Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, septiembre de
2007
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Teresa de Calculta: luz desde la oscuridad (I)
Habla el postulador de la causa de canonización,
padre Kolodiejchuk
ROMA, jueves, 6 septiembre 2007 (ZENIT.org).-
¿Cómo fue la «noche oscura» de la Madre Teresa de Calcuta? A
esta pregunta responde en esta entrevista concedida a Zenit el
padre Brian Kolodiejchuk, misionero de la Caridad.
El padre Kolodiejchuk acaba de publicar el libro «Come Be My
Light» («Ven, sé mi luz»), en el que recoge escritos de la
beata, en parte inéditos, que revelan cómo durante largos años
de su vida experimentó el terrible sufrimiento de no
experimentar el amor de Dios.
–La extraordinaria vida interior de la madre Teresa ha sido
descubierta después de su muerte. Según sus directores
espirituales, ¿cómo era su vida, especialmente su sufrimiento de
oscuridad espiritual, oculto a todos los que la conocieron?
–Padre Kolodiejchuk: Nadie tenía ni la menor idea de lo que
vivía interiormente, pues sus directores espirituales
conservaban estas cartas. Los jesuitas conservan algunas, otras
están en el arzobispado, y el padre Joseph Neuner, otro de sus
directores espirituales, tiene algunas.
Estas cartas fueron descubiertas cuando buscábamos los
documentos para la causa.
Cuando vivía, la madre Teresa pidió que su información
biográfica no se diera a conocer.
Pidió al arzobispo Ferdinand Périer de Calcuta que no dijera a
ningún otro obispo cómo empezó todo. Le dijo: «Por favor no les
dé nada de los inicios porque, una vez que la gente conozca los
inicios, cuando oigan hablar de las locuciones interiores,
entonces la atención se centrará en mí y no en Jesús». Ella
siempre decía: «Obra de Dios. Esta es la obra de Dios».
Incluso las hermanas más cercanas a ella no tenían ni idea de su
vida interior. Muchos podrían haber pensado que ella tenía una
gran intimidad con Dios y que ésta iluminaba su camino en medio
de dificultades de la Orden o de la pobreza material que sufrió.
–El libro habla el voto secreto que ella hizo al principio de
su vocación por el que prometió no negar a Dios nada que tuviera
que ver con el dolor provocado por el pecado mortal. ¿Qué papel
desempeñó este voto en su vida?
–Padre Kolodiejchuk: La madre Teresa hizo el voto, en 1942, de
no negar nada a Dios.
Sus
cartas inspiradas por Jesús llegaron enseguida. En varias
cartas, Jesús le pregunta, comentando su voto: «¿Dejarás de
hacer esto por mí?».
Por tanto su voto es el sustrato de su vocación. Luego, en las
cartas inspiradas, se ve que Jesús le explica su llamamiento.
Ella entonces sigue adelante porque sabe que Jesús lo quiere.
Está motivada por el pensamiento del dolor de Jesús porque los
pobres no le conocen y, por tanto, no le aman.
Este fue uno de los pilares que la mantuvo en su camino a través
de la prueba de la oscuridad. Gracias a la certeza de su
llamamiento y a este voto, en una de las cartas escribe: «Estuve
a punto de dejarlo y entonces recordé el voto, y esto me hizo
levantarme».
–Se ha hablado mucho sobre la noche oscura de la madre
Teresa. Su libro la describe como un «martirio de deseo». Su sed
de Dios ha sido desconocida durante mucho tiempo. ¿Puede
describirlo?
–Padre Kolodiejchuk: Un buen libro para leer y comprender
algunas de estas cosas es «Fire Within» («Fuego interior»), del
padre Thomas DuBay's, habla del sufrimiento de la pérdida y del
sufrimiento de la sed para explicar que el sufrimiento de la sed
es más duro. –
Como aclara el padre Dubay, en el camino hacia la auténtica
unión con Dios, existe la etapa purgativa, llamada «noche
oscura», y después el alma entra en un estado de éxtasis y
verdadera unión con Dios.–
En el caso de la madre Teresa, parece que la etapa purgativa
tuvo lugar durante su formación en el convento de Loreto.
En el momento de su profesión, dijo a una compañera que a menudo
experimentaba la oscuridad. Las cartas de esa época son las
típicas cartas de una persona que está en la «noche oscura».
El padre Celeste Van Exem, su director espiritual en aquella
época, dijo que probablemente en 1946 ó 1945 se encontraba ya
cerca del éxtasis.
Después se da una referencia al momento en que aparecieron las
inspiraciones y las locuciones interiores, el momento en el que
las dificultades de fe cesaron.
Posteriormente, la madre Teresa escribió al padre Neuner,
explicando: «Y usted sabe cómo actuó Él. Y fue como si nuestro
Señor se me entregara plenamente. Pero la dulzura, el consuelo y
la unión de aquellos seis meses pasados desapareció pronto».
De manera que la madre Teresa experimentó seis meses de intensa
unión, tras las locuciones interiores y el éxtasis. Estaba ya en
la etapa espiritual de la unión transformante. En ese momento,
volvió la oscuridad.
Pero. a partir de entonces, la oscuridad que experimentaba se
daba en medio de la unión con Dios. Esto no significa que vivió
la unión y luego la perdió. Perdió la consolación de la unión
que se alternaba con el dolor de la pérdida y con una profunda
nostalgia de Dios, una verdadera sed.
Como decía el padre Dubay, «a veces la contemplación es
deleitosa y otras es sustituida por una fuerte sed de Dios».
Pero en el caso de la madre Teresa, a excepción de un mes, en
1958, no tuvo esta consolación de la unión.
Hay una carta en la que ella dice: «No padre, no estoy sola,
tengo su oscuridad, tengo su dolor, tengo una terrible nostalgia
de Dios. Amar y no ser amado, yo sé que tengo a Jesús en la
unión que no ha sido rota, mi mente está fija en Él y sólo en
Él».
Su experiencia de la oscuridad en la unión es sumamente rara,
incluso entre los santos, pues para la mayoría el final es la
unión sin oscuridad.
Su sufrimiento, entonces –utilizando el término del teólogo
dominico Reginald Garrigou-Lagrange–, se debe más a los pecados
de los demás que a al carácter purificador de sus propios
pecados. Está unida a Jesús con una fe y un amor capaces de
llevarla a compartir su experiencia del huerto de Getsemaní y de
la cruz.
La madre Teresa comentó que el sufrimiento en Getsemaní fue peor
que el de la cruz. Y ahora comprendemos de dónde venía esto,
porque ella había comprendido la sed de almas de Jesús.
Lo importante es que se trata de una unión. Como indicaba Carol
Zaleski en un artículo publicado en la revista «First Things»,
esta clase de prueba es nueva. Se trata de una experiencia
moderna de santos de los últimos cien años: sufrir el
sentimiento de que uno no tiene fe y de que la religión no es
verdadera.
[La segunda parte de esta entrevista será publicada en los
próximos días]
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