Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, octubre de
2007
|
La “Verdadera
alegría” según San Francisco de Asís
Dice la Escritura:
“... Vivan en paz entre ustedes... Les rogamos
que reprendan a los que no hacen nada, animen a los que están
desanimados, sostengan a los débiles, tengan paciencia con
todos. Cuiden que nadie devuelva a otro mal por mal, sino
procuren el bien, ya sea entre ustedes, ya sea con los demás.
Estén siempre alegres, oren sin cesar, y en toda ocasión den
gracias a Dios: ésta es, por voluntad de Dios, vuestra vocación
de cristianos.”
La tradición de San Francisco de Asís nos ha
invitado por ocho siglos a encontrar la “alegría perfecta.”
El mismo fray Leonardo refirió allí mismo que
cierto día el bienaventurado Francisco, en Santa María, llamó a
fray León y le dijo: «Hermano León, escribe». El cual respondió:
«Heme aquí preparado». «Escribe –dijo– cuál es la verdadera
alegría. Viene un mensajero y dice que todos los maestros de
París han ingresado en la Orden. Escribe: No es la verdadera
alegría. Y que también, todos los prelados ultramontanos,
arzobispos y obispos; y que también, el rey de Francia y el rey
de Inglaterra. Escribe: No es la verdadera alegría.
También, que mis frailes se fueron a los infieles y los
convirtieron a todos a la fe; también, que tengo tanta gracia de
Dios que sano a los enfermos y hago muchos milagros: Te digo que
en todas estas cosas no está la verdadera alegría.
Pero ¿cuál es la verdadera alegría?
Vuelvo de Perusa y en una noche profunda llegó
acá, y es el tiempo de un invierno de lodos y tan frío, que se
forman canelones del agua fría congelada en las extremidades de
la túnica, y hieren continuamente las piernas, y mana sangre de
tales heridas. Y todo envuelto en lodo y frío y hielo, llego a
la puerta, y, después de haber golpeado y llamado por largo
tiempo, viene el hermano y pregunta: ¿Quién es? Yo respondo: El
hermano Francisco. Y él dice: Vete; no es hora decente de andar
de camino; no entrarás. E insistiendo yo de nuevo, me responde:
Vete, tú eres un simple y un ignorante; ya no vienes con
nosotros; nosotros somos tantos y tales, que no te necesitamos.
Y yo de nuevo estoy de pie en la puerta y digo: Por amor de Dios
recogedme esta noche. Y él responde: No lo haré. Vete al lugar
de los Crucíferos y pide allí.
Te digo que si hubiere tenido paciencia y no me
hubiere alterado, que en esto está la verdadera alegría y la
verdadera virtud y la salvación del alma.»
La verdadera, más bien que la perfecta alegría no
consiste en éxitos humanos, sino en la paciencia y la paz frente
a la dureza de los demás. Sólo así se revela si el centro de
nuestra fe es Dios en Cristo o nuestro propio yo; si realmente
queremos dar o sólo recibir.
Francisco decía: “Hermanos míos... de todo
corazón deseo y amo ver y sentir en mí como en vosotros esta
alegría interior y exterior. A él (el diablo) y a su comparsa
toca estar tristes; a nosotros, en cambio, alegrarnos y gozarnos
en el Señor.”
San Francisco de Asís, Espejo de perfección 95.
|