Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Julio de
2007
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Mensaje Urgente de la Sra Hilda Morejón Serantes a los Obispos
de la CELAM reunido en Cuba
Excelentísimos Señores Obispos de América Latina, Excelentísimos
Señores Obispos que asisten a la reunión de la CELAM:
Aunque me
apena molestar el valiosísimo tiempo de ustedes, autoridades de
mi amada Iglesia, angustiada por la prolongada separación de mi
familia, les ruego respetuosamente que me ayuden. Quien les
remite esta carta es la Señora Hilda Morejón Serantes, mamá de
la destacada neurocientífica y neurocirujana cubana, Dra. Hilda
Molina. Yo soy una anciana de 88 años de edad, gravemente
enferma, y postrada en un sillón de ruedas. A continuación les
sintetizo la trágica e inmerecida historia que vivimos mis seres
más queridos y yo:En el año 1994, mi querida hija se desvinculó,
por decisión propia, del sistema comunista imperante en Cuba;
desde ese momento, los que aquí gobiernan le prohiben viajar al
exterior. Como consecuencia de esta medida cruel y arbitraria,
ella no ha podido abrazar durante más de 13 años, a su único
hijo y su esposa, residentes en Argentina; y no conoce a sus dos
nietecitos de 12 y 6 años respectivamente. Yo he permanecido
todo este tiempo junto a ella, acompañándola en su terrible
agonía.El 16 de Mayo del pasado 2006, mientras mi hija me
auxiliaba en el baño, sufrí una gran caída. Es imposible,
Excelencias, que una persona en la situación de mi hija, con 64
años, también muy enferma, invalidada en su brazo izquierdo y
con limitaciones para su movilidad por intenso dolor en la
rodilla izquierda, pueda manipular sin riesgos a una anciana
totalmente discapacitada como yo; ella trató de sostenerme, pero
finalmente caímos las dos. Este accidente provocó que mi ya
precario estado de salud se agravara hasta el extremo crítico en
que me encuentra actualmente.Durante todo este tristísimo
período de lejanía familiar, yo nunca quise viajar a Argentina
pues no podía abandonar a mi desamparada hija. Después del
accidente, mi hija y mi nieto me suplicaron que realizara el tan
añorado viaje. Consciente de que el fin de mi existencia está
próximo, y con el corazón destrozado al tener que separarme de
mi hija, decidí visitar Argentina, pues necesito antes de morir,
abrazar de nuevo a mi adorado nieto, la persona que más amo en
este mundo, y a su esposa, a la que quiero como una nieta; y
conocer a mis dos maravillosos bisnietos. Además, allí recibiré
la atención médica que requiero con urgencia, a la que no tengo
acceso en mi Patria. Realizamos todos los trámites establecidos;
y según la fecha que me indicaron, debía recoger mi pasaporte en
los inicios del mes de Agosto del pasado año 2006. Hasta el
momento el pasaporte no me ha sido entregado, a pesar de que
cada semana acudimos a la oficina de Inmigración; ni lo
entregan, ni siquiera explican el motivo de que me hayan
retenido este documento, imprescindible para continuar los
trámites de viaje, lo que me permite afirmar que el gobierno
cubano también prohibe que yo visite a mi adorada familia en
Argentina.Excelencias, yo he sido siempre una católica
comprometida. Jamás abandoné mi Iglesia, ni en los momentos más
dificiles, no obstante las presiones a que fui sometida. Jamás
me vinculé con el régimen totalitario que mutila nuestras
libertades, pues no acepté, no acepto ni aceptaré un gobierno
que niega a Dios. Por tanto, las autoridades de este país
carecen absolutamente de argumentos que validen mi retención por
la fuerza en Cuba.Excelencias, mi hija y yo somos dos mujeres
solas en Cuba, muy enfermas ambas, y desamparadas. Yo dependo
totalmente del auxilio de mi hija; y mi hija requiere con
urgencia de cuidados médicos e incluso de auxilio. Qué objetivos
persiguen al mantener lejos de su familia a dos mujeres
indefensas en el ocaso de sus vidas? Qué oscuros sentimientos de
odio y venganza inmerecidos motivan tan demencial actuación? A
quién puede perjudicar nuestra visita temporal y estrictamente
familiar a Argentina?Excelentísimos Señores Obispos, mi familia
y yo no estamos solicitando algo que pertenezca al estado
cubano. Sólo pedimos lo que en silencio han demandado miles de
familias de esta sufrida isla en las últimas casi cinco décadas:
el respeto a los legítimos, irrenunciables y pisoteados derechos
familiares. No existen razone políticas, ideológicas ni de
índole alguna, capaces de justificar que hombres poderosos
destrocen familias inermes; y torturen niños inocentes, mujeres
indefensas y ancianas moribundas. Al prohibirme viajar a
Argentina, el gobierno cubano se burla de mi última voluntad;
viola impúdicamente mis más elementales derechos, aún sabiendo
que estoy próxima a mi fin; me impide recibir la atención médica
que necesito; y hasta me niega la posibilidad de concluir mi
existencia con dignidad, en paz, y rodeada de las personas que
más amo.Excelencias, estoy segura de que comprenden el suplicio
que hemos vivido y estamos viviendo mi hija y yo. Les aseguro
que nada es comparable a este desgarramiento que nos destroza el
corazón y que no nos permite ni un minuto de sosiego. Ambas, más
que vivir, hemos muerto cada instante transcurrido desde que
vimos por última vez a mi nieto y su esposa, en el año 1994;
solamente nos sostiene nuestra Fe en Dios y en su Santísima
Madre. Es por eso que agobiada por un indescriptible
sufrimiento, acudo a ustedes con esta petición, que es mi última
voluntad: por favor, soliciten al gobierno cubano que mi hija y
yo podamos viajar juntas lo antes posible a Argentina. Y si los
que nos torturan se aferran al despiadado absurdo de retener
aquí a mi hija, que al menos permitan que yo viaje de inmediato
a Argentina, pues aunque esto agravaría la separación familiar y
me ocasionaría un extraordinario dolor, no quiero morir sin ver
a mi nieto y a mi nieta, y sin conocer a mis
bisnietos.Excelentísimos Señores Obispos, por favor, no me
abandonen. Les suplico que me ayuden a morir en paz; no permitan
que muera desesperada.Disculpen por favor la mala redacción de
estas líneas, pues aunque aun estoy lúcida, ya también mi
lucidez se va afectando.
Por favor
Excelencias, recen por nosotros, por las destrozadas familias
cubanas; y bendígannos. Muchas gracias por su atención. Muchas
gracias anticipadas, porque como en que ustedes van a interceder
en pos de que mi familia se reunifique; y de que yo pueda morir
con los seres que más amo, reunidos en torno a mí.
Que Dios y
la Virgen bendigan y protejan a ustedes, a sus familias y a sus
diócesis.
Hilda
Morejón Serantes
Dirección: Bruzón No. 61
Apartamento 7 (Primer Piso, Interior)
Entre Almendares y Ayestarán
Plaza de la Revolución -Ciudad de la Habana. Cuba
Teléfono: 8782256
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“Nuestra vocación es la libertad” (Gal
5, 13).
Mensaje del Movimiento Cristiano Liberación a la XXXI
Conferencia de Obispos Latinoamericanos reunidos en Cuba
Oswaldo Paya Sardiñas
Minervo Lázaro Chil Siret
A Nombre del Consejo Coordinador
Movimiento Cristiano Liberación
La Habana, 10 de Julio de 2007
Queridos pastores de Latinoamerica:
Bienvenidos a nuestra Patria.
Esta reunión de los obispos de Latinoamerica se celebra en un
país tomado por mucho tiempo y por muchos, solo como símbolo.
Este símbolo vara de significado dependiendo del prisma con que
se nos mire.
Para muchos Cuba ha sido el santuario de su ideología, mientras
a un pueblo entero se le amordaza y encadena a nombre de esa
ideología.
Para otros Cuba ha sido el ideal de liberación, mientras que
para los cubanos la libertad ha sido el derecho mas negado y mas
anhelado en muchas décadas.
Para otros, una frontera desde donde pueden jugar a la
confrontación con el norte, mientras los cubanos solo queremos
vivir dignamente, como nación independiente y libres, pero en
paz con todos los pueblos, también con nuestro vecino del norte.
Para otros, Cuba ha sido la nación desahuciada, porque
supuestamente acepta la realidad del totalitarismo, mientras que
este, nuestro pueblo, aunque no ha dejado de amar y generar
obras buenas que no pueden borrarse, jamas ha escogido vivir en
el orden sin derechos que se le impone.
Otros hablan de los cubanos de adentro y de los de afuera, como
si fueran dos Cuba, desconociendo que la separación y el
destierro han sido el castigo mas doloroso infligido a los
cubanos, precisamente por que todos somos un solo pueblo,
inseparable e indivisible, con un solo corazón, y un mismo dolor
y una misma esperanza, hijos de una misma madre, la Virgen de la
Caridad.
Ojala no se nos mire mas a través de ningún prisma deformador,
sino directamente ,y entonces, se descubrirá que no somos una
revolución, ni un símbolo, ni la culminación de una ideología,
ni un experimento, ni una frontera de la historia, sino que
somos:
Mas de once millones de seres humanos, de hijos de Dios y que
por eso tenemos derecho a los derechos.
Hijos de Dios y por eso con la misma vocación de amor, de
fraternidad, de justicia, de paz y libertad que todos los seres
humanos y todos los pueblos del mundo.
De la misma manera, casi siempre juzgada y señalada por muchos,
ha sido tratada nuestra Iglesia, todos los cristianos en Cuba,
de todas las denominaciones, que no alardeamos del poder que
nunca hemos tenido, ni buscado, sino de la persecución que hemos
soportado.
Persecución ante el silencio, la ausencia de solidaridad y hasta
las justificaciones y la complacencia de algunos. Entre esos,
aquellos que con teorías y hasta con teologías, excluyeron del
alcance de la liberación a los que somos sometidos por la
opresión a nombre de la ideología marxista o de la “revolución”.
Aun lo siguen haciendo otros, en todas las latitudes y
meridianos, a nombre de sus ideologías.
Hemos sido como un espectáculo para el mundo. Pero Jesucristo
libera a todos y el Evangelio no excluye a nadie. Dios no niega
a nadie la libertad y la dignidad, pues da Su Amor a todos,
creyentes y no creyentes.
Nuestra sociedad sufrió y sufre aun, el atentado perverso de la
descristianizacion forzosa, iniciándose bajo el lema de que “la
religión es el opio de los pueblos”, pero el pueblo descubrió
que los que quieren expulsar a Dios de la historia y de la vida,
solo preparan deslealmente la cultura del miedo y el ambiente
propicio para instalar una forma de esclavitud.
Del Evangelio hemos aprendido que la Iglesia, no puede callar su
voz profética cuando a hombres y mujeres se les oprime y se les
niegan sus derechos y la libertad.
No deben callarse los cristianos y tampoco deben callarse todas
las victimas, que son los primeros llamados a reclamar sus
propios derechos y así, como anunciaba el Papa Juan Pablo II ;
“ser protagonistas de su propia historia”. Eso es liberación
Proclamamos una verdad: La Iglesia en Cuba, oprimida como su
pueblo y pequeña, en medio de la persecución, las injerencias,
las amenazas y presiones mas diversas del poder político, fiel a
Jesucristo, siempre ha evangelizado y siempre ha tenido un lugar
para aquellos que no tienen lugar.
En Latinoamrica, desde hace mucho tiempo, los pueblos buscan un
orden mas justo que permita a las muchedumbres marginadas,
ascender a una vida mas digna y ya se logran cambios por las
vías cívica y no por la violencia.
Pero si a nombre de la justicia social y la redención de los
pobres, a los ciudadanos se les arrancan o se les niegan la
libertad de expresión y los demás derechos políticos y civiles,
entonces se tiende una trampa a los pueblos y se les quita el
derecho por el que pudieron antes decidir democráticamente los
cambios que deseaban.
Cuando esto sucede, los pobres ya no tendrán, como no tienen en
Cuba voz, ni siquiera para decir que son pobres. La democracia
no es real si no es capaz de construir la justicia. Y la
justicia ni es verdad, ni se puede conquistar, si se niega a los
ciudadanos la libertad y los derechos civiles.
Muchos cubanos hermanos nuestros, hoy están encarcelados
injustamente, por proclamar y defender los derechos de los
cubanos, por promover el dialogo y la reconciliación, por
impulsar cambios pacíficos para que las leyes respeten los
derechos de todos los cubanos, inspirados en ese sacerdote
cubano, ejemplar por su santidad y patriotismo, que se llamo P.
Félix Varela.
Estos prisioneros confinados junto a prisioneros comunes, en
condiciones inhumanas, sufren un galopante deterioro de su
salud. Desde la prisiones, ellos dan un testimonio de la
presencia de Jesucristo en sus vidas, que han sido consagradas a
la liberación de su pueblo por amor.
Nuestros hermanos prisioneros y todos nosotros, durante estas
jornadas, oraremos por ustedes y con ustedes, nuestros pastores
latino americanos, para que también esta, su Treinta y una
reunión, sea iluminada por el Espíritu Santo.
Hoy se sentencia a nuestro pueblo con la doctrina de que la
única alternativa a este orden es la muerte. Así se pretenden
cerrar las puertas del futuro, con una muralla fatalista de odio
y de miedo.
No obstante, lo que prevalece en el corazón y la mente de los
cubanos, creemos que de todos los cubanos, de todas las
posiciones políticas y experiencias, es el deseo de cambios, de
reconciliación, de sanarnos por el perdón, de mirar hacia
delante y construir, como hombres y mujeres libres, la paz.
Lo haremos construyendo una sociedad mas justa, mas fraterna y
mas humana, tomando todo lo bueno que se ha creado con amor y
dejando atrás lo que nos divide, nos oprime y nos niega los
derechos. Solo podemos lograrlo como dijo nuestro apóstol José
Marti: “con todos y para el bien de todos”. Eso es liberación.
Liberación que no puede ser desde el odio, ni con el odio, ni
negando al prójimo, ni excluyendo a ningún ser humano, sino por
amor y reconociendo en cada cubano, en cada ser humano a un
hermano.
En este camino; nuestro movimiento trabaja, en medio de la
persecución, por el Dialogo Nacional, por el reconocimiento
legal de todos los derechos para todos los cubanos y por la
Reconciliación Nacional.
Nuestro pueblo nada sumergido en las sombras, pero sabiendo que
existe la luz y caminando hacia su encuentro. Es la luz de Dios,
que ilumina los corazones, esa es la fuente de la esperanza de
los cubanos y de su liberación
Vuestra vocación es la libertad, y por la misma causa, la
nuestra también.
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Damas de
Blanco dirigen una carta al Consejo Episcopal Latinoamericano y
del Caribe (CELAM) reunidos en la Habana del 9 al 14 de julio,
2007
La Habana, jueves 12 de julio de 2007
Eminencias:
Las Damas
de Blanco nos sentimos muy honradas de darles la bienvenida en
La Habana, Cuba, al tiempo que ciframos grandes esperanzas en
recibir su bendición, sus plegarias y su preocupación por
conocer y contribuir a mitigar las difíciles condiciones en que
se desenvuelve la vida cotidiana de nuestros prisioneros de
conciencia y políticos pacíficos, así como de fieles católicos y
de otras religiones, y la población en general desde hace casi
cinco decenios, sin que se vislumbre cambios en el futuro
inmediato.
Nuestros
prisioneros de conciencia y políticos no tienen la posibilidad
de recibir asistencia religiosa en las cárceles; en muy escasas
ocasiones se permite. Como el gobierno cubano no reconoce su
existencia, los mezclan con presos comunes de alta peligrosidad.
No se cumplen las Normas Mínimas para el Tratamiento de
Prisioneros de las Naciones Unidas, ni se autoriza el acceso de
prestigiosas organizaciones como la Cruz Roja Internacional y
Amnistía Internacional. Las condiciones de prisión son
deplorables para todos los reos, incluidos las decenas de miles
de comunes, fundamentalmente jóvenes y negros. La mayoría de
nuestros seres queridos han sufrido un alarmante deterioro de su
salud durante los cuatro años de cautiverio, sin que reciban la
asistencia médica adecuada.
Nuestras
familias han estado sujetas a diversas formas de tortura
psicológica, con particular sufrimiento para los niños y
ancianos que no los pueden visitar porque están a cientos de
kilómetros de distancia, en un país donde el transporte es casi
inexistente; y a nosotras se nos vigila y reprime por ser las
voces de ellos y demandar condiciones apropiadas, pero
fundamentalmente la libertad inmediata e incondicional, ya que
no han cometido ningún delito. Ellos sólo han pretendido ejercer
su derecho a la libre expresión en beneficio de nuestro pueblo.
Eminencias:
Depositamos grandes esperanzas en las gestiones del Santo Padre
Benedicto XVI ante las autoridades de Cuba, así como la
intercesión de Sus Eminencias, a fin de que los prisioneros de
conciencia de los 75 encarcelados durante Marzo de 2003 sean
liberados inmediata e incondicionalmente, así como los demás
prisioneros políticos pacíficos cubanos y, mientras esto no
ocurra, ellos tengan asistencia religiosa, tratamiento médico y
condiciones de prisión adecuados.
Reciban
nuestros votos porque logren sus objetivos evangelizadores y
contribuyan al avance de la democracia y el respeto de los
derechos humanos en Cuba.
DAMAS DE
BLANCO
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