Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, diciembre de 2005

Una alianza pastoral

Rev. Martín Añorga

 

Presentes en la reunión ecuménica del 3 de enero de 2006: Monsenores Emillio Vallina, Agustín Román, Reverendos Rolando Espinosa, Martín N. Añorga, Emilio Hernández, Ramón Valdés, Marcos Antonio Ramos, Jacobo Guiribitey, Guillermo Revuelta, Fermín Castañeda; los padres Pedro L. Pérez y Francisco Villaverde, o.p.; las Pastoras Yolanda Balvi, Cruz Cardona y  María Luisa Hernández; Miguel Sanfiel, Alma Rosa Giil, Natalia Casamayor, Arminda Espinosa y Emilio Molina. También estaban presentes representante de Interfaith de la Florida, entidad ecuménica que defiende los derechos de los empleados de limpieza de la Universidad de Miami y de muchos condominios, que carecen de seguro médico y ganan salarios muy bajos. Es común la visita de grupos que buscan el apoyo del Grupo de Trabajo de los Guías Espirituales del Exilio a sus reuniones mensuales.

La década de los años sesenta fue dramática para lo que entonces era la pequeña ciudad de Miami. En aquellos tiempos de hace ya cuatro décadas, llegaban diariamente al sur de la Florida centenares de refugiados cubanos y las iglesias se vieron comprometidas con la tarea noble de recibirlos, ayudarlos y prepararlos. Muchos creían que para Miami sería imposible convertirse, de pronto, en el hogar de miles de recién llegados, que aunque traían el corazón lleno de esperanzas, traían también la bolsa vacía de recursos; pero la obra que se llevó a cabo se reconoce hoy día como la más edificante de las heroicidades.

Existía el programa de ayuda a los Refugiados Cubanos, en la que laboraban varias agencias, entre éstas la de la Iglesia Católica y la de las Iglesias Protestantes, las que realizaron una misión de servicio social y espiritual basada en el intercambio fraternal, la comunicación constante y en el impresionante testimonio de la más estrecha unidad. Probablemente allí se formaron las raíces de lo que hoy es el ejemplar movimiento ecuménico de Miami.

Difícil es citar nombres sin correr el riesgo de omisiones; pero no puedo evitar mencionar a los que recuerdo. En el caso de nuestra comunidad el ecumenismo no fue la causa que auspició la misión, sino que fue la misión compartida la que creó los fuertes lazos que hasta hoy perduran y que cada día son más fuertes.

Cristianos de ejemplar convicción como el Coronel Moisés Suárez, del Ejército de Salvación; el Canónigo Max Ignacio Salvador, pionero de la obra episcopal hispana en el sur de la Florida; los sacerdotes católicos Ignacio Hualde y Ramón O’Farill, y los pastores evangélicos Manuel B. Salabarría, Gabriel Caride, Juan Sierra, Angel A. Fernández y Vicente Milián, y los citamos en primer lugar porque todos se hallan disfrutando ya de la recompensa celestial. Se unieron en un ministerio de ayuda espiritual y material a los recién llegados a nuestra comunidad desde la Isla querida de Cuba. Hay que destacar, en este esfuerzo, a un sacredote, el que sin ser cubano, echó su suerte con nosotros, el Monseñor Bryant O. Walsh, sin cuyo nombre no puede intentarse una historia del ecumenismo en este cono sur de la Florida, A estos dignos soldados del Evangelio añadimos los nombres del Obispo Auxiliar de Miami Monseñor Agustín A. Román y del Monseñor Emilio Vallina. Junto a ellos, pastores como Vicente Concepción, Manuel F. Salabarría, Razziel Vázquez y el que estas líneas escribe.

Hoy día contamos con el Grupo de Trabajo de Guías Espirituales en Exilio, del que participan numerosos clérigos y prominentes laicos de todas las denominaciones cristianas. Mensualmente nos reunimos para intercambiar impresiones, tomar decisiones relacionadas con el quehacer comunitario, orar y alabar.

Probablemente fue en los días de Elián González cuando la alianza ecuménica de Miami tomó mayor relevancia. Hay que recordar de estos días al querido sacerdote Francisco Santana, hoy en el cielo, y a los pastores Manuel F. Salabarría, Lenier Gallardo, Marcos Antonio Ramos, Ovidio Amaro, Guillermo Revuelta y Rolando Espinosa. En medio de las controversias relacionadas con el niño Elián, las iglesias cristianas de Miami supieron ocupar un lugar de prominentes servicios. Dos grandes concentraciones, una en la tradicional calle ocho, y otra en la concurrida avenida 22, lograron multitudes de miles de personas que tuvieron acceso a un mensaje de unidad fraterna entre todos los que, desde diferentes ámbitos, adoran y sirven al mismo Dios, profesando una unánime fe en el poder Redentor de nuestro Señor Jesucristo.

Una tradición de profundo arraigo es la de la celebración anual, en el mes de enero, de la Semana de la Unidad Cristiana. Cada año centenares de cristianos, sin distingo confesional, nos damos cita para proclamar al mundo que “somos uno”.

El ecumenismo en nuestra ciudad trasciende, sin embargo, el gozo de reuniones esporádicas. Se trata de algo más profundo, de nexos de amor cristiano que se expresan de manera continuada en la radio, la televisión y la prensa. El pueblo respeta y ama a sus Guías Espirituales y se siente identificado con la firme unidad cristiana que proyectan al mundo.
Gracias expresamos a Dios porque nos ha permitido demostrar la eterna vigencia de las palabras de nuestro Señor Jesucristo: ¡de veras somos uno, y así lo vivimos y así lo testificamos!

Pastor presbiteriano.