Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Julio de
2007
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Momento
crucial para la historia de Venezuela, alerta su episcopado
Exhortación Pastoral – 88ª Asamblea Ordinaria Plenaria
CARACAS,
lunes, 9 julio 2007 (ZENIT.org).-
El episcopado de Venezuela advierte de que el país «vive uno de
los momentos más cruciales de su historia», vistos los pasos del
presidente Hugo Chávez hacia una reforma constitucional a gran
escala orientada al «establecimiento de un sistema socialista
fundado en la teoría y la praxis del marxismo-leninismo».
La reforma
constitucional –promovida para su aprobación el año que viene-
contempla también la reelección presidencial indefinida.
Chávez
contestó la semana pasada a las críticas de los obispos
-preocupados por estas reformas- cuestionándoles como
ignorantes, poniendo en duda su apego a la verdad e incluso
atribuyéndoles intenciones perversas en sus declaraciones.
El
episcopado venezolano en pleno ofrece a su vez respuestas de
amplio alcance en una Exhortación Pastoral centrada en «la
Solidaridad y la Reconciliación» en el país, trazando la verdad
de la situación que viven sus habitantes.
Difundido
el sábado, con ocasión de la celebración de su 88ª Asamblea
Plenaria, el documento de la Conferencia Episcopal de Venezuela
alerta de la pretensión del presidente del país de «introducir
cambios de gran magnitud» en la Constitución «que conllevan la
instauración de un modelo político y social bajo el signo
ideológico del así llamado “socialismo del siglo XXI”».
Pero se
van conociendo los contenidos de la reforma y la manera de
llevarla a cabo, por lo que los prelados denuncian el escaso
«talante democrático» de tal procedimiento.
Además,
«diferentes decisiones oficiales, como el lema impuesto “Patria,
socialismo o muerte”, y declaraciones del presidente y de
voceros del gobierno hacen suponer que esta reforma se dirige
hacia el establecimiento de un sistema socialista fundado en la
teoría y la praxis del marxismo-leninismo», advierten los
obispos de Venezuela.
Subrayan
que el último «atentado a la libertad de expresión» -el cierre
gubernamental de la cadena privada de radiotelevisión RCTV, tras
más de medio siglo de emisiones- «favorece una hegemonía
indebida del gobierno en materia de comunicación social, lo cual
es evidentemente antidemocrático».
Asimismo
es preocupante –apuntan los prelados- el nuevo proyecto de Ley
de Educación por su «pretensión de impartir una educación con
una única y determinada orientación política e ideológica, que
afectaría gravemente derechos y deberes de los educandos y de
los padres de familia».
«La
solución a los problemas políticos y sociales de Venezuela debe
ir más allá del populismo que no va al fondo de los mismos y del
militarismo que cede el protagonismo de la sociedad al estamento
militar, al cual no le corresponde dicho papel», reclaman los
obispos.
«Nadie, y
mucho menos el Presidente de la República, tiene derecho a
insultar o agredir a personas o instituciones que disientan de
sus opiniones o proyectos», recuerdan.
Publicamos
íntegramente el documento de la Conferencia Episcopal de
Venezuela.
* * *
EXHORTACIÓN PASTORAL
LXXXVIII
ASAMBLEA ORDINARIA PLENARIA
Introducción
1. Los
Arzobispos y Obispos de Venezuela reunidos en la 88a Asamblea
saludamos en el Señor, al Pueblo de Dios y a todos los hombres y
mujeres de buena voluntad de nuestra patria, proclamando que
Jesús es “el Camino la Verdad y la Vida” (Jn 14,6.)
2.
Queremos responder a los desafíos que la realidad de nuestro
tiempo plantea a la Iglesia en Venezuela, siguiendo los
lineamientos de la V Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano y del Caribe reunida del 13 al 31 de mayo de
2007, en Aparecida, Brasil, donde los obispos nos han animado a
ser discípulos misioneros de Jesucristo para construir un
continente de la vida, del amor y de la paz.
3. Además,
con el Concilio Plenario de Venezuela, reafirmamos nuestra
invitación a “todos, creyentes y no creyentes, a asumir la tarea
de ser hombres y mujeres nuevos, impregnando la sociedad de
valores que dignifiquen a la persona humana y hagan posible en
nuestro país la novedad de la vida (cf. Rm 6,4) y se logre así
la transformación de nuestro pueblo con el brillo del esplendor
de la verdad, la justicia y la paz, y se experimente la fuerza
del amor fraterno.”(Mensaje Final CPV, n. 9).
La
realidad del país que nos interpela
4. Nuestro
pronunciamiento sobre los problemas sociales no es una
injerencia indebida en la vida política, sino el cumplimiento de
nuestra obligación de iluminar la vida personal y social de
nuestros fieles desde la perspectiva del Evangelio y con
criterios estrictamente pastorales. El Papa nos lo ha recordado
hace poco: “La Iglesia es abogada de la justicia y de los
pobres, precisamente al no identificarse con los políticos ni
con los intereses de partido. Sólo siendo independiente puede
enseñar los grandes criterios y los valores inderogables,
orientar las conciencias y ofrecer una opción de vida que va más
allá del ámbito político. Formar las conciencias, ser abogada de
la justicia y de la verdad, educar en las virtudes individuales
y políticas, es la vocación fundamental de la Iglesia en este
sector. Y los laicos católicos deben ser conscientes de su
responsabilidad en la vida pública; deben estar presentes en la
formación de los consensos necesarios y en la oposición contra
las injusticias” (Discurso inaugural de la V Conferencia del
Episcopado Latinoamericano y del Caribe).
5.
Actualmente nuestra patria vive uno de los momentos más
cruciales de su historia. Después de las elecciones de diciembre
de 2006, el Ejecutivo Nacional anunció la reforma de la
Constitución de 1999, con el objetivo de introducir cambios de
gran magnitud que conllevan la instauración de un modelo
político y social bajo el signo ideológico del así llamado
“socialismo del siglo XXI”, para lo cual constituyó una comisión
presidencial encargada de elaborar el proyecto.
6. Los
obispos de Venezuela nos referimos a este asunto con ocasión de
la 87ª asamblea ordinaria en enero de este año, y allí
manifestamos la esperanza de que la reforma en cuestión
contribuyera a la consolidación de la vida democrática y
estuviera en consonancia con el pluralismo político y el respeto
a los derechos humanos (Cf. Exhortación ‘Tiempo de diálogo para
construir juntos’, enero 2007, n. 7). Sin embargo, los temas
ventilados por la opinión pública como contenidos de los cambios
constitucionales y, sobre todo, la forma misma del proceso de su
elaboración, que no acoge suficientemente el espíritu de
participación exigido por la Constitución, arrojan serias dudas
sobre el talante democrático de la reforma constitucional.
Diferentes decisiones oficiales, como el lema impuesto “Patria,
socialismo o muerte” y declaraciones del Presidente y de voceros
del gobierno hacen suponer que esta reforma se dirige hacia el
establecimiento de un sistema socialista fundado en la teoría y
la praxis del marxismo-leninismo.
7. La
pobreza, el desempleo, la falta de vivienda, la carencia en los
hospitales, los deficientes servicios públicos, niños de la
calle, ancianos sin atención, continúan siendo verdaderos
problemas sociales. Otro problema es la violencia, que en
nuestro país ha crecido exageradamente: los delitos contra la
vida y la propiedad, el sicariato o asesinato por encargo, los
secuestros, la extorsión conforman un cuadro de inseguridad, que
especialmente en las grandes ciudades y en la frontera con
Colombia, ha alcanzado niveles alarmantes. Uno de los factores
que ha contribuido al aumento de esta violencia lo constituye el
narcotráfico y el lavado de dinero, que lamentablemente ahora
está presente en casi todo el territorio nacional.
8.
Recientemente el país ha sido sacudido por una ola de protestas
ante la negativa del gobierno de renovar la concesión a uno de
los más importantes canales de televisión del país. La
presidencia de la Conferencia Episcopal en su momento fijó una
posición contraria a tal decisión. Más allá de la defensa de un
determinado medio, ante el cual el Episcopado ha expresado en el
pasado cuestionamientos, se trata de denunciar un atentado a la
libertad de expresión, que reduce los espacios de libre
comunicación y favorece una hegemonía indebida del gobierno en
materia de comunicación social, lo cual es evidentemente
antidemocrático.
9. A raíz
de este último acontecimiento, los venezolanos hemos sido
testigos del surgimiento de un movimiento estudiantil que, con
creatividad y coraje, bajo las consignas de la libertad y la
reconciliación, ha salido a las calles a manifestar por el
derecho a la libertad de expresión, de opinión, de información y
en defensa de la autonomía universitaria. Valoramos
positivamente el que los jóvenes estudiantes hayan optado por el
recurso a la no violencia activa para manifestar su descontento
con decisiones que atentan contra las libertades. Los
estudiantes denuncian un ejercicio poco democrático del poder y
reclaman una Venezuela para todos, pregonando la reconciliación.
10.
Igualmente, manifestamos nuestra preocupación por el nuevo
proyecto de Ley de Educación, en segunda discusión en la
Asamblea Nacional. Si bien contiene elementos positivos, ofrece
graves omisiones en asuntos importantes, como la finalidad de la
educación, los derechos de los docentes, los subsidios mediante
convenios a instituciones educativas que atienden sectores
populares, la evaluación y el derecho de los padres a decidir
sobre la educación religiosa de sus hijos, entre otros. Y, lo
más importante, existe preocupación sobre la pretensión de
impartir una educación con una única y determinada orientación
política e ideológica, que afectaría gravemente derechos y
deberes de los educandos y de los padres de familia. El diálogo
institucional sobre el proyecto de ley, que mantuvimos con la
presidencia de la Comisión de Educación de la Asamblea Nacional
y con el Ministro de Educación y Deporte, a lo largo de una
buena parte del año pasado, no ha sido retomado por las nuevas
autoridades, a pesar de nuestra disposición y petición de
hacerlo.
11. Nos
inquieta además que se pretenda solucionar los problemas
sociales que nos aquejan con medidas populistas en lugar de
utilizar los abundantes ingresos petroleros para soluciones
estructurales a nuestras graves deficiencias. Ahora, al igual
que en la segunda mitad del siglo XX, los altos ingresos por el
petróleo se han visto acompañados por el aumento de la
corrupción y el clientelismo político. Cada día nuestro país se
hace mas rentista y pierde la oportunidad de convertirse en un
país productivo.
Un camino
de diálogo y reconciliación
12.
Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (Jn. 14,6), es fuente
inagotable de paz, de reconciliación y de amor. Los Obispos de
Venezuela, ante los problemas que agobian al país, proponemos el
camino que indica el Señor: el camino fundamental hacia la paz,
que todos anhelamos, es la reconciliación y la solidaridad. Por
eso no podemos aceptar que se pretenda dividir a los venezolanos
en dos bandos irreconciliables. La diversidad de posturas
ideológicas, propias y convenientes en toda democracia, no debe
convertirse en beligerancia e intolerancia. Se impone el diálogo
que busque el consenso, sobre el que debe asentarse la vida
política y social de cualquier sociedad que se considere
democrática.
13. La
solución a los problemas políticos y sociales de Venezuela debe
ir más allá del populismo que no va al fondo de los mismos y del
militarismo que cede el protagonismo de la sociedad al estamento
militar, al cual no le corresponde dicho papel. Para resolver
nuestros males sociales tampoco son válidos los caminos
propuestos por el neoliberalismo, pues aunque supongan un
aparente progreso de la sociedad, llevan inherentes la
marginación de amplias masas del pueblo y el ahondamiento de la
injusticia y exclusión.
14.
Benedicto XVI acaba de recordar –en el discurso de inauguración
de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe
en Aparecida- que “la economía liberal de algunos países
latinoamericanos ha de tener presente la equidad, pues siguen
aumentando los sectores sociales que se ven probados cada vez
más por una enorme pobreza o incluso expoliados de los propios
bienes naturales”; pero el Papa nos recuerda también otro camino
equivocado para solucionar nuestros problemas: “las formas de
gobierno autoritarias o sujetas a ciertas ideologías que se
creían superadas, y que no se corresponden con la visión
cristiana del hombre y de la sociedad, como nos enseña la
Doctrina social de la Iglesia”.
15. Una de
esas ideologías ya superadas es el socialismo estatista que
impide la primacía de la persona y de la solidaridad,
suplantándolas por la hegemonía del Estado. Así, pues, ni el
capitalismo salvaje ni el socialismo marxista son los caminos
que conducen a la construcción de una sociedad más justa.
16. Por
eso, los pastores de la Iglesia en Venezuela, fieles a nuestra
vocación de ser voz de los que no tienen voz, alentados por el
seguimiento de Jesús, Camino, Verdad y Vida, por el magisterio
del Papa y por el Concilio Plenario, reafirmamos nuestra
presencia, la de los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos
en todos los lugares de nuestra patria, llevando el Evangelio de
Jesucristo y sanando las heridas de los más abandonados, de los
enfermos y de todo aquel que necesite de nuestro aliento;
caminando con ellos hacia la justicia, la paz y la
reconciliación. Sin una cultura del respeto, la tolerancia, la
inclusión y la aceptación del otro no se puede entablar una
reflexión y diálogo nacional.
17. Se
debe renunciar a la intolerancia, al enfrentamiento permanente,
a la discriminación en el trabajo por razones políticas, que
muchos venezolanos sufren a través de listas de excluidos o de
exigencias ideológicas. Igualmente debe rechazarse el lenguaje
descalificador, ofensivo e irrespetuoso. Nadie, y mucho menos el
Presidente de la República, tiene derecho a insultar o agredir a
personas o instituciones que disientan de sus opiniones o
proyectos. La reconciliación, la paz y la solidaridad no anulan
el derecho a disentir, lo cual incluso puede conducir a la
protesta legítima; pero ésta debe hacerse siempre en términos
pacíficos, la llamada no violencia activa, la cual no implica la
indiferencia ante los problemas sociales. Las instituciones
públicas tienen la grave obligación de permitir y respetar ese
derecho a disentir consagrado en nuestra Constitución.
18. Se
impone un gran acuerdo nacional en defensa de la vida, desde el
momento de la concepción hasta su fin natural; esto implica
oponerse a todo tipo de violencia e impunidad; e igualmente a
las consignas que tienen a la muerte como objetivo o
alternativa, pues no son ni humanas ni cristianas. El hombre
siempre apuesta por la vida, nunca por la muerte. Esas consignas
fomentan la violencia, el odio y la venganza. Además se debe
afrontar el problema de las cárceles, velar por la apropiada
actuación de las instituciones policiales y, sobre todo,
garantizar la independencia y rectitud del sistema judicial.
19. Un
elemento básico en la consecución de la justicia, la paz y la
reconciliación es una educación para todos y de calidad: tenemos
que partir de los logros conseguidos en materia educacional en
los últimos años, sobre todo en la extensión de la educación a
sectores excluidos. Sin embargo, hay que evitar la tendencia a
ideologizar la educación y luchar por mejorar la calidad de la
misma, que todavía es muy deficiente, sobre todo para los
sectores más populares. El manifiesto “La educación que
Venezuela necesita”, realizado por diferentes organizaciones
educativas de la Iglesia, puede servir de base para este
objetivo. El rol de la familia en la educación es
imprescindible. El Estado debe reconocer que la familia es la
principal responsable de la educación de sus hijos. La educación
religiosa escolar debe permanecer en el horario escolar tal como
se encuentra en la vigente Ley de Educación.
20.
Venezuela necesita bendiciones, no improperios. Venezuela
necesita que se aplique la Constitución vigente, no una nueva.
Con ella basta para construir entre todos una democracia social,
humanista, trascendente, inclusiva y solidaria. Venezuela quiere
y reclama a gritos, por boca de sus niños y jóvenes, que se
termine con los odios, los insultos y las descalificaciones y
que sus hijos e hijas se reconcilien, se respeten y vivan en
paz. Los venezolanos y venezolanas queremos una educación donde
todos sus legítimos sujetos, padres de familia, estudiantes,
maestros, profesores, comunidad y sociedad, con la alta
dirección del Estado, puedan actuar en libertad y transmitir los
principios, valores y virtudes fundamentales para alcanzar
juntos la plenitud de la condición humana.
Conclusión
21.
Nuestra fuerza está en el auxilio del Señor. Por eso, pedimos
que en todas las Parroquias, Vicarías, Movimientos y Comunidades
se intensifique la oración por la Solidaridad y la
Reconciliación en Venezuela, en Latinoamérica y en todo el
mundo, especialmente por medio de la Eucaristía. Tal como nos lo
ha recordado el Papa Benedicto XVI en su Exhortación ‘El
Sacramento del Amor’: “El misterio de la Eucaristía nos capacita
e impulsa a un trabajo audaz en las estructuras de este mundo
para llevarles aquel tipo de relaciones nuevas, que tiene su
fuente inagotable en el amor de Dios” (n. 91).
22. Que
Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, nos siga
guiando y acompañando en este peregrinar hacia un futuro siempre
mejor y nos aliente en el compromiso de hacer realidad las
aspiraciones de una Venezuela más humana y más cristiana, para
que Jesucristo sea para todos “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn
14, 6).
Con
nuestra bendición,
Los
Arzobispos y Obispos de Venezuela
Caracas, 7 de julio de 2007
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