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Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Enero 3 de 2007

Experiencias de Comunidad: Jesús y sus discípulos

Alfredo Romagosa

En el proceso de tratar de formar comunidades cristianas hoy en día, puede resultar útil e interesante estudiar la primera comunidad cristiana, integrada por Jesús y sus discípulos.

Jesús proclamó el comienzo de su ministerio con las palabras: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca. Tomen otro camino y crean en la Buena Nueva”. (Mc 1, 15). Pero el no dio una definición explícita de lo que era este “Reino”, sino que presentó su mensaje sobre el Reino usando parábolas y símbolos. Las definiciones no proveen el tipo de visión que motiva un compromiso de vida. Los símbolos suscitan una reacción más personal, más de vivencia. Los mensajes simbólicos también tienen la ventaja de ser asequibles a personas de todos los niveles de educación. El Reino de Dios invoca un modo de vivir en el que se ocupan unos de otros, tratando de construir un mundo mejor. En esto consiste la vida en comunidad.

Durante su vida pública Jesús seleccionó a un número de individuos para compartir en su ministerio de proclamación. Cada uno de ellos fue llamado personalmente y aceptó la invitación. El ser discípulo no era una afiliación nebulosa, sino que se trataba de un grupo concreto de individuos que habían entrado en una relación con Jesús y con otros: “Ustedes se amarán unos a otros como yo los he amado. Así reconocerán todos que ustedes son mis discípulos: si se tienen amor unos a otros”. (Jn 13, 34-35).

Jesús también resalta el cariz de servicio: “El que quiera ser el más importante entre ustedes, que se haga el servidor de todos; y el que quiera ser el primero, que se haga siervo de todos”. (Mc 10, 43-44)

Entre los discípulos hubo un grupo llamado “los doce,” en referencia simbólica a las doce tribus de Israel, y este fue un grupo diverso, incluyendo pescadores, recaudadores de impuestos y un activista político (zelote). Aparentemente, este grupo se mantuvo constante durante los años del ministerio de Jesús, y por lo menos durante este período, les fue pedido que dejaran todo atrás para concentrarse en el ministerio. Pero ésta no era la única forma de ser discípulo. Había otros como José de Arimatea y los hermanos Lázaro, Marta y María de Betania, que eran seguidores de Jesús, pero no viajaban con él. También había un grupo de mujeres, incluyendo a María de Magdala y Joana la esposa de Chuza, que viajaban a veces con Jesús y los doce y que les proveían ayuda, incluyendo ayuda económica. La inclusión de mujeres en este grupo fue un paso radical en aquel tiempo.

Una característica importante de la comunidad de Jesús fue su apertura. Jesús y los doce proveen un círculo estable de compormiso máximo, pero como vimos en el párrafo anterior, hay otros que comparten con ellos parte del tiempo, sin estar siempre con el grupo. Jesús también da un ejemplo claro de apertura a pecadores. Por ejemplo, él se invita a hospedarse en la casa de Zaqueo, un recaudador de inpuestos que abusaba de su profesión y que se interesó en Jesus. Y también deja que una mujer de mala reputación le unja los pies en arrepentiminto. Esta apertura se puede apreciar mejor en contraste con otro grupo judío contemporario, los esenios. Igual que Jesús y Juan Bautista, los esenios llamaban a una vida más fiel a las enseñanzas de las Escrituras, pero las comunidades de los esenios eran exclusivistas, separándose del resto del mundo judío.

Otro aspecto importante de la comunidad de Jesus era la vida social. En contraste con el ascético Juan Bautista, Jesús obviamante disfrutaba reunirse con sus amigos, y ellos participaban en banquetes y fiestas.

La muerte de Jesús desmoralizó a sus discípulos, pero la experiencia de su Resureccción los reanimó, y muchos de ellos se reunieron en Jerusalén. Allí, con la inspiración del Espíritu, empezaron a vivir el Reino: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia, a la fracción del pan y a las oraciones. Toda la gente estaba asombrada, ya que se multiplicaban los prodigios y milagros hechos por los apóstoles. Todos los creyentes vivían unidos y compatían todo cuanto tenían.” (He 2, 42-44) Pronto tembién fueron inspirados a abrir el grupo a los “gentiles” (no judíos), siguendo el mandato de Jesús: “Hagan que todos los pueblos sean mis discípulos.” (Mt 28:19)