Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Abril de
2007
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SEMANA
SANTA

Despreciado por los hombres y marginado,
hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento,
uno de aquellos a los que se les vuelve la cara,
no contaba para nada y no hemos hecho caso de él.
Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba,
y nuestros dolores los que le pesaban.
Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado,
y eran nuestras faltas por las que era destruido,
nuestros pecados, por los que era aplastado.
Él soportó el castigo que nos trae la paz
y por sus llagas hemos sido sanados.
Todos andábamos como ovejas errantes,
cada cual seguía su propio camino,
y Yavé descargó sobre él la culpa de todos nosotros.
Fue maltratado y él se humilló y no dijo nada,
fue llevado cual cordero al matadero, como la oveja muda cuando
la esquilan.
Fue detenido, enjuiciado y eliminado
¿y quién ha pensado en su suerte?
Pues ha sido arrancado del mundo de los vivos
y herido de muerte por los crímenes de su pueblo.
Fue sepultado junto a los malhechores
y su tumba quedó junto a los ricos,
a pesar de que no cometió violencia
ni nunca salió la mentira de su boca.
Quiso Yavé destrozarlo con padecimientos,
y él ofreció su vida como sacrificio por el pecado.
Por esto verá a sus descendientes y tendrá larga vida,
y el proyecto de Dios prosperará en sus manos.
A cambio de las amarguras que haya padecido su alma,
gozará del pleno conocimiento.
El Justo, mi servidor, hará una multitud de justos,
y se hará cargo de sus deudas.
Por eso lo contaré entre los grandes
y le dare la herencia reservada a los fuertes
porque se ha negado a sí mismo hasta la muerte
y ha sido contado entre los pecadores,
cuando llevaba sobre sí el pecado de muchos
e intercedía por los pecadores.
(Isaías, 53)
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