Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Dic. de
2006
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Navidades en Cuba
P. José Conrado Rodríguez
Los niños de mi parroquia salen a caminar las casas para llevar,
con sus canciones y representación, la alegría de las cercanas
fiestas navideñas. Son las “Posadas”, tradicional preparación
mejicana de la Navidad, que ya ha tomado carta de ciudadanía
entre nosotros. Del 17 al 24 de Diciembre irán a los barrios y
visitarán a las familias, en especial a los enfermos y ancianos.
Los jóvenes ensayan los villancicos, y junto con los
adolescentes preparan las “escenas navideñas”. En las últimas
cinco décadas, a pesar de las dificultades, aun cuando
oficialmente no se consideraba tiempo de fiesta la conmemoración
del nacimiento de Cristo, las Iglesias celebraron y festejaron
los días de Navidad.
Pero no son estas unas navidades “fáciles”. En el barrio se
respira tristeza. Hace más de 15 días que el agua no llega. A
pesar de las lluvias, que en este año han sido abundantes, las
roturas de las viejas y ya inservibles conductoras de agua, no
dan abasto para el medio millón de habitantes de Santiago. El
aumento de la tarifa eléctrica ha afectado la averiada y
precaria economía familiar. Las pandemias del dengue y la
influenza, la primera de ellas prácticamente erradicada, han
dejado sus secuelas en no pocas personas. El que termina, ha
sido un año abundante en enfermedades y de múltiple y variopinta
precariedad, por no variar.
Anoche, en el barrio de Zamorana, (uno de los seis que componen
la parroquia) apenas se durmió. En varias casas intentaron
robar: palomas, pollos, puercos… y los avituallamientos de las
casas. La gente persiguió a los ladrones y luego, hasta tarde,
comentaban entre vecinos. La pobreza pesa sobre todos y
sobrevivir es difícil: se ha convertido en el milagro cotidiano
de este pueblo. Pero además, también hay que cargar con el peso
de la desesperanza y el cansancio… La gente, en especial los
jóvenes, sueñan con emigrar… o con resolver la vida mediante el
matrimonio con alguien venido de lejos. La devoción a San Judas,
el santo de las causas imposibles, ha ido en vertiginoso
aumento. Es el santo que resuelve “las visas y las divisas”. La
gente acude en masa el día de su fiesta, donde quiera que ésta
se celebre.
Para este pueblo Cristo nace. Es la luz que brilla en las
tinieblas, “…al pueblo que caminaba en sombras de muerte”. Es
“la gran alegría para todo el pueblo”. No viene con la varita
mágica para resolver todos los problemas. Viene, sí, para
compartir nuestra suerte: porque “puso su tienda de campaña
entre nosotros”. “Dejó su rango, su categoría de Dios y pasó
por uno de tantos, se hizo como un hombre cualquiera”. Como dice
un villancico que seguramente resonará en nuestras iglesias:
Lo esperaban como rico y habitó entre la pobreza.
Lo esperaban poderoso y un pesebre fue su hogar.
Lo esperaban un guerrero y fue paz toda su guerra.
Lo esperaban rey de reyes y servir fue su reinar.
Lo esperaban sometido y quebró toda soberbia.
Denunció las opresiones, predicó la libertad.
Lo esperaban silencioso, su palabra fue la puerta
por donde entran los que gritan, con su vida, la
verdad.
Navidad es un camino que no tiene pandereta
Porque Dios resuena dentro de quien va en
fraternidad.
Navidad es el milagro de pararse en cada puerta
y saber si nuestro hermano necesita nuestro pan.
¡Feliz Navidad! Cristo nace para Cuba, nos llena de su gozo y de
su paz. No estamos solos… Los niños regresan de acompañar a los
enfermos, de llevar a los ancianos, con sus villancicos y su
presencia, la alegría de la Navidad. Su tropel llena la noche de
rumores y esperanza. Sí, a pesar de todo, es Navidad.
¡Feliz
Navidad!
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