Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Febrero de
2007
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Vísperas de la resurrección o letanía secular de “Santos
Poetas”
Palabras de César López, Premio Nacional de Literatura en la
inauguración de la Feria Internacional del Libro. La Cabaña. La
Habana, 8 de febrero de 2007.
Estimados amigos:
Al inclinarse la tarde al occidente el recuerdo lleva a unos
versos argentinos de Rafael Obligado y para superar la sombra
doliente sobre la Pampa se ha convocado como País invitado de
honor, precisamente, a la República Argentina.
Ahora bien, el hecho de que dos intelectuales cubanos compartan
la dedicatoria no significa que esta fiesta del libro se limite
a ellos.
Convite de la palabra, conduce a la cultura general, a todas
sus manifestaciones, al sitio donde el libro señorea sin
exclusiones de ningún tipo. Y como la Poesía es creación y la
creación es fundamentalmente Poesía, me permito afirmar que esta
Feria está dedicada a todos los creadores cubanos; pues Cuba,
Isla o Archipiélago poéticos, comienza su consolidación desde
el territorio para llegar a ser Nación y finalmente alcanzar la
alta categoría de Patria con la Poesía. "Y toda la noche oyeron
pasar pájaros" dice el Almirante en su Diario y lo afirma, no
para descubrirnos, sino para encontrar un mundo y a la vez
encontrarse en el ámbito donde como ahora la tarde se inclina.
Dulcemente al occidente. Y no deja de ser mundo propio y
nuestro.
Decíamos que esa totalidad creativa, de la palabra, inserta en
el tiempo, encontró su espacio en Cuba. Con Espejo de
Paciencia, y sin soslayar el hallazgo del poema Florida,
los poetas han sostenido nuestra nación, patria, verbo, aguas,
tierras. Y al decir poetas, incluimos a los narradores,
pensadores, historiadores, economistas, músicos, danzantes,
pintores y escultores. Hombres y mujeres de buena voluntad que
nos han construido el hogar, la casa, la ciudad, la Patria.
Por eso la ampliación que más que generosa ha de resultar
histórica quiere abarcar a todos los cubanos para que esta
decimosexta Feria del Libro sea total y ecuménica y así supere
cualquier limitación que en el transcurso de los años pueda
haber mostrado, soportado y sufrido nuestra cultura.
Un arco admirativo que arranca en José María Heredia (y no deja
de tener en cuenta a precursores como Silvestre de Balboa,
Alfonso de Escobedo, Manuel de Zequeira, Manuel Justo de
Rubalcaba y Manuel María Pérez Ramírez...) y llega hasta Raúl
Hernández Novás y Angel Escobar, y no ignoraría a los grandes
poetas del siglo XIX y del siglo XX con obra y vida plena y
terminada. Y a los pensadores, novelistas, dramaturgos, situados
firmemente en la cultura cubana donde lo mismo estarían Cirilo
Villaverde y Ramón Meza como Ezequiel Vieta y Alejo Carpentier.
En este puente están los nombres que casi no hay que enumerar;
pero algunos zumban en mi oído: Gertrudis Gómez de Avellaneda,
Joaquín Lorenzo Luaces, José Jacinto Milanés, Plácido, El
Cucalambé, Manzano, Luisa Pérez de Zambrana, Julia Pérez Montes
de Oca, Mercedes Matamoros, Juana Borrero y Julián del Casal,
Mendive y la alta cumbre de José Martí... Si transcurre el
siglo XX los poetas insisten: Boti, Poveda, Agustín Acosta.
Emilio Ballagas, Mariano Brull, Eugenio Florit, Nicolás
Guillén, Dulce María Loynaz, Regino Pedroso, Samuel Feijóo, Dora
Alonso, José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Gastón Baquero,
Eliseo Diego, Jesús Orta Ruiz... y otros y otros y otros.
Rolando Escardó, Roberto Branly, Baragaño, Fayad Jamís, Heberto
Padilla, Luis Suardíaz ¡No hay que pedir perdón por la
insistencia! ¿Verdad Hernández Catá, Carlos Montenegro, Lino
Novás Calvo, Lydia Cabrera, Enrique Serpa, Félix Pita Rodríguez,
Enrique Labrador Ruiz...? ¡Como nos acompaña José Soler Puig! ¡Y
Fernando Ortiz, Mañach, Moreno Fraginals...
Andan entre nuestras letras Antonio Benítez Rojo, Guillermo
Cabrera Infante, Calvert Casey, Reynaldo Arenas, Severo Sarduy,
Miguel Collazo, Jorge Luis Hernández y Jesús Díaz...
El libro es portador de la palabra, ésta alcanza el verso y así
asciende de nuevo y como siempre a la Poesía. Palabra y Poesía
que como realidad y símbolo nos obligan a mirar, vigilantes,
con los ojos abiertos, a la Historia. Y como referencia
insoslayable recuerdo, rememoramos todos a Juan Clemente Zenea,
tan cerca en el lugar. Lo estamos mirando. Vencedor en el
tiempo. Aquí en su espacio. En el tiempo. Alerta en su
trayectoria. El poema. La palabra y la Poesía. "Y fuiste
reparada donde tu madre fuera violada". Nos apunta, susurra y
grita San Juan de la Cruz. Para hacernos conscientes de que
este lugar bélico y oprobioso donde el poeta, la Poesía, fueran
humillados, con esta fiesta que hubiera parecido imposible en
otra época, queda limpio y así ha de mantenerse para siempre.
Y de la misma manera que aquellos creadores se dieron a la
palabra y a veces tuvieron que morir por ella; ahora, como
obligación ética y estética, nosotros alzamos el mandato
libertario del conocimiento y la honra por medio de los libros.
Decimosexta Feria del Libro que pudiera ser dedicada a tantos
autores y libros que estuvieron, están y estarán en nuestras
vidas. Enumerar sus nombres no sería agobiante, pero la
discreción impone cierto recato. Los siglos se repiten desde el
XVII hasta el XXI en que vivimos... Sea esta Feria y las que
vendrán, dedicadas a esas criaturas, mujeres y hombres que
sostienen la Patria, en todo momento, alegrías y sinsabores,
aciertos y errores. Insistencia en permanecer en lo que une,
nos une más allá de fronteras artificiales, mecánicas y
aprovechadas.
Y si se afirma la ampliación extensa del honor en la Feria para
los escritores cubanos ¿no habría que proclamar algo similar y
equivalente respecto a los Países? Es un honor gozoso que
Argentina sea el país invitado, pero ello tampoco hace olvidar
a las hermanas repúblicas de nuestra América. Martí ilumina y
dicta lecciones perpetuas. Y esta Nuestra América muestra
orgullosa sus orígenes y su Historia constante. De José
Hernández y su Martín Fierro y Sarmiento y su Facundo a Julio
Cortázar, el país da pie a la cultura amplia que estará, está
ya, presente en esta Feria, respirando el aire de la América
toda y abierta al mundo, al Universo, para lograr lo que
algunos todavía consideran inlograble. Lo posible por
imposible. Saber que lo perfecto no existe, pero sí la
constante perfectibilidad.
La Feria es ecuménica, abarcadora, humilde y soberbia al mismo
tiempo. Su meta, o una de ellas, es abrir las puertas del
conocimiento deleitoso a toda criatura a nuestro alcance. Si se
enseña a leer para superar el analfabetismo la obligación
inmediata de los pueblos es facilitar libros para que quienes
pueden hacerlo disponga de elementos para su cultura y
constante superación y alegría. Para su vida. Por eso la Feria.
Como en la cita bíblica esta fiesta de acción y celebración
cumple una meta, misión, destino: "Alzad vuestros ojos y mirad
las regiones, porque ya están listas para la siega".
Y no se trata de la explotación de muchos para provecho de unos
pocos, sino de la dignidad plena del hombre. De la criatura
humana. Gracias a todos.
El título es del Boletín Vitral .El texto está íntegro,
autorizado y revisado por el autor. A quien agradecemos su
disponibilidad.
Vitral
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