Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Junio de
2007
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Crónicas
desde Cuba: El inicio del fin de la dictadura comunista en Cuba
Regis
Iglesias Ramírez
Meses
después de la presentación, ante la Asamblea Nacional, del
proyecto de ley conocido como Proyecto Varela, un hermano y
colega me pedio que narrara nuevamente, las incidencias de aquel
inolvidable día, desde mi humilde rol de ciudadano gestor del
acontecimiento, gracias a que en esencia, fui uno de los 11,020
cubanos, que esa mañana desafió la represión de un régimen que
por primera vez en cuatro décadas vio descompensado su reino de
terror y mentira cuando miles de ciudadanos le desafiaron con su
gesto liberador.
Aquel fue
un momento histórico que lejos de pasar como intento opositor
para alcanzar nuestra anhelada meta, la libertad, en la
intención febril y heroica del momento, abrió definitivamente el
camino de la lucha cívica y pacífica a la dimensión popular.
Días después el régimen tambaleante paralizó el país y obligo a
millones de cubanos a mostrar su adhesión al estado comunista.
Esa
maniobra del totalitarismo, quedara en la historia como el
intento de crear una cortina de humo que, extendiera la
confusión y la desinformada en la población de la isla y en la
ingenua, y en algunos casos malsana visión o interpretación de
otros, que fuera de Cuba no lograron descifrar la obvia escapada
del régimen que trataba de silenciar el Proyecto Varela, aunque
los comunistas isleños al fin y al cabo, no se atrevieron a
cambiar o anular los artículos constitucionales en los que se
basa la petición ciudadana y esto, lejos de "enterrar" la
solicitud de referendo, le dio nuevos adeptos en todo el país,
que de esta forma se sumaron a la conquista de sus derechos. El
inicio del fin, de la dictadura comunista en Cuba.
Durante
las dos semanas que precedieron a la presentación, el 10 de mayo
de 2002, en la Asamblea Nacional del Poder Popular, del Proyecto
Varela, vivimos intensas jornadas de trabajo bajo una presión,
por parte de la Seguridad del Estado, sin paralelo en los
últimos tiempos. Estábamos, el grupo de personas encargado de la
revisión y ordenamiento de todos los datos de los ciudadanos
firmantes del Proyecto que finalmente serían la avanzada en esta
gesta cívica, en medio de una férrea vigilancia que no-solo era
ostensible en el parque Manila, frente a la casa de Oswaldo Payá,
sino que abarcaba cuatro manzanas a la redonda. Los agentes
represivos, incluso, se podían encontrar en parejas por la
conocida Vía Blanca bordeando la Ciudad de los Deportes de esta
capital.
Cuando
alguno de nosotros tenía, por cualquier razón, que salir de la
casa, inmediatamente los agentes apostados en el generalmente
tranquilo y famoso parque del Cerro se nos acercaban a poco
menos de cuatro metros de distancia con sus auriculares y otras
técnicas de espionaje encima de ellos, tal vez para escuchar o
filmar lo que hacíamos y decíamos.
Por esa
tensa coyuntura fue que decidimos, ante el peligro de un
potencial asalto a la casa de Payá, (como había ocurrido once
años atrás cuando hordas organizadas y dirigidas por la policía
política y el partido comunista invadieron el hogar del líder
del Movimiento Cristiano Liberación y robaron miles de firmas
que ya se habían colectado para un proceso similar de Referendo
iniciado a finales de 1990, golpeando al disidente Dagoberto
Capote Mesa, quien se encontraba solo en ese momento en la
vivienda, y destruyendo todo cuanto encontraron a su paso,
incluso una bandera cubana y un busto de José Martí); llamar a
varios miembros del cuerpo diplomático radicado en La Habana y
alguna que otra agencia de noticias para que pudieran ser
testigos visuales de que ya estaban listas más de 10 000 firmas
de ciudadanos respaldando el Proyecto Varela para ser
presentadas ante el órgano legislativo de la Nación.
Tampoco
podíamos olvidar que por más de un año el régimen había lanzado
contra nosotros la campaña más virulenta y costosa que se
recuerde contra el pacífico movimiento opositor cubano por más
de una década. Todos los resortes del poder fueron desatados la
represión violenta, las detenciones, las difamaciones, las
amenazas, las campañas divisionistas de algún que otro individuo
sin ninguna representatividad en las filas oposicionistas y sí
un largo aval como elementos disociadores.
Bajo este
estado represivo hemos estado trabajando por Cuba cientos de
ciudadanos. Todo esto estaba en nuestras mentes la noche del 9
de mayo. Por estas razones esa noche, en una pequeña habitación
de una casa literalmente cercada por las más sofisticadas
técnicas de espionaje y por decenas de agentes represivos, nos
reunimos, Oswaldo Payá, Antonio Díaz, Oswaldo Alfonso, Julio
Ruiz Pitaluga, Ernesto Martín Fonseca, José Daniel Ferrer, Efrén
Fernández, Jorge Colmenero y yo para decidir los pormenores de
la presentación, la mañana siguiente, del Proyecto Varela en la
sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Nuestra voluntad
era inquebrantable porque millones de cubanos han puesto sus
esperanzas de libertad en este Proyecto, aún desde sus
silenciosas simpatías. No podemos fallarles.
La mañana
del 10 de mayo Antonio Díaz Sánchez partió temprano hacia la
sede de la Asamblea Nacional con el objetivo de asegurarnos que
estarían abiertas a la población las oficinas de atención a los
ciudadanos. No podíamos llegar y encontrarnos ese día la
Asamblea Nacional cerrada. Una vez que estaba confirmada esa
información ya sabíamos que podíamos encaminarnos al lugar.
Osvaldo Alfonso Valdés se trasladó al Vedado para informarle a
la cadena televisiva CNN que partiríamos a las 10 y 30 PM a
presentar el Proyecto y contábamos con esa corresponsalía para
informarle al mundo en vivo las incidencias desde el momento que
saliéramos del Cerro. Alfonso se dirigía después hasta la
Asamblea Nacional y nos esperaría al igual que Antonio Díaz
cerca del lugar.
Cuando
todo estaba confirmado esperamos la llegada de CNN y revisamos
los documentos que entregaríamos, una vez más, para que nada
quedara olvidado. El equipo de reporteros llegó a la casa a las
10 menos cuarto de la mañana y les explicamos nuestro objetivo.
Yo me puse una camisa que había llevado escondida en mi maletín
para no levantar sospechas, pues incluso la vestimenta podría
delatar el evento, y esperé que Oswaldo me avisara mientras
echaba una ojeada a los materiales y pensaba en todo el esfuerzo
y sacrificio de tantos cubanos para llegar a ese día dichoso.
Llegó el
momento y nos reunimos en el centro de la sala de la casa de
Josefina Payá, nuestra querida tía "Beba", Miguel Saludes
García, quien luego de nuestra partida avisaría a las demás
agencias de prensa y atendería las llamadas telefónicas; Jorge
Colmenero, que iría conduciendo el automóvil con nosotros a la
Asamblea; Efrén Fernández Fernández, el propio Oswaldo y yo.
Miguel hizo una hermosa y patriótica oración y nos despedimos
con un fuerte abrazo. Oswaldo pidió a Jorge que pusiera en
marcha el motor del vehículo y una vez que lo hizo Efrén nos
acompañó cargando una de las cajas que contenía las firmas del
Proyecto Varela.
Fue un
momento de tensión, no sabíamos cuál sería la reacción de
Seguridad del Estado cuando se percatara de lo que estaba
ocurriendo. En la esquina de Peñón y Ayuntamiento, en casa de
Payá, Julio Ruiz Pitaluga, José Daniel Ferrer y Ernesto Martín
Fonseca esperaban nuestra partida para escoltarnos en el
recorrido. Ellos se mantendrían a una distancia prudencial y de
haber ocurrido algún incidente con nosotros en la Asamblea ellos
deberían retirarse y avisar a todos lo que ocurriría. Solo
Oswaldo, Antonio, a quien recogeríamos antes de llegar a las
oficinas del órgano legislativo, y yo enfrentaríamos lo que
pasara. No podíamos arriesgarnos a un show montado por la
policía política que complicara a nuestros hermanos de lucha,
más necesarios en el momento crítico para continuar hasta el fin
nuestra causa, que sacrificándose heroicamente pero sin mucha
efectividad en una escaramuza pasajera que habíamos decidido
nosotros asumir llegado el caso.
Nuestro
automóvil fue seguido todo el recorrido por varios vehículos de
Seguridad del Estado. En un momento de tensión Jorge Colmenero
tomó contrario al tráfico en la populosa avenida 26 de Nuevo
Vedado, sin más consecuencias que la protesta airada de otro
conductor que venía en dirección opuesta a nosotros. En calle 44
Oswaldo decidió hacer un alto para chequear a nuestros
perseguidores. Nos bajamos del automóvil él y yo e hicimos como
si revisábamos los neumáticos. Un agente rápidamente se acercó
corriendo hasta donde estábamos y cruzó a la acera opuesta
cuando se percató que estábamos observándolo. Subimos una vez
más al Chevrolet 57 de Colmenero y ya no nos detuvimos más hasta
la entrada principal de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Una ola de
periodistas se lanzó sobre nosotros cuando se bajó del
automóvil. Detrás bajábamos Antonio y yo con las dos cajas que
contenían las boletas de firmas. Oswaldo declara: "Vinimos a
presentar el Proyecto Varela, después hablaremos. Ahora vamos a
presentar las firmas, más de 11 000", y continuamos nuestra
marcha hacia la entrada lateral del edificio donde se atiende a
la población. Alcé mi puño haciendo con mis dedos índice y
pulgar la señal de LIBERACIÓN. Decenas de curiosos, de
periodistas, agentes represivos y siete oposicionistas más
involucrados en la "operación" contemplaban la escena, algunos
con incredulidad, otros con odio, la mayoría con esperanza y
felicidad. "He esperado para ver esto 42 años", dijo Julio Ruiz
Pitaluga, quien pasó 24 años en las cárceles de Castro y aún
vive en la Isla.
El portero
de las oficinas legislativas reconoció a Antonio y lo saludó.
Otro individuo vestido de custodio preguntó cuantos éramos los
que entraríamos, luego que Oswaldo le comunicó el motivo de
nuestra presencia en el lugar. "Tres, somos tres", respondió el
líder de Liberación. Subimos los pocos escalones del local y nos
invitaron a pasar a un pequeño salón que nos quedaba a la
izquierda.
Allí
esperamos que llegara una funcionaria que se identificó como la
licenciada Columbié Lugo, que nos atendería por estar ausente en
ese momento la Diputada encargada del Departamento de Atención a
la Población. Le explicamos el motivo de nuestra presencia y le
entregamos las dos cajas con las boletas de firmas, un listado
con los nombres y datos generales de cada firmante, la
Fundamentación Legal del Proyecto Varela (con una copia). La
licenciada correspondió a nuestra cortesía y al pedirle que nos
firmara un duplicado de la carta al Sr. Alarcón accedió
gentilmente estampándole el cuño oficial de dicho órgano
legislativo sobre su firma. Nos despedimos de la Lic. Columbié
Lugo, de las personas que se encontraban en el recibidor del
edificio y comenzamos a bajar los escalones de la entrada a las
oficinas en medio del "asalto" de preguntas de la prensa que
ansiosa aguardaba en la acera nuestra salida. Varias docenas de
curiosos se aglomeraban en la calle.
No pudiera
ordenar todas las imágenes y fugaces pensamientos que pasaban
por mi mente. Ahora trataba de echar un vistazo a las personas
que se encontraban en la calle. Miraba sus asombrados rostros,
sus gestos y trataba de adivinar sus mímicas. Pude alcanzar a
ver a Ernesto Martín, a José Daniel, y a Ricardo Montes entre el
numeroso grupo, ellos eran parte de nuestro apoyo. Miré el
rostro del portero de la Asamblea y de algún que otro empleado
de la misma, vigilados de cerca por los agentes represivos, que
nunca faltan, y aunque no podría afirmarlo me pareció que
también estaban felices.
Trataba de
grabar en mi memoria cada palabra, cada alegría, cada gesto
afectuoso. Miraba a Oswaldo, y no se me pasaba la tensión de la
responsabilidad que me impuse por su seguridad pasara lo que
pasara e iguales sentimiento tenía Antonio.
Cuando
llegó el momento de la partida nos movimos rumbo a la avenida
42. íbamos Oswaldo y yo flaqueando a un muy emocionado Ruiz
Pitaluga. Detrás venían Antonio, Osvaldo Alfonso y su esposa, la
periodista Claudia Márquez. Caminábamos hacia el automóvil de
Jorge. El tráfico se detuvo en ambas direcciones de la avenida
para hacernos paso. Oswaldo anunció a la prensa, que aún nos
acompañaba media cuadra después, que salíamos hacia la Iglesia
de La Inmaculada para dar gracias a nuestra amada Virgen. Hasta
allí nos siguieron los reporteros y pudieron captar la sencilla
pero emocionante presentación, ante el altar de la Madre de
todos los cubanos, de nuestra Declaración, leída por Oswaldo.
Todos fueron testigos de las muestras de simpatías y la alegría
que suscito en los presente, dentro y fuera del Templo, el
conocer lo que habíamos hecho. Nunca olvidaré lo que una joven
transeúnte exclamó, mientras nos cruzábamos en la acera, al
escuchar lo que Oswaldo le declaraba a unos periodistas. Les
comentaba el líder del Movimiento Cristiano Liberación que en
Cuba hasta ahora los cubanos no teníamos derechos y que solo
reclamándolos, todo el pueblo, podríamos construir una sociedad
justa y libre. La muchacha pasando en ese momento por nuestro
lado, acompañaba de una amiga sin detener su marcha exclamó:
"Eso es verdad".
Finalmente
quisimos visitar a nuestro hermano Vladimiro Roca, quien hacía
solo unos días había salido de la celda en que lo mantuvieron
encarcelado los enemigos de la libertad durante cinco largos
años lejos de su amada esposa y sus compañero de lucha.
No
habíamos podido ver a Vladimiro por estar literalmente
"acuartelados" en casa de Oswaldo contando y revisando cada una
de las firmas que presentaríamos del Proyecto Varela. Por cierto
como Vladimiro estaba en la cárcel no había podido firmar
personalmente el Proyecto y cuando le comunicamos la buena nueva
de la presentación en horas de la mañana exclamó: "Bueno la mía
encabezará las próximas 11 020".
El resto
de la tarde y parte de la noche fue intenso en entrevistas y
abrazos fraternales con nuestros hermanos de lucha, que con su
sacrificio, su constancia, su fe en la victoria y amor por Cuba,
tomaron como suyo, "hasta la libertad y la democracia en nuestra
patria", el Proyecto Varela. La Historia recién comienza, el
camino por llegar al definitivo día de la liberación ya está
trazado y se comenzó a transitar por los cubanos.
Ahora
seguirán reprimiéndonos, seguirán intentando confundir a la
opinión pública y a los cubanos con maniobras disociadoras y
divisionistas que a nada llevan como no sea a intentar mantener
este bochornoso estado tiránico. Pero este pueblo, del que es
gloriosa avanzada los 11 020 cubanos que ya dijeron: "tenemos
derecho a los derechos", ya muestra orgulloso al mundo su
resolución y esa esperanza, esa fuerza poderosa, sostenida por
el Cielo, es la fuerza tangible que desafió desde ahora y para
siempre, hasta el final, a la dictadura y no le podrá detener
ningún sicario, traidor, ni ningún pusilánime. Esto acaba de
empezar.
Miembro
del Movimiento Cristiano Liberación y del ejecutivo del Comité
Ciudadano Gestor Proyecto Varela en La Habana.
Católico,
fue condenado a 18 años de prisión que cumple en la cárcel de
máxima seguridad de Kilo 8, en Camagüey a 533 kilómetros al este
de La Habana donde reside su familia en Calle Porvenir #269,
Apto. 4, e/ B. y Beales, Reparto Lawton, Ciudad de La Habana.
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