Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Enero de 2007

Celebran en la Catedral de Pinar del Río instalación de Mons. Jorge Enrique Serpa Pérez como Nuevo Obispo de la diócesis

Sergio Lázaro Cabarrouy Fernández-Fontecha

Abrazos, apretones de mano, alegría de ver hermanos de otras comunidades, a quienes se ve poco y se quiere mucho… Así iba ocurriendo en la Catedral de Pinar del Río cuando se iban reuniendo los fieles para recibir al nuevo Pastor de la Iglesia diocesana el día 14 de enero de 2007.

Entre las dos torres ondeaba majestuosa una inmensa bandera cubana. Las personas inundaron el templo por dentro y por fuera. Vinieron sacerdotes, religiosas y laicos de otras diócesis, sobre todo de La Habana, donde el obispo electo, Mons. Jorge Enrique Serpa Pérez, sirvió desde 1999 hasta su nombramiento como Obispo de Pinar del Río el 13 de diciembre de 2006, en sustitución de Mons. José Siro González Bacallao que se retira luego de cumplir 75 años.

El calor humano de la mañana se multiplicó cuando aparecieron frente a la Catedral, Mons. Siro y Mons. Jorge, que fueron recibidos junto al pueblo por S. E. el Cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana y por el P. Juan Carlos Carballo, párroco de la Catedral y Canciller Diocesano. Estallaron los aplausos, comenzó el canto "Una luz en la oscuridad", y se iniciaron dos horas y media de celebración en la que estuvo presente la Gracia de Dios.

El Cardenal Jaime Ortega le entregó el báculo a Monseñor Jorge Serpa como signo de la toma de posesión del gobierno de la Diócesis de Pinar del Río. Estuvieron presentes también el Cardenal Pedro Rubiano Sáenz, Arzobispo de Bogotá, bajo cuyo pastoreo sirviera Mons. Jorge en su larga estancia en Colombia, el Sr. Nuncio de Su Santidad, Mons. Luigi Bonazzi, así como Mons. Juan García, Arzobispo de Camagüey, Mons. Arturo, Obispo de Santa Clara, Mons. Alfredo Petit, Obispo Auxiliar de La Habana, Mons. Héctor Peña, Obispo Emérito de Holguín, Mons. Manuel Hilario de Céspedes, Obispo de Matanzas, así como Mons. Wilfredo Pino, Obispo Electo de Guantánamo – Baracoa, junto con otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas de varias partes de Cuba y de otros países. En la ceremonia de traspaso del gobierno de la diócesis también participaron representantes del Cuerpo Diplomático acreditado en nuestro país.

Antes de comenzar la Santa Misa, Mons. José Siro pronunció las palabras que daban la bienvenida a Mons. Jorge, en las que alabó las bellezas naturales de Pinar del Río, citando a Anastas Mikoyan, quien fuera el primer enviado soviético a Cuba a principios de la Revolución quien, admirado, dijo refiriéndose a esta región: "al modo de decir de ustedes, por aquí debió pasar el creador". "Ahora, Jorge, —dijo Mons. Siro— admirarás y serás pastor de esta tierra, que es tan bella en lo natural como en lo espiritual". Añadió el Obispo Emérito que, de una Diócesis que tenía 31 sacerdotes, 40 religiosas y muchos miembros de la Acción Católica en 1958, ahora el nuevo obispo recibiría una con 17 sacerdotes, 30 religiosas y muchos laicos comprometidos en una Diócesis de 25 parroquias y cientos de pequeñas comunidades. "No importa nuestra pobreza, lo que importa es el amor de Dios y el celo apostólico", dijo mirando a Mons. Jorge, ambos visiblemente emocionados. Terminó sus palabras, «al estilo guajiro» con unos versos en los que dejaba al su sucesor el encargo del Santo Padre Juan Pablo II de "cuidarle la cola del caimán". Luego Mons. Siro hizo entrega del Pectoral a Mons. Jorge y se abrazaron como símbolo de la continuidad de la Iglesia por la voluntad de su fundador.

Mons. Jorge bendice a su pueblo

Después comenzó la Eucaristía, presidida al inicio por el Cardenal Ortega, quien pronunció unas palabras en las que recordó su servicio como Obispo de Pinar del Río donde "existen valores humanos y cristianos que hacen feliz la vida de quien le sirve", dijo. Luego pidió se leyera la Bula Papal o Carta Apostólica, por la que SS. Benedicto XVI nombraba Obispo de Pinar del Río a Mons. Jorge Serpa, la cual fue leída por Mons.Carlos Portela, Párroco de San Juan y Martínez en esta Diócesis.

El Cardenal Ortega, después de la oración inicial, entronizó en su sede catedralicia al nuevo obispo entregándole el báculo histórico de la diócesis usado por los anteriores seis obispos pinareños. A continuación se cantó el Gloria y se acercaron a ofrecer su obediencia y disponibilidad todos los sacerdotes de la diócesis, las superioras de las casas religiosas y un grupo de laicos responsables de obras pastorales. Dos de ellos, María Antonia Sojo, responsable de Cáritas y Dagoberto Valdés, responsable del Centro de Formación Cívica y Religiosa, regalaron a Mons. Serpa el Escudo y el Himno de Pinar del Río. La misa continuó, ya presidida por el nuevo prelado.

Mons. Jorge, con voz emocionada, comenzó su homilía con un "Queridos pinareños" en su primer saludo público a su nueva grey. Luego habló de la alianza de Dios con su pueblo, que no se rompe nunca gracias a Su fidelidad, y llamó a los fieles a ser testigos de Cristo en medio del pueblo, especialmente testimoniado por la comunión entre ellos y con su Obispo. Seguidamente recordó las preguntas que le hicieran sus consagrantes el día anterior durante su Ordenación Episcopal, y volvió a pronunciar las respuestas que dio, manifestando sus votos de ser fiel a éstas con la ayuda del Pueblo de Dios que peregrina en Pinar del Río.

Mons. Jorge, recorrió las naves del templo dando su bendición y llegó hasta el atrio, donde bendijo a esta ciudad, y a la Diócesis.

En medio de la consagración, el abrazo de paz fue sentido y caluroso entre todos los presentes, se vivió el gran misterio de la comunión de la Iglesia, el mismo del día de Pentecostés, en el que de repente, todos hablaban el mismo idioma y latían con el mismo corazón, como una gran familia.

Antes de terminar la misa, el nuevo obispo pidió al Nuncio que dijera unas palabras, las cuales, como todas las pronunciadas en esa mañana bendita, fueron con mucha emoción. Mons. Bonazzi transmitió el saludo de todo corazón del Santo Padre a esta Diócesis y a todos los presentes, y reflexionó sobre lo que acababa de ocurrir, diciendo, entre otras cosas, que se habían manifestado dos actos de infinito amor, uno de Mons. Siro, que había pastoreado de forma admirable esta Diócesis durante casi 25 años, así como el acto de amor de Mons. Jorge al decir una vez más que sí al Señor, para encargarse de su rebaño "de la cola del caimán".

Luego de sus palabras finales. Mons. Jorge salió bendiciendo y saludando a su pueblo que lo acogió emocionado, a quien se detuvo luego a saludar a la salida de la Catedral. Allí recibió besos y abrazos de sus fieles, que le expresaban su afecto como si todos nos conociéramos «de toda la vida». Obispo y pueblo quedaron unidos así en el Misterio de la Iglesia, a la que todos pertenecemos. Mons. Jorge es ya un pinareño, un guajiro más, que vive con su pueblo anunciando el Reino de Dios. A decir verdad, siempre lo fue, no sólo porque es cubano, sino por el Misterio de la Iglesia.

¡Bienvenido Monseñor Jorge! ¡Gracias Monseñor Siro! ¡Enhorabuena Pinar!

Boletín de la Revista Vitral, 22 de enero de 2007.