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Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Oct-Nov de 2006

Los amish tienen algo que enseñarnos

ORLANDO GUTIÉRREZ

Dos hombres de la comunidad amish conversan cerca del cementerio Nikel Mines, en Pensilvania en el que fueron enterradas el
5 de octubre las niñas.

En días recientes tuvo lugar en Estados Unidos un crimen horrendo. En la región de Filadelfia, donde vive una comunidad agrícola de cristianos que se llama los amish, un trastornado mental, un hombre lleno de odio, una persona malévola, entró a una escuelita, evacuó a los maestros y a los varones, amarró a las niñas y les disparó a 10 de ellas, muriendo muchas de estas niñas a consecuencia de estos disparos.

Los amish son una secta cristiana que no hace uso de ningún instrumento moderno para vivir, no usan motores, no utilizan la electricidad. Es gente de vocación pacifista con una fuerte comunidad solidaria, que vive de los productos que fabrican en sus casas y de lo que cosechan en el campo.
 

Una pareja se dirige a la casa
de una de las víctimas. Fotos EFE

Este crimen cometido en contra de esta comunidad es doblemente horrendo no sólo por las niñitas que fueron asesinadas, sino porque esta comunidad pacifista lo que intenta es seguir el camino que le enseñó Jesucristo.

Todos quedamos pasmados ante este crimen, especialmente aquellos que somos padres de niñas, de niñitos, y que pensamos en lo vulnerables que son y el hecho horrible de que esto haya ocurrido en este gran país.

Seguido a este crimen ocurrió otro hecho que me conmovió. En el entierro del hombre, del asesino que ultimó a esta niñas y que después se suicidó, asistieron los miembros la comunidad amish. Y al principio yo me dije: ¿cómo puede ser esto posible, que esta gente vaya al entierro del hombre que ha asesinado a estas niñas?

Y entonces vi que entrevistaron a uno de estos líderes religiosos amish, y él dijo: “El mal vino y ultimó las vidas de nuestra niñas, y para que el mal no siga, para que no prospere, vinimos aquí para reconfortar y estar con la familia de ese hombre y con sus hijos, para llenarlos de amor. Hemos perdonado a este hombre y seguimos viviendo”.

Una procesión de coches se dirige el 10 de octubre al cementerio donde están enterradas
las niñas.

Yo, que soy católico, yo, que intento seguir el camino de Cristo, me quedé estupefacto; yo no entendía a los amish. Pero después que vi lo que hicieron y escuché sus palabras me di cuenta de la razón que tienen.

La enseñanza de Jesús de que hay que virar el rostro y poner la otra mejilla no es por cobardía, es para no perpetuar el mal, porque cuando perpetuamos el mal caemos en un círculo vicioso del cual no salimos. Y por eso los amish, ante el odio que se proyectó en contra de ellos devolvieron amor, para que el mal no prospere, para que esos niños que ahora se quedan huérfanos se sientan reconfortados en Cristo Jesús. Es una enseñanza.

Y pensé por supuesto en nuestra Cuba, en mi Cuba; en nuestra gente, en mi gente. Y pensé en esta campaña de no cooperación que han lanzado desde las prisiones hombres que son castigados por la dictadura día tras día: Jorge Luis García Pérez Antúnez, José Daniel Ferrer, Ricardo Pupo Sierra, diciéndole a los cubanos: no chivatees, no participes en los actos de repudio, no reprimas. ¡Cuánto amor tienen estos hombres por Cuba! Cuánto amor, porque lo que le dicen a sus compatriotas no es: devuelvan violencia con violencia, sino: no perpetúes el mal, vamos a salir del círculo del odio. Frente al odio, el amor, y así verás cómo poco a poco vamos siendo mejores cubanos, y al ser mejores cubanos, tenemos una Cuba mejor. Esa es mi reflexión y esa es la enseñanza de esos cristianos amish de Filadelfia, que ante el odio desenfrenado devolvieron el amor cristiano.

Profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad Internacional de la Florida. Autor de ‘La República Invisible’.