Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, septiembre de
2007
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40 años con el exilio cubano
La Fiesta de la Caridad: ovaciones, lágrimas y mucha emoción
Dora Amador Morales
MIAMI
— De nuevo fue la fiesta de fe, de amor y de patria, todo
mezclado, más grande de los cubanos. Y de nuevo fue la Virgen de
la Caridad la que los juntó bajo un mismo manto. Esta vez hubo
un motivo de celebración mayor al cumplirse 40 años de la
llegada de la imagen de la Virgen y de la primera Misa que se le
celebró en Miami.
“Yo estaba en aquella Misa de la Caridad del 61, lo recuerdo
como si fuera un sueño”, comenta Carlos Hernández. Imagínese lo
que es estar solo en este país, mis 10 hermanos, mi madre y mi
padre se habían quedado en Cuba, encontrarme con el pueblo
cubano de nuevo fue muy lindo”.
La entrada de la Virgen de la Caridad en la Arena American
Airlines, llevada en andas por los miembros de la Archicofradía,
de la Ermita fue un momento emotivo de la noche, cuando la
muchedumbre exaltada de pie y batiendo sus banderas cubanas,
gritó: “¡Viva la Virgen” y “¡Virgen de la Caridad salva a
Cuba!”.
El estadio había seguido el recorrido de la Virgen por el mar
desde la Ermita hasta su llegada en las pantallas gigantes
colgadas del techo de la Arena. El Canal 51 hizo posible la
transmisión. Estas escenas se unieron a un vídeo preparado por
el Departamento de Comunicaciones de la Arquidiócesis y
fotografías del archivo de La Voz Católica recordando cada
evento el 8 de septiembre en Miami.
Antes de su llegada a la Arena, se rezó el rosario con cantos y
ovaciones. Hombres y mujeres de distintas provincias cubanas
desfilaron al altar para mezclar agua procedente de las 11
diócesis de Cuba. En esa fuente también cayó agua traída de la
Bahía de Nipe, donde tuvo lugar la aparición de la Virgen. El
público fue rociado con esta agua cubana bendita.
Por primera vez los países latinoamericanos desfilaron, cada uno
representado por una pareja vestida con su traje típico,
llevándole a la Virgen la llave de su país.
La solemne Eucaristía fue celebrada por el arzobispo de Miami
Juan Clemente Favalora y concelebrada por los obispos auxiliares
de Miami Agustín Román, Thomas E. Wenski y Gilberto Femández.
Al iniciar la Eucaristía el Arzobispo recordó los hechos de la
llegada de la imagen a Miami en 1961 y bendijo “al noble pueblo
cubano por su fidelidad al Señor y a la Iglesia”.
En el altar se hallaban 46 sacerdotes, unos 20 diáconos
permanentes y docenas de seminaristas con pañoletas amarillas,
el color de la Iglesia.
La emotiva homilía estuvo a cargo del padre Ernesto Molano,
quien recibió numerosas ovaciones del público. El sacerdote
colombiano hizo un documentado recorrido del acontecer histórico
cubano y de la presencia y el significado de la Virgen de la
Caridad en la historia de ese pueblo.
“Hay una cifra que nadie ha suministrado hasta hoy: la de un
grupo de numerosos seres humildes y bravíos, que desde el
principio del exilio hasta nuestros días se lanzaron a la deriva
en embarcaciones rudimentarias”, dijo el padre Molano. “Balsas,
neumáticos, para buscar su libertad y en cambio encontraron la
muerte entre la Isla y los Cayos en el Estrecho de la Florida. A
ellos los recordamos hoy tiernamente”. Las palabras del padre
Molano provocaron un emotivo aplauso de pie por parte del
público.
“La Virgen es la única capaz de unirnos y convocarnos a todos
sin necesidad de hacer nada más, simplemente por ser ella, por
su presencia”, dijo Luis Porrás, habanero que vino de Cuba hace
10 años y quien solía visitar el Santuario del Cobre a pesar,
explicó, “de las 1imitaciones que sufrimos allá por ser
católicos”.
“Nosotros somos sus hijos”, afirmó José Angel Acosta
refiriéndose a él y a su familia. Acosta, natural de Matanzas,
llegó hace seis años y dice deberle muchos favores a la Virgen,
a quien siempre le rezó, dijo, con mucha fe en Cuba y aquí.
Un cambio significativo que ha habido en esta devoción popular
cubana en los últimos 40 años es que, a diferencia de lo que
ocurría en Cuba antes de la revolución, el culto a la Virgen se
ha propagado en el exilio sin distinción de clase. “En Cuba la
clase alta tenía otras devociones marianas que no eran a la
Caridad. Lo que ocurría es que en casi todos los colegios
católicos los sacerdotes y las monjas traían sus devociones de
Europa, y se las enseñaban a los estudiantes”, explica Florinda
Alzaga, profesora de filosofía en la Universidad Barry y devota
de la Virgen de la Caridad. “Pero en el exilio eso se ha borrado.
La Virgen de la Caridad ha traído una mayor unión entre los
cubanos. Ella es el alma de nuestro pueblo allá y acá”.
Al igual que en 1961, la asistencia a la celebración de la
Virgen de la Caridad se calculó este año en unas 10,000
personas. Pero a diferencia de entonces, había muchos
latinoamericanos de otros países que se han hecho devotos a la
patrona de Cuba.
“Tengo muchas amistades cubanas y me han hablado con tanto amor
de su Virgen que me han contagiado, por eso vine”, explicó Juana
Torres, mexicana oriunda de Matamoros.
“Yo me uno a los cubanos en una misma fe y un mismo amor, porque
es una misma Madre para todos”, dijo Imelda Flores, natural de
Chinandega, Nicaragua. “A nosotros nos ha guiado siempre en este
país”, comentó Libia Sánchez, colombiana. “Esta Virgen de la
Caridad ha sido muy milagrosa conmigo”. Sánchez contó que no
podía tener hijos y que está convencida de que fue por un favor
de la Virgen que pudo tenerlos.
“A mí me ha protegido de muchas cosas, y la quiero como su hija
que soy” dijo María Helena Edouares, haitiana. “¿Sabías que en
Haití hay una iglesia con el nombre de la Caridad del Cobre?
Está en Puerto Príncipe y la quieren mucho”.
Mimí León, líder de los Movimientos Apostólicos de la
Arquidiócesis, dijo sentirse orgullosa como cubana de que esta
devoción a la Virgen de la Caridad se haya propagado entre los
latinoamericanos de Miami. “Los hispanos somos muy marianos.
Traen la misma nostalgia nuestra, cuando llegan a la Ermita, la
ven como un pedacito de su tierra”.
La Ermita de la Caridad fue declarada Santuario Nacional el año
pasado y es uno de los más visitados de Estados Unidos.
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