Espiritualidad Cristiana
P. Eduardo Llorens Nuffez
Revista Vitral No. 78 /año XIII /marzo - abril de 2007
Origen y evolución del término espiritualidad
La palabra espiritualidad es considerada por muchos como fruto
de la modernidad, debido a que su origen se remite a la escuela
espiritual francesa del siglo XVII y se refiere a la relación
personal del ser humano con Dios. Sin embargo, la forma
abstracta de espiritualidad tiene su origen en la época
patrística. En este contexto encontramos un texto atribuido a
Jerónimo, pero que en realidad pertenece a Pelagio, donde
aparece la siguiente frase: “Age ut in spiritualitate proficias”:
designando con esta expresión el concepto de espiritualidad como
vida según el Espíritu de Dios y como progresión abierta a
realizaciones ulteriores. Posteriormente, en el siglo VI,
Dionisio, al traducir a Gregorio de Nisa hizo el cambio del
término griego pneumatké por el latino spiritualitas, con la
explicación siguiente: “Consiste en la perfección de la vida
según Dios”.
En el judaísmo la palabra ruah (espíritu, respiración, viento,
es decir lo que da vida y ánimo) designaba una doble dimensión,
la fuerza de la vida individualizada y el poderío de Javhé que
actúa sobre su pueblo como don profético y como sabiduría
personificada.
La Biblia no presenta una teoría sobre la espiritualidad sino
contenidos, especialmente en Pablo.
Durante el primer milenio del cristianismo la espiritualidad se
encontraba unida a la dogmática, es decir, espiritualidad y
reflexión teológica formaban una unidad. La Sagrada Escritura
era portadora y soporte de la fe cristiana. Del siglo IX al XI
la espiritualidad indica realidad y actividad que no proviene de
la naturaleza, sino de la gracia del Espíritu Santo presente en
el ser humano. A partir del siglo XII espiritualidad mantiene el
sentido sobrenatural y también designa aquello que no es
material; cuando su uso se asocia al discurso de vida devota e
interior equivale a vida afectiva o interior.
A finales del siglo XII y durante el XIII en la Iglesia Católica
de Occidente el discurso teológico adquiere una forma más
científica, dividiéndose la Teología en ramas (Dogmática, Moral
y Espiritual).
A partir del siglo XVII el término espiritualidad es usado para
designar las relaciones afectivas con Dios y para referirse al
conocimiento interno y directo de lo divino o sobrenatural. A
finales del siglo XIX y comienzos del XX, espiritualidad es
entendida como experiencia vivida. En el siglo XX se introduce
el uso de espiritualidades para designar a las escuelas
espirituales.
En resumen, espiritualidad es el conjunto de principios y
practicas en relación con lo divino o trascendente, que
caracterizan la vida de un grupo de personas en relación con
aquello que creen, las diferentes maneras de experimentar la
trascendencia, y el modo como la vida es entendida y vivida.
¿Qué es espiritualidad cristiana?
Es aquella experiencia mediante la cual el cristiano entra en un
proceso de relación con Dios y la posesión de su verdad. La
Palabra de Dios adquiere su dimensión y realización más plena y
específica en el oír y obrar cristiano, es decir: oración y
acción; contemplación y acción. De ahí que la espiritualidad
cristiana es unidad y diversidad. Unidad por ser realización
única del cristianismo y diversidad por realizarse de diferentes
formas. Son las diferentes maneras de experimentar y fomentar la
vida en Cristo.
No debemos entender la espiritualidad cristiana como una
experiencia para pocas personas con cualidades excepcionales, o
algo propio de grupos elitistas dentro de la Iglesia, o una
dimensión accidental del cristianismo. Todo cristiano, sea cual
sea su estado o condición, es llamado a la plenitud de la vida
cristiana y a la perfección de la caridad (L.G, 40). EI
cristianismo no se limita a la práctica de la fe de una manera
mediocre o reducida, que implicaría la observación de los
preceptos, normas o mandamientos únicamente. EI cristiano es
llamado a vivir plenamente la vida del Espíritu.
Existe una sola espiritualidad cristiana que parte del mensaje
cristiano que llama a la persona; sin embargo el mensaje
cristiano se realiza en una persona concreta y en un momento
histórico determinado. Es por lo anterior que se habla de
diversas escuelas de espiritualidad cristiana que responden a
sus concretizaciones en cristianos conscientes y en momentos
históricos determinados. El conjunto de elementos
característicos de la vida o doctrinas espirituales comunes a un
grupo de personas ligadas de cierta manera a un fundador con una
determinada personalidad religiosa. Ejemplos de lo anterior lo
tenemos en las siguientes escuelas de espiritualidad cristiana
con sus respectivos acentos y que no son doctrinas de una
existencia personal.
Escuelas de espiritualidad cristiana fundamentales
Espiritualidad Benedictina: Domina en el occidente europeo
durante toda la Alta Edad Media. Comienza con San Basilio.
Prevalece la visión dualista de inconciliabilidad entre cuerpo y
alma, mundo y Evangelio. Esta concepción tiene sus bases en el
mundo grecorromano y en la patrística, concibiendo a Dios como
Suma Majestad y al hombre como incapaz de hacer el bien y
víctima del pecado. Otro elemento presente es el paralelo que
establece entre la sociedad civil y la eclesiástica, fruto del
feudalismo imperante, que daba lugar a una organización
rígidamente jerárquica y fragmentaria. Esta escuela de
espiritualidad busca colocar al hombre en la presencia de Dios y
de Cristo, tanto en el ejercicio de la oración litúrgica y de la
lectio divina1 como en el trabajo.
Espiritualidad Dominicana: Surge en la Baja Edad Media (siglo
XIII), cuando Santo Domingo de Guzmán inicia su obra de
evangelización fundando la orden de los frailes predicadores. Es
una época de gran despertar social, intelectual, moral y
religioso. También en este momento histórico existen tensiones
en el plano disciplinar y teológico. Los fundamentos de esta
escuela de espiritualidad los encontramos en la cultura
escolástica del momento en que prima el entendimiento sobre la
voluntad y el afecto, la insistencia en el estudio y la
necesidad de la contemplación divina. Se tiene en cuenta también
la vida en común, la mortificación y el oficio litúrgico.
Partiendo de una opción intelectualista, se orienta a la
contemplación, adquirida o infusa, con una apariencia más
teocéntrica que cristocéntrica. Desarrolla la teoría y la acción
de la gracia de Dios y de los dones del Espíritu Santo, llegando
casi a anular la participación activa del hombre.
Espiritualidad Franciscana: Surge en la Baja Edad Media (Siglo
XIII.) y su precursor es San Francisco de Asís; escoge como
estrategia de actuación cristiana acercarse al pueblo por medio
del testimonio de una pobreza radical, con la simple predicación
penitencial y con pleno respeto a la jerarquía de la Iglesia.
Reconoce esta escuela el primado de la voluntad sobre el
entendimiento, subrayando el valor de la afectividad y de la
acción. Insiste en la visión central de Cristo como mediador
único de la naturaleza, de gracia y de gloria. Difunde esta
espiritualidad un profundo sentido de pacificación y fraternidad
cósmica, estando impregnada de un gran optimismo. La observancia
del Evangelio e imitación de Cristo crucificado es fundamental
en la espiritualidad franciscana. La devoción a la humanidad de
Cristo en sus misterios fundamentales (Pesebre, Cruz,
Tabernáculo) son elementos importantes en esta espiritualidad.
Se insiste en la identificación con Cristo obteniendo así la
conformidad con la voluntad del Padre, en un gesto supremo de
amor y de abandono. Predomina la experiencia mística de los
carismas sobre la teoría.
Espiritualidad Carmelitana: Como escuela de espiritualidad se
consolida en la Edad Moderna (siglo XVI), aunque tiene sus
orígenes en el Siglo XII. Toma impulso esta espiritualidad
gracias a dos grandes Doctores de la Iglesia: Santa Teresa de
Jesús y San Juan de la Cruz, que escribieron valiosas obras de
temáticas ascéticas y místicas basadas en sus experiencias
personales. No especula esta espiritualidad sobre los fenómenos
místicos ni apela a teorías filosófico-teológicas. Se observa en
la espiritualidad carmelitana cierto antintelectualismo. Dos son
los medios de esta espiritualidad para llegar a la unión con
Dios: la oración y la contemplación; ambos liberan al hombre de
las trabas que lo mantienen alejado de Dios. Se busca el triunfo
del amor y de la caridad total donde el hombre casi desaparece
reducido a la nada mientras que Dios se revela como el todo. A
la espiritualidad carmelitana hay que atribuirle la novedad del
lenguaje y el equilibrio en la consideración de la relación
radical entre Dios y el hombre.
Espiritualidad Ignaciana: Surge en la Edad Moderna (Siglo XVI)
por obra de San Ignacio de Loyola. Rompe con la tradición
monástica y asume la actividad apostólico-sacerdotal, ignorando
casi la vida comunitaria con vistas a una mayor disponibilidad
personal para los diversos servicios pastorales. Su fundamento
se encuentra en los Ejercicios Espirituales. Los fundamentos
doctrinales de la espiritualidad ignaciana los encontramos en la
atmósfera humanista y renacentista que exalta la dignidad del
hombre, razón por la que no busca su aniquilación, sino la
corrección de las desviaciones. El hombre nace para dar gloria a
Dios y para servirlo a ejemplo de Jesucristo. Todo lo que impida
el camino anterior debe ser rechazado, de ahí la insistencia en
el ejercicio de las Virtudes Morales y Teologales, la
rectificación de las intenciones en las relaciones con los
hombres y las cosas. Esta espiritualidad centra su atención en
Cristo obediente totalmente a la voluntad del Padre en la obra
de redención a favor de la humanidad, que deriva a un impulso a
la acción apostólica, por lo que se habla de una mística de la
acción. Juega un papel importante el cristocentrismo, el
antropocentrismo y el geocentrismo, la ascética y lo concreto.
Elementos constitutivos de las diferentes escuelas de
espiritualidad cristiana
a) Intuición y experiencia personal de Dios.
b) Influencia del ambiente sociorreligioso y del temperamento de
las personas que dan origen a la escuela.
c) Respuesta a las exigencias históricas del pueblo de Dios.
d) Revelación de aspectos del misterio de Cristo.
e) Estilo singular de vida que se desdobla en métodos de
oración, medios ascéticos, prácticas comunitarias y formas de
apostolado.
Criterios de clasificación de la espiritualidad cristiana
Etnogeográfico: Atendiendo al lugar geográfico en que se origina
(española, francesa, latinoamericana, etc.)
Doctrinal o de verdades preferidas de la fe: En dependencia del
acento en cada una de las verdades de la fe (trinitaria,
cristológica, pentecostal, eucarística, mariana, etc.)
Ascético-práctico: Responde a la virtudes preferidas y
enfatizadas (humildad, pobreza, etc.)
Antropológico o psicológico: Según sea la importancia que se le
dé a algunos de los elementos constitutivos de la persona
(intelectualista, afectiva, etc.)
Estados de vida y profesiones: Según sea la forma de vida o
actividad fundamental que realice la persona (laica, sacerdotal,
religiosa, de los médicos, de los trabajadores, de los
educadores, etc.)
Histórico cronológico: Tiene en cuenta el momento de la historia
en que se desarrolla la espiritualidad (paleocristiana,
medieval, moderna, contemporánea, etc.)
Elementos a tener en cuenta para una sana espiritualidad
cristiana
Enraizada en la historia: Una espiritualidad que no esté
enraizada en la historia puede correr el peligro de servir para
encubrir cualquier sistema vigente, aparecer como una ideología
y hasta puede llegar a convertirse en algo irresponsable y
egoísta. También la historia es un elemento clave para saber
interpretar cada tradición o escuela espiritual y actualizarla.
No reducir la espiritualidad: La verdadera espiritualidad debe
liberarse del individualismo que identifica exclusivamente la
vida espiritual con las prácticas piadosas y el culto separados
del momento histórico. La vida del cristiano no se limita a la
interioridad, debe insertarse en las tareas concretas de la
sociedad y de la Iglesia, haciendo una lectura de los signos de
los tiempos. Es decir, el culto debe ir unido a la vida, la vida
interior del cristiano con el compromiso social y la unión con
Dios con la comunión eclesial. Toda buena espiritualidad
cristiana debe conducir a transformar el mundo de manera
positiva, de ahí la importancia de la categoría transformación
/progreso.
Evitar el Dualismo: Es recomendable que la espiritualidad
mantenga cierta distancia de la antropología de tipo dualista
que prioriza el alma en detrimento del cuerpo. Es importante
redescubrir la función de lo corporal en la vida espiritual e
integrarlo al proceso de salvación de la persona. También es
importante tener en cuenta la manera en que se expresa y vive
simbólicamente la espiritualidad cristiana; el símbolo une lo
inmanente con lo trascendente y sirve para vivenciar una
experiencia tan humana y profunda como es la religiosa.
Entusiasmo e institucionalización: La búsqueda incesante y sin
control de lo extraordinario, prodigioso y lo sobrenatural que
lleva a querer experimentar sensiblemente la promesa de
Jesucristo es un grave peligro que puede desviar la vivencia de
la espiritualidad cristiana del verdadero camino. Además, el
querer identificar las prescripciones e instituciones con la
espiritualidad limita considerablemente la espiritualidad
cristiana. La historia de la espiritualidad nos demuestra que la
auténtica espiritualidad surge a partir de la tensión entre
oficio y carisma.
Medios disponibles para fomentar la espiritualidad cristiana
Existen medios a nuestro alcance que nos pueden ayudar a crecer
en la espiritualidad cristiana, son utilizados desde los
orígenes del cristianismo.
° Unión con Dios y con Jesús.
° Retiros y Ejercicios Espirituales. Vida de oración.
° Examen o revisión de la oración y de lo sucedido durante el
día.
° Meditación y lectura espiritual.
° Meditación y lectura de la Biblia.
°Sacramento de la Reconciliación y de la Eucaristía.
° Acompañamiento espiritual con una persona capacitada.
° Discernimiento espiritual, para poder actuar en nuestra vida
conforme a lo que Dios nos propone.
° Práctica de obras de misericordia espiritual (dar buen
consejo, enseñar al que lo necesite, corregir a los que se
equivocan, consolar a los afligidos, perdonar las injurias,
sufrir las debilidades del prójimo, rezar por los vivos y los
muertos, etc.)
° Práctica de obras de misericordia corporales (ayudar
materialmente al que lo necesite, hospedar a peregrinos, visitar
y consolar a los afligidos, etc.)
Notas
1. Método de oración que tiene muy en cuenta la escucha de las
Sagradas Escrituras.
Sacerdote del Centro de Espiritualidad Pedro Arrupe. Ciudad de
La Habana.
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