Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, septiembre de
2007
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Por qué no es posible decir: “Cristo sí, la Iglesia no”
Habla el teólogo Salvador Pié-Ninot en un nuevo libro
BARCELONA, jueves, 6 septiembre 2007 (ZENIT.org).-
Lejos está la idea de Iglesia como «sociedad perfecta». La
Iglesia es comunión y es sacramentalidad. Un volumen del
catedrático español de teología fundamental Salvador Pié-Ninot
se pregunta –y responde– por qué no es posible decir «Cristo sí,
la Iglesia no».
El nuevo volumen es «Eclesiología. La sacramentalidad de la
comunidad cristiana» y está editado por Ediciones «Sígueme», en
su colección de manuales «Lux Mundi».
«Parto de la convicción –que debe ser bien entendida– de que el
tema de la Iglesia necesita un “descentramiento” para poder
concebirla no tanto como término y objeto de la fe, sino como el
modo y el ámbito comunitario-sacramental desde donde se profesa,
se celebra y se atestigua la fe cristiana, y de esa forma
recuperar el poder “creer en la Iglesia” como un creer
eclesialmente», expone a Zenit el profesor.
«En efecto, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC)
en el “Símbolo de los apóstoles” hacemos profesión de creer que
existe una Iglesia santa, y no de creer en la Iglesia, para no
confundir a Dios con su obras» (CIC 750)», precisa.
Salvador Pié-Ninot añade que de esta forma queda claro el
carácter de «signo e instrumento» de la Iglesia, que es lo que
significa la palabra más técnica de «sacramento», ya que la
Iglesia está al servicio y tiene su porqué en estas dos
realidades profundas: «la unión íntima con Dios –es decir, la
filiación con Dios para poderlo invocar como Padre–, y la unión
de todo el género humano –es decir, la fraternidad en
Jesucristo, para poder reconocer a todos como verdaderos
hermanos».
«Por esto es importante reafirmar que el centro de la fe es
Jesucristo, y que su seno materno es la Iglesia, que está a su
servicio como su “sacramento” o “comunidad sacramental” de la
salvación (teniendo presente que si uno “margina” a la madre más
fácilmente puede “marginar” al hijo)», observa este profesor de
la Universidad Pontificia Gregoriana.
La obra del teólogo catalán inicia con una introducción a las
grandes cuestiones que han marcado la comprensión de la Iglesia
desde sus inicios.
«En sus dos mil años de historia la Iglesia ha acentuado dos
dimensiones fundamentales: su ser “comunidad sacramental” de la
fe, que fue prioritaria en el primer Milenio hasta la división
con las Iglesias ortodoxas en 1054, y su ser ‘sociedad
organizada’ en el mundo, que ha sido la visión más elaborada en
el segundo Milenio eclesial, sintetizada particularmente en el
Concilio Vaticano I (1870)».
«El Concilio Vaticano II (1962-1965) ha querido realizar una
síntesis de ambas perspectivas», afirma.
El autor ofrece una fundamentación de la Iglesia basada en su
«radicación en Cristo» y también se detiene en los distintos
nombres que la definen como por ejemplo «Cuerpo de Cristo» o
«Pueblo de Dios».
Un gran apartado está dedicado a la sacramentalidad (Iglesia
sacramento universal de la salvación).
Pié-Ninot, que también es profesor en la Facultad de Teología de
Cataluña, cuenta a Zenit que la Iglesia es un misterio, una
paradoja: «Sabemos que la Iglesia como misterio es “santa”,
gracias a los dones santos de la palabra de Dios y de los
sacramentos, pero a la vez, que la Iglesia tiene en su seno
pecadores y por esto siempre está necesitada de purificación».
«De hecho el “misterio” de la Iglesia aparece como una
“paradoja” en la historia humana, dado que el hombre es una
paradoja viviente y la misma Encarnación del Verbo es la
paradoja suprema», reconoce este teólogo.
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