Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Junio de 2007

 

Ciencia y de las Ciencias Sociales

 Mons. Marcelo Sánchez Sorondo

Canciller de las Pontificias Academias de las Ciencia y de las Ciencias Sociales

La nueva Academia Pontificia de Ciencias Sociales fue fundada por el papa Juan Pablo II en 1994 en cierto modo como filiación de la antigua Pontificia Academia de las ciencias, y se sumó a ésta que proviene del siglo XVII (1603) una joya poco conocida de la Santa Sede , y cuya primera figura sobresaliente fue nada menos que Galileo.

En tanto la Academia de Ciencias está integrada por unos 80 miembros laicos (solo dos Cardenales actualmente el Card. Cottier y Martini), la Academia de Ciencias Sociales tiene unos 40 miembros (laicos), entre ellos el ilustre colombiano Presidente Betancour y a Morandé Court que aquí está presente como perito. Ambas academias funcionan en la Casina de Pío IV, una joya arquitectónica vecina a la basílica de San Pedro, totalmente restaurada (realizada por un arquitecto a la altura de Miguel Ángel, Pierro Liborio).

El Papa Benedicto XVI, cuando todavía era el cardenal Ratzinger, formó parte de la Academia de Ciencias. Ambas academias incluyen a expertos católicos y no católicos, convocados desde todos los rincones de la Tierra para evidenciar al Santo Padre los temas y debates científicos y sociales emergentes, en un ambiente caracterizado por el pluralismo y la libertad de expresión, donde laicos ilustres son los verdaderos protagonistas.

La Academia de las Ciencias se ha ocupado de muchos temas relacionados a las llamadas ciencias duras (física, biología, ciencias de la tierra, astrofísica) pero que finalmente tocan los temas antropológicos por cuanto el hombre al menos por su cuerpo es parte de la naturaleza, por ejemplo, piensen Uds. al tema de la neurociencia, o al tema del clima y de la energía. La Academia de las Ciencias Sociales, en vez, compuesta principalmente por economistas, sociólogos y filósofos del derecho, o gente con experiencia política, etc., se ha ocupado, inter alia , de la globalización varias veces, de la solidaridad intergeneracional, de la democracia, de la educación y globalización, del trabajo, produciendo publicaciones que se encuentran en el sitio web de la Santa Sede (vatican.va/Curia Romana/Academias Pontificias).

He aprendido muchas cosas en estos 8 años como Canciller de ambas Academias escuchando los debates de estos ilustres pensadores laicos, muchos de ellos premios Nobel, que se pueden resumir así.

1) El problema del clima, de la energía y del agua. La globalización antes de ser la nueva conciencia de la interdependencia de unos con otros, favorecida por los medios de comunicación, es un problema físico, químico y biológico que tiene que ver con el clima creado por el hombre, que se difunde en toda la tierra tramite el agua y el aire. Es aquello que el Académico pontificio P. Cruzten llama el nuevo “clima antropogénico” que es el producido desde el siglo pasado como consecuencia de la industrialización y el uso de energía fósil que ha hecho recalentase el planeta de un grado centígrado, aumentando sus contrastes. Los pronósticos dicen que el siglo que hemos comenzado, si no se toman serias medidas podría llegar a aumentar hasta en otros tres grados, lo que sería un verdadero desastre, especialmente para los piases pobres, que sufrirían particularmente las catastróficas consecuencias. ¿Qué hacer? Tomar conciencia de que la humanidad necesita una nueva forma de energía y hacer un esfuerzo mancomunado por conseguirla. La energía de origen fósil está recalentando nuestro planeta. Debemos amar como decía San Francisco a nuestro hermano sol y a nuestra hermana agua que son las realidades que permiten nuestra vida, y la vida de todas las especies que nos acompañan y redoblar esfuerzos nacionales e internacionales para conseguir nuevas formas de energía y limitar al máximo el consumo de la fósil.

2) No menos importante, el punto fundamental sobre el que hoy más que nunca debemos poner el acento es la ciencia y la educación. La ciencia, o sea la producción, la adquisición y la transmisión de conocimientos, en fin la educación propiamente dicha, forman cada vez más un conjunto interdependiente que orienta la vida del planeta. Sin embargo, la organización del progreso científico se ha convertido hoy en una tarea mucho más difícil aún que la de la gestión de las riquezas mundiales. Una cierta equidad de oportunidades, especialmente en el campo de la educación de los pueblos, es absolutamente necesaria. De lo contrario, los pueblos de la tierra no pueden actuar sus principales potencialidades y no pueden participar en los debates sobre su propio bien y sobre el bien común en las políticas sociales, económicas y culturales decisivas para su propio bienestar y el del mundo globalizado. El futuro de los pueblos está en cómo se forma su capital humano, incluso para evitar el drenaje de la emigración. La Iglesia es reconocida, incluso en el mundo oriental, por ser la institución que más ha hecho por la educación en el mundo. No debemos perder ese título tan importante, tan merecido y tan necesario para nuestros pueblos incluso para que no caigan en las sectas. Esta es parte esencial del discipulado y de la misión. La caridad de la verdad que decía Pablo VI siguiendo al gran Pío XI.

3) La tercera enseñanza versa sobre la cuestión de las estructuras socio-políticas y económicas que hoy dominan sobre las personas sea con el marxismo sea con el capitalismo, lo que, por ejemplo, los economistas llaman la macroeconomía. Como lo ha dicho magistralmente el Papa Benedicto XVI, particularmente la cosa es grave si vemos el mundo desde un punto de vista global: mientras que cada país tiene un modo de hacer justicia que siempre puede ser perfeccionado, en el mundo global no hay quien haga redistribución y los países ricos ahora más concientes de dichas desigualdades prometen dar el 0.7 del balance pero no lo dan. Hay el deseo de hacer justicia o justicia en potencia, como dice Santo Tomás. Pero al no cumplir las promesas crean una nueva forma de injusticia y como ha dicho Gordon Brown los pueblos pobres no pueden estar tranquilos esperando. Aquí es necesaria más que nunca la afirmación que va repitiendo nuestro Papa que la razón práctica necesita de la iluminación de la fe para hacer justicia porque sólo con el reconocimiento de Dios y de Jesucristo, el sol de justicia, los individuos y los pueblos son capaces de sacrificar sus propios intereses en beneficio de los más necesitados. “Buscad primero el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”. Esta enseñanza del Señor no es una pía consideración sino que es también una ley económica. De qué le sirve al hombre convertir todo en oro si después no puede comer. Le pasa como al rey Midas que había pedido a los dioses de convertir todo en oro y se murió porque no tenía que comer. Esto es lo que está pasando en muchos países ricos: ¿a quien van a dejar sus riquezas?

4) Y aquí tocamos el tema de la religión. Es necesaria la religión porque ella es el alma de toda cultura. Pero es necesaria sobre todo la religión de Jesucristo porque, como lo ha reconocido recientemente el rabino Rossen, es la única que tiene la doctrina del amor y del perdón. Además las otras religiones no han asumido la ciencia ni tanto menos la doctrina social de la Iglesia. El amor y la justicia, la doctrina social vale no sólo para los hombres individualmente sino también para los pueblos. Hay una gran necesidad de que los pueblos de las naciones del globo sean compasivos los unos hacia los otros, y tengan en cuenta el sufrimiento de los otros en el momento de clamar venganza por las heridas que ellos recibieron en el pasado. Lo que aquí se pide es algo que formalmente se parece al perdón pero que está fundado en el amor. Naturalmente hace falta gran prudencia y sobria perspicacia para avanzar por este camino. La idea del perdón no nos aleja de la esfera política y social como se podría pensar. La historia de estos últimos años nos ofrece algunos ejemplos admirables de una suerte de fusión entre compasión y política. Piénsese al viaje relámpago de Sadat a Jerusalén y de tantos otros signos dados por algunos líderes de la que podríamos definir ‘caridad política'. Naturalmente, si por una parte la caridad va más allá de la justicia, por otra, hay que evitar que ésta reemplace a la justicia. La caridad sigue siendo un surplus , un recurso agregado, y este surplus de caridad, de compasión y de afecto respetuoso, puede darle a la globalización un alma más profundamente solidaria, colmada de profundas motivaciones, de audacia y de nuevo empuje. En este sentido, las Iglesias cristianas tienen un importante rol a jugar, en la medida en que estas han recibido directamente la comprometedora herencia del Evangelio que apela al amor y al perdón de los propios enemigos. El esfuerzo de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, particularmente con los hebreos, por ejercer el perdón a fin de reencontrar la plena unidad de las religiones de origen mosaico y de caminar junto a los no cristianos y a los no creyentes, parece más necesario y ejemplar que nunca para dar un denso contenido de caridad al proyecto de una nueva evangelización de la Iglesia Católica después del Concilio Vaticano II. Aquí nos encontramos con las afirmaciones de Mons. Karlic sobre la deuda de amor y sobre la deuda de Dios. Debemos y podemos dar a los otros la gracia y el amor que hemos recibido de Jesucristo.

La paradoja: cómo la periferia puede ayudar al centro

La periferia non sólo puede contribuir con tantos dones de la tierra como lo ha hecho durante los últimos cinco siglos: minas, oro, plata, trigo, animales, etc. También hoy puede contribuir con sus ricas florestas y bosques que son el pulmón del mundo que permite el ciclo del agua. Y puede contribuir además con el agua misma que también en América latina tenemos abundante.

Pero además la periferia latinoamericano puede contribuir con el capital humano extraordinario que tiene. Ese hombre y esa mujer criollos que ha alabado el filosofo Ortega y Gasset en su Meditación a la criolla . Estas criollas carmelitas, benedictinas, servidoras de tantos Institutos viejos y nuevos, que no sólo son ejemplares sino que además fundan nuevos monasterios e instituciones en otras naciones latinoamericanas.

Además la familia latinoamericana que ha tocado el Card. López Trujillo. Recientemente, los académicos de Ciencias Sociales y un grupo de invitados "externos" se dedicaron a debatir durante cinco días el deber moral que tenemos los adultos de esta generación para con los integrantes de las generaciones venideras: la solidaridad intergeneracional, texto ya publicado.

Sobre las deliberaciones de la Ciudad del Vaticano flotaba entonces la idea que algunos filósofos (J. Rawls, Jonas y otros) lanzaron al sostener, en sus teorías sobre la justicia, "el principio del ahorro justo" en virtud del cual, cuando se hace "la cuenta de la justicia" de lo que le corresponde a cada cual, hay que anotar no sólo los recursos que las naciones van a distribuir en beneficio de los que ya están (la solidaridad intregeneracional), sino también en beneficio de los que todavía no están bajo la forma de la educación y las inversiones, una obligación "intergeneracional " tantas veces olvidada por la presión de las urgencias cotidianas que han llevado a cargar sobre las espaldas inocentes de los portadores del futuro el peso abrumador de la deuda externa.

A medida que las deliberaciones de la asamblea progresaban, se hizo presente una paradoja. El lugar donde nace la solidaridad intergeneracional es la íntima relación entre los padres y los hijos en el seno de la familia atenta a la educación. En ella, los padres dan y los hijos reciben antes de que, cuando éstos sean a su turno padres, repitan la donación.

Pero la paradoja estalló cuando advertimos que, en tanto la solidaridad familiar sigue vigente en los países pobres, tiende a diluirse en los países ricos. Algo parecido a lo que dice Aristóteles en la Política a propósito del dinero cuando éste se busca por sí mismo. Si la economía no está al servicio del hombre pasa lo que le sucedió al rey Midas que pidió a Dios de convertir todo lo que tocaba en oro. Al final murió porque no podía comer.

Algo parecido le está pasando al mundo de hoy que se está materializado tanto que no hay mucha generosidad para con las nuevas generaciones y así están desapareciendo notoriamente los niños y los jóvenes. Nos preguntamos para que sirve acumular tanta riqueza si no se la vamos a poder dejar a nadie. Como el rey Midas, queremos egoístamente morir de riqueza. No nacen niños por falta de amor generoso y creativo. Desaparecen los niños por el agresivo control de la población, lo que se ha dado en llamar el invierno demográfico. Desaparecen también por los abortos, incluyendo el gran numero de niñas que hacen desaparecen especialmente en los países orientales. Desaparecen también por la mortalidad infantil alta de algunos países in vías de desarrollo. Desaparecen los niños por la explotación como soldados o prostitutas. Desaparecen también por la explotación de órganos. Desaparecen por las enfermedades en los países pobres especialmente por el sida, etc.

Sin embargo, fue ejemplar y conmovedor, en tal sentido, el testimonio de un profesor africano de cómo en su continente, desgarrado por la guerra, la pobreza y el sida, es habitual que los padres sobrevivientes de estas calamidades acojan bajo el mismo techo a sus sobrinos huérfanos. Un padre africano, así, se convierte en el padre sustituto de los miembros de su familia ampliada, esa familia donde no sólo cuentan los hijos sino también los hermanos, primos y sobrinos, a pesar de la miseria que a todos acosa.

La lección que dan esos padres, a veces en medio del analfabetismo, es tanto o más valiosa que lo que podrían enseñar las escuelas aisladas y dispersas que apenas los apoyan: más que la lección de las primeras letras y de los primeros números, es la lección del carácter .

Que la solidaridad de la familia ampliada sigue vigente en los países latinoamericanos quedó demostrado cuando la sociedad argentina, después de hundirse en la crisis devastadora de 2001 y 2002, se salvó en gran medida, más aún que por las medidas de gobierno y la poca ayuda internacional, por el apoyo fraternal que los todavía empleados brindaron a sus parientes desempleados, al rescatarlos de la emergencia.

Pero la solidaridad intergeneracional de la familia ampliada, propia de los países subdesarrollados, tiende a diluirse en los países desarrollados, donde la familia ha dejado de ser amplia para convertirse en "nuclear" (sólo de padres e hijos menores, antes de que vayan a la Universidad), mientras por diversos caminos el matrimonio estable y generoso de los africanos y los latinoamericanos es reemplazado cada vez más por las llamadas "familias unipersonales" de sólo un padre o una madre, por la multiplicación exponencial de los divorcios y por "uniones de hecho" entre personas incluso del mismo sexo. Así narró un experto español, por ejemplo, que en el registro civil de su país ahora se anotan al lado del nombre del recién nacido, en lugar de su padre y de su madre, los nombres del "progenitor A" y del "progenitor B", sin alusión siquiera al sexo que, distinguiéndolos, los une.

Pero España es, al mismo tiempo, uno de los países que más se ha desarrollado en los últimos años. A este efecto nocivo del "mercado social espontáneo" de los países de punta sobre la integridad familiar se había sumado, en su momento, la pretensión del Estado comunista de sustituir a los padres. Así contó un experto chino que, cuando era joven y reinaba en su país el "libro rojo" de Mao Tsé-Tung, los niños estaban obligados a recitar hasta el cansancio en las escuelas la siguiente consigna: "No necesito padre ni madre; sólo necesito al Estado".

Por diversos caminos, pues, tanto en las sociedades permisivas del capitalismo liberal cuanto en las sociedades totalitarias, la familia tradicional, que es la sede donde brota la solidaridad intergeneracional y la fe, es agredida cual si fuera el enemigo principal de la modernización.

¿Peor o mejor?

En más de un rubro, por supuesto, estar en un país desarrollado es mejor que vivir en un país subdesarrollado. Si se tienen en cuenta las ventajas abismales de los países desarrollados en rubros como el ingreso por habitante, la educación, la salud y la mayor vigencia de las instituciones democráticas, ¿quién podría negarlo?

Pero he aquí que hay un rubro donde estar más avanzado no es "mejor", sino peor. ¿Sabrán, empero, los países subdesarrollados preservar el valor de la familia, también en peligro entre éstos, del supuesto "progreso" de los países avanzados?

Pareciera entonces que los países latinoamericanos y africanos no se deberían fascinar con el modelo de los países desarrollados hasta el punto de incluir como deseables las fallas morales del materialismo y secularismo que disuelven la familia y detienen la natalidad en Europa, un continente donde los nacimientos ya no alcanzan a cubrir las defunciones.

El estilo de vida que deberíamos buscar, ¿es entonces el american way of life ? ¿O deberíamos apuntar, en cambio, a un modelo cristiano de progreso, donde al lado de las ventajas incuestionables del desarrollo incluyéramos el sentido religioso y solidario de la vida que todavía es vigente en parte en Latinoamérica y África, contra lo cual tanto el totalitarismo como el permisivismo atentan por igual?

La misión

A la reflexión sobre la riqueza de la naturaleza, del capital humano y de la familia, quiero agregar otra contribución que los países latinoamericanos tal vez estén llamados. Pienso justamente al tema de la misión. Hemos aprendido tambien en la Academia que el escenario del mundo se está desplazando desde el Atlántico hacia el Pacifico. Las antiguas civilizaciones y culturas, tales como la China y la India , y en general, el mundo asiático están entrando con paso firme dentro del mundo global, no solo ofreciendo sus antiguas culturas y religiones, sino también con una potente economía y fuerza político militar. El comercio de Latinoamérica con China es importante y creciente. Pero sobre todo la posición geopolítica de Latinoamérica es privilegiada para el intercambio con los tigres del Asia. Ahora, creo que el CELAM debería hacer un esfuerzo por llevar la fe en Jesucristo a todos estos pueblos que la ha recibido originalmente de Europa pero no se ha consolidado. Sería importante que Latinoamérica pensara el su misión ad extra al Asia. Tal vez así saliendo de su autoreferencialidad pordría por añadidura crecer ad intra . Muchas gracias.