Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Dic. de
2006
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Mensaje de Navidad en Belén del Patriarca ortodoxo de Jerusalén,
Michel Sabbah
Hermanos y Hermanas
¡Feliz Fiesta de Navidad!
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El
patriarca latino de Jerusalén, Michel Sabah, lleva en sus mans
la imagen del Niño Jesús durante la misa de Navidad en la
Iglesia de la Natividad, en la ciudad cisjordana de Belén, el
lunes 25 de diciembre. El patriarca pidió a Israel, Palestina y
los líderes internacionales que adopten medidas que conduzcan a
la paz y también imploró a los grupos palestinos que dejen de
luchar entre ellos. EFE/Atef Safadi |
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1. A vosotros, habitantes de esta ciudad santa de Belén, y a
todos vosotros, nuestros fieles en todas partes de nuestra
diócesis patriarcal en Palestina, en Israel, en Jordania y en
Chipre, a todos los habitantes de esta Tierra Santa, judíos,
drusos, musulmanes y cristianos, a todos nuestros países árabes
y a los cristianos del mundo entero, desde Belén, deseo días
felices y santificados por la bendición de la Navidad.
Señor Presidente Mahmoud Abbas, sea usted bienvenido con todos
vuestros compañeros. Nosotros rogamos y pedimos a Dios de
inspiraros sabiduría y ánimo, para poder llenar vuestros deberes
en las tensiones internas difíciles que vivimos y de ver en un
tiempo cercano los días de justicia del que habla el profeta “En
aquellos días y en aquella sazón haré brotar para David un
Germen justo que ejercerá en el país el derecho y la justicia… y
Jerusalén habitará en seguro” (Jer 33,15-16).
2. Hermanos y hermanas, sí, Navidad vuelve en las mismas
circunstancias difíciles, agravadas aún más por nuestras
disensiones internas. Con todo eso, queremos meditar juntos
sobre las palabras de san Pablo que nos dice, en su carta a los
Filipenses: “Alegraos sin cesar en el Señor”, pues “la bondad de
Dios ha aparecido” (Tit 2,11): “el Verbo de Dios se ha hecho
hombre y ha habitado entre nosotros” (Jn 1,14).
San Pablo añade: con la alegría, “que vuestra clemencia y
vuestra amabilidad, sean conocidas por todos los hombres” (Fil
4,5), sean vividas con todos, sin excepción, en cada
circunstancia, en la comunidad parroquial, en la ciudad, en
vuestras relaciones entre nuestras diferentes Iglesias, y entre
nuestras diferentes religiones.
Y, en nuestras circunstancias difíciles, el apóstol añade “no
tengáis ninguna preocupación”. Todas las preocupaciones, las que
vienen de la Ocupación con todas sus consecuencias, el muro, la
falta de libertad, la falta de trabajo, la vida social que
ahoga, las familias divididas por leyes militares, y las
disensiones internas palestinas que se han sumado
recientemente.... Con todo eso “no tengáis preocupación”. Eso
quiere decir, permaneced fuertes, no os dobléis bajo el fardo, y
sabed que cada día es Navidad en la vida de cada creyente. Cada
día y en cada acontecimiento la bondad de Dios nace en cada
creyente que acepta acoger la gracia. Y, con esta gracia, puede
enfrentar todas las preocupaciones. “No tengáis ninguna
preocupación”, que las preocupaciones no sean una razón que os
conduzcan al mal, que os lleven a olvidar que vosotros podéis
vencer el mal con el bien, y así por la bondad que Dios ha
puesto en vosotros, vosotros podéis rectificar el mal por el
bien, y frenarlo por vuestra resistencia, para procurar la vida
no la muerte, para producir la justicia y no el mantenimiento de
la opresión y el fin de la ocupación en vez de dejarla pesar
sobre vosotros.
Y la consecuencia de esta bondad será la paz: “Entonces la paz
de Dios que supera toda inteligencia, tomará bajo su guía
vuestros corazones y vuestros pensamientos” (Fil 4,7). La paz de
Dios supera toda inteligencia, porque viene de Dios. Supera toda
inteligencia, pero es fuente de vida en nuestras preocupaciones
sobre esta tierra y puede guiar a los combatientes de los dos
lados a encontrar las sendas de la paz verdadera.
3. Esta senda del espíritu, descrita por el apóstol Pablo, no es
ciertamente la senda seguida en las situaciones mundiales de
conflictos, ni en el conflicto que nos desgarra de desde hace
generaciones en esta Tierra Santa. Y, sin embargo, la humanidad
y cada persona humana son llamadas a tomar conciencia de estas
sendas del espíritu para encontrar allí la luz y la sabiduría
que ayudan a salir del impasse de la muerte. Todos son invitados
a un examen de conciencia, a la luz de la bondad que Dios ha
puesto en cada uno de nosotros, todos, los jefes políticos, los
adversarios de los dos lados, las milicias, aquellos que son
clasificados en los rangos de extremistas y terroristas… los que
dicen hablar en nombre de Dios y todos los que dicen querer la
paz, todos son invitados a un examen de conciencia para entrar
en una nueva senda que ponga fin a la sangre, a la muerte y, en
estos días, a las nuevas peleas intestinas. Así se hace la paz y
cada persona humana halla su dignidad, y no añadiendo sangre
sobre sangre: los palestinos en sus luchas intestinas o los
militares israelíes que siguen matando los palestinos en sus
ciudades palestinas.
4. Aquí el conflicto ha durado demasiado. Es grande el tiempo en
el que todos los responsables que tienen nuestras suertes en sus
manos en esta tierra, los responsables palestinos e israelíes y
la comunidad internacional: es tiempo que tomen una acción nueva
que ponga fin a una larga fase de muerte en nuestra historia y
nos introduzca en una nueva fase en la historia de esta Tierra
Santa. He aquí lo que nosotros necesitamos.
A todos los cristianos del mundo, desde Belén os decimos: ¡Feliz
Fiesta de Navidad! Nosotros tenemos necesidad de vuestros ruegos
y de vuestra acción para poder empezar un nuevo período de
nuestra historia. Numerosos son los que piden noticias nuestras,
sobre nuestras pruebas, y se preocupan de nuestro futuro y de
nuestra próxima desaparición en esta tierra. Unos quieren vernos
en peligro a causa de nuestras relaciones con los musulmanes.
Otros quieren vernos pisados entre dos mayorías, musulmana y
judía. Sí, la cuestión de la mayoría y de la minoría plantea un
problema. Y en nuestras relaciones entre musulmanes y
cristianos, no hemos alcanzado todavía el perfecto equilibrio,
pero muchos esfuerzos son desplegados para llegar un día a la
estabilidad querida. Pero la cuestión cristiana hoy en Tierra
Santa no es en primer lugar una cuestión de minoría entre dos
mayorías ni una cuestión de relaciones entre cristianos y
musulmanes. La cuestión de los cristianos y su suerte se juega
hoy sencillamente con el conflicto que dura. El verdadero
peligro que amenaza hoy nuestro presente y nuestro futuro como
cristianos en Tierra Santa y lleva a algunos de entre nosotros a
emigrar es sencillamente la cuestión de la inestabilidad
política que amenaza todo, la ocupación y todas sus
consecuencias en cada aspecto de la vida. Quien está
verdaderamente interesado por nuestro destino y quiere
ayudarnos, he aquí el campo dónde es invitado a actuar, la
estabilidad política, la justicia, la paz, el fin de la
ocupación y la reconciliación. Ayudad a los dos pueblos a
comenzar un nueva era de paz, de justicia y de reconciliación en
la región, y el futuro de los cristianos estará asegurado.
También es cierto que somos testigos, en estos días, de un nuevo
desarrollo de la situación del conflicto, las luchas fratricidas
entre palestinos. Esto es aún un peligro suplementario para
nosotros como para todos. Y Navidad dice a todos: paz, e invita
cada uno a ver en su hermano la dignidad que Dios le ha dado.
Tomar partido contra mi hermano y contra cada hermano, es tomar
partido contra Dios, Creador de mi hermano y mi Creador. Navidad
dice: ¡dejad las armas! ¡Recurrid al diálogo y a la razón! La
lucha fratricida no es una senda hacia la libertad querida, sino
una senda para más muerte, más confusión y una nueva esclavitud
que nosotros nos imponemos.
5. Rogamos en esta noche santa por todos nuestros países árabes,
sobre todo por los que están siendo probados: El Líbano, Irak e
Sudan. Pedimos para todos: paz, sabiduría y la capacidad de ver
en cada persona humana el amor de Dios por ella. Rogamos por los
prisioneros para que Dios les conceda la libertad y los
reconduzca a sus familias. Rogamos por todos los que sufren, por
los enfermos, y por todos aquellos que han perdido la alegría de
vivir. Qué la alegría de Navidad llene sus corazones y la visión
de Dios que ama a los hombres y se compadece de las pruebas de
cada uno. Finalmente le pedimos a Dios el concedernos a todos
esta gracia: de aprender a convertirnos en artesanos de paz, no
de guerra, en dadores de vida no de muerte, y de llevar la
gracia de Navidad cada día y en cada momento en nuestros
corazones. Amén.
+ Michel Sabbah,
Patriarca
[Traducción distribuida por el Patriarcado Latino de Jerusalén]
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