Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, octubre de
2007
|
La fiesta de Santa Teresa
"Nada te turbe, nada te espante.
Todo se pasa.Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene, nada le falta.
Sólo Dios basta."
Doctora de la Iglesia
(1515-1582)
"En la cruz está la gloria, Y el honor,
Y en el padecer dolor, Vida y consuelo,
Y el camino más seguro para el cielo."
Reformadora del Carmelo, Madre de las Carmelitas Descalzas y de
los Carmelitas Descalzos; "mater spiritualium" (título debajo de
su estatua en la basílica vaticana); patrona de los escritores
católicos y Doctora de la Iglesia (1970): La primera mujer, que
junto a Santa Catalina de Siena recibe este título.
Nació en Ávila, España, el 28 de marzo de 1515.
Su nombre, Teresa de Cepeda y Ahumada, hija de Alonso Sánchez de
Cepeda y Beatriz Dávila Ahumada. En su casa eran 12 hijos. Tres
del primer matrimonio de Don Alonso y nueve del segundo, entre
estos últimos, Teresa. Escribe en su autobiografía: "Por la
gracia de Dios, todos mis hermanos y medios hermanos se
asemejaban en la virtud a mis buenos padres, menos yo".
De niños, ella y Rodrigo, su hermano, eran muy aficionados a
leer vidas de santos, y se emocionaron al saber que los que
ofrecen su vida por amor a Cristo reciben un gran premio en el
cielo. Así que dispusiéronse irse a tierras de mahometanos a
declararse amigos de Jesús y así ser martirizados para conseguir
un buen puesto en el cielo. Afortunadamente, por el camino se
encontraron con un tío suyo que los regresó a su hogar. Entonces
dispusiéronse construir una celda en el solar de la casa e irse
a rezar allá de vez en cuando, sin que nadie los molestara ni
los distrajese.
La mamá de Teresa murió cuando la joven tenía apenas 14 años.
Ella misma cuenta en su autobiografía: "Cuando empecé a caer en
la cuenta de la pérdida tan grande que había tenido, comencé a
entristecerme sobremanera. Entonces me arrodillé delante de una
imagen de la Santísima Virgen y le rogué con muchas lágrimas que
me aceptara como hija suya y que quisiera ser Ella mi madre en
adelante. Y lo ha hecho maravillosamente bien".
Sigue diciendo ella: "Por aquel tiempo me aficioné a leer
novelas. Aquellas lecturas enfriaron mi fervor y me hicieron
caer en otras faltas. Comencé a pintarme y a buscar a parecer y
a ser coqueta. Ya no estaba contenta sino cuando tenía una
novela entre mis manos. Pero esas lecturas me dejaban tristeza y
desilusión".
Afortunadamente el papá se dio cuenta del cambio de su hija y la
llevó a los 15 años, a estudiar interna en el colegio de
hermanas Agustinas de Ávila. Allí, después de año y medio de
estudios enfermó y tuvo que volver a casa.
Providencialmente una persona piadosa puso en sus manos "Las
Cartas de San Jerónimo", y allí supo por boca de tan grande
santo, cuán peligrosa es la vida del mundo y cuán provechoso es
para la santidad el retirarse a la vida religiosa en un
convento. Desde entonces se propuso que un día sería religiosa.
Comunicó a su padre el deseo que tenía de entrar en un convento.
Él, que la quería muchísimo, le respondió: "Lo harás, pero
cuando yo ya me haya muerto". La joven sabía que el esperar
mucho tiempo y quedarse en el mundo podría hacerla desistir de
su propósito de hacerse religiosa. Y entonces se fugó de la
casa. Dice en sus recuerdos: "Aquel día, al abandonar mi hogar
sentía tan terrible angustia, que llegué a pensar que la agonía
y la muerte no podían ser peores de lo que experimentaba yo en
aquel momento. El amor de Dios no era suficientemente grande en
mí para ahogar el amor que profesaba a mi padre y a mis amigos".
La santa determinó quedarse de monja en el convento de Ávila. Su
padre al verla tan resuelta a seguir su vocación, cesó de
oponerse. Ella tenía 20 años. Un año más tarde hizo sus tres
juramentos o votos de castidad, pobreza y obediencia y entró a
pertenecer a la Comunidad de hermanas Carmelitas.
Poco después de empezar a pertenecer a la comunidad carmelitana,
se agravó de un mal que la molestaba. Quizá una fiebre palúdica.
Los médicos no lograban atajar el mal y éste se agravaba. Su
padre la llevó a su casa y fue quedando casi paralizada. Pero
esta enfermedad le consiguió un gran bien, y fue que tuvo
oportunidad de leer un librito que iba a cambiar su vida. Se
llamaba "El alfabeto espiritual", por Osuna, y siguiendo las
instrucciones de aquel librito empezó a practicar la oración
mental y a meditar. Estas enseñanzas le van a ser de inmensa
utilidad durante toda su vida. Ella decía después que si en este
tiempo no hizo mayores progresos fue porque todavía no tenía un
director espiritual, y sin esta ayuda no se puede llegar a
verdaderas alturas en la oración.
A los tres años de estar enferma encomendó a San José que le
consiguiera la gracia de la curación, y de la manera más
inesperada recobró la salud. En adelante toda su vida será una
gran propagadora de la devoción a San José, Y todos los
conventos que fundará los consagrará a este gran santo.
Teresa tenía un gran encanto personal, una simpatía
impresionante, una alegría contagiosa, y una especie de instinto
innato de agradecimiento que la llevaba a corresponder a todas
las amabilidades. Con esto se ganaba la estima de todos los que
la rodeaban. Empezar a tratar con ella y empezar a sentir una
inmensa simpatía hacia su persona, eran una misma cosa.
En aquellos tiempos había en los conventos de España la dañosa
costumbre de que las religiosas gastaban mucho tiempo en la sala
recibiendo visitas y charlando en la sala con las muchas
personas que iban a gozar de su conversación. Y esto le quitaba
el fervor en la oración y no las dejaba concentrarse en la
meditación y se llegó a convencer de que ella no podía dedicarse
a tener verdadera oración con Dios porque era muy disipada. Y
que debía dejar de orar tanto.
A ella le gustaban los Cristos bien chorreantes de sangre. Y un
día al detenerse ante un crucifijo muy sangrante le preguntó:
"Señor, ¿quién te puso así?", y le pareció que una voz le decía:
"Tus charlas en la sala de visitas, esas fueron las que me
pusieron así, Teresa". Ella se echó a llorar y quedó
terriblemente impresionada. Pero desde ese día ya no vuelve a
perder tiempo en charlas inútiles y en amistades que no llevan a
la santidad. Y Dios en cambio le concederá enormes progresos en
la oración y unas amistades formidables que le ayudarán a llegar
a la santidad.
Teresa tuvo dos ayudas formidables para crecer en santidad: su
gran inclinación a escuchar sermones, aunque fueran largos y
cansones y su devoción por grandes personajes celestiales.
Además de su inmensa devoción por la Santísima Virgen y su fe
total en el poder de intercesión de san José, ella rezaba
frecuentemente a dos grandes convertidos: San Agustín y María
Magdalena. Para imitar a esta santa que tanto amó a Jesús, se
propuso meditar cada día en la Pasión y Muerte de Jesús, y esto
la hizo crecer mucho en santidad. Y en honor de San Agustín leyó
el libro más famoso del gran santo "las Confesiones", y su
lectura le hizo enorme bien.
Como las sequedades de espíritu le hacían repugnante la oración
el enemigo del alma le aconsejaba que dejara de rezar y de
meditar porque todo eso le producía aburrimiento, su confesor le
avisó que dejar de rezar y de meditar sería entregarse
incondicionalmente al poder de Satanás y un padre jesuita le
recomendó que para orar con más amor y fervor eligiera como
"maestro de oración" al Espíritu Santo y que rezara cada día el
Himno "Ven Creador Espíritu". Ella dirá después: "El Espíritu
Santo como fuerte huracán hace adelantar más en una hora la
navecilla de nuestra alma hacia la santidad, que lo que nosotros
habíamos conseguido en meses y años remando con nuestras solas
fuerzas".
Y el Divino Espíritu empezó a concederle Visiones Celestiales.
Al principio se asustó porque había oído hablar de varias
mujeres a las cuales el demonio engañó con visiones imaginarias.
Pero hizo confesión general de toda su vida con un santo
sacerdotes y le consultó el caso de sus visiones, y este le dijo
que se trataba de gracias de Dios.
Nuestro Señor le aconsejó en una de sus visiones: "No te
dediques tanto a hablar con gente de este mundo. Dedícate más
bien a comunicarte con el mundo sobrenatural". En algunos de sus
éxtasis se elevaba hasta un metro por los aires (Éxtasis es un
estado de contemplación y meditación tan profundo que se
suspenden los sentidos y se tienen visiones sobrenaturales).
Cada visión le dejaba un intenso deseo de ir al cielo. "Desde
entonces – dice ella – dejé de tener medio a la muerte, cosa que
antes me atormentaba mucho". Después de una de aquellas visiones
escribió la bella poesía que dice: "Tan alta vida espero que
muero porque no muero".
Teresa quería que los favores que Dios le concedía permanecieran
en secreto, pero varias personas de las que la rodeaban
empezaron a contar todo esto a la gente y las noticias corrían
por la ciudad. Unos la creían loca y otros la acusaban de
hipócrita, de orgullo y presunción.
San Pedro Alcántara, uno de los santos más famosos de ese
tiempo, después de charlar con la famosa carmelita, declaró que
el Espíritu de Dios guiaba a Teresa.
La transverberación. Esta palabra significa: atravesarlo a uno
con una
gran herida. Dice ella: "Vi un ángel que venía del tronco de
Dios, con una espada de oro que ardía al rojo vivo como una
brasa encendida, y clavó esa espada en mi corazón. Desde ese
momento sentí en mi alma el más grande amor a Dios".
Desde entonces para Teresa ya no hay sino un solo motivo para
vivir: demostrar a Dios con obras, palabras, sufrimientos y
pensamientos que lo ama con todo su corazón. Y obtener que otros
lo amen también.
Al hacer la autopsia del cadáver de la santa encontraron en su
corazón una cicatriz larga y profunda.
Para corresponder a esta gracia la santa hizo el voto o
juramento de hacer siempre lo que más perfecto le pareciera y lo
que creyera que le era más agradable a Dios. Y lo cumplió a la
perfección. Un juramento de estos no lo pueden hacer sino
personas extraordinariamente santas.
En aquella época del 1500 las comunidades religiosas habían
decaído de su antiguo fervor. Las comunidades eran demasiado
numerosas lo cual ayudaba mucho a la relajación. Por ejemplo el
convento de las carmelitas de Ávila tenía 140 religiosas. Santa
Teresa exclamaba: "La experiencia me ha demostrado lo que es una
casa llena de mujeres. Dios me libre de semejante calamidad".
Un día una sobrina de la santa le dijo: "Lo mejor sería fundar
una comunidad en que cada casa tuviera pocas hermanas". Santa
Teresa consideró esta idea como venida del cielo y se propuso
fundar un nuevo convento, con pocas hermanas pero bien
fervorosas. Ella llevaba ya 25 años en el convento. Una viuda
rica le ofreció una pequeña casa para ello. San Pedro de
Alcántara, San Luis Beltrán y el obispo de la ciudad apoyaron la
idea. El Provincial de los Carmelitas concedió el permiso.
Sin embargo la noticia produjo el más terrible descontento
general y el superior tuvo que retirar el permiso concedido.
Pero Teresa no era mujer débil como para dejarse derrotar
fácilmente. Se consiguió amigos en el palacio del emperador y
obtuvo una entrevista con Felipe II y este quedó encantado de la
personalidad de la santa y de las ideas tan luminosas que ella
tenía y ordenó que no la persiguieran más. Y así fue llenando
España de sus nuevos conventos de "Carmelitas Descalzas",
poquitas y muy pobres en cada casa, pero fervorosas y dedicadas
a conseguir la santidad propia y la de los demás.
Se ganó para su causa a San Juan de la Cruz, y con él fundó los
Carmelitas descalzos. Las carmelitas descalzas son ahora 14,000
en 835 conventos en el mundo. Y los carmelitas descalzos son
3,800 en 490 conventos.
Por orden expresa de sus superiores Santa Teresa escribió unas
obras que se han hecho famosas. Su autobiografía titulada "El
libro de la vida"; "El libro de las Moradas" o Castillo
interior; texto importantísimo para poder llegar a la vida
mística. Y "Las fundaciones: o historia de cómo fue creciendo su
comunidad. Estas obras las escribió en medio de mareos y dolores
de cabeza. Va narrando con claridad impresionante sus
experiencias espirituales. Tenía pocos libros para consultar y
no había hecho estudios especiales. Sin embrago sus escritos son
considerados como textos clásicos en la literatura española y se
han vuelto famosos en todo el mundo.
Santa Teresa murió el 4 de octubre de 1582 y la enterraron al
día siguiente, el 15 de octubre. ¿Por qué esto? Porque en ese
día empezó a regir el cambio del calendario, cuando el Papa
añadió 10 días al almanaque para corregir un error de cálculo en
el mismo que llevaba arrastrándose ya por años.
Oración a Santa Teresa de Jesús
de San Alfonso de Ligorio
Oh, Santa Teresa, Virgen seráfica, querida esposa de Tu Señor
Crucificado, tú, quien en la tierra ardió con un amor tan
intenso
hacia tu Dios y mi Dios, y ahora iluminas como una llama
resplandeciente en el paraíso, obtén para mi también,
te lo ruego, un destello de ese mismo fuego ardiente
y santo que me ayude a olvidar el mundo, las cosas creadas,
aún yo mismo, porque tu ardiente deseo era verle adorado
por todos los hombres.
Concédeme que todos mis pensamientos, deseos y afectos
sean dirigidos siempre a hacer la voluntad de Dios,
la Bondad suprema, aun estando en gozo o en dolor,
porque Él es digno de ser amado y obedecido por siempre.
Obtén para mí esta gracia, tú que eres tan poderosa con Dios,
que yo me llene de fuego, como tú, con el santo amor de Dios.
Amén.
EWTN
|