Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, septiembre de
2007
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Mensaje final de la III Asamblea Ecuménica Europea:
“La luz de Cristo ilumina a todos”
Zenit
Sibiu, 10 septiembre 2007
La III Asamblea Ecuménica Europea (www.eea3.org),
celebrada en Sibiul, Rumanía, del 4 al 9 de septiembre, contó
con la participación de 2,500 delegados católicos, ortodoxos y
protestantes en torno al lema «¡La luz de Cristo ilumina a
todos!».
La reciente asamblea se ha basado en las precedentes de Basilea
(1999) y Graz (1997), y en la «Charta Oecumenica» de Estrasburgo
[firmada en 2001 por la CEC –Conferencia de las Iglesias
Europeas, que reúne a las confesiones cristianas excepto a la
Iglesia católica– y el CCEE –Consejo de las Conferencias
Episcopales católicas de Europa, la cual busca promover la
colaboración entre las Iglesias y confesiones cristianas de
Europa –evitando hacerse competencia– en el anuncio del único
Evangelio, así como dar un alma a la nueva Europa y promover las
relaciones con el resto de los creyentes y no creyentes.
III ASAMBLEA ECUMÉNICA EUROPEA
Sibiu, Rumanía
4 – 9 septiembre 2007
MENSAJE FINAL DE LA ASAMBLEA
SÁBADO, 8 DE SEPTIEMBRE DE 2007
FESTIVIDAD DE LA NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA
¡La luz de Cristo ilumina a todos!
Nosotros, peregrinos cristianos de toda Europa y más allá, damos
testimonio del poder transformador de esta luz, que es más
poderosa que las tinieblas, y la proclamamos como esperanza que
abraza todos los aspectos para nuestras Iglesias, para toda
Europa y para el mundo entero.
En el nombre del Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, nos
hemos reunido en la ciudad de Sibiu, Rumanía (4-9 de septiembre
de 2007). Esta Tercera Asamblea Ecuménica Europea se ha
caracterizado por la riqueza de la espiritualidad y de la
tradición ortodoxa. Recalcamos y renovamos los serios
compromisos que ya hemos asumido en Basilea y en Graz y
lamentamos que, hasta ahora, no hemos conseguido tener fe en
algunos de ellos. Con todo, nuestra confianza en el poder
transformador de la luz de Cristo es más fuerte que la oscuridad
de la resignación, del fatalismo, del temor y de la
indiferencia.
Nuestra Tercera Asamblea Ecuménica comenzó en 2006 en Roma y
prosiguió en 2007 en Wittemberg. En el marco de esta
peregrinación ecuménica se han organizado numerosos encuentros
regionales, además del de las Iglesias ortodoxas en Rodas y el
de jóvenes en St. Maurice. Acogemos con alegría el empeño de los
jóvenes y la contribución que han ofrecido a la Asamblea.
Asistida y motivada por la Charta Oecumenica, nuestra Asamblea
ha llevado adelante el trabajo iniciado en las asambleas
precedentes y han representado una ocasión para un intercambio
de dones y de enriquecimiento recíproco.
No estamos solos en esta peregrinación. Cristo está con nosotros
y en la gran nube de los testigos (Hb 12,1), los mártires
contemporáneos nos acompañan: el testimonio de sus vidas y de
sus muertes nos inspira a nivel individual y como cuerpo. En
comunión con ellos, nos comprometemos a actuar de manera que la
luz de Cristo transfigurado resplandezca por medio de nuestros
testimonios, profundamente arraigados en la oración y en el
amor. Esta es nuestra humilde repuesta al sacrificio de sus
vidas.
LA LUZ DE CRISTO EN LA IGLESIA
La luz de Cristo nos lleva a vivir para los demás y en comunión
entre nosotros. Nuestro testimonio a favor de la esperanza y de
la unidad por Europa y por el mundo será creíble sólo si
proseguimos nuestro camino hacia la unidad visible. Unidad no
significa uniformidad. Existe un enorme valor al volver a
experimentar esa koinonia y en el intercambio de esos
dones espirituales que han dado fuerza al movimiento ecuménico
desde el principio.
En Sibiu hemos sentido de nuevo la dolorosa herida de la
división entre nuestras Iglesias. Esto afecta también a nuestra
compresión de su unidad. Los evidentes desarrollos históricos y
culturales en el cristianismo oriental y occidental han
contribuido a estas diferencias, y su comprensión exige nuestra
urgente atención y un diálogo permanente.
Estamos convencidos de que la familia cristiana ampliada debe
afrontar las cuestiones doctrinales y debe también buscar un
consenso más amplio respecto a los valores morales derivados del
Evangelio y un estilo de vida creíble que testimonie en el gozo
la luz de Cristo en nuestro exigente mundo laico moderno, en la
esfera privada así como en la pública.
Nuestra espiritualidad cristiana constituye un tesoro precioso:
una vez abierto, revela la variedad de sus riquezas y abre
nuestros corazones a la belleza del rostro de Jesús y al poder
de la oración. Sólo si estamos más cerca de nuestro Señor
Jesucristo nos podemos acercar más entre nosotros y experimentar
la verdadera koinonia. No podemos dejar de compartir estas
riquezas con todos los hombres y las mujeres que buscan la luz
en este continente. Los hombres y las mujeres espirituales
comienzan con la propia conversión y esto lleva a la
transformación del mundo. Nuestro testimonio ante la luz de
Cristo se corresponde a un empeño fiel a escuchar, vivir y
compartir nuestras historias de vida y de esperanza que nos han
modelado como discípulos de Cristo.
Primera recomendación:
Recomendamos renovar nuestra misión como individuos creyentes y
como Iglesias para proclamar a Cristo como la Luz y el Salvador
del mundo.
Segunda recomendación:
Recomendamos proseguir el debate sobre el reconocimiento
recíproco del bautismo, teniendo en cuenta los importantes
resultados sobre este tema en diversos países y siendo
conscientes de que la cuestión está profundamente conectada con
una comprensión de la Eucaristía, del ministerio y de la
eclesiología en general.
Tercera recomendación:
Recomendamos encontrar los modos de experimentar las actividades
que nos unan: la oración del uno por el otro y por la unidad,
peregrinaciones ecuménicas, formación teológica y estudio en
común, iniciativas sociales y diaconales, proyectos culturales,
sostener la vida de la sociedad basada en los valores
cristianos.
Cuarta recomendación:
Recomendamos la participación completa de todo el pueblo de Dios
y, en esta Asamblea en particular, a prestar atención al
llamamiento de los jóvenes, de los ancianos, de las minorías
étnicas, de los discapacitados.
LA LUZ DE CRISTO PARA EUROPA
Sostenemos que todo ser humano ha sido creado a imagen y
semejanza de Dios (Gn 1,27) y merece el mismo grado de respeto y
amor aunque haya diferencias de credo, cultura, edad, género,
origen étnico, desde el inicio de la vida hasta la muerte
natural. En la conciencia de que nuestras raíces comunes son
mucho más profundas que nuestras divisiones, mientras buscamos
la renovación y la unidad y entender el papel de las Iglesia en
la sociedad europea de hoy, nos hemos concentrado en el
encuentro con las personas de otras religiones. Conscientes, en
particular, de la relación única que tenemos con el pueblo judío
en cuanto pueblo de la Alianza, rechazamos todas las formas
contemporáneas de antisemitismo y, junto a ellas, queremos
promover Europa como un continente libre de toda forma de
violencia. En nuestra historia europea ha habido períodos de
duros conflictos, pero también ha habido etapas de coexistencia
pacífica entre las personas de todas las religiones. Hoy no
existe otra alternativa al diálogo: no una componenda, sino un
diálogo de la vida en el que podamos decir al verdad en el amor.
Necesitamos todos aprender más sobre todas las religiones, y las
recomendaciones de la Carta Ecuménica habría que
desarrollarlas ulteriormente. Dirigimos un llamamiento a
nuestros hermanos cristianos y a todos cuantos creen en Dios
para que respeten el derecho de las demás personas a la libertad
religiosa, y expresamos nuestra solidaridad respecto a las
comunidades cristianas que viven en Oriente Medio, en Irak o en
otras partes del mundo como minorías religiosas y sienten que su
existencia está amenazada.
Encontrado a Cristo en nuestros hermanos y en nuestras hermanas
en la necesidad (Mt 25, 44-45), iluminados a la vez por la luz
de Cristo, nosotros, cristianos, de acuerdo con los mandamientos
de la Biblia por la unidad de la humanidad (Gn 1, 26-27), nos
comprometemos: a arrepentirnos del pecado de la exclusión, a
profundizar en nuestra comprensión de la «alteridad», a defender
la dignidad y los derechos de cada ser humano, a asegurar la
tutela de quienes más la necesitan, a compartir la luz de Cristo
que otros trajeron a Europa. Hacemos un llamamiento a los
Estados europeos a fin de que pongan fin a la injustificable
detención administrativa ilegal de los migrantes, realicen todo
esfuerzo para asegurar la inmigración regular, la integración de
los migrantes, de los refugiados y de quienes piden asilo,
apoyen el valor de la unidad de la familia y combatan el tráfico
de seres humanos y su explotación. Dirigimos un llamamiento a
las Iglesias para que intensifiquen su atención pastoral de los
inmigrantes vulnerables.
Quinta recomendación:
Recomendamos que nuestras iglesia reconozcan que los inmigrantes
cristianos no son simples destinatarios de atención religiosa,
sino que pueden desempeñar un papel completo y activo en la vida
de la Iglesia y de la sociedad; que ofrezcan una mejor atención
pastoral para los migrantes, los demandantes de asilo y los
refugiados; que promuevan los derechos de las minorías étnicas
en Europa, en particular del pueblo gitano.
Muchos de nosotros estamos agradecidos por haber podido
experimentar profundos cambios en Europa en las últimas décadas.
Europa es más de la Unión Europea. Como cristianos compartimos
la responsabilidad de plasmar Europa como un continente de paz,
solidaridad, participación y sostenibilidad. Apreciamos el
empeño de las instituciones europeas: la UE, el Consejo de
Europa y la OSCE por un diálogo abierto, transparente y regular
con las Iglesias de Europa. Los más altos representantes nos han
honrado con su presencia y han expresado en tal modo un fuerte
interés en nuestro trabajo. Debemos afrontar el desafío de
llevar energía espiritual a este diálogo. Europa nació como un
proyecto político para garantizar la paz y ahora debe
transformarse en una Europa de los pueblos, más que en un
espacio económico.
Sexta recomendación:
Recomendamos desarrollar la Carta Ecuménica como
directriz capaz de estimular nuestro camino ecuménico en Europa.
LA LUZ DE CRISTO PARA EL MUNDO ENTERO
La Palabra de Dios nos interpela a nosotros y a nuestra cultura
europea: ¡los que viven ya no deberían vivir para sí mismos,
sino por aquél que ha muerto por ellos y ha resucitado! Los
cristianos deben estar libres del temor y de la insaciable
avaricia que nos empuja a vivir para nosotros mismos,
impotentes, prevenidos y cerrados. La Palabra de Dios nos invita
a no desperdiciar el precioso patrimonio de aquellos que en los
últimos 60 años han trabajado por la paz y la unidad en Europa.
La paz es un don extraordinario y precioso. Países enteros
aspiran a la paz. Pueblos enteros esperan ser liberados de la
violencia y del terror. Nos comprometemos con apremio a renovar
nuestros esfuerzos por estos objetivos. Rechazamos la guerra
como instrumento para la resolución de los conflictos, para los
cuales promovemos los medios no violentos, y expresamos nuestra
viva preocupación por el rearme militar. ¡La violencia y el
terrorismo en nombre de la religión son una negación de la
religión!
La luz de Cristo resplandece en el término «justicia», uniéndola
con la misericordia divina. Así iluminada, escapa a cualquier
pretensión ambigua. En todo el mundo –también en Europa— el
actual proceso de la radical globalización del mercado está
profundizando la división de la sociedad humana entre vencedores
y vencidos, disminuye el valor de innumerable personas, tiene
implicaciones catastróficas en términos ambientales y, de forma
específica en lo relativo a los cambios climáticos, no es
compatible con un futuro sostenible de nuestro planeta.
Séptima recomendación:
Exhortamos a todos los cristianos europeos a sostener firmemente
los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas
como medida práctica urgente para aliviar la pobreza.
Octava recomendación:
Recomendamos que, por parte del CCEE y de la CEC, junto a las
Iglesias de Europa y a las Iglesias de los demás continentes, se
ponga en marcha un proyecto consultivo que afronte las
problemáticas de la responsabilidad europea respecto a la
justicia ecológica, ante la amenaza de los cambios climáticos;
la responsabilidad europea en relación con un adecuado
planteamiento de la globalización, así como respecto al pueblo
gitano y las demás minorías étnicas europeas.
Hoy más que nunca reconocemos que África, un continente ya
íntimamente unido con nuestra historia y con nuestro futuro,
experimenta niveles de pobreza ante los cuales no podemos
permanecer indiferentes e inactivos. Las heridas de África han
conmovido el corazón de nuestra Asamblea.
Novena recomendación:
Recomendamos sostener las iniciativas para la cancelación de la
deuda y la promoción del comercio equitativo y solidario.
A través de un diálogo sincero y objetivo, contribuyamos y
promovamos la creación de una Europa renovada en la que los
inmutables principios y valores morales cristianos, obtenidos
directamente del Evangelio, sirven de testimonio y nos impulsan
a un compromiso activo en la sociedad europea. Nuestra tarea
consiste en promover estos principios y valores, no sólo en la
vida privada, sino también en la esfera pública. Deseamos
cooperar con las personas de las demás religiones que comparten
nuestra preocupación por crear una Europa de los valores que
prospere también política y económicamente.
Preocupados por la creación de Dios, rogamos una mayor
sensibilidad y respeto por su maravillosa diversidad. Trabajemos
para contrarrestar su vergonzosa explotación a causa de la cual
toda la creación gime esperando la redención (Rm 8, 22-23) y
comprometámonos por emplearnos en la reconciliación entre la
humanidad y la naturaleza.
Décima recomendación:
Recomendamos que el período entre el 1 de septiembre y el 4 de
octubre se dedique a orar por la protección de la creación y a
la promoción de estilos de vida sostenibles para contribuir a
invertir la tendencia del cambio climático.
Rendimos homenaje a cuantos han contribuido a este camino, en
particular a los jóvenes de Young Oikumene, que han
exhortado a los participantes de esta Asamblea a ser valientes
en vivir el Evangelio, nos unimos en la oración.
Oh Cristo, Verdadera Luz que ilumina y santifica a cada ser
humano que viene a este mundo : haz que brille sobre nosotros la
luz de tu presencia, para que en ella podamos contemplar la luz
inaccesible, y guía nuestros senderos para poner por obra tus
mandamientos. Danos la salvación y llévanos a tu reino eterno,
porque Tú eres nuestro Creador y Dador de todo lo que es bueno.
Nuestra esperanza descansa en Ti y te damos gloria, ahora por
siempre. Amen.
[Traducción realizada por Zenit]
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