiso más, alguna otra cosa por
hacer».
«No –respondió el professor–; no es eso. Lo que el experimento
demuestra es otra cosa: si no se introducen primero las piedras
grandes en el vaso, jamás se conseguirá que quepan después».
Tras un instante de silencio, todos se percataron de la
evidencia de la afirmación. Así que prosiguió: «¿Cuáles son las
piedras grandes, las prioridades, en su vida? ¿La salud? ¿La
familia? ¿Los amigos? ¿Defender una causa? ¿Llevar a cabo algo
que les importa mucho? Lo importante es meter estas piedras
grandes en primer lugar en su agenda. Si se da prioridad a miles
de otras cosas pequeñas (la gravilla, la arena), se llenará la
vida de nimiedades y nunca se hallará tiempo para dedicarse a lo
verdaderamente importante. Así que no olviden plantearse
frecuentemente la pregunta: “¿Cuáles son las piedras grandes en
mi vida?” y situarlas en el primer lugar de la agenda». A
continuación, con un gesto amistoso, el anciano profesor se
despidió del auditorio y abandonó la sala.
Predicador de la Casa Pontificia
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