Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, octubre de
2005
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La
Eucaristía para Cuba
Padre Santiago Matheu
El Papa Juan Pablo II nos regaló muchas cosas. Su presencia como
Pastor de la Iglesia por más de 25 años fue el más importante de
esos regalos
Pero su historia anterior, en su Polonia natal, también fue un
regalo para todo el mundo. La experiencia vivida con el nazismo
y más tarde con el socialismo marxista le hicieron asumir una
actitud que, partiendo del sacrificio, se hacía tenacidad,
ilusión y realismo.
Desde que llegó y ocupó la silla de Pedro fue marcando el
tiempo en períodos que nos acercaban la gracia de Dios, la cual
se manifiesta y derrama en el tiempo de cada uno, de los grupos,
de las naciones e indiscutiblemente para la humanidad entera. La
última jornada que nos propuso fue el año de la Eucaristía.
Para reflexionar hoy sobre este sacramento de la Iglesia podemos
utilizar las celebraciones del mismo Papa Juan Pablo II en su
visita a Cuba.
Hubo momentos muy importantes en aquellos días impactantes e
inolvidables.
Con los leprosos del Rincón se unió al mundo del dolor. En ese
recinto importante que es el aula Magna de la Universidad de La
Habana, al lado del xenotafio con los restos del Padre Félix
Varela, recorrió nuestra historia.
Pero los actos más solemnes fueron las misas, las eucaristías
celebradas en cuatro momentos y lugares diferentes.
Por la familia fue la primera de ellas y resultó un magnífico
comienzo.
En Cuba la familia ha sufrido fuertes embates y los cristianos
siempre la han defendido demostrando su valor como institución
imprescindible en la sociedad. Se propuesieron metas que
implicaban tiempo y dificultaban la unión de la familia. La
ideología oficial acentuaba lo social colectivo relativizando y
postergando lo personal y familiar.
En la homilía de esa primera misa el Papa defendió la familia y
exhortó a que se mantuviera unida.
La segunda celebración eucarística fue animada y dedicada a los
jóvenes. La misa es siempre la actualización del único
sacrificio salvífico de Cristo, pero se ofrece en diferentes
momentos y ambientes. Esta diferenciación le da características
muy específicas. Aquí los jóvenes, que representaban a los demás
de su país, llenaron la celebración de su alegría y entusiasmo.
Allí el Papa, ya muy anciano y con su enfermedad que se
acentuaba, mostró que su comunicación con el mundo de los
jóvenes se mantenía casi como al principio. Los jóvenes así lo
percibieron y con sus cantos dieron muestra de esa cercanía.
Juan Pablo II improvisó frases que indicaban espontaneidad y
emoción.
En la siguiente Eucaristía ofreció nuestra historia y coronó a
la Virgen de la Caridad. Entre las montañas orientales nos hizo
amar una historia que para algunos había sido un tanto
desfigurada. Nos mostró muy claramente que la celebración de la
misa tiene que ver con nuestras más profundas y amorosas
realidades.
Y allí, como símbolo importante de esa historia, estaba esa
imagen coronada, la de Juan Moreno y los hermanos de Hoyos, la
de los mambises y de todo el pueblo, la que hace casi
cuatrocientos años espera con paciencia para convocar a sus
hijos en la caridad.
La última misa la celebro en La Habana y en ella comprometió a
todos con la acción social.
La Eucaristía es compromiso y allí delante de la nación de
ahora, con la presencia de los que no creen en Dios e ignoran la
dignidad del ser humano, el Papa celebró una eucaristía con
caracteres supranacionales comprometiendo a todos con la patria.
Allí estuvieron de cualquier manera todos los que en épocas
sucesivas han ido marcando caminos, los cercanos de siempre y
también los que han ido llegando al final de la tarde. En esa
eucaristia se alcanzó a todos los cubanos, porque la visita
desde el mismo inicio fue por arriba de geografías y fronteras.
Y además de esas lecciones magistrales sobre la Eucaristia
acudimos a otros momentos que se han sucedido en todo este
tiempo largo en que ha parecido que la fe se perdía.
Celebraciones de comunidades empequeñecidas y vigiladas, pero
que mantuvieron la semilla de la fe siendo el “resto fiel” que
fue siempre sacramento, signo de la presencia de Dios y de la
acción del Espíritu Santo para los escasos presentes y para
todos.
Cuántas misas celebradas y participadas en capillitas casi
derruidas, en iglesias sin luz, frente a plazas que dirigían sus
altoparlantes hacia el pequeño grupo que se reunía a ofrecer a
Cristo eucaristía por todos, incluyendo a los responsables de la
acción irrespetuosa e irreverente.
Muchas misas celebradas en grupos y convivencias por jóvenes que
junto al sacrificio de Cristo ofrecian el suyo propio por los
riesgos que se podían derivar de su compromiso con Dios y con
los demás.
El año de la Eucaristía lo podemos celebrar ofreciendo el valor
de todos aquellos que han llevado discretamente la comunión a
hospitales, asilos, cárceles y escuelas.
Eucaristía para Cuba y en Cuba. Sacrificio del pueblo unido al
de Cristo, pero Eucaristía que celebra también la resurrección.
La pasión vivida y celebrada es indefectiblemente el camino
hacia la plena exaltación.
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