Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Febrero de 2007

Víctor está en el banquete eterno

Muere en Roma el padre jesuita cubano Víctor Manuel Hernández. Publicamos aquí la hermosa carta que Jesús Zaglul, S.J.(Chumi), el provincial de los jesuitas (Provincia de las Antillas) escribió dando a conocer su muerte en Roma.

Jesús Zaglul, S.J.(Chumi)

El padre jusuita Víctor Hernández, SJ, junto a Mons. Agustín Román. Detrás, el diácono Manolo Pérez. El padre Víctor nació en La Habana el 9 de mayo de 1941, fue ordenado sacerdote el 7 de septiembre de 1966. Cubano y jesuita que vivio para en todo
amar y servir.

Me llamó hace unos minutos el P. Serafín desde Miami dándome la noticia del fallecimiento de nuestro compañero y más que hermano y amigo, Víctor Hernández. La hermana de Víctor, que está en Roma, se lo acababa de informar. Como sabe la mayoría de ustedes Víctor llevaba ya más de una semana en coma tras un infarto masivo al corazón mientras participaba en un curso internacional de Ejercicios Espirituales en Roma. Los médicos habían estado tratando por todos los medios a su disposición de hacerlo volver en sí, pero su deterioro cerebral y de otros órganos se estimaba ya muy serio. Finalmente descansó en la paz que Dios siempre le tenía asegurada.

Él mismo se supo siempre en esa paz. Todos y todas sabemos que nunca la muerte fue su temor. Dios e Ignacio [de Loyola, fundador de los jesuitas] quisieron que fuera a entregarse definitivamente en Roma, en medio de un curso de lo que más le gustaba: los Ejercicios Espirituales, por lo que más trabajó y sirvió junto a su labor en la educación, en las Comunidades de Vida Cristiana y en tantas parroquias. El Padre lo quiso poner definitivamente con su Hijo, el Nazareno de la Cruz, como Ignacio, allí donde este grupo de compañeros, que fue siempre el centro de su corazón y de su vida, se puso al servicio de la Iglesia y de la humanidad.

En Miami, en República Dominicana, en la Cuba que tanto siguió amando, en el sureste de Estados Unidos, donde dio tantos talleres, seguiremos acariciados por la brisa de su presencia resucitada, siempre animosa y alegre, siempre preocupada por el cuerpo de la Iglesia, de sus compañeros, de la Provincia, de tantas relaciones de amistad profunda y cercana con religiosas, laicas y laicos, siempre inquieta por nuestra formación y actualización con tantos artículos y documentos, siempre abriéndonos horizontes.

Gracias a tantas y tantos que nos han acompañado estos días y a él, con sus raciones, lágrimas, cariño y esperanza. Dios no nos lo quita.

Creo que Víctor también lo sabía y quizás por eso nunca se cuidó bien a sí mismo aunque supo cuidar a tantos. Dios nos lo deja de una manera nueva, para siempre. Tantas manifestaciones de estos días me aseguran más en ello.

Gracias, Señor, por Víctor. Gracias por "Por Amor", como le puso por apodo Pascual Batista, nuestro hermano experto en nombres y también mago de las antidietas. Otro nombre no le pudo caer mejor. Ahora estarán ambos de fiesta junto a ti, en el banquete eterno, Dios trino, riéndose juntos, y desde Ti acompañando a enfermos y confortándolos en su dolor, acompañándonos a nosotros en el nuestro y comunicándonos de su resurrección, que también nos transforma y esa risa tierna y sabia que nos consuela.

Seguimos sin poder leer bien tus planes y proyectos, Señor, pero nos confiamos a ellos y a ti, como Víctor. Más preocupados por servir que por cuidarnos, aunque sin dejar de hacerlo por ese mismo servicio. Queriendo entusiasmarnos, como él, de lo que Tú eres y sigues haciendo también sin cuidarte, por cariño a todos nosotros y a cada uno y una.

Danos también a nosotros tu paz.

En comunión pascual y más confiada y solidaria,

Provincial de la Compañía de Jesús de la Provincia de las Antillas.