Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, octubre de
2005
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Nacidos en la
fe, comencemos a remar
Mons. Agustín A. Román
Padre Oscar Castañeda
Mensaje del Santuario
Nacional de Nuestra Señora de la Caridad
La celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Caridad del
Cobre este año 2005 tiene un sentido peculiarísimo de
reafirmación y renovación, al mismo tiempo que enlaza
maravillosamente la naturaleza religiosa y la dimensión
patriótica de la devoción a María, la madre del Señor Jesús,
bajo esta hermosa advocación de la Caridad, la advocación del
Amor.
Reafirmación porque estamos celebrando el 90 aniversario de la
petición de los mambises al Papa, Benedicto XV, de que la Virgen
de la Caridad de El Cobre fuese declarada Patrona de Cuba, lo
cual ratifica la concepción cristiana de la nacionalidad cubana,
tal como ésta fue forjada por el padre Caballero y el Siervo de
Dios Félix Varela, entre otros.
Renovación, porque al avanzar en nuestra preparación espiritual
para la celebración en los años 2012-2013, de los 400 años de la
aparición de su imagen en la bahía de Nipe, la Madre de Dios, en
esta advocación marinera, nos invita a comenzar a remar, echar
las redes, para que, fiel a su raíz, el pueblo cubano, ahora y
en el futuro, dentro y fuera de la isla, obtenga su verdadera
liberación donde ésta se halla únicamente, que es en la fe en
Jesucristo, el Señor, el mismo que María Santísima quiso llevar
en sus brazos a la tierra cubana.
El
evangelio de San Lucas, capitulo 5, nos narra cómo nuestro
Redentor invitaba a sus discípulos a llevar la barca a la parte
más honda, no para enseñarles un método nuevo en su oficio de
hombres de mar, sino para confirmales pedagógicamente su nueva
condición de “pescadores de hombres”. De igual manera, la
petición de los veteranos mambises en septiembre de 1915, inició
una etapa nueva en la devoción mariana, al pedir al sucesor de
San Pedro que declarara a Nuestra Señora de la Caridad de El
Cobre, Patrona de Cuba. Así, comenzando apenas la nueva
república, comenzaba también una nueva conciencia cristiana,
queriendo llamar oficialmente “patrona” a la Virgen que nuestro
pueblo ya había acogido como Madre y Señora por 300 años Se le
investía con la representación de la identidad nacional, cono
símbolo de una nueva forma de vida cubana: la de hombres y
mujeres libres, libres por su condición de cristianos y abiertos
a todos al ocupar su bien ganado puesto entre las naciones del
mundo.
Los
cubanos habían pedido al Papa que los ayudara a profundizar,
llevando la barca de su ser, como la de la nación, ya libre por
fuera, para ser también libre por dentro... “acordamos acudir a
vuestra Beatitud para que realice la más hermosa de nuestra
esperanza y la más justa de las aspiraciones del alma cubana,
declarando patrona de nuestra joven República a la Santísima
Virgen de la Caridad de El Cobre… “Tal vez deberíamos descubrir
en el gesto de esta petición y en las mismas palabras que
contiene, el deseo de vivir mejor el cristianismo, y servir
mejora la patria.
En
la sencillez de la solicitud resalta el sano orgullo mambí de
llevar dos “timbres de gloria”: el de pertenecer al Ejército
Libertador Cubano, y el de ser “hijos de la Santa Iglesia
Católica, Apostólica y Romana”. Resalta igualmente el valor de
la familia al señalar los mambises como legado familiar, la
devoción de los cubanos a la Virgen de la Caridad... “así la
amaron nuestras madres inolvidables y así la bendicen nuestras
amantes esposas”. Subraya igualmente la presencia de la fe en
medio de los ardores de la lucha por la independencia... “así la
han proclamado nuestros soldados, orando todos ante ella por la
consecución de la victoria y por la paz de nuestros muertos
inolvidables...”
Noventa años después de aquel hecho histórico, continuamos como
Iglesia viviendo “historia”.
Celebramos también en esta ocasión 40 años de la clausura del
Concilio Vaticano II. El momento no pudiera ser más apropiado
para retomar el mismo sentido y espíritu conciliar y comenzar a
remar poco a poco “hacia lo más hondo (Lucas 5 4), porque
lo más hondo y profundo que existe es Dios mismo. No haremos la
travesía solos, María está siempre con nosotros, tal como estuvo
con la Iglesia desde sus inicios (Hechos 1 14).
Inspirados por su presencia de cuatro siglos en el pueblo cubano
(1612-1613) y animados por su visión maternal “comencemos a
remar hacia lo hondo, hacia esa inmensa bahía de Nipe que abarca
hoy a toda la patria cubana y al mundo entero.
La
tarea es la misma que tuvieron los mamibises, porque es la de
vivir la libertad en su concepción más amplia. Los remos que nos
ayudarán a ir adelante son las virtudes vivamente practicadas:
la fe, la esperanza y la caridad; las provisiones para la
travesía son la confianza y la alegría, que no nos pueden
faltar; el alimento para el viaje es la Eucaristía, una
participación dominical y seguida en la Santa Misa... Las
estrategias para llegar a lo más hondo son la humildad y la
unión entre nosotros, la familia unida vence; dividida se
pierde. El éxito estará en perseverar en el bien y en vencer el
mal a fuerza de bien (Romanos 12, 21). No nos cansemos de
practicar la caridad.
No
nos cansemos tampoco de seguir tratando de forjar la Cuba del
futuro en el mismo probado molde de la fe de los mambises. Al
mismo tiempo, aprovechemos la exposición al mundo que nos da el
vivir en diáspora, para extender a todos los hombres y mujeres
de buena voluntad, a todos los pueblos que nos acogen y
acompañan en nuestro andar, la invitación a practicar la
caridad. Esta invitación al Amor se hace visible en la gratitud
con la que recibimos a todos los que, sin ser cubanos, profesan
la devoción a María de la Caridad y participan en la fiesta de
nuestra patrona uniendo sus plegarias a las nuestras con genuino
sentido de catolicidad.
Comencemos a remar y hagámoslo con mayor ahínco, como hijos de
una nación nacida en fe. Oremos por los que no conocen al Señor
y para que triunfe el amor por encima del odio. Comencemos a
remar con fe hacia lo profundo para que se produzca, al fin, el
reencuentro de nuestro pueblo con la Caridad, el glorioso
reencuentro de Cuba con la Paz, construida sobre la verdad, la
justicia, el amor y la libertad.
Les bendicen,
Rev. P. Oscar F. Castañeda
Rector
Mons. Agustin A. Román
Rector Emeritus
Ermita de la Caridad
Miami, 8 de septiembre del 2005
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