Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Junio de
2007
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La lucha
pro vida de Oscar Elías Biscet
Dora
Amador
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El
doctor Oscar Elías Biscet junto a una compañera de lucha cívica
no violenta, realiza una demostración frente a una clínica de
aborto en La Habana. |
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El aborto,
la eutanasia, la pena de muerte, la clonación humana y la
responsabilidad política de los católicos son los temas que se
están tratando este fin de semana –del 24 al 26 de octubre– en
la Conferencia del Respeto a la Vida que se celebra en el
Airport Hilton de Ft. Lauderdale. Los educadores, agentes de
pastoral, médicos y enfermeras, mujeres que se han hecho
abortos, científicos, religiosos y laicos de las siete diócesis
de la Florida han ido preparados para tres intensos días de
trabajo bajo el lema Enséñanos la sabiduría del amor.
A lo largo
y ancho del país se puede ver todos los años a miles de
católicos que marchan pacíficamente por las ciudades con
carteles en defensa de la vida. En Washington, hace unas
semanas, frente al Capitolio, un grupo de mujeres portaban
impresionantes letreros: “Me arrepiento de haberme hecho un
aborto”, decían. Estas y muchas otras actividades que se han
estado llevando a cabo nos indican que, a pesar de que queda
mucho por hacer para elevar la conciencia ciudadana hacia una
cultura de la vida; a pesar de que la prensa insiste en ignorar
la ética que fundamenta nuestra lucha; a pesar del enorme poder
de los defensores de la cultura de la muerte, nuestras voces se
escuchan, las semillas, aunque lentas, germinan. Por ejemplo, el
pasado 2 de octubre la Cámara de Representantes aprobó por una
gran mayoría –281 a favor, 142 en contra– la prohibición del
llamado aborto de nacimiento parcial.
Todo esto
–congresos, protestas pacíficas, portar carteles, legislación a
favor y en contra, revocación y enmienda de leyes por
insistencia ciudadana– debe consolarnos, por muy frustrados que
estemos Porque nos expresamos libremente, luchamos frontalmente
y el gobierno no nos condena a largos años de presidio.
En este
mes del Respeto a la Vida, quiero hablar de Cuba, el país con el
más alto índice de abortos en toda América, incluyendo a los
Estados Unidos, y del doctor Oscar Elías Biscet, condenado a un
largo y horrendo presidio político por su defensa de los
derechos humanos. Biscet ha estado en la cárcel más de 20 veces;
una de ellas cumplió una condena de tres años por protestar
pacíficamente contra el aborto y la pena de muerte. En marzo de
este año fue sentenciado, junto a otros 74 disidentes
–periodistas independientes y promotores del Proyecto Varela,
que pide la democracia del país– a 25 años de cárcel.
El doctor
Biscet, nacido en La Habana en 1961, ejerció su profesión en el
hospital Hijas de Galicia hasta 1998, cuando fue despedido y,
después de una golpiza por agentes de la Seguridad del Estado,
le prohibieron ejercer de nuevo la medicina. Ya desde 1997, el
médico católico había creado la Fundación Lawton de Derechos
Humanos junto a otros activistas en defensa de la vida y contra
el aborto, la eutanasia y la pena de muerte. En 1998 terminó un
estudio investigativo al que tituló Rivanol: Un método para
destruir la vida. En este trabajo denuncia “la masacre de miles
de seres humanos inocentes que [mueren en los hospitales de
Cuba]… sin haber visto la luz, y otros contemplaron por breves
segundos ese resplandor sintiendo a cada instante cómo escapaba
la vida ante la inhumana negativa de prestación de auxilio”. El
autor se refiere principalmente al método generalizado de hacer
abortos en Cuba por medio de la interrupción tardía del
embarazo, que consiste en administrar a la embarazada, a través
de una sonda que penetra en el cuello del útero, una sustancia
llamada Rivanol, la cual produce contracciones intensas y
provoca la expulsión del niño fuera del claustro materno. Muchas
veces, nace vivo y llorando.
“En
testimonios grabados –cita el estudio de Biscet–, las madres
narran cómo sus hijos nacieron vivos, y en la forma que se les
privó de la vida. Por ejemplo, les cortaron el cordón umbilical
y los dejaron que se desangraran hasta perder la vida, y a otros
los envolvieron vivos en un papel cartucho hasta la asfixia…
Estos procedimientos abortivos, que califican como crímenes, se
multiplican en todos los hospitales maternos de Cuba”. En abril
de 1998, después de la visita del Papa, Biscet hizo público su
estudio sobre el aborto. En junio de ese mismo año acusó al
sistema de salud de Cuba de cometer “un genocidio”.
“Oscar
comienza en el movimiento pro vida”, dice la esposa de Biscet,
Elsa Morejón, “a partir de la visita a Cuba de Juan Pablo II [en
enero de 1998]. A partir de las misas que se dieron, y de las
predicaciones que se hicieron en las plazas de Cuba sobre el
derecho a la vida”.
Las cifras
del aborto en Cuba son espeluznantes: 6 de cada 10 embarazos
terminan en aborto.
En una
entrevista que le hizo Raúl Rivero (poeta cubano condenado
también a 20 años de presidio por pedir y ejercer la libertad de
expresión) en abril de 2000, Biscet le dice a Rivero que es la
fe lo que le da la fuerza para salir a la calle a encarar la
atmósfera hostil en la batalla contra la pena de muerte, el
aborto y el inmovilismo.
“Allí [en
su fe] seguramente, halló la voz que le dijo varias veces: ‘Dios
te ama’, al policía que lo quemaba con un cigarro”, escribe
Rivero. “Muchos de sus amigos y seguidores creen que en esos
prados remotos tuvo que encontrar la voluntad y el valor para
cruzar las manos a la espalda mientras alguien lo golpeaba hasta
hacerle saltar dos dientes”. Biscet, dice Rivero en su crónica,
cree que “la resistencia pacífica es un plan de Dios”.
Oscar
Elías Biscet, declarado preso de conciencia por Amnistía
Internacional, a quien le niegan tener una Biblia en su celda de
máxima seguridad, necesita el apoyo del Movimiento Pro Vida de
los Estados Unidos y del mundo. Que su nombre y su lucha, que su
fe y su amor, sean un constante recordatorio, para los que se
yerguen en defensa de los derechos humanos, de que el primer
derecho de toda persona es el derecho a nacer.
Miami,
octubre de 2003
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