Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Junio de
2007
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El clero
Intervención del Cardenal Cláudio Hummes, OFM, Prefecto de la
Congregación para el Clero
1. Situación social y económica
La globalización, hoy vigente en el mundo, llegó también a
América Latina y al Caribe, pero con altos costos sociales. De
hecho, para adecuarse a los nuevos tiempos en los que el mercado
es soberano, los países emergentes tuvieron que hacer grandes
ajustes para la apertura de su economía al mercado globalizado y
esto exigió enormes costos sociales, entre ellos, una
devastadora destrucción de lugares de trabajo, generando un
nuevo ejército de desempleados que se sumó a lo ya crónico
desempleo. El desempleo es quizás la mayor y más fuerte llaga
social del continente. No se niega que la globalización haya
traído también beneficios y progreso, pero para una parte
significativa de nuestra población trajo un desempleo sin
perspectivas. Meses atrás fue publicada en São Paulo una
pesquisa social que mostró haber en el Gran São Paulo un millón
de jóvenes sin trabajo y sin escuela, no porque no quieran
trabajar y estudiar, sino por la falta de oportunidad.
Lamentablemente, muchos de estos jóvenes terminan en la droga y
en la violencia.
Todo esto indica que la Iglesia deberá empeñarse aún más en la
solidaridad para con los pobres, a la luz de Jesucristo. La
opción por los pobres, no ideológica sino orientada por la
Doctrina Social de la Iglesia, continúa actualísima. Además, el
Santo Padre en su discurso inaugural de esta V Conferencia
subrayó que “la opción preferencial por los pobres está
implícita en la fe cristológica”.
2. La nueva situación política
Hoy, en un mundo globalizado, en que se forman nuevas
agrupaciones de países, mediante tratados de libre comercio y
hasta mismo cierta unión política, también América Latina busca
unir sus países, sea con tratados de libre comercio, como el Mercosur,
sea buscando también una unión política del continente, a
semejanza de la Unión Europea. Esta búsqueda de mayor unidad se
volvió imperativa, promisoria y positiva para que el continente
tenga un porvenir real. La Iglesia Católica, que desde el tiempo
colonial siempre unió estos pueblos bajo el aspecto religioso,
podría ofrecer su experiencia y su luz evangélica para este
proceso de unión.
3. La nueva situación religiosa
De un lado, la cultura post moderna y urbana está en expansión
en América Latina y hace sentirse principalmente en las capas
más instruidas de la población, en los medios y en la política.
Se caracteriza por un individualismo y subjetivismo extremados,
que se manifiestan en el pluralismo, en el relativismo, en el
secularismo y en el permisivismo moral, bajo el pretexto de una
autonomía subjetiva que rechaza la normatividad de una verdad
fundante y universal. Al mismo tiempo, crece un laicismo
militante y anti religioso.
Por otro lado, las Sectas pentecostales y neo pentecostales se
expanden. De hecho la Iglesia Católica perdió, por ejemplo, en
Brasil, en las últimas décadas anualmente cerca del 1% de sus
miembros, sabiéndose que la mayoría pasó a las Sectas. Hay que
añadir que las Sectas crecieron principalmente en las periferias
urbanas pobres.
No se trata de hacer un conflicto con las Sectas, pero de
preguntarnos lo que podemos hacer nosotros para ir al encuentro
de los católicos alejados y de los pobres de nuestras periferias
para revitalizar su fe católica. La falta de evangelización de
aquellos que nosotros bautizamos es la causa principal de este
fenómeno. También la pobreza y el desarraigo social y religioso
del pueblo que vino del campo para las periferias pobres de la
ciudad, son otra causa. A todos éstos, las Sectas buscan atraer.
Urge también una evangelización adecuada de los jóvenes y del
mundo de la educación. Allí se forma el porvenir de la sociedad.
Igualmente, necesitamos evangelizar el mundo de los medios, los
grandes medios de comunicación, que forman la opinión pública.
4. Propuesta
Todo indica que el tema de esta V Conferencia “Discípulos y
misioneros de Jesucristo, para que en Él nuestros pueblos tengan
vida”, fue una elección muy acertada. De hecho, la Iglesia en
América Latina y en el Caribe necesita decidirse a ser
resueltamente una Iglesia misionera adentro de su propio
territorio, para salir en búsqueda de los católicos alejados y
de todos que poco o nada conocen de Jesucristo y su Reino. Es
necesario organizar los laicos de las parroquias, darles una
formación básica sobre el kerigma evangélico y con una
metodología misionera adecuada enviarlos a visitar a las
familias, sobretodo en las periferias pobres. Es necesario oír
las personas que tanto tienen a decirnos sobre sus sufrimientos
y miserias, sus alegrías y aspiraciones, después rezar con
ellas, anunciarles de nuevo la persona de Jesucristo y
conducirlas a un fuerte encuentro personal y comunitario con
Cristo, para despertar la adhesión personal a Él y así se
vuelvan sus discípulos. Nuestro pueblo necesita sentir más el
calor y la proximidad de su Iglesia. Al mismo tiempo, será
necesario ejercer una solidaridad concreta y eficaz para con los
pobres, pues evangelización y promoción humana no pueden
separarse.
Esta V Conferencia debiera, por lo tanto, decidirse por una
gran misión continental permanente, como le viene siendo
sugerido por muchos que participaron vivamente de su
preparación.
Para esta misión los presbíteros y los diáconos permanentes
serán agentes fundamentales e indispensables en las parroquias y
en los diversos ambientes de la sociedad. Ellos serán decisivos
para el éxito de la misión. La formación en nuestros seminarios
y la formación permanente de nuestro clero deberían asumir como
tarea urgente el despertar de este espíritu misionero.
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