Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, septiembre de
2007
|
Los comienzos del apostolado cubano en Miami y los Cursillos de
Cristiandad
Germán J. Miret
Entre los primeros exiliados se encontraban jóvenes, hombres y
mujeres de toda procedencia y origen, quienes creyendo
firmemente en la máxima de Pío XI de que “el comunismo es
intrínsecamente perverso”, habían arriesgado sus vidas luchando
por su fe y sus principios cristianos y se habían visto forzados
a escapar. Venían con el dolor de haber dejado atrás a sus
amigos encarcelados y a sus mártires, aquellos que murieron en
el paredón de fusilamiento, muchos con el grito de “¡Viva Cuba
Libre! ¡Viva Cristo Rey!”
La Revolución triunfa en Cuba en enero de 1959 con el apoyo y la
participación de católicos militantes, activos en organizaciones
revolucionarias incluyendo el Movimiento 26 de Julio.
Gran número de estos hombres y mujeres, al visualizar ambiciones
totalitarias en el horizonte de la patria, se dan a la tarea de
conspirar para impedirlo, pero el “G2” (órgano represivo de
aquellos tiempos) infiltra todos los grupos con la
correspondiente secuela de encarcelados, fusilados y asilados en
embajadas extranjeras que eventualmente logran salir del país
con sus familias. Durante los primeros meses del año 59,
salieron muchas familias que habían estado relacionadas con el
régimen anterior, lo que creó no pocas fricciones entre los
primeros exiliados que llegaban a Miami.
Ante el peligro de perder la patria potestad miles de familias
enviaron sus hijos menores (unos 14,000) al extranjero. Muchos a
través una organización creada por la Iglesia Católica llamada
Operación Pedro Pan. Más tarde, la mayor parte de los padres de
estos niños saldrían del país.
Al exilio llegaron también muchas viudas y huérfanos de los
fusilados; además no pocos presos políticos –condenados a largos
años de cárcel– pidieron a sus esposas que salieran del país
junto con sus hijos para evitarles represalias y humillaciones.
Llegaron también profesionales que habían sido expulsados de sus
trabajos por no ser comunistas o se habían negado a someterse al
nuevo sistema. Llegaban quienes después de años de trabajo y
sacrificios habían perdido todo en las confiscaciones –que
incluyeron aun a los negocios más humildes–. Muchos, para poder
subsistir, recogían tomates, lavaban platos en un restaurante,
cosían en “factorías” o se iniciaban como obreros en el oficio
que se les presentara.
Entre los primeros exiliados se encontraban jóvenes, hombres y
mujeres de toda procedencia y origen, quienes creyendo
firmemente en la máxima de Pío XI de que “el comunismo es
intrínsecamente perverso”, habían arriesgado sus vidas
luchando por su fe y sus principios cristianos y se habían visto
forzados a escapar. Venían con el dolor de haber dejado atrás a
sus amigos encarcelados y a sus mártires, aquellos que murieron
en el paredón de fusilamiento, muchos con el grito de “¡Viva
Cuba Libre! ¡Viva Cristo Rey!”
Comprendemos entonces que la inmensa mayoría de los primeros
exiliados eran de procedencia católica que llegaban en
condiciones de necesidades espirituales y materiales
excepcionales. Vale la pena destacar que cuando el 8 de
septiembre de 1961, llega a Miami una imagen de la Virgen de la
Caridad del Cobre, 30,000 personas colmaron el Miami Stadium.
Después del fracaso de los expedicionarios de la Brigada 2506,
los exiliados comenzaron a organizarse en grupos afines. Así
comenzaron los Municipios de Cuba en el Exilio, las
organizaciones de profesionales: periodistas, médicos,
ingenieros, también los ex alumnos de los colegios de Cuba, etc.
Surge la Cofradía de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.
Mientras, otros movimientos de Iglesia se reagrupan: los
Caballeros Católicos, los Caballeros de Colón, los antiguos
miembros de la Acción Católica Cubana y la Agrupación Católica
Universitaria.
En Septiembre de 1961, el gobierno comunista de Cuba expulsa a
130 sacerdotes y religiosos junto con el Obispo Eduardo Boza
Masvidal hacia España. Algunos de ellos eventualmente llegan a
Miami; también llegaban a Miami algunos sacerdotes procedentes
de Cuba, a los que se les había hecho difícil la situación en la
isla. También en esos años la entonces Diócesis de Miami, había
traído a varios sacerdotes de habla castellana, principalmente
españoles. Unas pocas parroquias comenzaron misas en español; en
otras no fue tan fácil por la oposición de los párrocos.
En 1960 había llegado a Miami el sacerdote dominico Primitivo
Santamaría quien, durante su estancia en Texas, había oído
hablar de los frutos de los Cursillos de Cristiandad. En
Diciembre de1961, durante sus vacaciones en España, participa en
un Cursillo y regresa con enorme entusiasmo decidido a
establecerlos en Miami.
El primero Cursillo se celebra del 9 al 11 de Marzo de 1962.
Después, no hubo freno; quienes asistían a un Cursillo,
regresaban con amigos a los que habían conquistado para que
asistieran y ellos mismos regresaban como “auxiliares”. En la
radio se escuchaba con frecuencia el canto De Colores.
Hombres y mujeres asistían a Cursillos y salían de ellos “con el
corazón lleno de fuego y la cabeza llena de ideas”.
Los Cursillos de Cristiandad fueron –y son– origen y motivación
de nuevos empeños apostólicos. Así un grupo de cursillistas
comienza a publicar la Revista Ideal. Otros fundan los
Encuentros Familiares, Impactos, Camino del Matrimonio, Amor en
el Principio y otros más.
Hoy, en su cuadragésimo quinto aniversario, los Cursillos siguen
siendo semillero de cristianismo en Miami. En casi todas las
parroquias, si no en todas, la mayoría de aquellos involucrados
en los distintos apostolados han vivido la experiencia del
Cursillo.
Existen además, grupos de Iglesia centrados en actividades
caritativas o de índole parecida, producto de la preocupación
por el bienestar del prójimo como la Sociedad San Vicente de
Paul, Amor en Acción, Cubanos con Fe en Acción y más
recientemente los Encuentros Laicales y En Comunión.
Hace años que los cubanos dejaron de ser, junto con los
mexicanos, puertorriqueños y dominicanos, los únicos hispanos en
Miami. Hoy, hermanos de todos los países latinoamericanos y aun
españoles, se han integrado en los movimientos y grupos,
surgiendo además otros nuevos.
Esta febril actividad de trabajos apostólicos (no los hemos
mencionado a todos) hacen de Miami un fenómeno de crecimiento de
la Iglesia Católica en Estados Unidos motivo de admiración para
quienes, de visita en cualquier parroquia, se maravillan del
alto grado de compromiso y participación seglar.
¡Gracias a Dios por los Cursillos de Cristiandad!
|