Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Oct-Nov de
2006
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Franciscana de verdad
REDACCIÓN
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La Hermana Jean Becker, osf, en el convento de Santa Clara, en
Hollywood, Florida, el 8 de octubre, donde le dio un retiro a
los asociados de su congregación. |
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Jean Becker, religiosa de las
Hermanas Franciscanas de la Penitencia y la Caridad Cristianas y
fundadora del programa de asociados de su congregación, estuvo
de visita en Hollywood, ciudad muy cerca de Miami, el 8 de
octubre para dirigir un retiro de los asociados, en su mayoría
cubanos.
La Hna. Becker vive en Buffalo, Nueva York. Antes vivió por
muchos años en la Casa Madre en Stella Niagara, también en Nueva
York, donde convivió por nueve años con familias inmigrantes
latinoamericanas que llegaban al convento buscando refugio. Era
un trasiego constante de refugiados que una vez estabilizados
con la ayuda de las religiosas –acogida, techo, alimentos,
búsqueda de trabajo, etc.– se iban a vivir a su propio hogar.
Salían unos y entraban otros, todos dejando una experiencia de
convivencia que la Hna. Becker atesora. Aprendió el español muy
bien, se adentró en la vida y los sufrimiento de estos “pobres y
desheredados de la tierra”, y trabajando con ellos también en
parroquias y grupos de oración, llegó a identificarse
profundamente con la experiencia de abandono y desarraigo de los
refugiados y también con sus culturas y sobre todo su fe.
“Convivir y trabajar con los refugiados ha sido la mayor
bendición que Dios me ha dado”, dice la hermana franciscana que
hace tres años se dedica de lleno a darles clases de inglés para
que mejoren sus posibilidades de abrirse camino en Estados
Unidos.
Cuando a mediados de la década del 80 las órdenes religiosas en
Estados Unidos comenzaron a crear programas de asociados, las
religiosas franciscanas le pidieron a la Hna. Becker que se
encargara del nuevo proyecto. Y lo hizo con el alma, convencida
que el Espíritu Santo estaba guiando a la Iglesia hacia algo
nuevo y desconocido, pero que con fe había que seguirlo.
No es coincidencia que el programa se fundara en el sur de la
Florida, donde las hermanas tenían una comunidad, y que esos
primeros asociados fueran todos cubanos exiliados. En efecto, la
intensa trayectoria de la Hna. Becker con los refugiados había
sido una bendición, que ahora se abría a otra experiencia de
Dios. Hoy el programa de los asociados locales, aunque siguen
siendo en su mayoría cubana, son estadounidenses, argentinos,
colombianos, un ecuatoriano e incluso italianos que se reúnen en
cinco comunidades diferentes. “Nuestros asociados nos están
ayudando a renovar nuestra orden y avivar en nosotras la llama
del espiritu de nuestros fundadores, San Francisco y la Madre
Magdalen Damen”, dice la Hna. Becker. “Ésa es la verdad, es como
si nuestra congregación se hubiera refundado en el sur de la
Florida”.
La Hna Becker entró en la congregación a los 18 años, inspirada
por sus maestras, ya que estudió con ellas en Nueva York. El
carisma franciscano se le había hecho parte de su vida. Hoy se
considera una mujer muy feliz y realizada.A la pregunta de a qué
aspira ahora, habiendo cumplido 43 años de vida religiosa,
responde que “a darme verdadera cuenta de que toda experiencia
en mi vida es una oportunidad de crecer y peregrinar viviendo mi
franciscanismo de una forma más profunda”.
¿Y qué significa ser franciscana para ella? “Es vivir la
encarnación, digamos en pocas palabras: vivir amando la pobreza
y la sencillez, la humildad, dedicar mi vida al servicio de los
otros, no tener poder ni aspirar a tenerlo jamás. Francisco
estaba inmerso en la creación, en la naturaleza, eran las cosas
más preciadas por él, y sobre todo la vida comunitaria. El mayor
regalo de mi vida franciscana es la comunidad, donde está mi
verdadera vida y mi ministerio. Ahí, en la comunidad, he
encontrado apoyo, inspiración, reto. Todo eso es maravilloso”.
En cuanto a los asociados como parte de su vida y de su misión,
la Hna. Becker cree firmemente que en esa relación de
mutualidad, de oración, de apoyo y misión compartidas entre
religiosas y laicos se va refundando una nueva Iglesia
profética. “Francisco reconstruye mi Iglesia que se está
cayendo” le dijo Jesús al pobre de Asís desde el crucifijo de
San Damiano allá en el siglo XIII.
Jean Becker, osf, está convencida que hoy, en el siglo XXI, el
Señor nos están pidiendo lo mismo, a laicos y religiosos.
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