Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, septiembre de
2007
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Reflexiones adicionales sobre la noche oscura
Kiara Windrider
29 de junio de, 2005
Traducción: María Cecilia (Chichi) Lorca M.
3 de julio de 2005.
Fue San Juan de la Cruz, uno de los místicos Cristianos, quien
primero acuñó el término “noche oscura del alma”. En mis veinte
años, cuando pasaba por tremendas crisis de depresión, me
encontré con su libro y me fasciné. Parecía que cada palabra
había sido escrita sólo para mí, y me ayudó a entender lo que
estaba sucediendo desde una perspectiva diferente. Me gustaría
compartir aquí algunas reflexiones sobre lo que esto podría
significar para nosotros ahora, en este momento de nuestro
viaje.
San Juan hacía referencia a dos procesos distintos, los cuales
tienen similitudes superficiales pero son, en realidad, bastante
diferentes entre si. El primer proceso es lo que él llamó la
“noche oscura de los sentidos”. Más tarde, en su libro, describe
la “noche oscura del alma”.
Me gustaría hacer distinciones aquí entre estos dos sucesos. La
mayoría de nosotros hemos experimentado sentimientos de gran
soledad, aridez emocional y depresión. Algunas veces, estos
estados van y vienen; en otros momentos permanecen por semanas o
meses, o incluso años. Mucho de esto es un proceso psicológico.
Nos sentimos indignos, pequeños, no amados e inseguros. El
universo se siente demasiado grande y demasiado amenazador para
poder hacernos cargo, y nos vamos recogiendo en una creciente
caja pequeña para poder sentirnos seguros.. Nos sentimos
perdidos y aislados de los otros. Nos sentimos demasiado
inadecuados para vivir nuestros sueños. Hemos sido heridos por
la vida y por otras personas, y nos recogemos en una cueva que
hemos construido nosotros mismos, alternando entre sentimientos
de rabia, traición, soledad, tristeza y dolor.
El tratar con nuestros temas psicológicos no resueltos es, con
frecuencia, doloroso, y la Diksha puede acelerar este proceso a
medida que nos va empujando hacia la totalidad. Todo esto es
parte de la “noche oscura de los sentidos”. A menudo sentimos
que mientras más poderosa es la luz que brilla sobre nosotros,
más poderosa es también la oscuridad que se remueve.
Cuando vivía en Mt. Shasta, California, había un lago que
visitaba frecuentemente. Era un lago poco profundo y en su fondo
había un suave lodo resbaladizo. Me encantaba caminar por él,
agitando todas las burbujas de gas metano de la suciedad que
había en el fondo, mirando cómo subían a la superficie para
liberarse.
Nuestro proceso psicológico puede asemejarse a esto. Vemos por
primera vez algunos de nuestros aspectos sombríos que han sido
enterrados bajo el lodo por mucho tiempo. Hemos tratado de
negar, cambiar, proyectar o reprimir estas cosas por largo
tiempo, pero permanecen allí. ¿Qué hacemos con estas burbujas de
material subconsciente que se remueven?
A menudo tratamos de reprimir o negar una vez más estos
sentimientos, recuerdos o sensaciones. Son incómodos y no
encajan con nuestras ideas de querer ser seres espiritualmente
iluminados. O, de lo contrario, entramos en depresión o
contracción, y luego nos sentimos culpables o avergonzados por
aquello que percibimos como fracaso o indignidad. Una tercera
cosa que podríamos hacer es proyectar estos sentimientos hacia
otra gente o circunstancias, culpándolos activa o pasivamente
por nuestros propios sentimientos de oscuridad e incomodidad.
Esto se hace especialmente evidente en aquellos que han
experimentado dolor o abuso significativo en su infancia. La
necesidad de culparse a sí mismo o a otros puede llegar a ser
intensamente fuerte para compensar todas las sombras que la
Diksha comienza a empujar hacia la superficie.
Si ya no queremos entrar en viejos patrones de represión,
negación o proyección, existe una cuarta opción. Podemos
simplemente mirar y observar este proceso. No necesitamos tratar
ni cambiar algo. Si nos disponemos a mantenernos quietos y
quedarnos con los sentimientos, las burbujas del lodo subirán
naturalmente a la superficie del lago, y se liberarán. Sin
embargo, cuando activamente culpamos o juzgamos, detenemos el
proceso y nos atascamos en esta noche oscura de los sentidos.
Aquí es donde mucha gente se ha sentido perdida o traicionada,
sintiendo que, de alguna manera, la Diksha no ha hecho efecto en
ellas, o que están mucho peor de lo que estaban antes.
Si podemos permitirnos atravesar la noche oscura de los
sentidos, simplemente experimentando la realidad de la mente tal
cual es, rápidamente pasa. Más luz puede entonces entrar, y
experiencias más profundas de unidad comienzan a suceder.
Descubrimos una conexión más poderosa con nuestra divinidad
interior, el “Antaryamin”, y un mayor sentido de nuestro destino
único como alma en la tierra.
En algún punto de este viaje, otra crisis de transformación
comienza. Esta es la más profunda “noche oscura del alma”.
Mientras la noche oscura de los sentidos es una crisis
psicológica, la noche oscura del alma es una crisis existencial.
Mientras que el propósito de la noche oscura de los sentidos es
disolver el sentido de un yo (self) separado, el que conduce a
la iluminación, el propósito de la noche oscura del alma es
descubrir al divino Yo (Self), y entrar en la realización de
Dios.
La vivencia interna puede ser similar. Nuevamente existe el
sentimiento de aridez emocional, pérdida de vitalidad o
entusiasmo, y un sentimiento de desolación y oscuridad. Pero
ahora es la vivencia del alma interior, no de la personalidad
externa. A menudo sentimos que nuestra conexión con lo divino
está rota, ya no hay felicidad en nuestros corazones, y todo lo
que ha sido tan tranquilo y fácil en nuestro camino espiritual
ahora se convierte en una carga y dificultad.
¿Por qué está sucediendo esto? Aquí es donde están siendo
confrontados los últimos y sutiles jirones de nuestro ego
personal. Están siendo desafiadas nuestras más profundas
certezas y sentido de propósito último. Estamos siendo empujados
hacia el vacío en donde todo lo que tiene relación con los
últimos restos de ideas y conceptos que tenemos sobre la
divinidad, verdad, y realidad última, se disuelven. Incluso
nuestras ideas acerca de la “gran imagen” son tragadas en el
vacío. Se siente como un desmembramiento de nuestro propio ser,
un viaje a través del valle de la muerte. El viaje se siente
interminable, y justo cuando finalmente nos rendimos a esta
muerte, emergemos renacidos como un ser bautizado.
Esta es la etapa por la que pasó Jesús en sus “cuarenta días en
el desierto”. A medida que luchaba con los últimos remanentes de
sus demonios internos, fue capaz de disolver la última ilusión
de un yo (self) separado, y hacerse uno con el “Padre”, su
divinidad interior. Aquí es cuando se convirtió en el Cristo.
Aquí es cuando su misión como un Avatar pudo verdaderamente
comenzar.
Nosotros estamos en este mismo viaje. Bhagaván deja bien claro
que todos somos un aspecto del Avatar Colectivo que está
descendiendo a la Tierra. Él enfatiza la necesidad de atravesar
nuestra propia noche oscura del alma, y nos desafía a entrar en
nuestra maestría. Él dice que esto es lo que se necesita para
convertirse en uno de los 64 mil.
No confundamos la noche oscura de los sentidos con la noche
oscura del alma. Sólo porque nos estamos sintiendo miserables no
significa que estamos automáticamente moviéndonos hacia la
maestría. Sin embargo, el viaje ha comenzado. El camino a través
de ambas noches oscuras es el mismo. Simplemente debemos estar
conscientes de nuestro proceso interior sin juicio o culpa. Y
debemos confiar en que esta inteligencia divina está igualmente
con nosotros en la oscuridad como en la luz. Cuando podamos
finalmente rendirnos completamente a la perfección de Dios en la
oscuridad, ¡descubrimos misteriosamente que una vez más hemos
emergido en la luz!
Cuando emergemos de la noche oscura de los sentidos, entramos
más plenamente en la unidad. Cuando emergemos de la noche oscura
del alma, entramos más plenamente en la maestría. Nos
convertimos en realizados en Dios, y podemos servir a la
Humanidad como parte del Avatar Colectivo en la Tierra, una
célula en un Cuerpo Planetario, a medida que lentamente se va
construyendo la masa crítica necesaria para alcanzar el
¡despertar planetario colectivo!
En palabras de una antigua oración India, “Guíanos de la
falsedad a la verdad. Guíanos de la oscuridad a la luz. Guíanos
de la muerte a la inmortalidad”.
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