Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Junio de
2007
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La salud
Intervención del Card. Lozano Barragán, presidente del
Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud
“Para que nuestros pueblos tengan vida en El”, Cristo envió a
sus apóstoles y discípulos a predicar el Reino de Dios y a curar
a los enfermos. En América Latina desde los inicios de la
Evangelización los discípulos y misioneros del Señor han
cumplido con este doble mandato ajustándose a las diversas
épocas y circunstancias.
En el Mensaje de la Jornada Mundial del Enfermo del año jubilar
del 2000, Juan Pablo II describió la salud como la tensión hacia
la armonía física, psíquica, social y espiritual, y no tan solo
la ausencia de enfermedades, que capacita a la persona a cumplir
la misión que Dios le encomienda, según la etapa de la vida que
le toca vivir.( Cfr. Juan Pablo II Mensaje para la VII
Jornada Mundial del Enfermo, 6.8.1999) Consiste así la
salud en procurar la armonía que capacita para cumplir la
misión; conlleva combatir las enfermedades, pero no se queda
sólo allí; las combate con una finalidad muy definida que es la
armonía integral para el cumplimiento de la misión recibida.
Nuestro actual Santo Padre el Papa Benedicto XVI, en diversas
ocasiones ha insistido en renovar y profundizar la Pastoral de
la Salud. Nos ha invitado a formar las conciencias en este campo
y orientar así sobre la enfermedad, el sufrimiento, la muerte y
la vida. Nos ha pedido seguir uniendo a los agentes de Pastoral
de la Salud y actualizarlos dentro de la problemática hodierna
en el campo científico, técnico, político y moral. En especial
nos ha invitado a aplicar su primer Encíclica “Deus Caritas est”
y su Exhortación Apostólica “Sacramentum Caritatis” al mundo de
la salud, teniendo como centro la Eucaristía que será, cito “la
linfa vital que conforta al que sufre” y da fuerza al agente de
Pastoral de la Salud, quien como “Buen Samaritano” opera en este
preciado campo de la acción de la Iglesia.
En este contexto, la Pastoral de la Salud rebasa la Pastoral
social y va más allá de una beneficencia que se haga ayudando a
los enfermos a curarse, es la respuesta a los grandes
interrogativos de la vida como son el sufrimiento y la muerte, a
la luz de la muerte y resurrección del Señor.
La salud es un tema que hoy en día está en primera línea entre
los intereses que mueven al mundo. Sin embargo, su propuesta
casi cotidiana a través de los mass media, muestra una salud que
no trasciende la armonía física corporal, o quizá psíquica;
acentúa además el peligro de las enfermedades emergentes y su
posible cura. Se finaliza en la belleza corporal y el goce sin
término cerrados en sí mismos. Esta salud se suele proponer sin
una finalidad que la trascienda, cerrada en sí misma, destinada
por tanto a marchitarse y morir. En este mismo contexto, en la
cultura actual no pareciera caber la muerte, y ante su realidad
acuciante, simplemente se trata de ocultar.
Abriendo la salud a la armonía integral del hombre, resaltando
su tensión hacia la armonía física, mental, social y espiritual,
se torna la Pastoral de la salud en un anuncio práctico de la
muerte y resurrección del Señor, única verdadera salud. Tiene su
sentido último en la Palabra de Dios que se realiza en los
sacramentos, especialmente en la Eucaristía, y aúna en esta
economía sacramental del amor de Cristo, el amor de tantos
“buenos samaritanos”, sacerdotes, laicos y profesionales de la
salud: médicos, enfermeras, farmacéuticos, administradores de
centros de salud y demás personas que se ocupan del ramo, que
profesan su fe católica cumpliendo la misión recibida de Cristo
de curar a los enfermos.
América Latina y el Caribe cuentan con 32,116 instituciones
católicas que se dedican a la Pastoral de la salud (toda
Europa cuenta con 35,929). Estos inmensos recursos de
evangelización, que recientemente muchas veces hemos
descuidado, debiendo aprovecharlos al máximo. Nuestra Quinta
Conferencia del Episcopado latinoamericano es para mejorar la
vida de nuestros pueblos con la vida misma de Cristo. ¿Qué mejor
que mejorar nuestra vida cuando se encuentra más amenazada por
el quebranto de la salud, y más aún, qué mejor que mejor que dar
a nuestros pueblos la vida de Cristo resucitado venciendo
definitivamente la muerte, cuando en la enfermedad parece no
haber ninguna solución, especialmente al encontrarnos con los
enfermos más desprotegidos?
Permítaseme ahora una breve alusión a un punto urgente: la
pandemia mundial del SIDA, que por desgracia en lugar de menguar
sigue creciendo. Gracias a Dios nuestros países latinoamericanos
y del Caribe no están tan golpeados como otras partes del mundo,
pero no por ello no debemos de preocuparnos. De acuerdo al
porcentaje de enfermos de SIDA en cada país latinoamericano,
según las últimas estadísticas de que disponemos, su lugar por
orden descendente de afectación por la pandemia es como sigue:
Guyana, Belice, Surinam, Honduras, Panamá, El Salvador,
Guatemala, Venezuela, Perú; en seguida, con el mismo porcentaje:
Colombia, Argentina y Brasil; luego Paraguay y Costa Rica;
después, con el mismo porcentaje, Ecuador, Chile y México;
finalmente, Nicaragua y al último, Bolivia. En el Caribe, su
lugar, también por orden descendente, es: Haití, Bahamas,
Trinidad Tobago, Barbados, Jamaica, República Dominicana y Cuba.
En total, afectados por el SIDA en Latinoamérica, 1.565,300 y en
el Caribe: 330,000. El porcentaje de enfermos de SIDA en América
Latina con relación a su población total es de 0.31%; en el
Caribe es de 0.76%.
En números absolutos el país más afectado es Brasil con 620,000
enfermos; el menos afectado es Bolivia con 7000 enfermos. Para
tener una visión completa del resto de América, Estados Unidos
cuenta entre 1.165,000 y 2.000,000 de enfermos, Canadá con
1,830. Las estadísticas completas las consigno a la Secretaría.
Aparecida, mayo de 2007.
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