Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, Ene-Feb de
2006
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Un día de cubanía
Mons. Agustín A. Román
El domingo 29 de enero la UCE (Unión de Cubanos en el Exilio)
celebró en el salón Varela de la Ermita de la Caridad “Un Día de
Cubanía”. Inspirados en el pensamiento de Monseñor Eduardo Boza
Masvidal, fundador de la UCE en 1962, preparó un hermoso día
donde el cubano por nacimiento o por familia, despierta y
enriquece la conciencia nacional y reafirma los valores patrios.
Siendo uno de los participantes me di cuenta que mucho ayudaría
a todos los cubanos vivir esta experiencia que promueve el
desarrollo personal y nos enriquece en nuestra condición de
pueblo, que si bien se integra donde está viviendo, debe
mantener alegremente viva su pertenencia al pueblo de donde
salió o de donde procede su familia, tratando de hacerse
personas íntegras de fe viva y operante.
La UCE, que nació del corazón de un obispo cubano desterrado,
nos está ofreciendo esta linda experiencia en la cual se reviven
las lindas raíces cubanas y cristianas que nos ayudarán a
mantener el necesario equilibrio humano para funcionar en la
sociedad en la que estamos, sin olvidarnos de Cuba.
En un ambiente fraternal de sana alegría se fueron desarrollando
los temas que presentaron los grandes valores de nuestra cultura,
que nos hace sentirnos felices de haber nacido en aquella tierra
o de proceder de familias cubanas. Para el cubano que ha tenido
que sufrir las consecuencias del huracán marxista nos viene bien
esta experiencia de “Un Día de Cubanía” que nos ofrece la UCE.
Quiera Dios que sean muchos los que puedan experimentar lo que
yo he vivido junto a otros que estaban allí conmigo.
Monseñor Boza Masvidal nos invitaba siempre a vivir por Cuba.
Así nos decía: “Este vivir por Cuba no quiere decir,
especialmente para nosotros en el exilio, que sentimos el vacío
de la ausencia de la Patria, que seamos gente descentrada,
neurótica, traumatizada en las ideas, enferma de nostalgia. No,
precisamente nuestro vivir por Cuba tiene que suponer este
esfuerzo para saber descubrir el plan de Dios y aceptar serena y
virilmente nuestra realidad del momento; el esfuerzo para
adquirir nuestro equilibrio emocional, y la claridad de nuestras
ideas y no hacernos refractarios, como cristianos, a la
mentalidad abierta de la Iglesia de hoy y al cambio urgente que
necesitan nuestros pueblos, aunque por supuesto, sin compartir
la desorientación que hay en algunos sectores cristianos; el
esfuerzo para comprender a los países en que vivimos y aportar
algo a ellos”.
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