Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, septiembre de
2007
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La fe de los balseros y la Virgen
Verla en el mar es una de las experiencias comunes
de los balseros
Dora Amador Morales
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Ismael Abad Mohamed recuerda
el peligro del viaje y su fe. |
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Publicado en La Voz Católica en septiembre de 2001, al cumplirse
40 años de la llegada de la imagen de la Virgen procedente de
Cuba, el 8 de septiembre de 1961. Es la imagen venerada por
millones de visitantes que tiene la Ermita de la Caridad en
Miami, que en 2007, cumple 40 años de inaugurada y que ha sido
declarada ya Santuario Nacional de Estados Unidos.
La Virgen de la Caridad acompaña y conduce a los cubanos. En
los últimos 40 años, con la experiencia desesperada de los
balseros, esta misteriosa seña de identidad nacional y esta
devoción, han cobrado un significado mayor al estar
literalmente ligadas al relato original de la aparición en el
mar.
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Lázaro Ricardo González afirma que la
Virgen le salvó la vida. |
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De acuerdo con Alfredo Fernández, autor de Adrift: The Cuban
Raft People (A la deriva: los balseros cubanos), publicado
en mayo de este año, uno de los fenómenos que más le llamó la
atención a medida que realizaba la investigación fue la fe de
los balseros.
"Hablé con muchos que contaron que habían visto a la Virgen en
medio de la noche", afirma Fernández, profesor de cultura
latinoamericana en Texas A & M University en Houston. "Encontrar
en las balsas imágenes de la Virgen de la Caridad que habían
traído para que los acompañara en la travesía era algo muy
común", dice Fernández, y añade que esta fe la expresaban no
sólo los católicos, también muchos de los que decían no
practicar religión alguna y los pertenecientes a la religiosidad
afrocubana.
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Wilfredo Hernández vio junto a sus
compañeros de travesía el
manto completo de la Virgen en las estrellas. |
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"Tuvimos dos veces mal tiempo y se nos cayeron hombres al agua,
pero pudimos recogerlos. Nos encontrábamos ya mal porque
estuvimos cuatro días en el mar y al segundo nos quedamos sin
agua ni comida", cuenta Wilfredo Hernández, quien salió de Cuba
con siete hombres y su esposa el 22 de agosto de 1994 por la
costa de Habana del Este. "En el camino nos sucedieron cosas
tremendas, una de ellas es que se nos acercó una lancha del
gobierno cubano y nos dio agua, pero cuando fuimos a tomarla era
agua salada. Más adelante nos encontramos con dos balsas con
unas ocho personas que se estaban hundiendo. Las recogimos y
amarramos detrás de la nuestra, que era más grande", sigue
contando Hernández.
"Entonces en la noche del tercer día sucedió algo extraño: todos
estábamos acostados en la balsa porque estábamos destruidos, y
de pronto vimos en las estrellas la capa completa de la Virgen
de la Caridad", afirma Hernández. "Eran todas las estrellas
unidas formando a la Virgen, yo me erizo de recordarlo.
Gritamos: ‘¡Mira, mira lo que hay allá arriba!’ Todos la vimos.
Al amanecer del otro día nos recogieron".
De acuerdo con el padre Armando Jiménez Rebollar expresiones de
visiones como las de Hernández son muy comunes en el pueblo
cubano. "Es producto de la fe vivida", afirma el sacerdote a
quien pertenecía en Cuba la imagen de la Virgen que hoy se halla
en la Ermita de la Caridad en Miami.
"Es la historia nuestra que se repite: ver aparecer a la Virgen
en el mar una y otra vez", comenta Zunilda Mederos, devota de la
Virgen y estudiosa de antropología cristiana y religiosidad
popular.
"No hay un caso similar en la historia de ningún país", afirma
Juan Clark, profesor de Sociología del Miami-Dade Community
College. "Existen los 'boat people' de Vietnam, están los
haitianos y muchos otros, pero estas gentes siempre se tiran al
mar en botes navegables. El fenómeno de los balseros cubanos
lanzándose de esa manera al peligro confiando en que se van a
salvar, no se puede explicar fácilmente, eso es único en la
historia", explica Clark, autor de El éxodo de la Cuba
revolucionaria: 19591974 y Cuba: mito y realidad.
"Si durante la crisis de los balseros en 1994 salieron de Cuba
31,500 personas y sabemos que de cada cuatro que llegan, uno no
lo hace, tenemos que en sólo seis semanas se ahogaron en el mar
más de 8,000 cubanos", dice Fernández.
Según cifras oficiales del Servicio de Guardacostas de EU,
durante la década del 90 fueron interceptados en el Estrecho de
la Florida 50,728 cubanos. Si se siguen los cálculos de personas
desaparecidas en el mar citados por Fernández en su
investigación, el número de balseros ahogados sería de más de
12,000. Pero en realidad esta asombrosa cifra queda muy por
debajo de la realidad, ya que previo a 1994, antes de la ley
otorgada por Clinton de detener y repatriar a los balseros, un
enorme número de ellos llegaba, por lo que no aparecen en las
estadísticas del Servicio de Guardacostas y por tanto el número
de desaparecidos es incalculablemente mayor.
Ismael Abad Mohamed salió de Cuba también en el '94. Aunque sólo
tuvo un día de travesía, cuenta que pasó momentos muy difíciles,
porque en alta mar se hundió la balsa y los 11 tripulantes
estuvieron alrededor de una hora flotando en el agua hasta que
los recogió un barco del Servicio de Guardacostas. Hace unas
semanas Abad Mohamed fue a una Misa para balseros que monseñor
Agustín Román celebró en la Ermita de la Caridad.
"Vine a dar gracias a la Virgen porque nos recogieron en el
mar", dice convencido Abad Mohamed.
"Hoy peregrinan a esta Ermita un grupo de balseros, personas que
buscando la libertad se lanzaron al mar y llegaron, para dar
gracias y orar por todos los que no puedieron llegar…", dijo
monseñor Román en su homilía.
Presente estaba también Lázaro Ricardo González, de 33 años, a
quien le tomó nueve años irse de Cuba después de varios intentos
fallidos. González y un grupo de amigos le dieron alguna ropa
usada a unos pescadores a cambio de un pequeño bote de
poliespuma que, según cuenta, tenía un hueco en el fondo.
"Pensamos que con dos jarros de aluminio resolveríamos sacando
el agua, pero uno se cayó al mar. Cuando amaneció después de la
primera noche dije ‘no sigan sacando agua porque tenemos dentro
del bote el mismo nivel que afuera’. Estábamos metidos a
presión, sólo cabían dos en la balsa y éramos tres, nos daba el
agua por el pecho".
González dice que no puede olvidar lo que vivieron aquellos días
en el Estrecho de la Florida. Sin alimentos y con poca agua,
navegaron dejándose llevar únicamente por las estrellas porque
no tenían brújula. Después de una odisea en la que se
encontraron con balsas a la deriva con personas delirando, de
sufrir deshidratación y vómitos por 16 horas, González y sus
otros dos compañeros divisaron una avioneta de Hermanos al
Rescate, que les tiró una botella al agua, pero no pudieron
recogerla por el oleaje. Al poco rato un buque norteamericano
los recogió. "No teníamos alimentos, estábamos todos mareados de
tanto remar. Yo le recé a la Virgen de la Caridad y a Jesucristo
que me salvara la vida y yo creo que me oyó".
Aunque hay muchos balseros que dicen no practicar ninguna
religión, como es el caso de Armando Alfonso García, quien sin
embargo asistió a la Misa para balseros celebrada por Mons.
Agustín Román a finales de agosto, lo cierto es que religiosos,
historiadores y personas que estuvieron implicadas en el rescate
y atención de los balseros en la crisis del 94, coinciden en que
la fe fue un elemento clave en la peligrosa travesía.
Para el autor de A la deriva: los balseros cubanos, el hecho de
que tanta gente desesperada se lance a cruzar 90 millas de noche
o de día es muestra de una convicción grande de que van a
sobrevivir y esa convicción es fruto de una fe. "Hay un fenómeno
colectivo de fe", dice Fernández. "Si fuera un caso o diez los
que dicen ‘yo llegué porque la Virgen de la Caridad me salvó’…
pero que lo repitan cientos, miles de personas con matices
variados, no tengo duda de que es asunto de fe".
"El hecho de que la Virgen se apareciera con el nombre de
'Caridad' es signo del nombre mismo de Dios", afirma monseñor
Felipe Estevez, director espiritual del seminario San Vicente de
Paul y estudioso de la religión y la historia de Cuba. "El
símbolo de la Virgen de la Caridad tiene muchas dimensiones y
sólo ahora estamos comenzando a aceptar sus profundas
ramificaciones. Los cubanos tanto de Cuba como de la diáspora
debemos reflexionar mucho en el significado de ese nombre:
Caridad, que es perdón, es fe, es unidad".
"La nuestra es una historia que no tenemos el alcance para
comprenderla", reflexiona José Basulto, de Hermanos al Rescate.
"Yo sólo sé que la fe es muy importante en todo este dolor que
vivimos los cubanos. ¿Estaremos siendo usados por Dios para un
plan mayor, que está por encima de nuestro entendimiento? Yo
creo que sí".
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