Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Mayo de
2007
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La realidad pastoral
Intervención sobre Ecclesia Dei-16 de mayo de 2007
Card. Darío Castrillón Hoyos, Presidente Ecclesia Dei, Aparecida
mayo 14, 2007
Me permito presentar un breve informe sobre la Pontificia
Comisión Ecclesia Dei y sobre el estado de la realidad pastoral
que el Santo Padre ha puesto bajo su competencia.
Esta Comisión fue instituida por el Siervo de Dios Juan Pablo II
en 1988, cuando un grupo notable de sacerdotes, religiosos y
fieles que habían manifestado su descontento con la reforma
litúrgica conciliar y se habían congregado bajo el liderazgo del
Arzobispo francés Marcel Lefebvre, se separaron de éste porque
no estuvieron de acuerdo con la acción cismática de la
ordenación de Obispos sin el debido mandato pontificio. Ellos,
entonces, prefirieron mantener la plena unión con la Iglesia. El
Santo Padre, mediante el Motu Proprio Ecclesia Dei Adflicta,
confió a esta Comisión el cuidado pastoral de estos fieles
tradicionalistas.
Hoy la actividad de la Comisión no se limita al servicio de
aquellos fieles que en tal oportunidad quisieron mantenerse en
plena comunión con la Iglesia, ni a los esfuerzos encaminados a
poner fin a la dolorosa situación cismática y a lograr el
regreso de estos hermanos de la fraternidad San Pío X a la plena
comunión. Por voluntad del Santo Padre, este Dicasterio
extiende, además, su servicio a satisfacer las justas
aspiraciones de cuantos por una sensibilidad particular, sin
haber tenido vínculos con los dos grupos anotados, desean
mantener viva la liturgia latina anterior en la celebración de
la Eucaristía y de los demás sacramentos.
Sin duda alguna, el empeño más importante, que concierne a toda
la Iglesia, es la búsqueda de poner fin a la acción cismática y
reconstruir, sin ambigüedades la plena comunión. El Santo Padre,
que fue durante algunos años miembro de esta Comisión, quiere
que ella se convierta en un organismo de la Santa Sede con la
finalidad propia y distinta de conservar y mantener el valor de
la liturgia latina tradicional. Pero se debe afirmar con toda
claridad que no se trata de un volver atrás, de un regreso a los
tiempos anteriores a la reforma de 1970. Se trata en cambio de
una oferta generosa del Vicario de Cristo que, como expresión de
su voluntad pastoral, quiere poner a disposición de la Iglesia
todos los tesoros de la liturgia latina que durante siglos ha
nutrido la vida espiritual de tantas generaciones de fieles
católicos. El Santo Padre quiere conservar los inmensos tesoros
espirituales, culturales y estéticos ligados a la liturgia
antigua. La recuperación de esta riqueza se une a la no menos
preciosa de la liturgia actual de la Iglesia.
Por estas razones el Santo Padre tiene la intención de extender
a toda la Iglesia latina la posibilidad de celebrar la Santa
Misa y los Sacramentos según los libros litúrgicos promulgados
por el Beato Juan XXIII en 1962. Por esta liturgia, que nunca
fue abolida, y que , como hemos dicho, es considerada un tesoro,
existe hoy un nuevo y renovado interés y, también por esta razón
el Santo Padre piensa que ha llegado el tiempo de facilitar,
como lo había querido la primera Comisión Cardenalicia en 1986,
el acceso a esta liturgia haciendo de ella una forma
extraordinaria del único rito Romano.
Hay algunas buenas experiencias de comunidades de vida religiosa
o apostólica erigidas por la Santa Sede recientemente que
celebran en paz y serenidad esta liturgia. En torno a ellas se
congregan asambleas de fieles que frecuentan estas celebraciones
con alegría y gratitud. Las erecciones más recientes son el
Instituto de San Felipe Neri en Berlín, que funciona como un
Oratorio y se ha hecho presente también, con buena acogida, en
la Diócesis de Tréveris; el Instituto del Buen Pastor de Burdeos
que reúne sacerdotes, seminaristas y fieles, algunos salidos de
la Fraternidad San Pío X. Están muy adelantados los trámites
para el reconocimiento de una comunidad contemplativa, el Oasis
de Jesús Sacerdote, de Barcelona.
En América Latina, como es bien conocido, debemos agradecer al
Señor por el regreso de toda una Diócesis, la de Campos, antes
lefevriana que ahora, después de cinco años, presenta buenos
frutos. Ha sido un retorno pacífico y los fieles que se han
inscrito en la Administración Apostólica, están contentos de
poder vivir en paz en sus comunidades parroquiales; más aún, en
efecto algunas diócesis brasileñas han hecho contactos con la
Administración Apostólica de Campos que ha puesto a su
disposición sacerdotes para la cura pastoral de los fieles
tradicionalistas en sus iglesias locales. El proyecto del Santo
Padre ha sido ya parcialmente probado en Campos donde la
cohabitación pacífica de las dos formas del único rito romano en
la Iglesia es una bella realidad. Tenemos la esperanza de que
tal modelo produzca buenos frutos, también en otros lugares de
la Iglesia donde viven juntos fieles católicos con
sensibilidades litúrgicas diversas. Y esperamos, además, que tal
modo de vivir juntos atraiga también aquellos tradicionalistas
que todavía están lejos.
Los miembros actuales de la Comisión son los Sres. Cardenales
Julián Herranz, Jean-Pierre Ricard, William Joseph Levada,
Antonio Cañizares, e Franc Rodé. Son consultores los
Subsecretarios de algunos Dicasterios.
Hasta ahora han estado bajo Ecclesia Dei varias comunidades
dispersas por el mundo. 300 sacerdotes, 79 religiosos, 300
religiosas, 200 seminaristas y varias centenas de miles de
fieles. Curiosamente aumenta el interés de los jóvenes en
Francia, Estados Unidos, Brasil, Italia, Escandinavia, Australia
y China. En el momento del regreso, de Campos han pasado 50
sacerdotes, unos cincuenta seminaristas, 100 religiosas y 25.000
fieles.
Hoy el grupo de
los lefevrianos consta de 4 Obispos que fueron ordenados por
Mons. Lefebvre, de 500 sacerdotes y 600.000 fieles. Al grupo se
unieron igualmente varios monasterios contemplativos y algunos
grupos religiosos masculinos y femeninos, tienen parroquias (los
llaman prioratos), seminarios y asociaciones. Están presentes en
26 países.
Pidamos al Señor que este proyecto del Santo Padre pueda
realizarse pronto para la unidad de la Iglesia. |