Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Febrero de
2007
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La dolorosa solidaridad con el régimen cubano
Oswaldo Payá
CADA vez que personalidades políticas, intelectuales, artistas o
religiosos visitan una parte de Cuba y esa visita se limita sólo
a la parte oficial -con un programa organizado por el Gobierno,
sin tomar contacto libre con la gran parte de Cuba que somos el
pueblo-, están solidarizándose con el régimen de exclusión que
existe en nuestro país.
En estas visitas, que por ser frecuentes no dejan de ser
injustas, son recurrentes las expresiones de apoyo a este
ordenamiento sin derechos y las omisiones de la realidad
opresiva que hacen conscientemente, y quién sabe por qué
motivaciones o intereses.
Pero es precisamente cuando los visitantes vienen de España -
como en el caso de la visita de la vicepresidenta del Parlamento
gallego, Tareixa Paz, y Olaia Fernández, integrante del Bloque
Nacionalista Gallego y diputada- cuando el dolor es mucho más
agudo. De los españoles, y todavía más de los gallegos, los
cubanos esperan al menos respeto e imparcialidad, porque sabemos
que conocen nuestra realidad y, por razones que no hay que
explicar, la entienden muy bien.
Esta visita me toca además muy directamente por el humilde,
antiguo y legendario barrio donde tiene lugar. Como ciudadano
del Cerro, en el mismo corazón de La Habana, conozco que fueron
rebautizados con el nombre de Plaza de Galicia los parques que
rodean a mi parroquia, la parroquia del Salvador del Mundo, de
cuya comunidad soy parte desde que nací. Los antiguos parques
del Peñón o del Salvador del Mundo fueron rotulados para
agasajar así al señor Manuel Fraga, cuando hace un lustro visitó
nuestra isla y también nuestros parques de Peñón y nuestra
parroquia rodeado de agentes de Seguridad, que vigilaban a los
miembros del Movimiento Cristiano Liberación para que no
pudieran estrechar la mano del ilustre visitante.
Subiendo por esa misma calle, la calle Peñón, caminando unos 700
metros, los nuevos visitantes podrían haber llegado a mi casa y
a nuestro otro parque: el parque Manila , en cuyos alrededores
vivo y ha vivido mi familia hace casi un siglo. Ellas, las
diputadas gallegas y todo el que venga con respeto y con el
valor de hacerlo, están invitados. Así conocerán la verdadera
Cuba . Quien quiera conocer lo que viven y sienten todos los
cubanos y toda la verdad, no deben enmarcarse en la parcialidad
oficial. Los que se contentan y divulgan sólo una parte de la
verdad, si es que así fuera, en realidad están apoyando una gran
mentira.
Pero sigamos con el parque Manila . Ahí, a unos escasos metros
del lugar que visitaron las representantes españolas, podrían
haber leído los letreros que desgraciadamente hubieran podido
encontrarse en cualquier ambiente fascista o comunista, da
igual. Fueron rotulados por los cuerpos represivos y sus
agentes: «En una plaza sitiada la disidencia es traición».
También «socialismo o muerte».
Si hubieran andado a mi casa, también hubieran podido contemplar
un gran cuadro colocado frente con una imagen burlesca del
presidente George Bush, tratando de vincular a la disidencia con
Estados Unidos, y tratar así de confundir al público. No se
atreven a poner en conocimiento del pueblo ni el Proyecto
Varela, ni el Programa Todos Cubanos. Saben bien que no los hizo
el presidente Bush, sino cubanos, en Cuba, y que son un camino
de reconciliación y cambios pacíficos para que los cubanos
alcancen el respeto pleno a todos sus derechos.
Ellos quieren seguir en el poder, pero las diputadas visitantes,
por ser representantes del pueblo español, podrían interesarse
por la petición ciudadana de Referendo del Proyecto Varela. Lo
presentamos en la Constitución y con las correspondientes firmas
ciudadanas. A unos metros, en la Asamblea Municipal del Cerro y
en decenas de municipios y en la Asamblea Nacional del Poder
Popular. Podrían haber preguntado sobre los derechos que demanda
el Proyecto Varela, y por qué si la Constitución lo enuncia, ni
las leyes ni el Gobierno permiten a los cubanos disfrutar de la
libertad de expresión y asociación, del derecho a tener
empresas, como los gallegos y españoles, -que sí pueden tener
empresas en Cuba-, ni elegir a sus diputados democráticamente.
Las diputadas gallegas también podrían haber preguntado por qué
están presos, cumpliendo altísimas condenas en condiciones
inhumanas, muchos ciudadanos pacíficos sólo por defender esos
derechos. ¿Acaso quieren ustedes este régimen sin derechos para
Galicia o para toda España?
Nosotros no tenemos odio contra las personas del Gobierno, ni
contra nadie. Ni odio de clase, ni odio de ninguna clase. Por el
contrario, creemos que todos los cubanos somos hermanos. No
puedo creer entonces que ustedes, diputadas democráticas, cuando
dicen que hay que apoyar a Cuba , se limiten a apoyar al
Gobierno. No quisiera creer que sus palabras se identifiquen con
el prejuicio racista y colonialista de que para nosotros los
«cubanitos, latinitos» es suficiente con tener la educación y
salud gratuitas -deficientes y que en definitiva el propio
pueblo paga con su trabajo-, y que los derechos civiles son
propios de europeos y blancos. Para respetar estos derechos, la
mayoría de los cubanos son pobres, y existen cientos de miles de
cubanos que peregrinan por el mundo, como les ocurrió a muchos
españoles, sin poder regresar a su terruño.
A Cuba no le hace ningún bien la parcialidad y que algunos tomen
partido desde ideologías o intereses con una parte. Lo que Cuba
necesita es la contribución al diálogo entre cubanos, sin
exclusiones, la reconciliación y el apoyo a la consulta
democrática para que los cubanos, nosotros mismos, definamos
nuestro presente y futuro.
Invito a la reflexión a las respetables diputadas gallegas, a
todos los gallegos, a todos los españoles, en definitiva
familia, y a todos los que amen al pueblo cubano, recordándoles
que nosotros también somos humanos completos, y como tales
tenemos derecho a todos los derechos.
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