Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Febrero de
2007
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¿Un quinquenio gris o cinco décadas negras?
Oswaldo Payá
La Habana, 1 de febrero de 2007
Nunca podré olvidar aquellos tiempos de cautiverio y liberación
en la Isla de Pinos en la que fui confinado en campamentos de
trabajo forzado junto con otros muchos jóvenes. Pero no los
recuerdo con odio, ni siquiera para aquellos profesores que
siendo yo un adolescente que terminaba la Secundaria Básica,
“informaban” sobre mis desviaciones ideológicas. Porque era, y
soy, católico práctico y no lo negaba y por algunas expresiones
de crítica al Gobierno y también a los soviéticos que invadieron
a Chekoslovaquia. Eso me dio el pasaporte directo y sin escala a
los campamentos de “los castigados” en mayo del 1969. Ni tampoco
para aquellos que fueron verdaderos verdugos que nos obligaban a
trabajar diez horas diarias como animales, vestidos con
verdaderos trapos y durmiendo y transportándonos como ganado.
No lo recuerdo con odio, porque fue una etapa luminosa, y
evocando aquellos que dicen “la cosa empezó en Galilea” al
remontar a los orígenes de liberación, tengo que decir que en
continuidad con aquella cosa, “la cosa empezó en Isla de Pinos.”
Regis Iglesias, nació en Septiembre del 1969, pero ¿a que viene
eso ahora?
Ya miles, decenas de miles de jóvenes, antes de esa etapa a la
que ahora llaman cariñosamente gris, habían sido confinados en
la Unidades Militares de Ayuda a la Producción, UMAP.
Cazaron para la UMAP y después para nuestros “campamentos de
castigo” a miles de jóvenes. Muchos vieron sus vidas destruidas
para siempre. Confinaban a religiosos, a hijos de emigrantes a
los que no se les permitía salir del país por tener edad
militar, a hijos de presos políticos, a homosexuales, a
cualquiera que el Comité de Defensa de la Revolución señalara
como desviado y también a los que gustaban del Rock, los
Beatles y Rolling Stones. Perdonen, aparece en mi mente ahora la
imagen de Regis Iglesias, con su melena, extemporánea y
contestataria y su afición al Rock, pero no es de aquel tiempo.
El solo tenía 33 años, en marzo del 2003 cuando fue condenado a
dieciocho años de prisión junto con los otros 74 prisioneros de
la primavera de Cuba. Él escribe versos, dibuja caricaturas,
escribe artículos, promueve la libertad de expresión y por eso
es gestor del Proyecto Varela. No es ni un artista o intelectual
o periodista con carné u organizado oficiosamente en la Unión de
Periodista y Escritores de Cuba. Es un poeta libre, uno de los
jóvenes de liberación. Él está en prisión, junto con periodistas
independientes y defensores de los derechos de las personas a la
libertad de expresión. Pero yo no quería hablar de él, no sé
porque apareció aquí, en este tema que trata de los artistas e
intelectuales y de los matices de iluminación u oscuridad de las
diferentes épocas.
Desde mucho antes, diría yo, con el mismo triunfo de la
revolución nacieron la exclusión y la intolerancia para los que
piensan diferente, se expresan diferente o sencillamente no
aparentan “ser revolucionarios.” Nacieron los cuestionarios
interminables para que todo el que quisiera estudiar o trabajar,
vertiera, obligatoriamente, todo su pasado, sus relaciones y su
intimidad, para poder ser evaluado como digno o indigno, como
revolucionario o gusano y contrarrevolucionario. Estas, son
palabras todavía usadas contra los que no son incondicionales a
la línea oficial de cada momento o se atreven a proponer
cambios. Estas y otras ofensas son vociferadas, todavía, en los
actos de repudio que aterrorizan a familias indefensas y por los
“intelectuales y periodistas” de esas sesiones de odio y mentira
conocidas como el programa Mesa Redonda.
Miles de jóvenes o no jóvenes, fueron expulsados de las
universidades y de los trabajos, encarcelados solo por
expresarse libremente o por no expresar incondicionalidad, pues
a nombre “la revolución” se exigía declaración de fe y todavía
en muchos ámbitos se exige esa incondicionalidad. Pero hay más.
En todos los marcos de la sociedad se clasifican y se fichan a
las personas según su conducta y pensamiento político, con las
consecuencias de oportunidades o de exclusión y de represión
según el caso.
Recuerdo como mi hermano menor, Carlos Alberto, poco antes de
terminar el Preuniversitario, fue sometido, como todos los
alumnos, a la Asamblea por la Educación Comunista. Una especie
de juicio final en vida, contra indefensos adolescentes, para
decidir si era digno o no de ir a la universidad. Por aquella
época, 1980, miren eso después del quinquenio gris, el gobierno
promovía muchos “actos de repudio” o pogrom fascistas
contra los que querían emigrar por la vía del Puerto del Mariel.
Carlos Alberto no se iba, pero lo emplazaron a definirse con o
contra la revolución y el dijo (como el Indio Hatuey) “si esto
es la revolución, si ustedes van a una Iglesia a hacer un Acto
de Repudio me encontraran allí defendiendo la Iglesia.” ¡Pecado
ha! Y lo inhabilitaron de entrar en la Universidad. Pero años
después se presentó a una convocatoria entre miles de jóvenes en
la que otorgaban a los primeros ganadores la carrera que
quisieran. El ganó y escogió Arquitectura. Ya ven siempre hay
oportunidades. En el cuarto año de la carrera la Seguridad del
Estado se presentó en la Universidad y le dijo que “lo iba a
partir” debido a su mala influencia ideológica. Lo que hizo la
Seguridad fue ordenar a la Federación de Estudiantes
Universitarios, a la Unión de Jóvenes Comunistas y a la
dirección de la Facultad que le hicieran un “acto de repudio
espontáneo (un progrom) para que así fuera expulsado
“por las masas.” Tuvimos que enviar a España al más pequeño de
los hermanos. Muchos miles, cientos de miles han tenido que
tomar y toman ese camino dolorosísimo del destierro, por pensar
diferente y atreverse a hablar diferente o para buscar un
horizonte de libertad lejos de su patria querida.
Prefiero hablar de hechos y personas, porque la gente común,
como yo, entienden de hechos y personas.
No puedo olvidar a mis hermanitos de la Isla de Pinos, entre a
ellos a Humbertico León, el del conjunto de Rock Los Kent, que
después en el año 1980 fue condenado a cuatro años de prisión
por estar escribiendo un libro “peligrosos” según el análisis de
“intelectuales oficiosos” que servían de apoyadura a los
tribunales. Algunos de estos intelectuales pueden ser ahora
emigrantes o estar todavía en el “olimpo de los autorizados.”
Por mucho que quiero hablar de conceptos siempre salen las
personas. Pero hablemos de conceptos.
Yo pregunto ¿que hubo antes y después de ese tono gris? ¿Acaso
libertad?
La injusticia no empezó cuando afectaron a algunos de los
“permitidos,” ni se acabó cuando los reivindicaron o les dieron
licencia, para crear dentro de ciertos límites y realizarse o
para ser empresarios o contratarse y publicar en el extranjero
en medio del “socialismo o muerte” que prevalece para la
mayoría. Tampoco la injusticia empieza cuando alguien decide
quedarse en el extranjero y decir lo que no ha dicho hasta ese
momento. Comprendo la reacción de muchos artistas e
intelectuales ante la presentación en televisión de alguien que
les dañó o que conculcó sus derechos durante una etapa, también
a nombre y con el poder de la revolución. Apoyo el derecho a la
protesta y la reivindicación de los artistas e intelectuales
afectados. Muchos cubanos, millones, ven y escuchan todos los
días en televisión cosas que les dañan a las que quisieran
contestar, pero no tienen voz y los artistas e intelectuales que
la tienen no hablan por ellos. Es necesario abrir el lente,
levantar la cámara en zoom más que para abarcar todo en el
tiempo y el espacio, para abarcar a todos los cubanos. Eso sería
pasar de defender intereses y sentimientos propios, a algo que
es legítimo, a la solidaridad.
Es un derecho de todos los cubanos que se abra la memoria
histórica, pero hay un derecho mayor, que incluye al anterior y
es que se abra un nuevo horizonte de libertad y derecho para
todos. No en un ambiente de ajuste de cuentas, sino de
reconciliación y liberación. Por esos ideales están presos, los
prisioneros políticos pacíficos cubanos.
Con humildad hago un llamado a los intelectuales, periodistas y
artistas, vivan dentro y fuera de Cuba, de todas las posiciones
y situaciones. Un llamado a la humildad y a la opción por las
personas, por el pueblo. Más que reivindicar la justicia para un
grupo de personas por una etapa gris que sufrieron, esta opción
por el pueblo, por la solidaridad, significa defender los
derechos a la libertad de conciencia y expresión para todos los
cubanos y promover el dialogo nacional que nuestra sociedad
necesita.
Este episodio, de mucha importancia, debe llamarnos a la
reflexión, porque aun prevalecen la intolerancia y todos los
rasgos de la cultura del miedo en nuestra sociedad. No creo
entonces que algunos pretendan encontrar su propio oasis
permitido, en medio del desierto de la negación de muchos de los
derechos para la mayoría. Pero es un escándalo, que para muchos
de los artistas e intelectuales cubanos, no sea un escándalo,
que hayan decenas de encarcelados, sean intelectuales o no, sólo
por defender los derechos de los cubanos. Estos prisioneros
defienden inclusive los derechos de los artistas e intelectuales
y hasta los derechos de los que los persiguen.
Cuba necesita del dialogo entre personas libres para abrir ese
nuevo horizonte. Un dialogo sin fronteras ni exclusiones. Quizás
no nos pongamos de acuerdo sobre el pasado, pero tenemos la
responsabilidad de ponernos de acuerdos sobre el futuro, de
sembrar la esperanza. Podemos construir en ese espíritu el nuevo
tiempo para la nueva generación, que tiene derecho, con melenas,
si vuelven a usarse, o raspados, si lo prefieren, a hacer su
propio tiempo, su propia vida, en la libertad y la fraternidad.
Coordinador del Movimiento Cristiano Liberación y propulsor del
Proyecto Varela.
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