Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Junio de
2007
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“La Biblia
me creó un compromiso de amor al prójimo”
"Al estar
en un entorno social donde se violan los derechos humanos y la
situación económica no es la mejor, sentí la obligación de
cristiano de expresar mi opinión sobre la situación de Cuba”.
Entrevista con Juan Carlos González Leyva, presidente de la
Fundación Cubana de Derechos Humanos
Luis
Felipe Rojas
Ciego de Ávila, 25 de mayo de 2007
Su casa de
Honorato del Castillo, en Ciego de Ávila, permanece vigilada
constantemente por la policía. Todo el que entra o sale de esta
es minuciosamente requisado, y en caso de no residir en la
provincia, las autoridades lo expulsan del territorio con
urgencia. Juan Carlos González Leyva, abogado invidente, ha sido
golpeado con brutalidad; en la prisión intentaron envenenarlo
con sustancias tóxicas que quemaban cerca de él.
Su hogar
es uno de los mayores centros de recepción de denuncias de
violación de derechos humanos. En medio del ajetreo por la
noticia de que a Normando Hernández se le había confirmado la
tuberculosis, cedió un par de horas y conversó con Encuentro
en la Red.
¿Cómo
llega Juan Carlos González Leyva al acto temerario de defender
los derechos humanos en la Cuba actual?
Al
estudiar Derecho, y sobre todo La Biblia, que es el libro
que más llega a humanizar el alma, el corazón del ser humano.
La Biblia me creó un compromiso de amor al prójimo, de amor
a Dios. Y al estar en un entorno social donde se violan los
derechos humanos y la situación económica no es la mejor, sentí
la obligación de cristiano de expresar mi opinión sobre la
situación de Cuba.
El 20 de
diciembre de 1993 le envié una carta a Fidel Castro donde le
planteaba sobre la situación económica, política y social del
país; le decía que el "hombre nuevo" no fue formado por la
Revolución, que había una alta corrupción política dentro del
PCC y que la Revolución Cubana no era el proyecto que soñó
Martí.
En 1994 le
hice otra carta a Fidel Castro por el hundimiento del remolcador
13 de Marzo, donde murieron 20 niños y unas 40 personas. Acusé
al gobierno cubano de genocida. Por esa carta fui citado por el
MININT y la Seguridad del Estado me abrió un expediente. En 1996
fui expulsado de la Asociación Nacional de Ciegos, donde ya
había sido presidente de la provincia, miembro del Congreso y
del Consejo Nacional de esta organización.
En 1997
ingresé en la corriente de Abogados Agramontistas y comencé a
trabajar como reportero de la Agencia de Prensa Independiente
Patria. Cuando hice la carta en 1993, no aspiraba a ser un
defensor de los derechos humanos. Solamente actué porque lo
consideraba un compromiso con Dios denunciar la situación que
estaba afectando al entorno, al prójimo, al pueblo. Esa es la
situación de inicio.
Usted
trabaja con el espíritu de Gandhi, coincidiendo en esta
profesión con el líder indio. Al denunciar, relata, informa:
¿cómo se concilia un periodismo sin cortapisas, directo, y una
actitud responsable de observación y denuncia?
Admiramos
grandemente a Gandhi, aunque no lo hemos estudiado como
hubiéramos querido. No hemos llegado nunca a la estatura de él y
creemos en Jesucristo, y es una felicidad para mí el hecho de
poder hacer algo a favor del ser humano, inspirado por
Jesucristo, tanto como Gandhi, y otros ejemplos.
Como otros
reporteros independientes en la Cuba actual, aunque participa en
videoconferencias y programas radiales de análisis
político-social, la nota informativa y la noticia van en ventaja
respecto a géneros como la entrevista, la crónica y el
reportaje. ¿No influye esto en su entrenamiento periodístico?
El
periodismo independiente que se hace en Cuba no es el mismo de
otras partes del mundo. Está muy cercano a la actividad de
denuncia de la situación de los derechos humanos y de la
denuncia en las prisiones. Esto hace que las actividades sean
conciliatorias y que se confunda periodismo independiente con la
actividad y los activistas de derechos humanos. Eso me permite
hacer muchas veces la misma labor, por estar trabajando muy
cercanamente a los periodistas.
La FCDH
tiene como esencia de trabajo la defensa de los derechos
humanos. La fundación no sólo es para hacer denuncias, sino que
también trata de crear un clima en el país a favor del Estado de
derecho, el pluripartidismo y una democracia donde se respeten
los derechos humanos. Por eso es que desarrollamos una amplia
labor a favor de la sociedad civil, creando agencias de prensa,
bibliotecas independientes…
A pesar de
ser invidente, la condena a prisión no le amilanó. ¿Cuál es su
actitud hacia aquellos represores, los responsables de su
enjuiciamiento y los carceleros a cargo de su penitencia? En
este mismo ámbito, de cualquier forma se mantiene un vínculo
(aunque a distancia) con usted, al ser también un profesional de
las leyes… ¿qué opina?
Martí me
enseñó a no odiar y La Biblia también. Hay un pensamiento
de Jesucristo donde dice que "si tu enemigo tiene hambre, dale
de comer, y si tu enemigo tiene sed, dale de beber, y así
amontonarás ascuas de fuego sobre su cabeza".
Sí
quisiera que esas personas no siguieran haciendo daño. Sentí
mucho cuando el caso de Normando y su tuberculosis inoculada o
facilitada por los carceleros, y pensamos que los soldados, los
guardias, los oficiales, son instrumentos de represión que al
final responden a un sistema: el sistema comunista, a la
ideología comunista o al castrocomunismo, que es algo en Cuba
muy sui géneris. Porque no hay socialismo, no hay comunismo,
sino un castrocomunismo, un partido de izquierda déspota.
La lucha
de nosotros es contra el sistema, contra un aparato de gobierno
creado por los seres humanos, contra un estado de cosas que
existen y dañan a seres humanos, pero no contra las personas. No
nos alegramos de la muerte de Fidel Castro, ni del sufrimiento
de nadie. Nos alegramos de la felicidad de todo el mundo y de la
organización de las personas, la humanización, el progreso y los
logros que pueden beneficiar a todos los seres humanos, el amor,
la amistad, las virtudes de las personas.
Esa es la
esperanza para nosotros, de la humanidad, e independientemente
de que en Cuba habrá, cuando Dios lo disponga, un Estado de
derecho y unos tribunales totalmente independientes e
imparciales que van a administrar justicia a todas las personas
que han cometido crímenes bajo la propia ley que lo cometieron.
O sea, estas personas que han torturado y han asesinado tendrán
que responder ante los tribunales imparciales e independientes
por los crímenes que cometieron bajo las leyes actuales, las
leyes socialistas que crearon.
No tiene
nada que ver esto, pero estamos en contra de cualquier espíritu
de venganza que por parte de disidentes o del gobierno se
quisiera aplicar sobre estas personas. No admitiremos venganza.
Pediremos justicia.
Hay una
Cuba futura que late a las puertas del país, a unos pasos en el
tiempo. ¿Acaso llegará con ella el fin de su labor como
observador? ¿Le ve fin a ese periodismo que viaja a toda
velocidad?
La labor
de los activistas de derechos humanos va a continuar y será muy
necesaria en la transición, y después en los gobiernos
post-transición. De hecho, me veo como un activista de derechos
humanos con la Fundación en la capital, con su sede con más
condiciones en un Estado de derecho donde la organización sea
totalmente legal. Nos vemos revisando las prisiones y tratando
de crear un clima favorable en el país. Habrá que sembrar una
cultura de respeto por los derechos humanos, por la integridad y
la dignidad de las personas.
Hay una
distorsión muy grande en Cuba sobre el ser humano. Y en todos
esos ámbitos culturales, jurídicos, hay que trabajar en la
evangelización de las personas que quieran ser evangelizadas.
Habrá mucho más trabajo en mejores condiciones en el futuro
post-Castro que ahora.
En cuanto
a los puntos de vista de los derechos humanos, al periodismo, la
prensa será libre y los medios de prensa, la radio, la
televisión, sus periódicos, todo aquel que tenga vocación y
posibilidades lo harán, y el periodismo será diferente; porque
no será un periodismo de guerra, no será un periodismo
alternativo, será un periodismo legal y profesional, con más
calidad profesional que la actual, porque no somos periodistas
de profesión.
Ha tenido
la oportunidad de conocer a algunos de los más tenaces
luchadores cubanos por los derechos humanos. ¿Tiene como
referencia a algún colega, por el valor, la reciedumbre de su
personalidad, el profesionalismo y, a la vez, la humildad con
que trabaja?
Me asombra
mucho la forma de trabajo de Margarito Broche Espinosa. Es una
persona normal, un guajiro campesino; él sufrió un infarto en la
prisión y estuvo al borde de la muerte. Apenas tiene salud,
tiene doce o trece enfermedades. Sin embargo, a veces acostado
en su cama, porque no se puede levantar, continúa con un trabajo
tremendo de denuncia de los derechos humanos y de crecimiento de
la sociedad civil, integrado a todas las labores con las Damas
de Blanco, la Fundación Cubana de Derechos Humanos, con la
prensa independiente.
No
descansa, a pesar del estado de enfermedad y del riesgo que eso
implica cuando ocurre un acto de repudio, porque es una persona
infartada, tiene problemas de irregularidades en la presión
arterial y puede morir. Constantemente está caminando sobre el
peligro. Eso es algo que me parece que nadie lo hace ni lo ha
hecho.
Evidentemente, hay que admirar también a personas como Martha
Beatriz Roque, una mujer que ha encarado dos condenas: una de 20
años, le dan una licencia extrapenal y continúa llevando
adelante su trabajo. Independientemente, además de Guillermo
Fariñas, hay muchas personas, la lista sería larga, muy larga,
porque hay mucha gente buena. Dentro de la disidencia también
puedo hablar de las personas que no son tan conocidas, pero
tienen una labor tremenda, por ejemplo, familias enteras, como
el caso de los Sigler Amaya y de los Ferrer García.
No hay
persona más titán en Cuba que Juan Carlos Herrera Acosta, José
Daniel Ferrer García, entre muchísimos. El pueblo cubano no se
puede decir que se haya corrompido totalmente por el comunismo.
Ha sido un país que ha tenido una total deformación amoral, pero
siempre hay un remanente de Dios que sigue a lo mejor de la
sociedad.
El hecho
de no residir en la capital del país, a un paso de las sedes
diplomáticas y otras ventajas para la labor que realiza, ¿le
hace sentirse en el traspatio de algo o de alguien? ¿Ventaja o
desventaja?
Para mí es
una desventaja tremenda, para el trabajo con los derechos
humanos es también una desventaja, una desventaja en relación
con las personas que están en la capital. Y no es un traspatio,
es una situación diferente e incómoda para trabajar, de mayor
riesgo de represión y de menos auxilio de los medios de prensa.
Aquí no
hay prensa acreditada extranjera, aquí no hay embajadas, aquí
hay menos población, es más fácil de seguir, controlar, los
teléfonos son más fáciles de interrumpir. Nunca hay acceso a
internet, pero sí es un gran beneficio para la población de
aquí, porque si dejamos de estar por acá, será una bendición
irnos, pero para la gente será una situación más difícil. Porque
entre Sancti Spíritus, Ciego de Ávila, Camagüey y parte de Las
Tunas, lo único que hay es la Fundación Cubana de Derechos
Humanos, con excepción del Partido Democrático 30 de noviembre
"Frank País" y otras organizaciones que tienen un papel
importante.
Sobre
usted pende aún una condena, envuelta en el disimulo jurídico de
la licencia extrapenal, como Espada de Damocles. ¿Tal apremio no
le hace pensar en un cambio de estrategia, de perfil, aunque
baje un tanto la intensidad de su trabajo?
La prisión
hay que tomarla desde dos ángulos. En primer lugar, desde el reo
que está en la prisión y está muy enfermo. Por ejemplo, sabemos
de la licencia extrapenal de Carmelo, Margarito. Y desde el
ángulo de que están presos, son torturados, reprimidos, las
familias alejadas a cientos y cientos de kilómetros. La
situación de la prisión no tiene comparación con nada. Por lo
tanto, a veces nosotros revocamos a los que dicen que amnistía
no, pero sabemos que cualquier cosa que beneficie a los presos,
los saque de la cárcel y los ponga en libertad, aun cuando sea
prisión domiciliar o cualquier régimen que se les imponga,
nosotros nos sentimos contentos, consideramos que la persona va
a sufrir menos. Para nosotros, la persona, la vida del ser
humano, es lo que cuenta, por encima de cualquier política.
Ahora,
para el gobierno es un acto de política de beneficio, pues
mantiene a las personas bajo un control tremendo: tiene que
firmar en la unidad de la policía, informar su situación, está
bajo la amenaza de que pueda ser retornado a la prisión
nuevamente… El gobierno utiliza todo eso con el ánimo de
aterrorizar y con fines políticos.
Todo lo
que tenga que ver con los tribunales en Cuba, las sanciones
hacia la disidencia, con la extrapenal, la libertad, la prisión
domiciliar, la libertad condicional, es un nivel escalonado de
represión de mayor a menor. Desde la prisión hasta un arresto
por varias horas es una dosis de represión que va disminuyendo,
en dependencia de la cantidad de represión que necesita cada
persona para ser aterrada, atemorizada o sencillamente limitada
en sus actividades de la disidencia.
Aunque La
Habana era sancionada de vez en vez en la extinta Comisión de
Derechos Humanos de la ONU, persisten los negocios y relaciones
con esos mismos países, así como las embajadas culturales y de
todo tipo. ¿Es esto un desestímulo o parte de un precio a pagar?
A mí no me
desestimula, es un estímulo mayor y eso demuestra que todavía
los derechos humanos en el mundo no han logrado el escalón que
necesitan, no han sido interiorizados en el corazón y la mente
de la mayoría de las personas, de la mayoría de la
intelectualidad y los líderes, a pesar de que la humanidad sí ha
tenido grandes avances en esta materia.
El mismo
Consejo de la ONU lucha y demuestra que de verdad no se
defienden los derechos humanos como se deben. En estos momentos
hay un pesimismo tremendo, pues, ¿cómo una comisión de derechos
humanos en ginebra va tener como juez al gobierno cubano, cuando
debería estar como acusado?
Hay
organismos como Amnistía Internacional. Esa es nuestra esperanza.
Human Right First, la Sociedad Internacional para los Derechos
Humanos de Alemania, la Unión Europea.
¿Qué no se
cansaría de repetirle a los cubanos?
El amor a
Dios, a Jesucristo y al prójimo. En eso Cuba se ha salvado. Y
que las personas siempre oren por los que están presos, que
piensen en un futuro mejor, que no se conformen con la situación
actual, que cada cual empiece a transformarse ahora en el
totalitarismo y después del totalitarismo, que no se dejen
arrebatar la libertad cuando la tengan próxima, que no permitan
que este gobierno u otra persona cualquiera trate de quitarle
sus derechos y sus posibilidades económicas, políticas y
sociales.
Cuba es un
país maravilloso y nosotros también tenemos derecho a la
prosperidad y al bienestar.
Encuentro
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