Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Junio de 2007

La buena nueva de la unidad

Monseñor Agustín A. Román, Jubilado

Fue Jesús de Nazaret, nuestro Dios y Salvador, quien, respondiendo a los que trataban de difamarlo, sentenció rotundamente: "Todo reino dividido, será desolado. Y toda ciudad o casa dividida, no subsistirá" (S. Mateo, 12/25). El mismo, minutos antes de ser apresado por los que terminarían crucificándolo, oró al Padre por sus amigos, sus discípulos, y pidió para ellos, como bien primordial, la unidad: "Que sean uno, como nosotros somos uno". (S. Juan, 17/11)

José Martí, el bien llamado Apóstol de la independencia de Cuba, se pronunció en forma muy parecida, en el contexto de su lucha patriótica, al decirle a los cubanos de su tiempo "Juntarse es la palabra de orden". La experiencia acumulada por el pueblo cubano en el recuento de todos sus esfuerzos por la justicia, o por lograr cualquier meta de importancia para el bien común, nos hace ver claramente el amor de Jesús al desear para los suyos la unidad, y la sabiduría del consejo martiano que, sin duda, habrá tenido su fuente en la Palabra de Dios: cuando nos unimos, somos exitosos. Cuando, por el contrario, nos dividimos, nos autoderrotamos.

A mediados del pasado mes de abril destacados dirigentes de la oposición interna en Cuba firmaron documento dirigido "al pueblo de Cuba y a los pueblos del mundo". Dicho documento comienza con un importante anuncio: "Nosotros –dicen los opositores—los cubanos que individualmente o formando parte de agrupaciones pacíficas defendemos y promovemos los derechos humanos, la reconciliación y los cambios pacíficos hacia la democracia, queremos proclamar nuestra unidad por la libertad".

Más adelante, el documento señala que esa unidad que han alcanzado se expresa en objetivos comunes, como los que describen en el primer párrafo y, además, la justicia social, la libertad y la soberanía para nuestro pueblo, así como en la demanda de liberación inmediata e incondicional de todos los encarcelados injustamente. Los une también, según afirman, la opción de métodos de lucha pacíficos, e igualmente "la solidaridad humana, la cooperación, y el respeto a la diversidad de iniciativas, posiciones, estilos de trabajo, y proyectos dentro de un pluralismo que propicia la participación de todos los ciudadanos".

Esta declaración de unidad de los opositores internos en la isla, fue inmediatamente acogida con beneplácito y reconocimiento por varias organizaciones del exilio, por la generalidad de los cubanos exiliados y también por numerosos amigos de la libertad de Cuba en todas partes del mundo. Desde su publicación hasta la fecha, muchas firmas más se han sumado a las que originalmente calzaron el documento y es notable el espíritu de renovación y coherencia que el mismo ha dado a la justa lucha del pueblo cubano por sus derechos.

Razones ajenas a mi voluntad han hecho que me haya demorado más de lo yo hubiese querido es manifestar de esta manera mi alegría de pastor y de cubano ante esta prueba de madurez que ha dado la oposición interna. Sin embargo, al mismo tiempo, creo que el tiempo transcurrido desde su anuncio, constituye de por sí una esperanzadora muestra de la solidez de lo anunciado y justifica la expectativa de que este primer paso pueda evolucionar hacia formas más concretas de fraternal trabajo en común y de mayor entendimiento y confianza entre los hijos de una nación que debe renacer precisamente así: siendo una, con todos y para todos.

Quiero humildemente respaldar esta iniciativa y exhortar a todos los que en ella participan a perseverar en el propósito unificador, a pesar de las dificultades que ello comporta. Por Cuba, vale la pena.

De igual manera, me parece evidente que esta patriótica decisión de los disidentes internos, plantea, aún sin proponérselo, un hermoso desafió a todos los que estamos en el destierro. Debemos los exiliados acercarnos entre nosotros cada vez más, e igualmente unirnos más estrechamente los de adentro y los de afuera, a fin de poder dar verdaderamente una respuesta nacional a los graves problemas de la patria, algo que se va haciendo más urgente en la medida en que parecen aproximarse días de real trascendencia y de graves decisiones para su futuro.

La unidad es siempre, en todos los ámbitos, una flor delicada y como tal hemos de cuidarla. Yo, que solamente puedo ver la vida a través de la fe y que me atrevo a ofrecer estos consejos y sugerencias únicamente como parte del servicio espiritual al que he sido llamado, quisiera pedirles que me acompañen a poner esta flor en las manos de nuestra Madre y Señora, Reina de Cuba, María Santísima de la Caridad del Cobre, para que Ella la ofrezca al Señor Dios, Redentor y Libertador, como la fervorosa oración de todo un pueblo por su liberación y su paz.

Que Ella nos acompañe en nuestro caminar y que El acoja nuestra súplica.

Diario Las Americas
Publicado el 4 de junio de 2007