Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, octubre de
2005
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El protestantismo en el resurgir
religioso cubano
Rev. Marcos Antonio Ramos
En Cuba ha existido una presencia protestante con carácter de
permanencia desde 1871 entre los extranjeros que tuvieron un
capellán desde esa fecha, y a partir de 1883 entre los cubanos.
Las primeras iglesias cubanas funcionaron en Nueva York (1866) y
la Florida (1878). El primer protestante cubano que se conoce
fue el Ambrosía José González (convertido en Carolina del Norte
en 1847), quien llegó a ser lugarteniente de Narciso López y
alcanzó en EU el grado de coronel e inspector general de
artillería en los fuertes sureños durante la Guerra Civil.
González murió soñando por la independencia de su país. Su
famoso hijo, William Elliot González (conocido en Cuba como Mr.
González) llegó a ser ministro (embajador) de EU en Cuba en
época del gobierno del general Menocal.
Servicios religiosos protestantes fueron celebrados en Cuba por
corsarios extranjeros en los siglos XVI y XVII. Y en el XVIII
los británicos oficiaron ceremonias en el área cercana a
Guantánamo (1741) y en La Habana durante la llamada toma de La
Habana por los ingleses (1762). Pero las primeras iglesias
cubanas fueron fundadas por nativos del país que habían emigrado
como patriotas en la Guerra de los Diez Años y regresaron
después de la Paz del Zanjón (1878). El primer ministro
protestante cubano fue Joaquín de Palma, pero los primeros en
trabajar dentro de Cuba fueron el Dr. Alberto J. Díaz y el Pbro.
Pedro Duarte.
Las iglesias protestantes históricas o que han trabajado en Cuba
desde antes de la proclamación de la independencia en 1902 son
las confesiones bautista, episcopal (anglicana), metodista,
presbiteriana, episcopal y cuáquera (Amigos). También han
funcionado otras iglesias por alrededor de un siglo, como es el
caso de los Adventistas del Séptimo Día. Estas son consideradas
como “protestantismo histórico” en Cuba. En EU, con excepción de
los adventistas, coinciden con el llamado protestantismo
mainstream.
Las iglesias de corte plenamente fundamentalista o carismático
penetran en Cuba desde los años treinta o quizá un poco antes:
Asambleas de Dios, otros pentecostales, Iglesia de Dios (varios
grupos) y otros movimientos. Son identificadas como
“protestantismo tardío” por su fecha de entrada. El
fundamentalismo existe también dentro de iglesias históricas
como la Bautista en un gran sector. El movimiento carismático
pentecostal también tiene su presencia en las iglesias
históricas, sobre todo un enorme sector del metodismo cubano
actual.
En Cuba se fundaron a fines de los años treinta dos movimientos
religiosos significativos. El primero es considerado evangélico
por otras denominaciones: La Convención Evangélica “Los Pinos
Nuevos” extendida a otros países bajo una misión conocida como
West Indies (ahora Worldteam). El otro es cuasievangélico con
características propias, el Bando Evangélico Gedeón (Soldados de
la Cruz) extendido por varios países de habla española. Pueden
ser consideradas como “protestantismo autóctono cubano”.
En 1959 vivían en Cuba más de 300,000 personas que se
identificaban como evangélicas o como protestantes. Esa cifra no
incluía a unos 60,000 Testigos de Jehová y feligreses de grupos
considerados “marginales”, no aceptados por los protestantes,
sobre todo por no aceptar la doctrina de la Santísima Trinidad.
Las iglesias operaban alrededor de 100 escuelas de enseñanza
regular, de las cuales las más conocidas eran el Colegio
Presbiteriano La Progresiva en Cárdenas, el Colegio Metodista
Candler en La Habana, los Colegios Internacionales de El Cristo,
Oriente (de filiación bautista) y los colegios de Los Amigos
(cuáqueros) en el norte de Oriente. En el Colegio Candler y en
el Colegio Adventista Las Antillas (de Santa Clara) funcionaron
departamentos de nivel universitario. Más de 10 escuelas de
formación teológica funcionaban en el país, de las cuales una,
el seminario Evangélico de Teología de Matanzas, institución
ecuménica, era reconocida por el seminario Teológico de
Princeton en EU.
Varios pastores protestantes participaron en la Guerra de
Independencia y al proclamarse la República (1902) un cubano
vinculado al protestantismo, Tomás Estrada Palma, se convirtió
en Presidente de la República. Los gobernadores norteamericanos
(Brooke, Wood y Magoon) eran protestantes, pero no concedieron
privilegio alguno a la entonces casi insignificante presencia
protestante en el país. Esa pequeña minoría protestante fue
respetada durante el período republicano y fue creciendo
gradualmente.
Al producirse una guerra civil en Cuba en el período 1957-1959
varios protestantes ocupaban cargos en el gobierno, pero un
número significativo participó en el movimiento revolucionario
que derrocó al gobierno de Fulgencio Batista, el cual no era
protestante, pero había estudiado brevemente en una escuela
cuáquera (Los Amigos) en Banes. Entre los líderes de la
Revolución se encontraban varios protestantes, los más conocidos
fueron Frank País (bautista) y Faustino Pérez (presbiteriano).
En los primeros dos años (1959-1960) no hubo mayores incidentes
con las iglesias protestantes, aunque sí con la jerarquía e
importantes líderes católicos, pero ya a partir de 1961 los
colegios religiosos fueron “nacionalizados” y empezaron las
restricciones y la discriminación ideológica que no sólo incluyó
entonces a los católicos romanos sino también a los protestantes
y otros creyentes. Se prohibió el uso de los medios de
comunicación por las iglesias, lo cual llevó a la suspensión de
los programas de radio evangélicos que se trasmitían en casi
todas las estaciones radiales del país hasta 1961. Se dificultó
la distribución de Biblias, gran parte de los envíos fueron
confiscados, y otras publicaciones sólo aparecían en forma
esporádica y con ediciones limitadas.
Los años de mayor restricción y opresión fueron entre 1961 y
1984. Los misioneros extranjeros abandonaron el país en 1961,
otros fueron forzados a hacerlo en 1963. Aquellas iglesias que
todavía estaban bajo liderazgo extranjero se convirtieron en
iglesias nacionales, aunque tratando siempre de mantener
vínculos con sus iglesias hermanas en el extranjero, sobre todo
en EU.
En 1965, 54 pastores bautistas fueron puestos en prisión,
algunos se mantuvieron en la cárcel por 10 años. Gran cantidad
de pastores, seminaristas y activistas fueron confinados a la
UMAP (campos de concentración). Un pastor episcopal (Alonso
González) fue fusilado acusado de actividades
contrarrevolucionarias.
Las iglesias sobrevivieron esas crisis, pero perdieron cientos
de miles de fieles y simpatizantes por exilio o abandonaron la
práctica religiosa mediante presiones. El movimiento resurgió en
los ochenta y noventa. Unos 300,000 cubanos se identificaban
como protestantes o evangélicos en 2002. Funcionan 1,000
congregaciones regulares y entre tres y cuatro mil “casas
culto”. El número de asistentes se acerca al medio millón cada
fin de semana.
Las principales iglesias son actualmente, en el número de
feligreses: bautistas, metodistas (mayormente carismáticos),
Adventistas del Séptimo Día, pentecostales clásicos, “Los Pinos
Nuevos”. Una cifra muy alta de personas asiste a “casas culto”
de corte independiente. También tienen presencia apreciable los
presbiterianos, anglicanos, nazarenos y otros grupos. La pequeña
Iglesia Luterana de Cuba ha resurgido en La Habana e Isla de
Pinos. Muchos creyentes se identifican sólo como “cristianos” y
no insisten en afiliación confesional particular.
Sólo un sector protestante colabora con el Consejo de Iglesias
de Cuba (antiguo Consejo Ecuménico), que antes de la Revolución
funcionaba como Concilio Cubano de Iglesias Evangélicas. Un
pequeño sector bautista se vio obligado a separarse y
organizarse aparte (Fraternidad Bautista), porque las
convenciones históricas de los bautistas, mucho más
conservadoras, no cooperan con el Consejo de Iglesias,
considerado por ellos como demasiado cooperativo con el régimen.
El Consejo sólo representa, y eso sólo simbólicamente, una
cuarta parte de la feligresía protestante total. La única
denominación con gran feligresía que permanece en ese Consejo es
la metodista, pero ésta no participa en muchas de sus
actividades y se considera totalmente “apolítica” en Cuba por su
énfasis pietista tipo carismático adquirido en las últimas tres
décadas.
La región con mayor porcentaje de población evangélica es
Baracoa, pero hay congregaciones en toda ciudad, pueblo, barrio
o caserío de Cuba. A pesar de las restricciones que todavía
existen aún con la relativa apertura intensificada en los años
noventa, las iglesias demuestran un gran interés en su
crecimiento y desean un espacio en la sociedad cubana y acceso
al sistema educativo y los medios de comunicación social.
Los Testigos de Jehová no tienen relación alguna con los
protestantes, pero deben reconocerse por su fuerza numérica y su
fidelidad a sus creencias. Tienen una feligresía activa de
100,000 personas y son ahora más tolerados, aunque deben
funcionar en forma parecida a las “casas culto”.
Los problemas mayores que experimentan los evangélicos son
precisamente las dificultades para reparar edificios, la casi
imposibilidad de edificar nuevas estructuras, las restricciones
a la evangelización abierta y pública y la confusión existente
entre grupos considerados “oficialistas” y los independientes u
opositores, según sea el caso. El carácter descentralizado de la
mayoría de las iglesias protestantes impide una posición
unificada en cuestiones fundamentales de tipo social.
Por otro lado la tendencia “apolítica” todavía prevalece en
muchas congregaciones e incluso en confesiones enteras. Todo lo
cual debe matizarse pues muchos evangélicos se han integrado en
la oposición y otros mantienen cierto apoyo a la actual
situación cubana, sobre todo tres prominentes clérigos que
forman parte de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Nuevas disposiciones oficiales publicadas recientemente en la
Gaceta Oficial permiten un mayor reconocimiento a las “casas
culto”, pero impone una serie de regulaciones que pudieran hacer
que muchas sean cerradas.
Aún así el futuro del movimiento evangélico parece prometedor
por la perseverancia y fidelidad de la mayoría de los creyentes.