Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Dic. de
2006
|
Navidad
ORIGEN DE LA PALABRA
|
 |
|
Nacimiento viviente, 16 de diciembre de 2006. Concierto de
Navidad celebrado en la Coral Ridge Presbiterian Church,
en Fort Lauderdale, Florida. |
|
|
La palabra para Navidad en el antiguo inglés tardío es
Cristes Maesse, la Misa de Cristo, hallada por primera vez
en 1038, y Cristes-messe en 1131. En holandés se dice
Kerst-misse, en latín Dies Natalis, de donde se
deriva la palabra francesa Noël, e Il natale en
italiano; en alemán Weihnachtsfest, de previo a la
Sagrada Vigilia. El término Yule (Navidad) es de origen
incierto. El nombre en anglosajón era geol, fiesta:
geola, nombre de un mes (cf. el islandés iol, una
fiesta en diciembre).
CELEBRACIONES TEMPRANAS
La Navidad no figuraba entre las primeras fiestas celebradas
antiguamente por la Iglesia. Ireneo y Tertuliano la omiten en su
lista de fiestas; Orígenes, teniendo en cuenta quizá la
deshonrosa Natalitia imperial, afirma (Hom. VIII sobre el
Lev. en Migne, P.G., XII, 495) que, en la Sagrada Escritura sólo
los pecadores, nunca los santos, celebraban la fecha de su
nacimiento; Arnobio (VII, 32 en P.L., V, 1264) incluso
ridiculiza el "cumpleaños" de los dioses.
Alejandría
|
 |
|
Nació
entre ovejas y pastores |
|
|
La primera evidencia sobre esta fiesta la encontramos en Egipto.
Aproximadamente en el año 200 A.D., Clemente de Alejandría (Strom.,
I, XXI en P.G., VIII, 888) dice que ciertos teólogos egipcios
"de manera bastante curiosa" indican, no sólo el año, sino
también el día del nacimiento de Cristo, colocándolo el 25 de
Pachon (20 de mayo), del vigésimo octavo año del reinado de
Augusto. [Ideler (Chron., II, 397, N.) piensa que lo hicieron
así, creyendo que el noveno mes en el que nació Cristo, era el
noveno mes de su calendario]. Otros declaran que la fecha fue el
24 ó 25 de Pharmuthi (19 ó 20 de abril). Clemente, en su obra
"De paschæ computus", escrita en el 243 y falsamente atribuida a
Cipriano (P.L., IV, 963 ss.), da como fecha del nacimiento de
Cristo el 28 de marzo, fecha en la que el sol material se creó.
Pero Lupi ha demostrado (Zaccaria, Dissertazioni eec. del p. .A.
M. Lupi Faenza, 1785, p. 219) que no existe un mes en el año en
el que respetables autoridades no hayan designado como fecha del
nacimiento de Cristo. Clemente, sin embargo, nos dice también
que los basilianos celebraban la Epifanía, y, probablemente
junto con esta fiesta, el Nacimiento de Cristo, el 15 ó 11 de
Tybi (10 ó 6 de enero). Esta doble conmemoración se hizo
popular, en parte, porque la aparición a los pastores fue
considerada una manifestación de la gloria de Cristo,
conmemorándosele entre las más importantes solemnidades, y
celebrada el día 6 de enero; también, en parte, porque en la
manifestación dada en el Bautismo, muchos códices (por ejemplo
el Codex Bezæ) erradamente ponen que las Divinas palabras fueron
sou ei ho houios mou ho agapetos, ego semeron gegenneka se
(Tu eres mi Hijo Amado, yo te he engendrado hoy) en lugar de
en soi eudokesa (en quien me complazco), leído en Lucas
3,22. Abrahán Ecchelensis (Labbe, II, 402) cita en las
Constituciones de la Iglesia de Alejandría de tiempos de Nicea
la frase: dies Nativitatis et Epiphaniæ; Epifanio (Hær.,
li, ed. Dindorf, 1860, II, 483) cita una sorprendente ceremonia
semi-nóstica en Alejandría en la que, en la noche del 5-6 de
enero, una extraña cruz con la imagen de Kore estampada en ella,
era llevada en procesión alrededor de una cripta, mientras se
entonaba el canto: "Hoy, a esta hora, Kore dio a luz al Eterno";
Juan Casiano, en sus "Colaciones" (X, 2 en P.L., XLIX, 820),
escrita entre los años 418-427, dice que los monasterios
egipcios todavía observan la "antigua costumbre"; pero, Pablo de
Emesa, predicó el 29 de Choiak (25 de diciembre) y el 1 de enero
del 433 ante Cirilo de Alejandría, y sus sermones (véase Mansi,
IV, 293; apéndice del libro de los Hechos. Conc. Eph.) muestran
que la celebración de Diciembre estaba firmemente establecida en
aquel lugar, y los calendarios demuestran su permanencia. Por
ello, la tradición de celebrar esta fiesta en diciembre, llegó a
Egipto alrededor de los años 427 y 433.
Chipre, Mesopotamia, Armenia, Asia Menor.
En Chipre, a finales del cuarto siglo, Epifanio se declara en
contra del Alogi (Hær., li, 16, 24 en P.G., XLI, 919, 931) que
Cristo nació el 6 de enero y se bautizó el 8 noviembre. Efraín
de Siria (cuyos himnos son de Epifanía y no de Navidad), muestra
que Mesopotamia todavía celebraba la fiesta del nacimiento de
Cristo trece días después del solsticio de invierno; es decir,
el 6 de enero; asimismo, Armenia ignora, y sigue ignorando la
celebración de Diciembre. (Cf. Eutimio, "Pan. Dogm.", 23 en
P.G., CXXX, 1175; Nicéforo, "Hist.
Eccl.",
XVIII, 53 in P.G., CXLVII, 440; Isaac, Catholicos de Armenia del
siglo once o doce, "Adv. Armenos", I, XII, 5 in P.G., CXXII,
1193; Neale, "Holy Eastern Church", Introd., p. 796).
En Capadocia, los sermones de Gregorio de Niza sobre San Basilio
(quién murió antes del 1 enero del 379) y sus dos siguientes,
predicados en la fiesta de San Esteban (P.G., XLVI, 788; cf,
701, 721), demuestran que en el año 380, el 25 de diciembre ya
era ahí celebrado, a menos que, siguiendo los argumentos
demasiado ingeniosos de Usener (Religionsgeschichtliche
Untersuchungen, Bonn, 1889, 247-250), debemos colocar esos
sermones en el año 383. También Asterio de Amaseia (siglo
quinto) y Amfiloquio de Iconio (contemporáneo de Basilio y
Gregorio) celebraban en sus diócesis ambas fiestas —Epifanía y
Natividad— de forma separada (P.G., XL, 337 XXXIX, 36).
Jerusalén
En el año 385, Silvia de Burdeos (o Eteria, como parece evidente
debe ser llamada) quedó profundamente impresionada por las
espléndidas fiestas sobre la infancia del Señor Jesús celebradas
en Jerusalén. Ellos celebraban la "Natividad"; el Obispo iba de
noche a Belén, regresando a Jerusalén para las celebraciones del
día. La fiesta de la Presentación se celebraba cuarenta días
después. Pero este cálculo empezaba desde el día 6 de enero, y
la fiesta duraba hasta la octava de esa fecha. (Peregr. Silv.,
ed. Geyer, pp. 75 ss.). Nuevamente, (en la pág. 101) ella
menciona como muy importantes fiestas, la Pascua y la Epifanía.
Como podemos ver, en el 385, el 25 diciembre no era observado en
Jerusalén. Este dato verifica las citas dadas por Juan de Nikiu
(c. 900), tomadas de las cartas entre Cirilo de Jerusalén
(348-386) y el Papa Julio I (337-352), con el propósito de
conseguir que en Armenia se celebre la Navidad el día 25
diciembre (véase P.L., VIII, 964 ss.). Cirilo declara que su
clero no puede realizar en la misma fecha de la fiesta del
Nacimiento y Bautismo, una procesión a Belén y Jordania. (Esta
posterior práctica es un anacronismo). Él le pide a Julio que le
asigne a la Navidad, su verdadera fecha "tomándola de los
documentos del censo traídos por Tito a Roma"; Julio asigna como
fecha el 25 de diciembre. Otro documento (Cotelier, Patr.
Apost., I, 316, ed. 1724) dice que Julio le escribió a Juvenal
de Jerusalén (c. 425-458), informándole que Gregorio Nacianceno,
en Constantinopla estaba siendo criticado por "dividir la fiesta
en dos". Julio murió en el año 352, y por el 385, Cirilo no
había introducido cambio alguno cambio; de hecho, Jerónimo,
escribiendo aproximadamente en el 411 (en Ezeq., P.L., XXV, 18),
reprocha a Palestina el hecho de celebrar el nacimiento de Jesús
(cuando Él se ocultaba) en el día de la fiesta de la
Manifestación. Cosme Indicopleustes sugiere (P.G., LXXXVIII,
197) que, incluso a mediados del siglo sexto, Jerusalén se
distinguía por combinar las dos conmemoraciones, arguyendo que
en Lucas III,23, el día del bautismo de Cristo se realizó el día
de Su cumpleaños. Sin embargo, la conmemoración en Jerusalén de
David y del Apóstol Santiago se realizaba el día 25 de
diciembre, hecho que muestra que esta fiesta no era celebrada en
este día. Usener, tomando argumentos del "Laudatio S. Stephani"
de Basilio de Seleucia (c. 430. —P.G., LXXXV, 469), piensa que
Juvenal intentó introducir esta fiesta, pero que la fama del
nombre de Cirilo hizo que la fecha se mantuviera sin variación.
Antioquía
En Antioquía, durante la fiesta de San Filogonio, Crisóstomo
predicó un importante sermón. Esto sucedió, casi con certeza, en
el año 386, aunque Clinton da como fecha el 387, y Usener, por
una larga reestructuración de los sermones del santo, en el 388
(Religionsgeschichtl. Untersuch., pp. 227-240). Pero, entre
febrero del 386, época en la que Flaviano ordenó a Crisóstomo de
sacerdote, y diciembre, hay tiempo suficiente para la
predicación de todos los sermones en cuestión. (Véase Kellner,
Heortologie, Friburgo, 1906, pág. 97, n. 3). En vista a una
reacción por algunas fiestas y ritos judíos, Crisóstomo intenta
unir Antioquía en la celebración del nacimiento de Cristo el 25
de diciembre, ya que parte de la comunidad ya lo venía haciendo
desde hacía más o menos diez años. Él declara que en Occidente
esta fiesta es celebrada en esa fecha, anothen; esta
introducción en Antioquía la cual él siempre buscó, fue opuesta
por los conservadores. Esta vez, Crisóstomo tuvo éxito; en una
iglesia llena de gente, defendió esta nueva costumbre. No era
ninguna novedad; desde Tracia a Cádiz esta fiesta era observada
debidamente, ya que su milagrosa difusión demostró su
autenticidad. Además, Zacarías, que era sacerdote, entró en el
Templo el Día de la Expiación, recibiendo el anuncio de la
concepción de Juan, por consiguiente, fue en septiembre; seis
meses después, Cristo fue concebido, es decir, en Marzo,
naciendo en Diciembre.
Finalmente, aunque no estuvo nunca en Roma, sabía que los
documentos del censo sobre la Sagrada Familia, todavía se
encontraban ahí. [Esta apelación a los archivos romanos es
bastante antigua, desde Justino Mártir (Apol., I, 34, 35) y
Tertuliano (Adv. Marc., IV, 7, 19). En las falsificaciones de
Cirilino, se dice que Julio calculó la fecha basándose en
Josefo, de la misma forma que Crisóstomo se basó en
injustificadas suposiciones sobre Zacarías]. Por ello, sabemos
que Roma ha observado esta fiesta el 25 de diciembre, bastante
tiempo antes del año 388, pues ese es el año en que Crisóstomo
decretó el 25 de diciembre como fecha oficial de esta fiesta
(P.G., XLVIII, 752, XLIX, 351).
Constantinopla
En el año 379 ó 380, Gregorio Nacianceno se convirtió en
exarchos de esta nueva fiesta en Constantinopla, es decir,
en iniciador, ciudad en la que después de la muerte de Valente,
la ortodoxia renació. Sus tres Homilías (véase Hom. XXXVIII en
P.G., XXXVI), fueron predicadas en días sucesivos (Usener, op.
cit., pág. 253) en la capilla privada conocida con el nombre de
Anastasia. Durante su destierro en el 381, esta fiesta
desapareció.
Sin embargo, según Juan de Nikiu, Honorio, cuando estuvo en
Constantinopla durante una visita, fijó con Arcadio, la
observación de esta fiesta según la fecha romana. Kellner dice
que esta visita se realizó en el 395; Baumstark (Oriens Chr.,
1902, 441-446) dice que fue entre el 398 y el 402. Este último
se basa en una carta de Jacobo de Edesa, citada por Jorge de
Beeltân, en la que afirma que la Navidad fue llevada a
Constantinopla desde Italia por Arcadio y Crisóstomo, ciudad en
la que, "según historias", se había celebrado desde tiempos
Apostólicos. El episcopado de Crisóstomo duró desde el año 398
al 402; por consiguiente, la fiesta debe de haber sido
introducida entre esas fechas por el Obispo Crisóstomo, así como
en Antioquía por El sacerdote Crisóstomo. Pero Lübeck (Hist.
Jahrbuch., XXVIII, I, 1907, pp. 109-118) declara que las
evidencias de Baumstark son inválidas. Otra declaración, incluso
más importante pero poco acreditada, es el argumento de Erbes
(Zeitschrift f. Kirchengesch., XXVI, 1905, 20-31), declarando
que esta fiesta fue introducida por Constantino en el año
330-35.
Roma
En Roma, la evidencia más antigua la tenemos en el Calendario de
Filocalio (P. L., XIII, 675; puede verse en su totalidad en J.
Strzygowski, Kalenderbilder des Chron. von Jahre 354, Berlín,
1888), recopilado en el 354, el cual contiene tres importantes
datos. En el calendario civil, el 25 de diciembre figura como
"Natalis Invicti". En el "Depositio Martyrum", una antigua lista
de mártires romanos y universalmente venerados, el día 25 de
diciembre dice: "VIII kal. ian. natus Christus in Betleem
Iudeæ". También menciona en el "VIII kal. mart." (22 de Febrero)
la Cátedra de San Pedro. En la lista de cónsules, encontramos
cuatro extraños registros eclesiásticos: los días en que nació y
murió Cristo; la llegada a Roma y martirio de San Pedro y San
Pablo. Esta significativa entrada dice: "Chr. Cæsare et Paulo
sat. XIII. hoc. cons. Dns. ihs. XPC natus est VIII Kal. ian. d.
ven. luna XV", es decir, durante el consulado de
(Augusto) César
y Paulo, nació Nuestro Señor Jesucristo en la octava antes de
las calendas de Enero (25 de Diciembre), un día Viernes, el día
catorceavo de la luna. Los detalles concuerdan con la tradición
y las posibilidades. El epact, aquí XIII, normalmente es XI; el
año es A.U.C. 754, una fecha que se creyó primero dos siglos
después; ningún año, entre el 751 y el 754 pudo el día 25 de
diciembre caer viernes; la tradición es constante en colocar el
nacimiento de Cristo un miércoles. Es más, según la fecha dada
para la muerte de Cristo (duobus Geminis coss., es decir,
el 29 A.D.), Cristo murió a los veintiocho años. Además, estos
datos en una lista de cónsules, queda claro que son una
interpolación. Pero, ¿no están estos dos datos también en el
"Depositio Martyrum"? Aquí encontramos sólo el día del
nacimiento de Cristo en la carne, por lo que puede ser que
encabece el año de los natales espirituales de los
mártires; pero el 22 febrero está totalmente fuera de lugar.
Aquí, como en el fasti consular, fueron, por
conveniencia, insertadas algunas fiestas populares. El
calendario civil en sí mismo no fue exclusivamente modificado,
pues dejó de ser útil después del abandono de las fiestas
paganas. Por ello, aun cuando el "Depositio Martyrum" sea, como
es probable, del año 336, no queda claro si el calendario
contiene evidencias anteriores al propio Filocalio, es decir, al
354, salvo que, en efecto, la pre-existencia de esta celebración
popular represente la posibilidad de su reconocimiento oficial.
Si el manuscrito Chalki de Hipólito es genuino, tendríamos
evidencias sobre esta fiesta de Diciembre desde aproximadamente
el 205. El pasaje pertinente [el cual existe en el manuscrito de
Chigüí, sin las palabras entre paréntesis, y que siempre a sido
citado así antes de Jorge Syncellus (c. 1000)] dice así:
He gar prote parousia tou kyriou hemon he ensarkos [en he
gegennetai] en Bethleem, egeneto [pro okto kalandon ianouarion
hemera tetradi] Basileuontos Augoustou [tessarakoston kai
deuteron etos, apo de Adam] pentakischiliosto kai pentakosiosto
etei epathen de triakosto trito [pro okto kalandon aprilion,
hemera paraskeun, oktokaidekato etei Tiberiou Kaisaros,
hypateuontos Hrouphou kai Hroubellionos. — (Comm. In Dan., iv,
23; Brotke; 19)
"La primera venida de Nuestro Señor en la carne [en la que fue
engendrado], en Belén, sucedió [el 25 de diciembre, el cuarto
día] durante el reinado de Augusto [el cuadragésimo segundo año,
y] en el año 5500 [desde Adán]. Sufrió en Su trigésimo tercer
año [el 25 de marzo, en el decimoctavo año de Tiberio César,
durante el consulado de Rufo y Rubelio]".
La interpolación es clara, y es un hecho admitido por Funk,
Bonwetsch, etc., Los nombres de los cónsules [los cuales debían
ser Fufio y Rubelio] están equivocados; Cristo vive treinta y
tres años; en el genuino de Hipólito treinta y uno; estos
minuciosos datos no tienen nada en común con los del milenarista
Severiano; además, es poco creíble que Hipólito conociera estos
detalles, cuando sus contemporáneos (Clemente, Tertuliano, etc.)
al tratar este tema, lo ignoran o guardan silencio; o, después
de haberlo publicado, seguía estando sin dichas anotaciones
(Kellner, op. cit., pág. 104, tiene un excursus sobre
este pasaje).
San Ambrosio (de virg., III, 1 en P. L., XVI, 219) ha preservado
un sermón predicado por el Papa Liberio I en San Pedro, cuando,
el día de Natalis Christi, Marcelina, la hermana de
Ambrosio, tomó el velo. El pontificado de este Papa fue desde
mayo del 352 hasta el 366, exceptuando los años 355-357, época
en la que estuvo desterrado. Si Marcelina se hizo monja después
de la edad canónica —veinticinco—, y si Ambrosio nació en el año
340, lo más probable es que este hecho ocurriera después del
357. Si bien el sermón abunda en referencias apropiadas para la
Epifanía (las bodas de Caná, la multiplicación de los panes,
etc.), aparentemente se debe a (Kellner, op. cit., pág. 109) un
orden en su pensamiento, y no a que hubiese sido pronunciado el
día 6 de enero, una fiesta que sólo fue conocida en Roma
bastante después. Sin embargo, Usener defiende (pág. 272) la
teoría de que Liberio lo predicó en esa fecha, en el 353,
instituyendo la fiesta de la Natividad en diciembre de ese mismo
año; pero, Filocalio justifica nuestra suposición que esta
fiesta antecedió a su pontificado por algún tiempo, aunque
Duchesne lo relega al 243 (Bull. crit., 1890, 3, pp. 41 ss.)
algo que no es muy de alabar. En Occidente, el Concilio de
Zaragoza (380) ignora aún la fiesta del 25 de diciembre (véase
can. XXI, 2). El Papa Siricio, escribiendo en el año 385 (P. L.,
XII, 1134) a Himerio, en España, distingue las fiestas de
Navidad y de Epifanía; pero no queda claro si se está refiriendo
a la costumbre romana o española. Ammiano Marcelino (XXI, ii) y
Zonaras (Ann., XIII, 11) fechan una visita que hizo Juliano el
Apóstata a una iglesia de Vienne, en la Galia, durante la
Epifanía y la Natividad, respectivamente. A menos que sean dos
visitas, Vienne en el año 361 d. C, combinaba estas fiestas,
aunque la fecha exacta es dudosa. Durante la época de Jerónimo y
Agustín, la fiesta de Diciembre fue establecida, aunque este
último (Epp., II, liv, 12, en P.L., XXXIII, 200) la omite en una
lista de fiestas de primera importancia. A partir del cuarto
siglo, el calendario de Occidente le asignan a esta fiesta el
día 25 de diciembre. En conclusión, en Roma la Navidad se
celebraba el día 25 de diciembre desde antes del 354; en
Oriente, en Constantinopla, no antes del 379, a menos que
sigamos a Erbes y rechacemos a Gregorio, diríamos que fue desde
el 330. Por lo tanto, es casi universalmente aceptado que la
fecha llegó a Oriente desde Roma, por el Bósforo, durante el
reavivamiento anti-arriano, y gracias a los defensores de la
ortodoxia. De Santi (L'Orig. delle Fest. Nat., en Civiltæ
Cattolica, 1907), siguiendo a Erbes, dice que Roma tomó la
fiesta de la Epifanía de Oriente, con un claro sentido Navideño,
y, junto con un creciente número de Iglesias Orientales, la
celebró el 25 de diciembre; después, Oriente y Occidente
dividieron sus fiestas, dejando la Epifanía el 6 de enero, y la
Navidad el 25 de diciembre. La primera hipótesis sigue siendo
más aceptable.
ORIGEN DE LA FECHA
Los Evangelios
Los Evangelios no proporcionan ayuda alguna acerca de la fecha
del nacimiento de Cristo; según sus datos, nos encontramos con
argumentos contradictorios. Parece imposible que el censo se
haya realizado en invierno: toda una población no podría haberse
puesto en camino. Por otra parte, sí pudo haberse realizado en
invierno; pues sólo durante esta época del año el trabajo en el
campo era suspendido. Pero, Roma no era tan considerada. Además,
las autoridades difieren acerca de si los pastores solían cuidar
sus rebaños y dejarlos pastear durante las noches de la estación
de las lluvias.
El servicio en el templo de Zacarías
Los argumentos que se basan en el ministerio en el templo de
Zacarías, no son de fiar, aunque, los cálculos sobre su
antigüedad (ver más arriba) han sido reavivados de una manera
más complicada, por ejemplo por Friedlieb (Leben J. Christi des
Erlösers, Münster, 1887, pág. 312). Se dice que, las
veinticuatro clases de sacerdotes judíos servían en el Templo,
cada una, durante una semana; Zacarías pertenecía a la octava
clase, los Abia. El Templo fue destruido en el año 9 Ab, 70 d.
C.; la tradición rabínica tardía dice que la primera clase, los
Jojarib, estaban sirviendo entonces. De estos datos poco
fiables, asumiendo que Cristo nació el año 79 A.U.C., y que en
ningún momento, de esos setenta turbulentos años, la sucesión
semanal falló, se calcula que la octava clase sirvió durante la
semana del 2 al 9 de octubre del año 748 A.U.C., por lo que se
deduce que la concepción de Cristo fue en marzo, y su nacimiento
en diciembre. Kellner (op. cit., pp. 106, 107) declara que es
muy poco serio calcular la semana que Zacarías estuvo sirviendo
en el Templo partiendo de cualquier referencia anterior o
posterior.
Analogía con las fiestas del Antiguo Testamento
Parece imposible poder relacionar la analogía que existe entre
la Pascua y Pentecostés judías, con la Pascua y Pentecostés
cristianas, con la Navidad y la fiesta de los Tabernáculos, como
lo hizo, por ejemplo, Lightfoot (Horæ Hebr, et Talm., II, 32),
argumentando desde las profecías del Antiguo Testamento, por
ejemplo la de Zacarías 14, 16 ss,; combinando, además, la muerte
de Cristo ocurrida en Nisan, con la profecía de Daniel de un
ministerio de tres años y medio de duración (9, 27), declara que
el nacimiento se realizó en Tisri, —septiembre. Esto es tan poco
feliz como relacionar el 25 de diciembre con la fiesta Oriental
(Diciembre) de la Dedicación (Jos. Ant. Jud., XII, VII, 6).
Natalis Invicti
La conocida fiesta solar del Natalis Invicti, celebrada el 25 de
diciembre, ejerció una fuerte influencia sobre nuestra fecha
Navideña. Para conocer la historia del culto solar, su
importancia en el Imperio romano, y su sincretismo con el
Mitraísmo, véase la obra de Cumont "Textes et Monuments" etc.,
I, ii, 4, 6, pág. 355. Mommsen (Corpus Inscriptionum Latinarum,
1², pág., 338), en la que ha recogido datos sobre esta fiesta,
la cual llegó a su punto máximo de popularidad bajo Aureliano,
el 274. Filippo del Torre, en 1700, advirtió su importancia;
habría que subrayar que, como ya se ha dicho, sin la adición en
el Calendario de Filocalo. Nos sería imposible aquí, el poder
perfilar la historia e idioma del simbolismo solar aplicado a
Dios, el Mesías y a Cristo, tanto en los canónicos judíos o
cristianos, en la patrística, o obras de devoción. Los himnos y
oficios de Navidad abundan en esto; Cumont ha delineado bien los
textos (op. cit., addit. Nota C, pág. 355).
El primer texto conocido que une o relaciona el nacimiento de
Cristo y el del sol, lo tenemos en Cipriano, "De pasch. Comp".,
xix, "O quam præclare providentia ut illo die quo natus est Sol…
nasceretur Christus". — "¡Oh, qué maravillosamente actuó la
Providencia, que en el día en el que nació el Sol… Cristo debía
nacer". —En el siglo cuarto, Crisóstomo, en su obra "del Solst.
Et Æquin". (II, pág., 118, ed. 1588), dice: "Sed et dominus
noster nascitur mense decembris… VIII KAL. Ian… Sed et Invicti
Natalem appelant. Quis utique tam invictus nisi dominus noster?…
Vel quod dicant Solis esse natalem, ipse est Sol iustitiæ". —
"No obstante, Nuestro Señor, también nace en el mes de
diciembre… en la octava antes de las calendas de enero [25
diciembre]…, Pero ellos lo llaman el "Nacimiento del
Invencible". ¿Quién hay que sea tan invencible como Nuestro
Señor…? O, si ellos dicen que es el día del nacimiento del Sol,
Él es el Sol de Justicia". Ya Tertuliano (Apol., 16; cf. Ad.
Nat., I, 13; Orig. c. Cels., VIII, 67, etc.) tuvo que afirmar
que el Sol no era el Dios de los cristianos; Agustín (Tract.
XXXIV, in Joan. En P. L., XXXV, 1652) denuncia la identificación
herética entre Cristo y el Sol. El Papa León I (Serm. XXXVII in
nat. dom., VII, 4; XXII, II, 6 en P. L., LIV, 218 y 198)
reprocha duramente los remanentes del culto solar —los
cristianos, en la misma puerta de la basílica de los Apóstoles,
se voltean para adorar al naciente sol. El culto al sol ha
legado rasgos en el culto popular moderno en Armenia, en donde
los cristianos dieron en la antigüedad, de manera temporal y
externa, culto al sol material (Cumont, op. cit., pág. 356).
Debemos considerar aquí, que incluso al "bautizar" de manera
deliberada y legítima una fiesta pagana, no tuvo otro
significado que el de la necesidad de transferir la supuesta
fecha. El "nacimiento en la montaña" de Mitra y el de Cristo en
una "gruta" no tienen nada en común: la adoración de Mitra por
los pastores (Cumont, op. cit., I, II, 4, pág., 304 ss.) fue
tomada prestada de las fuentes cristianas, y no viceversa.
Otras teorías de origen pagano
El origen de la Navidad no debe buscarse en los Saturnales (1-23
de diciembre), ni tampoco en el santo nacimiento a media noche
de Eleusis (véase J.E. Harrison, Prolegom., pág. 549) con su
probable conexión a través de Frigia, con los herejes nasenos, o
con la ceremonia alejandrina citada anteriormente; ni tampoco
con los ritos análogos al culto del solsticio de invierno en
Delphi, cuna de Dionisio, con su revocación desde el mar a un
nuevo nacimiento (Harrison, op. cit., 402 ss.).
La teoría astronómica
Duchesne (Les origines du culte chrétien, París, 1902, 262 ss.)
nos presenta la teoría "astronómica", en la que, tomando el día
25 de marzo como el de la muerte de Cristo [históricamente
imposible, pero tan antigua como Tertuliano (Adv. Jud., 8)], el
instinto popular, el cual quiere conocer con exactitud el número
de años de una vida Divina, pone Su concepción en esa misma
fecha, siendo Su nacimiento el 25 de diciembre. Esta teoría se
apoya en el hecho que algunos montanistas (Sozomeno, Hist.
Eccl., VII, 18) celebraban la Pascua el 6 de abril; así, tanto
el 25 de diciembre y el 6 de enero son simultáneamente
explicados. Es más, el cálculo sigue en su totalidad los
argumentos basados en el número y en la "conveniencia" de la
astronomía, en aquella época muy popular. Desgraciadamente, no
existe evidencia contemporánea alguna sobre la celebración en el
siglo cuarto de la Concepción de Cristo, en el día 25 de marzo.
Conclusión
El presente escritor se inclina a pensar que, estando el origen
de esta fiesta en Oriente o Occidente, y a pesar de la
abundancia de fiestas análogas celebrando el solsticio de
invierno, éstas pueden haber ayudado, aunque de manera
imprecisa, en la elección de la fecha de diciembre, de la misma
manera que cuando se fijó la fecha del Natalis Invicti en el
solsticio de invierno, aparte de la adaptación deliberada o de
curiosos cálculos, para fijar en ese mismo día la fiesta
cristiana.
LITURGIA Y COSTUMBRES
El calendario
Al fijare esta fecha, quedaron también fijadas la de la
Circuncisión y de la Presentación; la de la Expectación y,
quizás, la de la Anunciación de la Santísima Virgen María;
también la del Nacimiento y Concepción del Bautista (cf.
Thurston en Amer. Eccl. Rev., Diciembre, 1898). Hasta el siglo
décimo la Navidad era considerada, en los documentos
pontificios, el inicio del año eclesiástico, como se sigue
haciendo en las Bulas; Bonifacio VIII (1294-1303) restauró
temporalmente esta costumbre, la cual Alemania sostuvo durante
algún tiempo más.
Las celebraciones populares
El códice Theod., II, 8, 27 (cf. XV, 5,5) prohíbe, en el año
425, los juegos del circo durante el 25 de diciembre; aunque no
fue hasta el Códice de Justino III, 12, 6 (529) que esta
prohibición fue realmente impuesta. El Segundo Concilio de Tours
(can. XI, XVII), en el año 566 ó 567, proclama la santidad de
los "doce días" desde la Navidad hasta la Epifanía, y el deber
de ayunar durante el Adviento; el de Agde (506), en los cánones
63-64, decreta una comunión universal, y el de Braga (563)
prohíbe el ayuno durante el Día de Navidad. Pero, las
celebraciones populares navideñas aumentaron tanto, que en 1110
se dieron las llamadas "Leyes del Rey Cnut", decretando un ayuno
desde Navidad hasta Epifanía.
Las tres Misas
Las tres misas que señalan para esta fecha el Misal de Gelasio y
el Gregoriano, y éstas con un martirologio especial y sublime, y
con la dispensa, si fuera necesaria, de la abstinencia, todavía
hoy son guardadas. Si bien Roma señala sólo tres Misas para la
Navidad, Ildefonso, un Obispo español, en el 845, alude a una
triple Misa en Navidad, Pascua, Pentecostés, y la
Transfiguración (P.L., CVI, 888). Estas Misas, de medianoche, al
alba, e in die, están místicamente relacionadas con la
distribución judía y cristiana, o (como lo dice Santo Tomás,
Summa Theol., III:83:2) al triple "nacimiento" de Cristo: en la
Eternidad, en el Tiempo, y en el Alma. Los colores litúrgicos
variaban: negro, blanco, rojo, o (por ejemplo en Narbona) se
usaba el rojo, blanco, y violeta (Durand, Rat. Div. Off., VI,
13). El Gloria era sólo entonado al principio de la primera Misa
de ese día.
El origen histórico de esta triple Misa, probablemente fue de la
siguiente manera (cf. Thurston, en Amer. Eccl. Rev., Enero,
1899; Grisar, Anal. Rom., I, 595; Geschichte Roms… im
mittelalter I, 607, 397; CIV. Catt., 21 septiembre de 1895,
etc.): La primera Misa era celebrada en el Oratorium
Præsepis en Santa María La Mayor —una iglesia probablemente
asimilada desde el principio a la basílica de Belén— y la
tercera en San Pedro, reprodujeron en Roma el doble Oficio de
Navidad mencionado por Eteria (véase lo anteriormente dicho) en
Belén y Jerusalén. La segunda Misa era celebraba por el Papa en
la "capilla real" del Palatino, para los miembros de la corte
bizantina, es decir, la capilla de Santa Anastasia, como fue
originalmente llamada, al igual que la basílica en
Constantinopla, Anastasis, y como ella, fue construida para
reproducir la basílica del mismo nombre de Jerusalén —y como
ella también, finalmente abandonó el nombre de "Anastasis", por
el de la mártir Santa Anastasia. La segunda Misa fue, por
consiguiente, una deferencia que el Papa hacia a la iglesia
imperial en su fiesta patronal. Las tres lugares se mantuvieron
así, pues, por el año 1143 (cf. Ord. Romani en P. L., LXXVIII,
1032) el Papa dejó de oficiar la tercera Misa en el distante San
Pedro, y la empezó a decir en el altar mayor de Santa María La
Mayor. En esta tercera Misa, León II inauguró, en el año 800,
por medio de la coronación de Carlomagno, el Sacro imperio
romano. Este día se convirtió en el favorito para las ceremonias
de la corte, y en él, por ejemplo, Guillermo de Normandía fue
coronado en Westminster.
Las representaciones dramáticas
La historia de la dedicación del Oratorium Præsepis en la
basílica de Liberio, de las reliquias allí guardadas y sus
imitaciones, no pertenecen a esta disertación [cf. Crib; Relics.
Los datos están bien dados por Bonaccorsi (Il Natale, Roma,
1903, ch. IV)], pero la práctica de dar una expresión dramática,
o por lo menos espectacular, a los hechos de la Navidad, fueron
lo que, de alguna manera, dieron origen a los misterios
litúrgicos. Por ejemplo, el ordinaria de Ruán y el de
Reims, colocan el officium pastorum inmediatamente
después del Te Deum y antes de la Misa (cf. Ducange, Gloss. med.
et inf. Lat., s.v. Pastores); posteriormente, la Iglesia celebró
un segundo misterio "profético" después de Tierce, en la que la
Vigilia y la Sibila se unían con los profetas del Antiguo
Testamento para honrar a Cristo. (Para más detalles sobre
Vigilias y obras sobre la Navidad y profecías, ver la obra de
Comparetti, "Virgil in Middle Ages", pág. 310 ss.). La obra "To
out-herod Herod", es decir sobreactuar, muestra la violencia de
Herodes.
Los pesebres, Belenes o Nacimientos
San Francisco de Asís en el año 1223 dio origen a los pesebres o
nacimientos que actualmente conocemos, popularizando entre los
laicos una costumbre que hasta ese momento era del clero,
haciéndola extra-litúrgica y popular. La presencia del buey y
del burro se debe a una errónea interpretación de Isaías 1, 3 y
de Habacuc 3, 2 (versión "Itala"), aunque aparecen en el
magnífico "Pesebre" del siglo cuarto, descubierto en las
catacumbas de San Sebastián en el año 1877. El burro en el que
Balaam montó, en el misterio de Reims, hizo que la fiesta
recibiera el nombre de Festum Asinorum (Ducange, op.
cit., s.v. Festum).
Los himnos y villancicos
La degeneración de las obras dramáticas ocasionó la difusión de
villancicos y pastorales, a los cuales se les a otorgado en
ocasiones, una posición cuasi-litúrgica. Prudencio, en el siglo
cuarto, es el primero (y único en su siglo) en escribir himnos
para la Navidad, pues los himnos "Vox clara" (himno para Laudes
en Adviento) y "Christe Redemptor" (Vísperas y Maitines de
Navidad) no pueden ser asignados a Ambrosio. Sin embargo, el
himno "A solis ortu", pertenece a Sedulio (siglo quinto). Los
primeros Weihnachtslieder alemanes datan de los siglos undécimo
y duodécimo; los primeros villancicos conocidos datan del siglo
undécimo, y del siglo decimotercero. El famoso "Stabat Mater
Speciosa" es atribuido a Jacopone Todi (1230-1306); "Adeste
Fideles" data del siglo decimoséptimo. Pero, éstos aires
populares, e incluso palabras, deben de haber existido desde
mucho tiempo antes de que fueran puesto por escrito.
Tarjetas y regalos
La costumbre pagana centrada en las calendas de enero, influyó
en las de Navidad. Tiele (Yule and Christmas, Londres, 1899) ha
recolectado muchos interesantes ejemplos. La strenæ (eacute;trennes)
del 1 de enero romano (fuertemente condenado por Tertuliano, de
Idol., XIV y X, y por Máximo de Turín, Hom. el CIII, de Kal.
gentil., en P.L., LVII, 492, etc.) sobrevivió en la costumbre de
los regalos Navideños, las tarjetas, y cajas.
Las fogatas Navideñas
Las fogatas durante las calendas eran un escándalo en Roma, y
San Bonifacio logró que el Papa Zacarías las aboliera. Pero,
probablemente esta fogata de Navidad, en sus muchas formas, era
originalmente encendido sólo debido al invierno. Sólo a partir
de 1577 se convirtió en una ceremonia pública en Inglaterra; su
popularidad, sin embargo, creció inmensamente, sobre todo en la
Provenza; en la Toscana, la Navidad es simplemente llamada
ceppo (bloque, leño —Bonaccorsi, op. cit., pág. 145, n. 2).
Además, estuvo también relacionada con otras costumbres; en
Inglaterra, un siervo tenía el derecho de alimentarse a expensas
de su señor, durante todo el tiempo que durase el fuego de una
rueda de madera, que su señor le entregaba, el señor también
entregaba a su siervo una carga de madera, cuando nacía un niño;
Kindsfuss era el nombre de un regalo que se le daba a
los niños cuando les nacía un hermano o hermana, e incluso, los
animales de la granja también recibían el suyo, cuando Cristo,
el hermano universal, nacía (Tiele, op. cit., pág. 95 ss.).
El árbol de Navidad
Gervasio de Tilbury (siglo trece), narra que en Inglaterra el
grano era expuesto la noche de Navidad, para que adquiera la
fertilidad del rocío que cae en respuesta al "Rorate Cæli"; la
tradición en la que los árboles y las flores florecen durante
esta noche, es citada por primera vez, de un geógrafo árabe del
siglo décimo, y se extendió por toda Inglaterra. Alrededor del
siglo decimotercero, en la épica francesa, se ven velas en los
árboles florecientes. En Inglaterra, el bastón de José de
Arimatea era el que florecía en Glastonbury y en otros lugares;
cuando el 3 de septiembre se convirtió en 14 de septiembre, en
el año 1752, 2000 personas estuvieron observando si el espino
Quainton (cratagus præcox) brotaría en la nueva
fecha Navideña; y como no lo hizo, se negaron a guardar esta
nueva fecha. De esta costumbre de decorar los árboles tomada de
las calendas (que fue prohibido por el Arzobispo Martín de
Braga, c. 575, P. L., LXXIII —el muérdago fue legado por los
Druidas), surgió el del árbol de Navidad, mencionado por primera
vez en el año 1605 en Estrasburgo, e introducido en Francia e
Inglaterra, recién en el año 1840, por la princesa Helena de
Mecklenburg y el príncipe Consorte respectivamente.
El visitante misterioso
Sólo con mucha cautela debemos relacionar al misterioso
bienhechor de la noche de Navidad —Knecht Ruprecht, Pelzmärtel
en un caballo de madera, San Martín en un caballo de batalla
blanco, Martín en un corcel blanco, San Nicolás y su
equivalente "reformado", el Padre de la Navidad, quien junto con
su esposa Berchta, desciende en las noches entre el 25 de
diciembre y el de 6 enero, en un caballo blanco, para bendecir
la tierra y los hombres. Las fogatas y las ruedas encendidas
iluminaban las colinas, se adornaban las casas, los juicios eran
suspendidos y se celebraban fiestas (cf. Bonaccorse, op. cit.,
pág. 151). Knecht Ruprecht, de todos modos (mencionado por
primera vez en un misterio de 1668 y condenado en 1680 como un
demonio) era sólo un siervo del Santo Niño.
Celebraciones no-católicas
Sin duda alguna, los nuclei cristianos asumieron
costumbres paganas. Pues las momias de las calendas; el
extraordinario y obsceno Modranicht; el pastel en honor
de la "placenta" de María, condenado por el Concilio de Trullan
(692), canon 79; el Tabulæ Fortunæ (comida y bebida
ofrecidas para obtener alzas, condenado en el 743), véase Tiele,
op. cit., cap. VIII, IX —los datos de Tiele son quizá de mayor
valor que sus deducciones— y Ducange (op. cit., s. vv. Cervula y
Kalendæ).
En Inglaterra, la Navidad fue prohibida por un Acta del
Parlamento en 1644; debía de ser considerado día de ayuno y de
mercado; las tiendas fueron obligadas a abrir; los budines de
ciruela y los pasteles de carne picada y frutas fueron
condenados como paganos. Los conservadores se resistieron; en
Canterbury se derramó sangre; pero después de la Restauración,
los disidentes continuaron llamándola Yuletide "Fooltide".
Además de los trabajos mencionados en el artículo, véase
también, Die Geschichte des deutschen Weihnachts (Leipzig,
1893); MANN-HARDT, Weihnachtsblüthen in Sitte u. Sage (Berlin,
1864); RIETSCHEL, Weihnachten in Kirche, Kunst u. Volksleben (Bielefeld
and Leipzig, 1902); SCHMID, Darstellung der Geburt Christin der
bildenden Kunst (1890); MÜLLER, Le costumanzi del Natale (Rome,
1880); CORRIERI, Il Natale nelle letterature del Nord in Cosmos
Cath.
(December,
1900); ERBES, Das Syrische Martyrologium, etc., in Zeitschr. F.
Kirchengesch. (1905), IV (1906), I; BARDENHEWER, Mariä
Verkündigung (Freiburg, 1905); DE KERSAINT-GILLY, Fêtes de Noël
en Provence (Montpellier, 1900); DE COUSSEMAKER, Drames
Liturgiques du Moyen Age (Paris, 1861); DOUHET, Dict, des
mystères in MIGNE, Nouv, encycl. théol., XLIII; PÉREMÈS, Dict.
De Noëls, ibid. LXIII; SMITH AND CHEETHAM, dict. Christ. Antiq.,
s.v. Christmas.
CYRIL MARTINDALE
Trascrito por Susanti A. Suastika
Traducido por Julián Alejandro Nieva
|