Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Ene-Feb de
2006
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Declaración del Grupo de Trabajo de los Guías Espirituales del
Exilio, hecha pública el 15 de febrero de 2005 en el Salón
Varela de la Ermita de la Cardidad
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De izq.
a der: el Rev. Martín N. Añorga, pastor presbiteriano; Mons.
Agustín A. Román, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Miami y
el Rev. Onell Soto, obispo episcopal en una conferencia de
prensa el 15 de febrero en el Salón Padre Félix Varela, en la
Ermita de la Cardiad. |
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El brutal incremento de la represión gubernamental en Cuba,
desatada ya no solamente contra los prisioneros políticos y los
opositores pacíficos que tratan razonablemente de cambiar la
deplorable situación que Cuba vive al presente, sino también
contra los familiares de éstos y contra la población en general,
constituye un reprobable abuso de poder y una muestra más de la
contumacia en el desdén a los derechos humanos fundamentales de
parte del gobierno de la Isla.
Los llamados “actos de repudio” en los que las turbas pro
gubernamentales atacan de hecho y de palabra a los ciudadanos,
arbitrariamente calificados como “contrarrevolucionarios”, han
ido aumentando en brutalidad y frecuencia, y sin asomo alguno de
consideración hacia las víctimas, usualmente familias enteras,
incluyendo mujeres, niños y ancianos.
Como guías espirituales del pueblo cubano en el exilio no
podemos menos que cumplir la misión profética que es parte
esencial de nuestro ministerio, expresando nuestra más enérgica
condena ante ese ejercicio vesiánico, que desafía tanto el
concepto cristiano de la humana convivencia, como los criterios
democráticos de lo que debe ser la relación entre gobernantes y
gobernados.
Advertimos igualmente que estas acciones constituyen también una
peligrosa incitación hacia la violencia colectiva, de cuyas
posibles consecuencias solamente serán responsables aquellos que
las auspicien desde una arrogante impunidad que no ha de ser
para siempre. El Señor Jesucristo, manso y humilde de corazón
como era, dejó claramente establecido que “con la misma medida
con la que ustedes midan a los demás, serán medidos ustedes”
(Marcos: 4,24) y no es posible disimular la intrínseca maldad de
esta situación, que clama al cielo, ni el derecho a la justa
defensa de sus vidas que asiste a los atacados. El mundo es
testigo, además, de cuán infructuosas han resultado hasta ahora
todas las apelaciones dirigidas al gobierno cubano en procura de
un cambio de actitud de su parte. Lejos de ello, tal parece que
esas apelaciones provocan en los que mandan en Cuba mayor
crueldad y desfachatez en sus procedimientos, tal como ha podido
constatar recientemente la Unión Europea.
Sin embargo, esto no debe llevar a nadie a la frustración o a la
indiferencia ante el desamparo de los cubanos frente a la
opresión que se les impone. Exhortamos a los gobiernos del mundo
democrático, a los organismos internacionales y a todos los
hombres y mujeres de buena voluntad, a manifestar la mayor
solidaridad con los que en Cuba sufren y a apoyarlos en sus
aspiraciones de libertad y justicia en forma firme y urgente.
Por otra parte, es alentador saber que el propio terror está
provocando, como respuesta, un resurgimiento del decoro
ciudadano. Esto se está manifestando en la negativa a participar
en los
“actos de repudio” de parte de vecinos de los atacados, hecho
que se ha venido repitiendo notablemente ya en distintos lugares
del país, según informaciones llegadas desde allá. Nosotros
felicitamos a esos compatriotas que están recuperando su
dignidad personal al negarse a ser cómplices de la maldad,
porque es inmoral y carece de sustentación ética toda
colaboración con algo que resulta malo para todos, para las
víctimas directas del atropello y para los que, por
envilecimiento o por miedo, se prestan a fungir de victimarios.
Nos place ver que están engrosándose las filas de los que vencen
el miedo para acogerse, aún sin saberlo, a la descripción que
nos da la Sagrada Escritura de los que agradan a Dios: “El que
procede honradamente y practica la justicia, el que tiene
intenciones leales y no calumnia con su lengua, el que no hace
mal al prójimo ni difama al vecino”… (Salmo 15). Oramos por
ellos, por los que sufren la represión y también por los que
rebajan su condición humana al participar de la misma.
Oramos igualmente porque se detenga toda violencia y porque al
fin todos los cubanos alcancen ya la liberación real y completa,
la de las imposiciones políticas, la que priva de derechos y
posibilidades y la que somete los corazones a los dictados del
mal. Que Aquel que vino a nosotros para “evangelizar a los
pobres, predicar a los cautivos la liberación y recuperar la
vista a los ciegos, a libertar a los oprimidos” materialice
sobre Cuba su espiritual encomienda.
Rev. Agustín A. Román
Rev. Martín N. Añorga
Rev. Guillermo A. Revuelta
Rev. Emilio A. Vallina
Rev. Martín Castañeda
Rev. Alberto Cutié
Rev. Aida Diego
Rev. Rolando Espinosa
Rev. Lenier Gallardo
Rev. Martín L. Hernández
Rev. Roberto Hernández
Rev. Santiago Matheu
Rev. Marcos Antonio Ramos
Rev. Manuel Salabarría
Rev. Onell Soto
Rev. César Vega
Rev. Francisco Villaverde, o.p.
Rabino Héctor Epelbaum
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