Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Junio de
2007
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Comunicaciones Sociales: Luces y dolores de parto de una nueva
época
Arzobispo John Patrick Foley
Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones
Sociales
Ya en 1963 los Padres Conciliares previeron el enorme cambio que
los medios de comunicación impulsaban en la sociedad y en el que
hoy estamos inmersos. Nadie discute que nos encontramos en una
nueva época de la historia, y que ésta no puede ser entendida
sin referencia al vertiginoso desarrollo de la comunicación y
sus tecnologías en todo el planeta, Más aún, los estudiosos
atribuyen a éstas el motivo principal del salto que está dando
la humanidad» pues modifican el modo y el ritmo en que la gente
intercambia mensajes con sus interlocutores cercanos y con la
sociedad; transforman el modo de comprenderse a sí mismos y la
vida en su conjunto. La sociedad mediática ha creado una especie
de caja de resonancia que define el escenario social y los
elementos de juicio de millones de personas. Incluso la
globalizacíón, que suele entenderse como un fenómeno económico,
no sería comprensible sin este cambio cultural que la impulsa y
se ve a su vez impulsada por ella.
No han desaparecido los medios de comunicación así llamados
"tradicionales": el libro, la prensa, la radio, el cine, la
televisión. Cada medio, visto en sí mismo, tiene su valor y sus
lenguajes propios, y llega a algunos sectores de público de
manera particular, Pero esos medios también están
transformándose a gran velocidad, pues por primera vez en la
historia comparten con los demás el lenguaje digital y convergen
entre sí, sobre todo en Internet que sirve de soporte para todos
ellos. Son pocas las personas que se exponen a un solo medio, y
cada vez menos los medios que envían sus mensajes en un solo
soporte. Han entrado en escena, además» nuevos artilugios
digitales -teléfonos móviles, iPods, palmares, estaciones de
videojuegos, etc.- de modo que el flujo de textos, datos,
sonidos e imágenes ha crecido porque todos esos medios convergen
e interactúan entre sí, también a través de satélites,
multiplicando no sólo los mensajes, sino también los modos de
presentarlos. Pero frente a este continuo cambio de formatos y
modernización del mundo mediático, la Iglesia debe estar atenta
a no caer en una carrera tecnologícista, que impediría sacar el
máximo provecho tanto de los antiguos como de los nuevos medios
de comunicación.
Por ello la realidad mediática debe ser estudiada en forma
ínterdisciplinar, desde la antropología, la teología, los
aspectos sociológicos y tecnológicos. La mayoría de la población
está constantemente expuesta a cantidades ingentes de mensajes»
publicidad y contenidos que difícilmente puede organizar y
digerir, no sólo por el volumen de las informaciones, sino
porque éstas suelen ser contradictorias entre sí. Además los
usuarios, en particular los jóvenes, están empezando a adquirir
hábitos de participación mucho más activos respecto al pasado,
al grado que muchos autores afirman que ha llegado el fin de los
medios masivos de comunicación. En la llamada mediósfera de hoy
cada usuariopuede ser también fuente de mensajes para otros.
Para dójicamente, una sociedad tendiente al individualismo se
está articulando en redes y nuevas formas de asociación a través
de estos medios. La Iglesia siente como un deber el comprender
los anhelos, esperanzas y oportunidades que las personas tienen
en esta nueva fase histórica, así como sus riesgos y amenazas,
América Latina no está fuera de este cambio gigantesco, que
desemboca en la llamada ''sociedad de la información". En cada
uno de los países ésta adquiere unos matices particulares, dada
la configuración plural y diversa de los pueblos. Las virtudes y
las carencias que ya vive la sociedad se ven amplificadas por el
panorama mediático y por el clima cultural que éste suscita.
Quien tiene acceso a estos medios obtiene, en muchas ocasiones,
mayores oportunidades de participación social y laboral. Quien
en cambio está excluido de ellos, ve crecer en forma dramática
la distancia que le separa del resto de la sociedad, La
desigualdad social se refleja y crece en la desigualdad
tecnológica. De aquí los esfuerzos de muchos gobiernos para
allanar lo más posible esta "brecha digital" impulsando, con el
apoyo del sector privado y de la sociedad civil, la creación de
infraestructuras y formación necesaria para facilitar el acceso;
pero aún estos esfuerzos deben ser intensificados. El contexto
latinoamericano ha sido pionero en el investigar y aplicar la
Educomunicación, que establece un puente entre la pedagogía y la
educación, preparando a los níños y jóvenes para leer los medios
en profundidad y tener una actitud crítica ante ellos.
Ya el Documento de Santo Domingo detectaba la concentración de
la propiedad de los medios de comunicación en pocas manos,
tendencia que ha continuado creciendo. Pero algo nuevo, a la vez
signo de esperanza, aparece a través de los medios digitales,
que ofrecen muchas más posibilidades de participación y de
comunión si se ponen al alcance de todos y se extiende una
cultura de uso. La Iglesia aprovecha estos medios no sólo para
poder difundir la Buena Nueva, sino también para impulsar el
progreso de los pueblos e incorporar a los excluidos, de modo
que tengan acceso a esta nueva forma de diálogo social. Ha sido
pionera en este campo, y aún debe insistir en este esfuerzo de
inclusión en favor de las comunidades empobrecidas para que
tengan acceso y protagonismo en la sociedad de la información.
La Iglesia, signo de comunión en la sociedad de la información
"Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en
nosotros" (Jn 17, 21), Ecclesia in America (n, 33) señala con
fuerza el origen trinitario de la comunión en la Iglesia. Santo
Domingo, (n. 279) subraya que "la Evangelización, anuncio del
Reino, es comunicación, para que vivamos en comunión". Estos
documentos no han quedado sin fruto. La Iglesia ha encontrado en
la sociedad mediática un espacio para el desarrollo comunitario
y de fe, así como una nueva tierra de misión, tanto por las
ventajas y oportunidades que ofrece, como por sus carencias y
riesgos. Durante los últimos 15 años muchas Iglesias locales de
América Latina, con no pocos esfuerzos, han desarrollado
extraordinariamente su presencia en los medios de comunicación
social. Son ejemplo de ello sus innumerables publicaciones, así
como una presencia radiofónica extraordinariamente capilar y
extendida» con gran énfasis en educación popular y
evangelización. También se han multiplicado las emisoras y
productoras de televisión, que con fe intrépida han logrado
empezar a difundir programación, pero aún buscan una mayor
estabilidad y fórmulas de apoyo mutuo. Desde hace más de quince
años existe la Red Informática de la Iglesia en América Latina
(RIIAL) y cada vez más agencias de noticias, portales y sitios
en Internet. Esta presencia da a la Iglesia visibilidad en la
sociedad, donde ha de ser "signo e instrumento de comunión" (EA,
33), Los momentos del funeral de Juan Pablo II y la elección del
Papa Benedicto XVI, que marcaron un primado histórico en la
atención mediática, son un ejemplo de cómo el uso acertado de
los medios puede ser un enorme servicio a la Palabra de Dios y a
la presencia viva del Espíritu en su Iglesia.
El Papa Juan Pablo II culminó su extraordinario pontificado con
la Carta Apostólica "El rápido desarrollo", que invita a los
católicos a entrar sin titubeos en esta nueva sociedad y, más
aún, a ser en ella fermento, sal y luz. El Papa sabía bien que
la Iglesia ya usaba y usa -en ocasiones con gran éxito- los
diversos medios de comunicación- La página web www.vatican.va.
así como la Red Informática de la Iglesia en América Latina
(R1IAL) nacieron precisamente con el impulso del gran Pontífice
"venido de un país lejano". El desafío, pues, no está en la duda
de si usar los medios, sino en el cómo articularlos en una mayor
dinámica de comunión para entrar más profundamente en el corazón
de la cultura y "poner en ella el rostro de Cristo y hacer
escuchar su voz" (Juan Pablo II» Mensaje para la XXXVI Jornada
Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 de enero 2002).
Todo el esfuerzo pastoral de la Iglesia, que con acierto da
primacía al trato directo con las personas concretas y vivas que
encuentra en su camino, debe ser complementada y reforzada a
través de una presencia creativa, cohesionada y armónica en los
medios de comunicación social, que generan y alimentan la
cultura, los valores, la toma de decisiones, las preferencias y
opiniones de esas mismas personas y grupos.
La industria mediática reclama cada vez más contenidos con
calidad profesional. La multiplicación de los medios y de los
aparatos de recepción exigen cantidades enormes de material
audiovisual en muy distintos formatos, Nosotros tenemos la más
hermosa y nueva de las fuentes: la revelación de Dios en Cristo
y la vida de la Iglesia, Tenemos el deber, el mandato del Señor,
de proclamarla desde loa tejados, alcanzando a toda persona. Por
ello hemos de dedicar esfuerzos y recursos» ser capaces de
renovar nuestra creatividad, cada uno y todos en conjunto, para
poder ofrecer la Buena Nueva en las formas que hoy entiende la
sociedad.
Si para los cristianos nunca es hora de ser individualistas,
ahora lo es menos todavía: ello debilita nuestra voz y la hace
más dispersiva. Además de difundir unos contenidos católicos; es
necesaria ante todo y sobre todo una vida personal y colectiva
acorde con el Evangelio; entre nosotros debe haber unos nexos y
una solidaridad que sean propios de los seguidores de Cristo.
"En esto conocerán que sois mis discípulos: si os amáis los unos
a los otros" (Jn 13,35). Esta es la exigencia que afrontamos. En
América Latina tenernos, además la enorme ventaja de contar con
dos lenguas mayoritarias, el español y el portugués, que
facilitan la transmisión de contenidos entre muchos millones de
personas,
La Iglesia en América Latina no debe cansarse de seguir
apostando por el uso de los medios de comunicación a su alcance
para anunciar el mensaje confiado por Cristo a sus discípulos.
Más aún, en cumplimiento de su principal misión, debe seguir
buscando y abriendo nuevos espacios de comunicación y diálogo
entre la cultura, la sociedad y la fe, en los nuevos modernos
lenguajes que requiere de la era de la información. Y no
cansarse de dialogar con los profesionales del periodismo para
impulsar junto con ellos una cultura de paz.
Individualismo se está articulando en redes y nuevas formas de
asociación a través de estos medios. La Iglesia siente como un
deber el comprender los anhelosí esperanzas y oportunidades que
las personas tienen en esta nueva fase histórica, así como sus
riesgos y amenazas, América Latina no está fuera de este cambio
gigantesco, que desemboca en ía llamada ''sociedad de la
información". En cada uno de los países ésta adquiere unos
matices particulares, dada la configuración plural y diversa de
los pueblos. Las virtudes y las carencias que ya vive la
sociedad se ven amplificadas por el panorama mediático y por el
clima cultural que éste suscita. Quien tiene acceso a estos
medios obtiene, en muchas ocasiones, mayores oportunidades de
participación social y laboral. Quien en cambio está excluido de
ellos, ve crecer en forma dramática la distancia que le separa
del resto de la sociedad, La desigualdad social se refleja y
crece en la desigualdad tecnológica. De aquí Jos esfuerzos de
muchos gobiernos para allanar lo más posible esta "brecha
digital" impulsando, con el apoyo del sector privado y de la
sociedad civil, la creación de infraestructuras y formación
necesaria para facilitar el acceso; pero aún estos esfuerzos
deben ser intensificados. El contexto latinoamericano ha sido
pionero en la investigar y aplicar la Educomunicación, que
establece un puente entre la pedagogía y la educación,.
preparando a los nífíos y jóvenes para leer los medios en
profundidad y tener una actitud crítica ante ellos.
Ya el Documento de Santo Domingo detectaba la concentración de
la propiedad de los medios de comunicación en pocas manos,
tendencia que ha continuado creciendo. Pero algo nuevo, a la vez
signo de esperanza, aparece a través de los medios digitales,
que ofrecen muchas más posibilidades de participación y de
comunión si se ponen al alcance de todos y se extiende una
cultura de uso. La Iglesia aprovecha estos medios no sólo para
poder difundir la Buena Nueva, sino también para impulsar el
progreso de los pueblos e incorporar a ios excluidos, de modo
que tengan acceso a esta nueva forma de diálogo social. Ha sido
pionera en este campo, y aún debe insistir en este esfuerzo de
inclusión en favor de las comunidades empobrecidas para que
tengan acceso y protagonismo en la sociedad de la información.
La Iglesia, signo de comunión en la sociedad de la información
"Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en
nosotros" (Jn 17» 21), Ecclesia in America (n, 33) señala con
fuerza el origen trinitario de la comunión en la Iglesia. Santo
Domingo, (n. 279) subraya que "la Evangelizaron, anuncio del
Reino, es comunicación, para que vivamos en comunión". Estos
documentos no han quedado sin fruto. La Iglesia ha encontrado en
la sociedad mediática un. espacio para el desarrollo comunitario
y de le, así como una nueva tierra de misión, tatuó por Jas
ventajas y oportunidades que ofrece, como por sus carencias y
riesgos. Durante los últimos 15 años muchas Iglesias locales de
América Latina, con no pocos esfuerzos, han desarrollado
extraordinariamente su presencia en los medios de comunicación
social. Son ejemplo de ello sus innumerables publicaciones, así
como una presencia radiofónica extraordinariamente capilar y
extendida» con gran énfasis en educación popular y
evangelizaron. También se han multiplicado las emisoras y
productoras de televisión, que con fe intrépida han logrado
empezar a difundir programación, pero aún buscan una mayor
estabilidad y fórmulas de apoyo mutuo. Desde hace más de quince
años existe la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RJIAL)
y cada vez m£s agencias de noticias, portales y sitios en
Internet. Esta presencia da a la Iglesia visibilidad en la
sociedad, donde ha de ser "signo e instrumento de comunión" (EA,
33), Los momentos del funeral de Juan Pablo II y la elección del
Papa Benedicto XVI, que marcaron un primado histórico en la
atención mediática, son un ejemplo de cómo el uso acertado de
los medios puede ser un enorme servicio a la Palabra de Dios y a
la presencia viva del Espíritu en su Iglesia, El Papa Juan Pablo
II culminó su extraordinario pontificado con la Carta Apostólica
"£/ rápido desarrollo", que invita a los católicos a entrar sin
titubeos en esta nueva sociedad y, más aún, a ser en ella
fermento, sal y luz. El Papa sabía bien que la Iglesia ya usaba
y usa -en ocasiones con gran éxito- los diversos medios de
comunicación- La página web www.vatican.va. así como la Red
Informática de la Iglesia en América Latina (R1IAL) nacieron
precisamente con el impulso del gran Pontífice "venido de un
país lejano". El desafio, pues, no está en la duda de si usar
los medios, sino en el cómo articularlos en una mayor dinámica
de comunión para entrar más profundamente en el corazón de la
cultura y "poner en ella el rostro de Cristo y hacer escuchar su
voz" (Juan Pablo II» Mensaje para la XXXVI Jornada Mundial de
las Comunicaciones Sociales, 24 de enero 2002).
Todo el esfuerzo pastoral de la Iglesia, que con acierto da
primacía al trato directo con las personas concretas y vivas que
encuentra en su camino, debe ser complementada y reforzada a
través de una presencia creativa, cohesionada y armónica en los
medios de comunicación social, que generan y alimentan la
cultura, los valores, la toma de decisiones, las preferencias y
opiniones de esas mismas personas y grupos, la industria
mediática reclama cada vez más contenidos con calidad
profesional. La multiplicación de los medios y de los aparatos
de recepción exigen cantidades enormes de material audiovisual
en muy distintos formatos, Nosotros tenemos la más hermosa y
nueva de las fuentes: la revelación de Dios en Cristo y la vida
de la Iglesia, Tenemos el deber, el mandato del Señor, de
proclamarla desde loa tejados, alcanzando a toda persona. Por
ello hemos de dedicar esfuerzos y recursos» ser capaces de
renovar nuestra creatividad, cada uno y todos en conjunto, para
poder ofrecer la Buena Nueva en las formas que hoy entiende la
sociedad.
Si para los cristianos nunca es hora de ser individualistas,
ahora lo es menos todavía: ello debilita nuestra voz y la hace
más dispersiva. Además de difundir unos contenidos católicos; es
necesaria ante todo y sobre todo una vida personal y colectiva
acorde con el Evangelio; entre nosotros debe haber unos nexos y
una solidaridad que sean propios de los seguidores de Cristo.
"En esto conocerán que sois mis discípulos: si os amáis los unos
a los otros" (Jn 13,35). Esta es la exigencia que afrontamos. En
América Latina tenernos, además la enorme ventaja de contar con
dos lenguas mayoritarias, el español y el portugués, que
facilitan la transmisión de contenidos entre muchos millones de
personas.
La Iglesia en América Latina no debe cansarse de seguir
apostando por el uso de los medios de comunicación a su alcance
para anunciar el mensaje confiado por Cristo a sus discípulos.
Más aún, en cumplimiento de su principal misión, debe seguir
buscando y abriendo nuevos espacios de comunicación y diálogo
entre la cultura, la sociedad y la fe, en los nuevos modernos
lenguajes que requiere de la era de la información. Y no
cansarse de dialogar con los profesionales del periodismo para
impulsar junto con ellos una cultura de paz.
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