¿Qué es la juventud?

Juliet

Julieta

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       Romeo

 

Verónica Vega

HAVANA TIMES — Cuando escribí la serie de artículos “Las ventajas de ser pobre”, mencioné lo que significaba en los 70s que una película preferida fuera incluida por azar en la programación de la TV o el cine.

La imposibilidad de copiarla (siquiera en un videocasete), nos hacía vivir la experiencia con intensa avidez: ¡creíamos saber tan bien el valor de lo efímero!

Pero hoy quiero hablar de lo que representa tras largos años de pesquisa, obtener por fin esa misma película en impecable formato digital y disfrutarla con la libertad de repetir alguna escena, y con los radiantes colores que ni soñábamos en nuestros televisores rusos.

Este privilegio lo tuve ¡por fin! con “Romeo y Julieta”, de Franco Zeffirelli, realizada en 1968, estrenada en Cuba diez años después, y considerada con justicia impar versión de la obra de Shakespeare.

Después de deleitarme en la exquisitez de fotografía y vestuario (ambos premiados con Oscares), la belleza de los actores, la verosimilitud de gestos y lenguaje, no pude evitar pensar en cómo el tiempo, sin tocar un filme aún intachable en su dinamismo, sí ha consumado el sentido de la popular canción, que con música de Nino Rota, es un eje dramático en la historia.

Por la simbología de lo que ocurre alrededor del cantante; por el encuentro que propicia y las acciones que éste desencadena; por la ironía de la propia letra que refleja en sincronizada coreografía los matices de la naturaleza humana que a su vez expone el círculo de oyentes, y por cómo se va cumpliendo a lo largo de la obra, y fuera, en la vida de actores y espectadores:

What’s a youth:
impetuous fire,
what is a maid:
ice and desire.
The world wags on…

La temporalidad de la existencia y la aún más feroz temporalidad de cada nueva generación que como las precedentes, transmuta la pasión en ira, confusión, ingenio, fanfarronería. El hipnotismo de cada turno en la breve puesta en escena que llamamos “mundo”. Este y no el odio que impide el amor, como tanto se ha dicho, es para mí el tema de la popular obra.

El propio Romeo, que experimenta en Julieta la realización de un amor al que equívocamente se había anticipado con otra joven, descubre en la cripta donde yace su esposa (no muerta sino en estado cataléptico), la inutilidad de esa violencia. Mira el cadáver de Teobaldo y expresa que la misma mano causante de su muerte, como retribución, matará a quien lo mató.

Muerte por muerte, juventud por juventud, sueño por sueño. Todo igualado ante el poder arrasador de la vida (cósmica), ante la extraña e irrefrenable voluntad de los acontecimientos.

No es pues, una denuncia de la violencia que impide el amor, sino de la alucinación que es cualquier intento de trascendencia en este juego, como bien dice Mercucio, quien vuelca su propio dolor existencial en un chiste: “(soñé) que los soñadores con frecuencia mienten”.

¿Adónde vamos, mientras la malvada Mab, (¿Maya?), al decir de Mercucio (John Mc Enery) se divierte enredando los cabellos de los durmientes, infectando los labios que aspiran a besos, apretando las piernas de las doncellas que sueñan con goces carnales? Olvidamos que es un sueño al fin, “engendrado por vana fantasía, insustancial e inconstante como el aire”.

Y así como termina el sueño de estos adolescentes ante la consternación de sus familiares que descubren el precio desmedido del odio, terminó el de los actores que interpretaron a los míticos amantes: Leonard Whiting, Olivia Hussey. Británico él, ella nacida en Argentina pero educada en Inglaterra, ambos con rasgos que parecen salidos de pinturas renacentistas, dieron vida a este primer amor que cada época reviste de identidad y esperanza.

¿Dónde está ahora su juventud? ¿Y sus sueños? Los dos recibieron Premios Globo de Oro por jóvenes promesas, pero la carrera de ella se estancó en películas que no trascendieron y él abandonó muy pronto la aventura del celuloide.

No quiero decir, por supuesto, que eso demerite sus vidas. Confío más en el anonimato que en la fama, aunque sean contrapartes de una misma máscara: la de la reina Mab, que activa nuestros delirios y aguza nuestro paladar solo para terminar degustando la bilis al final de la miel; la extenuación al final de la fuerza; la muerte al final de la cacería inútil de espejismos:

…”death will comes soon to hush us along
Sweeter than honey and bitter as gall
love is a pastime that never will pall
Sweeter than honey and bitter as gall
Cupid he rules us all”.

Girando en el carrusel de las emociones y los anhelos, Cupido nos hace jugar a todos. Pero desfilan los créditos, se apaga la música, y me quedo con la sensación de que algo falta. Pienso con insistencia: “Eso no es todo.”

El dilema de Mercucio, de Hamlet… el de Shakespeare: la persecución de algo más incorpóreo que el amor, más volátil. Siglos después retomaron esta búsqueda con furor los impresionistas, intentando atrapar un efecto visual, “una ilusión” de la luz y el color antes del siguiente cambio.

Esa “pausa de la luz”, como la juventud, es el símbolo de que existimos por el constante movimiento. Y sufrimos porque únicamente vemos el reflejo, pero de algún modo sabemos que solo una permanencia (aún invisible), puede sostener todos los cambios.

De ahí venimos, y hacia ahí vamos.

Cuba, Francisco y La Caridad

 
Félix Sautié Mederos
Crónicas Cubanas

Desde hace algunos años después del rotundo fracaso del Ateísmo Científico que se intentó imponer en la conciencia, los sentimientos y alma del pueblo cubano, ha aflorado un fenómeno muy especial que algunos detenidos en el tiempo no alcanzan a comprender, el que estuvo escondido durante los aciagos tiempos de aquella etapa de ateísmo obligatorio, mediante el cual la Caridad del Cobre emerge de nuevo desde lo más íntimo del alma cubana que nunca abandonó tal y como lo hacen las madres con sus hijos por muy desgraciados y excluidos que sean por parte de la sociedad y del mundo. Su surgimiento se ha producido con una fuerza inusitada y creciente como un símbolo genuino de identidad y sentimientos de lo realmente cubano. En esta circunstancia año tras año durante la conmemoración de la Patrona y Reina de Cuba se revive desde lo más profundo del ser interior de los cubanos una fe muy especial, que en muchos se manifiesta más allá de lo estrictamente religioso confesional, pero que nos une a los que somos y nos sentimos cubanos en un sentimiento de identidad nacional y resistencia ante los adversidades que sufrimos y que nos amenazan en el presente y el futuro que tenemos por delante.

Este fenómeno espiritual cobra cada año mayor fuerza en la medida que el hastío y el desencanto de la población crecen ante la incapacidad de las cúpulas para comprender las circunstancias, necesidades y anhelos del pueblo. Es una impronta que aumenta muy pesar de las consignas, de las advertencias y de los conformismos inexplicables. Todo ello se manifiesta en un forzado proceso en el que se nos trata de explicar que es socialismo lo que realmente no lo es, y no puede serlo, porque sin el pueblo con centralización y autoritarismo sostenidos por una burocracia y tecnocracia intolerantes, no se podrán convertir en realidad las consignas de crear un socialismo realmente próspero y sustentable.

Debo decir que quizás como nadie desde el exterior, el Papa Francisco ha comprendido las circunstancias actuales del pueblo cubano. Lo ha hecho más allá de cualquier manifestación de la política y de la economía confesionalmente ideológica. Lo ha expresado simplemente a partir de la verdad, de su comprensión de los sufrimientos y de los anhelos de un pueblo que se ha manifestado y se manifiesta a favor de la justicia, de la solidaridad y de la equidad entre los personas, cuyos sueños y sentimientos humanistas han sido rotos por un autoritarismo contra natura que ha intentado imponer un sistema de ordeno y mando cada vez más ineficiente e incapaz de resolver los agudos problemas que afronta el país.

Me refiero a los más recientes gestos de Francisco al respecto de lo que estoy exponiendo, tal y como es su conducta desde su elección como Papa. Han sido concretos, sencillos de comprender y profundos. Invitó a los Obispos cubanos al Vaticano en cuyos jardines en una gruta se erigió una pequeña estatua de bronce de la Caridad del Cobre con una muy especial historia, lugar específico en donde se exponen imágenes de algunas advocaciones de la Virgen María. Días después, con motivo de la conmemoración de la Patrona de Cuba, envió un especial mensaje a los cubanos al que me referiré más adelante y la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos de la Santa Sede declaró de Solemnidad al día de la Patrona de Cuba, lo que constituye una especial deferencia de la Iglesia Universal a la devoción de los cubanos por la Virgencita morena que desde 1612 nos acompaña y simboliza nuestra identidad y nuestra cultura nacional mestiza y diversa.

Con independencia de las interpretaciones teológicas y litúrgicas que implican estos importantes gestos que sería tema suficiente para un artículo en sí mismo, en esta ocasión quiero referirme especialmente al mensaje de Francisco que se leyó en Cuba en los muy abarrotados templos que se colmaron el pasado Día de la Caridad del Cobre, a lo ancho y largo de nuestro país, en donde se efectuaron este año más de 100 nutridas procesiones en todo el territorio nacional, las que estuvieron prohibidas durante el tiempo de la vigencia del ya derogado Ateísmo Científico. Tampoco voy a referirme a las muchas actividades que ya se reportan desde lo más íntimo de la diáspora cubana, dispersa fuera de nuestras fronteras, porque además de ser extenso no me corresponde hacerlo desde mi Rincón de Centro Habana en donde escribo mis Crónicas Cubanas.

Francisco ha sido certero, oportuno y orientador con los tres verbos que nos señaló para que los cubanos los meditáramos profundamente. Sintetizo porque su mensaje fue extenso y cito textual aspectos esenciales:

-Alegrarse: el cristiano no duda que aquello que se hace con amor, engendra una serena alegría, hermana de esa esperanza que rompe la barrera del miedo y abre las puertas a un futuro prometedor

-Levantarse: no podemos quedarnos de brazos caídos, lamentándonos solamente, o tal vez escurriendo el bulto para que otros hagan lo que es responsabilidad propia

-Preservar: ser hombres y mujeres constantes en el buen obrar, que mantienen su palabra, que son siempre fieles. Y esto porque confiamos en Dios y ponemos en Él el centro de nuestra vida y la de aquellos a quienes queremos

Es mucho lo que nos expresa Francisco para que salgamos de nuestro hastío, nuestro letargo y nos dispongamos actuar por la vida. No sé que más podría decirse desde los ámbitos planetarios y desde los más íntimos sentimientos humanos al respecto de los anhelos y frustraciones de los cubanos, para que se abran definitivamente los oídos que deben oír y le den paso a la vida, a la verdad, al bienestar y al porvenir de la Patria.

Así lo pienso, así son mis sentimientos desde lo más profundo de mi fe cristiana y mariana; y así lo afirmo con mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular. : fsmederos@gmail.com

Publicado en Por Esto! el jueves 10 de septiembre del 2014.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=350035

El Papa advirtió que vivimos una tercera guerra mundial combatida “por partes”

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La Nación

ROMA.- El papa Francisco advirtió hoy que puede hablarse de una “tercera guerra mundial” combatida “por partes”, azuzada por “intereses espurios” como “la codicia” y permitida por una suerte de “indiferencia cainita” que ya consintió las atrocidades del pasado.

Esta es la síntesis de la encendida homilía que Francisco pronunció durante su visita al cementerio de Fogliano Redipuglia, que alberga los restos de los miles de caídos en este frente del nordeste de Italia durante la Primera Guerra Mundial.

Serio, visiblemente emocionado y con un tono de voz creciente, el pontífice dijo que la guerra es “una locura” alimentada por conceptos como “la avaricia, la intolerancia y la ambición de poder” que a menudo encuentran justificación en la ideología y que destruye y trastorna todo.

Además, Francisco criticó la indiferencia instalada en la sociedad, que ilustró con la respuesta con la que Caín negó ante Dios conocer el paradero de su hermano asesinado: “¿A mi qué me importa?”.

La guerra es una locura

“Sobre la entrada a este cementerio se alza el lema desvergonzado de la guerra: «¿A mí qué me importa?». Todas estas personas, cuyos restos reposan aquí, tenían sus proyectos, sus sueños… (…) La humanidad dijo: «¿A mí qué me importa?»”, recordó.

En Papa dijo que en la “sombra” de la sociedad convergen “planificadores del terror”, “intereses, estrategias geopolíticas, codicia de dinero y de poder” y una industria armamentística cuyo corazón está “corrompido” por “especular con la guerra”.

El pontífice instó a los fieles “con corazón de hijo, de hermano y de padre”, a “llorar”, es decir, a reaccionar ante el belicismo y a abandonar la postura de Caín, que tras asesinar a Abel no derramó ninguna lágrima.
Recorrida

Para conmemorar el trágico aniversario de la Primera Guerra Mundial, el Papa hizo este viaje pastoral de apenas cinco horas y visitó los camposantos de las partes beligerantes.

En primer lugar, rezó en solitario en el cementerio austrohúngaro, donde yacen en suelo italiano 14.550 combatientes del Eje Central. Luego fue al sagrario militar de Redipuglia, donde están los restos de 100.000 soldados italianos.

Este último fue el escenario donde Francisco llevó a cabo su misa y su homilía, en la que participaron los cardenales de Viena y Zágreb, además de obispos de Austria , Croacia, Hungría y autoridades civiles y militares.

 

El “Padre Nuestro chavista” es un “pecado de idolatría”

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La Iglesia venezolana califica de ofensa a los cristianos la ‘oración’ al presidente fallecido.

José Luis Celada
Vida Nueva
13 de septiembre de 2014

 

El cardenal Jorge Urosa Savino, arzobispo de Caracas, ha calificado de “pecado de idolatría” la oración “Chávez nuestro” dada a conocer el pasado 1 de septiembre por la delegada gubernamental María Estrella Uribe, durante la clausura del I Taller para el Diseño del Sistema de Formación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), celebrado en la capital del país.

En un breve comunicado hecho público apenas dos días después, el purpurado recordaba, asimismo, que “los símbolos, oraciones y elementos religiosos católicos se deben respetar”.

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El obispo de Caracas con Hugo Chávez en 2006.

En su pronunciamiento, bajo el significativo título de El “Padre Nuestro”, Urosa se hace eco de un hecho que está en boca de sus compatriotas desde principios de este mes. “En estos días –escribe– se ha dado a conocer una nueva versión de la oración más universal del cristianismo: ‘el Padre Nuestro’”. Una plegaria que “se dirige al difunto presidente Chávez en lugar de a Dios, nuestro Padre Celestial”, denuncia el primado venezolano, antes de subrayar que “el Padre Nuestro, la oración por excelencia de los cristianos del mundo entero, proviene de los mismos labios de Nuestro Señor Jesucristo en el Sermón de la Montaña (Mt 6, 9-13), y por ello es intocable”. En su opinión:

Así como a nadie se le permitiría cambiar la letra del Himno Nacional para honrar a una persona, tampoco a nadie es lícito cambiar el Padre Nuestro o alguna otra oración cristiana, como el Credo.

E insiste: “Los símbolos, oraciones y elementos religiosos católicos se deben respetar”.

Más adelante, el arzobispo de Caracas advierte que “quien dijera esa versión nueva e indebida del Padre Nuestro ateniéndose al texto literal estaría cometiendo el pecado de idolatría, por atribuir a una persona humana cualidades o acciones propias de Dios”. Una admonición que, de uno u otro modo, alude a la propuesta realizada por Uribe durante el citado encuentro en la capital, cuando sugirió que “Chávez nuestro” fuera la “oración de los delegados” del PSUV, a modo de “compromiso espiritual”, aunque sin llegar a convertirse en una plegaria adoptada por el partido.

 

 

Así es el Islam – conozca a los fervorosos y devotos mahometanos

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Un miembro de Estado Islámico posa ante una verja en la que están, ensartadas, las cabezas de varios cristianos.

 

El Islam está fundamentado sobre la conquista militar. La historia del Islam, desde su nacimiento está atestada de violencia y guerra, fue trascendido por “el filo de la espada”, hasta el presente día. No creo que el futuro será mejor. Si seguimos la pista de la vida privada de Muhammad, el Profeta del Islam, observamos que vivió para satisfacer sus deseos carnales. Muhammad mató y ordenó matar a trece personas, organizó, participó y luchó en ochenta y ocho batallas en menos de diez años desde el año 622 hasta su muerte en el año 632. Después de la muerte de Muhammad sus sucesores, los califas, se dedicaron a conquistar grandes pueblos y ciudades. Expulsando familias enteras de sus hogares, hombres decapitados, mujeres y niñas violadas, niños esclavizados imponiendo su brutal dominio por la espada. Dejando tras de sí, un río de sangre que corre por la historia del Islam, hasta hoy en día, reflejado en la actitud de EIIL en Irak y Siria.

Actualizado 5 septiembre 2014
Carta abierta al Gobierno Español

Escribo esta carta, desde la preocupación, el cariño y el amor que profeso a mi país de acogida, España, al que tanto amo. A partir del momento de mí llegada a esta querida patria, me sentí y me sigo sintiendo español de pies a cabeza y de corazón.

Hace unos días leí en el periódico “El Mundo” que “el Gobierno Español está dando los últimos toques a una estrategia para luchar contra el islamismo radical en España en la que pretende contar con la ayuda de los imanes moderados que dirigen el rezo de la comunidad musulmana en nuestro país. Algunos de estos “imames moderados”, como Moneir el Messery, imam y responsable de la mezquita de Leganés- Madrid y Riay Al Tatari imam de la mezquita de Estrecho- Madrid y el presidente de la Unión de las Comunidades Islámicas en España, insisten en que el terror es contrario al Corán y al Islam”.

Como cristiano creyente y practicante, creo totalmente en la convivencia con otras religiones y creencias. Pero, con todo lo que he estudiado sobre el Islam, con todo lo que he vivido y visto en mi país natal (Irak) y con el aumento del radicalismo y el fanatismo islámico en la actualidad, no creo en la posibilidad del acuerdo con el Islam.

Está claro que mis conocimientos sobre los orígenes del Islam y el desarrollo del Corán, el libro sagrado de los musulmanes, discrepan mucho con las opiniones políticamente correctas, con los musulmanes y sus imames. Mis amigos y compañeros me tachan de polémico y políticamente incorrecto, porque expreso mi opinión con toda sinceridad y franqueza, pero con el conocimiento de causa.

El mundo occidental, permanece ignorante e ingenuo sobre las intenciones y el peligro de la segunda religión más extensa del mundo “El Islam”. El Islam está fundamentado sobre la conquista militar. La historia del Islam, desde su nacimiento está atestada de violencia y guerra, fue trascendido por “el filo de la espada”, hasta el presente día. No creo que el futuro será mejor. Si seguimos la pista de la vida privada de Muhammad, el Profeta del Islam, observamos que vivió para satisfacer sus deseos carnales.

Muhammad mató y ordenó matar a trece personas, organizó, participó y luchó en ochenta y ocho batallas en menos de diez años desde el año 622 hasta su muerte en el año 632. Después de la muerte de Muhammad sus sucesores, los califas, se dedicaron a conquistar grandes pueblos y ciudades. Expulsando familias enteras de sus hogares, hombres decapitados, mujeres y niñas violadas, niños esclavizados imponiendo su brutal dominio por la espada. Dejando tras de sí, un río de sangre que corre por la historia del Islam, hasta hoy en día, reflejado en la actitud de EIIL en Irak y Siria.

El Corán, el libro sagrado de los musulmanes, es un libro violento, lleno de odio y discriminación. El Corán y sus versos son responsables de todo el terrorismo, desde el comienzo del Islam hasta nuestros días, como lo estamos viendo. Eso no lo digo yo sino que el Corán mismo impulsa a sus creyentes a una lucha armada por su fe para seguir los preceptos de Allah, que también se llama Yihad o guerra santa. Hay doscientos cincuenta y cinco versículos en el Corán que ordenan la violencia y la matanza, lo que no está permitido en cualquier otra religión, o en un mundo civilizado.

Como ejemplo, a continuación algunos versículos que ordenan a los musulmanes a hacer al Yihad y justifican la matanza en el nombre de “Allah”:
(Sura 2:191-193, 216-218, 244) (Sura 3:157-158, 169, 195) (Sura 4:71-74, 84,91) (Sura 5:35) (Sura 8:12, 17, 39, 60-65, 74-75) (Sura 9:5, 14, 20, 24, 29, 36, 38, 39, 41, 73, 111) (Sura 22:58,78) (Sura 25:52) (Sura 29:6) (Sura 47:4) (Sura 61:4,11) (Sura 66:9) “Matadles donde quiera que los encontréis y expulsadles de donde os hayan expulsado. La oposición (a vuestra creencia) aguantar persecución es peor que matar. Quien combate por Alá combate, en realidad, en provecho propio. Alá, ciertamente, puede prescindir de las criaturas”.

La guerra santa (al Yihad) es un pilar muy importante y fundamental en el Islam y los musulmanes. Al Yihad debe dirigirse contra los pueblos infieles, entre ellos la gente del libro, es decir judíos y cristianos, vecinos del territorio del Islam. Pero éstos, antes de ser combatidos, deben ser invitados a convertirse. Si aceptan, formarán parte de la comunidad musulmana; si no, serán conquistados por la fuerza o por capitulación. Porque los musulmanes se muestran orgullosos de su comunidad y sus predicadores como muestra (Sura 3:110) “Sois la mejor comunidad humana que jamás se haya suscitado: ordenáis lo que está bien, prohibís lo que está mal y creéis en Dios. Si la gente de la Escritura creyera, les iría mejor. Hay entre ellos Creyentes, pero la mayoría son perversos”.

Al Yihad divide al mundo en dos partes: los que queremos vivir en Paz y el Islam que quiere la guerra y la conquista, hasta que todo el mundo esté convertido al Islam (Sura 9:33) “Él es Quien ha mandado a su Enviado con la Dirección y con la religión verdadera para que, a despecho de los asociados, prevalezca sobre toda otra religión”. (Sura 9:123) “Oh creyentes, hagan guerra contra los infieles que moran entre vosotros. Que ellos encuentren firmeza en vosotros”.

Al leer estos textos, es muy fácil para los terroristas islámicos justificar sus acciones. Muhammad predica que quien muere haciendo el Yihad va directamente al paraíso a disfrutar de placeres sexuales. El peor creyente musulmán en el paraíso tiene 80000 esclavos y 72 Huríes, que son mujeres vírgenes eternamente, bellas con ojos grandes y brillantes. (Sura 56:17-22) “Circularán entre ellos jóvenes criados de eterna juventud con cálices, jarros y una copa de agua viva, que no les dará dolor de cabeza ni embriagará, con fruta que ellos escogerán, con la carne de ave que les apetezca. Habrá huríes de grandes ojos”. (Sura 47:15) “Imagen del Jardín prometido a quienes temen a Alá: habrá en él arroyos de agua incorruptible, arroyos de leche de gusto inalterable, arroyos de vino, delicia de los bebedores, arroyos de depurada miel. Tendrán en él toda clase de frutas y perdón de su Señor. ¿Serán como quienes están en el Fuego por toda la eternidad, a los que se da de beber un agua muy caliente que les roe las entrañas?”. Esto es exactamente lo que pensaban los terroristas que destruyeron las torres gemelas y el pentágono, a tenor de la carta postmortem que dejó uno de los terroristas; y porque es lo que aun enseñan todos los imames y líderes religiosos islámicos en todo el mundo. No se trata de enseñanzas de la época de Muhammad, se trata de enseñanzas que aún siguen vigentes en el día de hoy. Según los dirigentes musulmanes; el Islam es la solución para la humanidad, el remedio universal, a todos los problemas políticos, económicos y morales de todas las sociedades. Si no cree, pregunta a cualquier musulmán, entre ellos, al shej Muhammad Moneir el Messery y Riay Al Tatari el presidente de la Unión de las Comunidades Islámicas en España.

Sin embargo, en los países donde domina el Islam, es la viva imagen del fracaso, del desorden y de la tiranía erigida en sistema único de gobierno. En realidad, el Islam es el causante de la barbaridad y la movilización y por otra parte es una ideología que justifica, en el nombre de “Allah” su Dios, la persecución de los no musulmanes.

Tanto el Corán como los Hadices (los dichos, hechos y actos de Muhammad) enseñan que los musulmanes deben destruir las vidas y las propiedades de aquellos que no aceptan el Islam. Los musulmanes no aceptan como amigos a los judíos, a los cristianos, a los ateos y a los enemigos del Islam. (Sura 4:34,89,101,144) (Sura 5:33,51,82) (Sura 49:15) “Creyentes; No toméis como amigos a los judíos y a los cristianos. Son amigos unos de otros. Quien de vosotros trabe amistad con ellos, se hace uno de ellos. Dios no guía al pueblo impío. Querrían que negarais la verdad como ellos la han negado, para que fuerais iguales. Por tanto no hagáis amistad con ellos ni les toméis por aliados vuestros, hasta que no abandonen sus hogares para marchar en el camino de Alá (Yihad) con vosotros. Y si se cambian su pensamiento, atrapadlos y matadlos allí donde quiera que los encontréis y No aceptéis su amistad ni auxilio”.

El Islam o Muhammad, ordena a sus seguidores ser enemigos de las otras religiones y tratarlos como tales, combatir contra ellos hasta la conversión. Si no lo hacen se les condena a la esclavitud o a la muerte. Sahih Al Bujari, Bab Al- Iman, Hadiz o dicho N. 25, habla del Yihad: “Muhammad dijo: Dios me ordenó luchar contra todos aquellos que no manifiesten la declaración de la Fe musulmana, No hay más dioses que Allah, y Muhammad su mensajero, deben rezar, dar limosna y ayunar en el mes de Ramadán. Si hacen todo eso serán salvados, si no lo hacen, tienen la muerte segura”. Hay que combatir a los cristianos y a los judíos hasta que acepten el estatuto especial que les está reservado; en el Corán (Sura 9:29) “Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Dios ni en el último Día, ni prohíben lo que Dios y su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente”. Los musulmanes nunca tienen sentimientos de culpa tras las matanzas de infieles. Porque el Corán les traslada el sentimiento de que no hacen nada malo matando a los infieles. Las palabras del Corán en (Sura 8:17) “No erais vosotros quienes les mataban, era Alá Quien les mataba. Cuando tirabas, no eras tú quien tiraba, era Alá Quien tiraba, para hacer experimentar a los creyentes un favor venido de Él. Alá todo lo oye, todo lo sabe”. Esto significa que los musulmanes no tendrán ninguna culpa al matar a un infiel porque es el deseo de Allah y Allah solamente está utilizando sus manos para matar a los infieles.

Es verdad que hay muchos versículos en el Corán (124 versículos) que reconocen tanto a los judíos como a los cristianos y alaban sus libros sagrados; la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento), (Sura 3:3) “Él te ha revelado la Escritura con la Verdad, en confirmación de los mensajes anteriores. Él ha revelado la Tora y el Evangelio”.

El Corán contiene versículos de reconocimiento de libertad religiosa, de no dañar los árboles, no matar niños, ni mujeres, ni ancianos…etc. Como por ejemplo (Sura 2:256) “No hay coacción en religión”. (Sura 10:99) “Si tu Señor hubiera querido, todos los habitantes de la tierra, absolutamente todos, habrían creído. Y ¿vas tú a forzar a los hombres a que sean creyentes?”.

En realidad los versículos del Corán pertenecen a dos períodos: 1. Versículos fueron transmitidos en la Meca, desde el año 612 a 622, durante la estancia de Muhammad y sus seguidores en la Meca, en que eran minoría y muy débiles. Por eso los versículos del Corán en esta etapa, hablan de cosas muy poéticas, de paz, convivencia, de alabanzas y bellas historias, en ciento veinticuatro versículos. 2. El resto de los versículos fueron transmitidos en Medina, desde el año 622 a 632. Muhammad fue nombrado en Al Medina Jefe de Estado y líder religioso. Muhammad tuvo muchos seguidores, formó un ejército, se hizo muy fuerte y endureció sus enseñanzas.

Según una ciencia del Islam conocida como “Al Nasj wa Al Mensuj”, que significa que tales versículos del Corán abrogan y son abrogados. Por este procedimiento, los versículos del Corán medineses (los segundos) abrogaron a los de la Meca (los primeros). Podemos decir que “Al Nasj wa Al Mensuj” permitieron armonizar las contradicciones aparentes en la jurisprudencia islámica. Sencillamente, quiere decir que los versículos posteriores anulan la función de los versículos anteriores. Todos los versículos, que hablan del dialogo y la convivencia con otras religiones fueron trasmitidos en la primera etapa de Muhammad cuando todavía era débil y con pocos seguidores. Todos ellos fueron abrogados por los versículos divulgados después, cuando Muhammad se hizo fuerte y tuvo muchos seguidores y anunció versículos violentos como (Sura 9:5) “Cuando hayan transcurrido los meses sagrados, matad a los asociados dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes! Pero si se arrepienten, hacen la azalá y dan el azaque, entonces ¡dejadles en paz! Alá es indulgente, misericordios”. A lo largo de la historia del Islam, muchos autores y exégetas musulmanes, han escrito sobre el Nasj wa Al- Mansuj. Entre ellos, el Shej Muhammad Moneir el Messery, “considerado por algunos como musulmán moderado” antiguo imam de la mezquita de M30, actualmente imam y responsable de la mezquita de Leganés- Madrid que presentó su tesis doctoral tratando este tema en la universidad autónoma de Madrid en 2004.

Todos los musulmanes, todos los que creen en el Corán, tienen el mismo pensamiento. No hay dos tipos de musulmanes ni existen musulmanes, ni mucho menos imames moderados. Un musulmán estrictamente siempre es un musulmán que sigue la educación y las doctrinas del Corán. Y es la pura verdad, porque según (Sura 4:56-57) “A quienes no crean en Nuestros versículos les arrojaremos a un Fuego. Siempre que se les consuma la piel, se la repondremos, para que conozcan el castigo. Alá es poderoso, indudable. A quienes crean en Alá y obren bien, les introduciremos en jardines por cuyos bajos fluyen arroyos, en los que estarán eternamente, para siempre. Allí tendrán esposas purificadas y haremos que les dé una sombra espesa”. Eso significa que todos los musulmanes, tienen la obligación de creer, aplicar y respetar cada uno de los versículos del Corán a pesar de que en el publico pretendan ser musulmanes “moderados”, utilizando los 124 versículos “pacíficos” anulados cuando quieren hablar del Islam. Totalmente mentira, ¡El Islam permite el engaño! el Corán, describe Allah como el dios de la intriga, le llama el mejor de los intrigantes (Sura 8:30) “Y cuando los infieles intrigaban contra ti para capturarte, matarte o expulsarte. Intrigaban ellos e intrigaba Alá, pero Alá es el Mejor de los que intrigan”. Si, los musulmanes creen y aplican todos los versículos del Corán, significa que también aplican y creen en aquellos versículos violentos que asume al Yihad, el odio a los infieles, discriminación contra las mujeres etc.…No se puede diferenciar entre “Islam Violento” y “Islam Moderado”. El Islam es uno fanático, que enseña y practica las palabras del Corán. Por lo tanto, no se deje engañar, no hay imames moderados, incluso el Shej Muhammad Moneir el Messery, y Riay Al Tatari, hay que analizar sus publicaciones, sus discursos y enseñanzas en lengua árabe, que los conozco muy bien, hay que examinar las obras y no las palabras. Por otro lado, no se puede negar que hay musulmanes de buena voluntad, a pesar del Islam no gracias al Islam.

El Islam es uno de los problemas mayores que tiene el mundo actual, uno de los principales peligros para la paz de nuestra época, especialmente para el Occidente y sobre todo España. La principal pregunta que preocupa en estos momentos a mucha gente es si el aumento de la población musulmana en los territorios europeos llevará a la islamización de Europa. El alto dirigente musulmán, el doctor Yusof Al- Qardawy, miembro de la hermandad musulmana y presidente de la liga musulmana en el mundo, de origen egipcio y residente en Qatar, en sus declaraciones a la televisión Al Yasira, en su programa semanal, repite siempre: “El Islam y los musulmanes no nos hace falta la guerra santa o Al Yihad para conquistar Europa y el Occidente, porque ya estamos dentro, con nuestros emigrantes, nuestros negocios y los vientres de nuestros mujeres, en pocos años la conquista islámica a Europa es un echo real”.

Los hombres y mujeres de religión islámica vienen aquí principalmente por un motivo económico. Otra cosa es que las mentes retorcidas aprovechen ese hecho, para controlarlos en el viejo continente mediante una red de imames muy bien organizada y financiada directamente por Arabia Saudita y Qatar.

Preguntar el Shej Muhammad Moneir el Messery, y Riay Al Tatari ¿Quién os financia y todas las mezquitas en España?

El Islam y los musulmanes están conquistando España, Al Andalus árabe perdido y lo consideran suyo, porque según el Islam y los musulmanes, tierra conquistada por el Islam es tierra musulmana para siempre. Fue por la desunión, por la que España fue conquistada en el siglo VII, la formaba un reino sin orden ni cohesión. De eso se aprovecharon los musulmanes durante ocho siglos. Algo parecido, ocurre hoy día con las 17 autonomías innecesarias. . Los musulmanes sí que lo recuerdan, por eso se aprovechan de la actual desunión, para una segunda invasión silenciosa, bajo la permisividad de políticos de bajo perfil, acomplejados, recelosos de llamar a las cosas por su nombre. Ellos recuerdan aquella desunión, la misma que hay ahora y que muchos políticos fomentan, ellos lo saben, de paso, se frotan las manos, se ríen, se aprovechan y se preparan para su segunda invasión.

En la actualidad los musulmanes representan el 3 % de la población española, hay en el territorio español 1.703.529 musulmanes, la mayoría de ellos poseen la nacionalidad marroquí 783.137 personas, seguidos por los de nacionalidad española 525.842 entre los que cabe destacar los musulmanes conversos, que tuvo lugar a partir del final de los años 70 y hasta nuestros días y sus descendientes, melillenses, ceutíes y marroquíes nacionalizados así como los descendientes de estos.

Cataluña es la comunidad con mayor número de musulmanes, alcanzando casi al medio millón 478.879, Andalucía es la segunda comunidad con mayor número de musulmanes con 266.421. Les siguen las comunidades de Madrid 249.643, comunidad Valenciana 176.053 y Murcia 86.275. El tercer grupo por importancia lo constituyen los pakistaníes 79.626, que se concentran fundamentalmente en Cataluña, y por detrás de ellos están los senegaleses 63.491 y los argelinos 62.432. Los municipios con mayor número de ciudadanos musulmanes son Barcelona, Ceuta, Madrid y Melilla. En concreto, hay contabilizadas oficialmente cerca de mil mezquitas o lugares de culto del Islam en las distintas autonomías. Las comunidades en las que las mezquitas son más numerosas son Cataluña (214), Andalucía (138) y Madrid (98). Otras autonomías que también cuentan con lugares de rezo para musulmanes son Castilla La Mancha (63), Murcia (57), Aragón (47), Ceuta (43) y el País Vasco (30). Las comunidades con menos mezquitas son Asturias (7) y Cantabria (2).

Nuestros dirigentes deben de saber de buena tinta el Islam en su realidad o por lo menos tener unos asesores o consejeros fieles, capaces, preparados, estudiosos, conocedores e informados sobre el Islam: religión, historia, teología, cultura e idioma. Que no sean árabes musulmanes, porque ni el árabe, ni el musulmán traicionan a su patria o a su religión jamás. El musulmán es hermano del musulmán, a pesar de sus diferencias como se muestra el Corán (Sura 49:10) “Los Creyentes son, en verdad, hermanos. Reconciliad, pues, a vuestros hermanos y temed a Dios. Quizás, así, se os tenga piedad”.

Además, hay que tomar medidas urgentes, más vele tarde que nunca. Hay que preparar agentes especialistas (policías) nativos europeos patriotas, que estudien y estén al tanto del Islam: religión, historia, teología, cultura e idioma. Que no dependan de los traductores árabes musulmanes, porque, repito y no me canso, lo digo por experiencia, ni el árabe ni el musulmán traicionan a su patria o a su religión, nunca. Además de preparar jueces especialistas en el terrorismo islámico.

Finalmente, no confiar en las buenas palabras de los imames de las mezquitas y los cabecillas de los musulmanes en nuestros países Occidentales, que son muy capaces de engañar a cualquiera, más bien, exigirles a condenar la violencia en sus discursos del viernes.

Que Dios bendiga y ayuda a nuestros dirigentes para que pueden protegernos de los malvados musulmanes.

Raad Salam Naaman
Cristiano católico caldeo de origen iraquí

Más información:
Raad Salam Naaman, Profecía y Profetas monoteístas “judaísmo, cristianismo e Islam”, editorial Monte Riego, León- España, 2014.
Raad Salam Naaman, Todo Sobre el Islam, editorial Monte Riego, León- España, 2013.
Raad Salam Naaman, Desvelando el Islam, editorial Monte Riego, León- España, 2012.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=37476

2014-09-06

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Hamás ha declarado numerosas veces que su objetivo final no es destruir Israel, sino constituir el Califato Mundial y “recuperar” Al-Andalus.
Las autoridades marroquíes han advertido la policía española que algunos de los más de 3.000 yihadistas marroquíes que combaten en Siria e Irak están empezando a regresar a sus hogares, y que muchos de ellos son propensos a intentar infiltrarse en el territorio continental español a través de los enclaves españoles del norte de África de Ceuta y Melilla.
Estos yihadistas, entre ellos españoles convertidos al Islam, han participado en las orgías de sangre de decapitaciones, degüellos de cristianos y violación de cristianas en Irak. 19.08.2014

Lo de Irak hiela la sangre – 19 agosto 2014

No doy crédito, a pesar del “ferragosto” mes inhábil . ¿Cómo es posible que la comunidad internacional no haga nada ante el EXTERMINIO en Irak de todo lo que no sea radicalmente islámico. Los llamados combatientes del Estado Islámico de Irak y Al Sham (ISIS), que deberían haber sido ya decretados “ENEMIGOS DE LA HUMANIDAD”. EL Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debería haberse reunido ya; los casos azules movilizados como fuera de interposición de lo que es absolutamente intolerable: que te degüellen por no ser islámico o que te crucifiquen por cristiano, o que te disparen o que te violen o toda la retahíla de injusticias que afectan a cientos de miles de personas en Irak. Pues parece que a todos nos da igual y demos por bueno que huyan si no quieren convertirse a la yihad. Nadie se ha preocupado por evacuar a los yazadíes, ni por frenar a los agresores. Europa no existe y Obama, está de salida, no quiere más líos. Bendito Bill Clinton con su amenaza de bombardear Belgrado, que acabó con la última guerra en los Balcanes.

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Crucifixiones de cristianos en Siria e Irak –

Es inconcebible que la muerte de Brown en Misuri, eclipse en la prensa internacional y española la catástrofe humanitaria de Irak donde miles de personas han perdido la vida por profesar ideas religiosas no islámicas, incluso a veces, no suficientemente islámicas… Europa se ha lavado las manos tras ordenar el envío de armas a “peshmerga” en el Kurdistán iraquí, pero ¿Es eso decente, moral, suficiente y sobre todo rápido como para evitar la catástrofe sobre los agraviados? Hemos permitido que un millón de personas hayan abandonado sus hogares desde que en enero comenzara esta pesadilla de limpieza étnica.

Agosto ha sido terrible, primero en Sinjar, en el norte de Irak y luego en Mosul, su segunda ciudad. Cientos de civiles, sobre todo yazadíes eran torturados y asesinados por no ser suníes. Un mes de oprobio en el que nadie ha reaccionado a sus planteamientos genocidas: o te conviertes o huyes o mueres.

Tengo buenos amigos iraquíes, musulmanes, que condenan los abusos, lo sucedido es responsabilidad de los Combatientes del Estado Islámico, aunque tampoco vendría mal que el mundo musulmán condenase esta carnicería contra niños, mujeres y hombres civiles. Lo sucedido en Irak ofende a toda la Humanidad, no crean que la amenaza solo pende de los sufridos iraquíes.

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Esa es la vigesimoquinta letra del alfabeto árabe –nun, nuestra N–, una N por «Nasarah», es decir, nazareno, el término peyorativo con el que se designa a los cristianos en el Corán. Y es el garabato con el que los seguidores del califato del Estado Islámico (IS, Islamic State) están marcando las fachadas de las casas y lugares de culto de los cristianos. Es la letra que abrevia «nasrani»(nazareno), con la que los islámicos han designado a los cristianos desde el siglo VII. Encima una advertencia en negro «Propiedad del Estado Islámico». N por «Nasarah», o sea, nazareno. Tal es el símbolo del nuevo genocidio cristiano en Irak– Mosul – 2014 –
Yo cristiano también soy nazareno
En el año 537 antes de Cristo, Babilonia cae ante los persas, bajo Ciro el Grande de la dinastía aqueménida. Bajo su hijo Cambises II, el Imperio Persa se extendía desde el río Oxus (Amu Darya) Río hasta el Mediterráneo, con su centro en Mesopotamia. Su poder, a su vez, fue impugnado por los griegos. Liderados por el conquistador macedonio Alejandro Magno, derrotó a los persas en 327 a.C., y penetró en tierras persas. Los seléucidas, sucesores de Alejandro en Siria, Mesopotamia y Persia, construyeron su capital, Seleucia, a orillas del Tigris, al sur de Bagdad. Tuvieron que ceder el poder a los partos, que conquistaron Mesopotamia en el año 138 a.C.
Surgen los primeros cristianos nativos en Irak a mediados o poco más del siglo I. O sea, unos 600 años antes de los mahometanos. Estos últimos invaden y conquistan Irak a mediados del siglo VII después de Cristo. Los cristianos fueron convertidos por el mensaje de Cristo ‘el nazareno’, los musulmanes a sangre y fuego irrumpen con guerras e invaden tales tierras. Durante veinte siglos el agobio islámico contra los cristianos fue pérfido, insidioso y perverso. Pocos cristianos quedan en 2014. Hasta que, nuevamente la alevosía de los fervorosos seguidores de Mahoma…
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Actualizado 18 agosto 2014
¿Cómo se puede llamar el Islam una religión divina?

Por fin y después de varias semanas de búsqueda, he podido hablar con (Warda) una mujer de 45 años, cristiana católica caldea de origen iraquí- Mosul, amiga y familiar, como mi hermana. Mis recuerdos de Warda, son los de una mujer muy atractiva, rubia con ojos azules, felizmente casada con Samir, un hombre de 52 años, compañero, amigo y familiar mío, tenían dos hijos, Amira 14 años y Amir 10 años. Samir poseía una joyería y Warda trabajaba como profesora de ingles en un colegio de segundaria en Mosul. Disfrutaban de una casa preciosa y todo lo necesario para una vida cómoda y feliz. Con la invasión de los islamitas (EIIL) a Mosul, los terroristas islámicos, asaltaron su casa, intentaron violarla, la menstruación la salvo. Pero estos animales consiguieron violar a la hija, Amira, cuatro veces por diferentes hombres, delante de sus padres. Más tarde, la hija murió a consecuencia de aquella agresión, y el padre Samir fue decapitado como el padre de Warda que estaba de visita. Warda, con su hijo, tuvo que abandonar su casa, sus bienes y a su ciudad, Mosul, con el puesto, sin nada, y refugiarse en casa de unos familiares, en la ciudad kurda de Dahok.

Con una voz muy triste envuelta en llanto, Warda se desahogó conmigo y me contó toda esta amargura que vivió, añadiendo: que mientras estaban violando a su hija y acuchillando a su marido y a su padre, recitaban versos del Corán, dejando entender que sus crueldades, eran hechos divinos y órdenes de Allah, su Dios. Con furia y fortaleza reclamaba ¿Qué tipo de Dios, es Allah, que ordena cometer estas barbaridades? ¿Donde está nuestro Dios? ¿Por qué nos ha abandonado en manos de estos salvajes, asesinos musulmanes? ¿Cómo permite Dios la expulsión de familias enteras de sus casas, obligarlas a abandonar su ciudad, miles de hombres decapitados, mujeres y niñas violadas, niños esclavizados, casas asaltadas, negocios robados, iglesias atacadas e incendiadas? ¿Cómo se puede llamar el Islam una religión divina? ¿Qué Fe es esta?

La verdad, ante su estado de sufrimiento, poco podía hacer para consolar a Warda, pero sus preguntas y peticiones me condujeron a pensar en los comienzos del Islam, en el Corán, su libro sagrado y la vida de Muhammad, su Profeta. Intenté mantenerme firme a pesar de la angustia, conteniendo mi rabia y con todo el dolor de mi corazón, la dije: hermana, Allah, su Dios, al que adoran y siguen, ordena: “a luchar contra los no musulmanes, judíos y cristianos, tendedles emboscadas por todas partes, sitiadle, capturadles, matadles” (Sura 9:5) , no puede ser el mismo Dios que nosotros adoramos y obedecemos, el Dios del Amor y del perdón. Recordamos siempre las palabras de Jesús en(Mateo 5:43-48) “Se dijo: Tenéis que amar a vuestro prójimo y odiar al enemigo. Sin embargo, yo os digo: Continuad amando a vuestros enemigos y orando por los que os persigan”. Además nuestro Dios nunca te abandona, recuerda el Salmo 23, que dice “Mi Señor es mi pastor, nada me falta”, el mal del mundo no viene de nuestro Dios sino de su enemigo el Maligno, Satanás y sus demonios. Todos debemos de saber de buena tinta y dar a conocer realmente que es el Islam.
Un análisis sencillo de la historia del Islam, nos permitiría a saber, que no es una religión divina, Muhammad, su Profeta, era un líder sectario, cumple con todos los requisitos de un dictador, jefe político social de una secta.

Mientras Moisés y Jesús y otros profetas monoteístas hacían milagros, Muhammad no hizo ni una sola evidencia de poder divino o sobrehumano. Cuando le reclamaron esto, Muhammad aportó que el milagro era el Corán, aunque cualquier mortal podía escribir un libro igual o mejor, a pesar de que Muhammad era un analfabeto, no sabía escribir ni leer. Además, cuando se le dijo que todos los profetas de Dios habían sido hebreos, Muhammad adujo, sin prueba alguna, que él era descendiente de Abraham. Muy pronto las predicaciones de Muhammad se volvieron más agresivas y paranoicas y aquéllos que no aceptaban sus enseñanzas fanáticas eran tachados de infieles, por ello, Muhammad y sus seguidores fueron expulsados de la Meca. Por intereses políticos y económicos y para suerte de Muhammad, los gobernantes de Medina, ciudad vecina a la Meca, se convirtieron al Islam y le invitaron a vivir allí. Medina fue el primer estado islámico del mundo, así que las matanzas y ferocidades no se hicieron esperar. La primera victima de Muhammad y sus seguidores, fue una importante tribu judía, llamada Banu Quraida, que se negó a aceptar el Islam y el liderazgo de Muhammad. Como consecuencia y por las órdenes del mismo, todos los hombres fueron decapitados y las mujeres y los niños fueron convertidos en esclavos, entre ellas Rayhana, quien fue convertida en concubina y esclava sexual personal de Muhammad por el resto de su amarga vida.

La tribu judía de Banu Al Nadir también se negó a convertirse al Islam. Su líder, el poeta Kab bin Al-Ashraf, escribió un poema contra la violencia de Muhammad y sus seguidores. Por órdenes del líder del Islam, cuatro musulmanes se hicieron pasar por enemigos de Muhammad y por medio de engaños y mentiras, asesinaron a Al Ashraf. Poco después, las fuerzas islámicas dirigidas por Muhammad destruyeron sus cultivos, y sus tierras y pertenencias fueron confiscadas, sus niños condenados a la hambruna, violaron a las mujeres y los hombres fueron liquidados, uno de ellos fue el líder Kinana bin Al Rabi’, quien fue torturado por órdenes de Muhammad para que revelara el lugar secreto donde su tribu guardaba un tesoro, y al no lograr someterlo, Muhammad lo decapitó y luego tomó forzada a su mujer Safia como esposa.

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Mujer cristiana decapitada – Irak – agosto 2014

Muhammad y sus tropas conquistaron el Oasis judío de Jaybar donde nuevamente, se quedaron con sus riquezas, mataron a todos los hombres y llevaron a las mujeres y niños como esclavos.

La sangrienta Batalla de Badr, fue provocada por los frecuentes saqueos que Muhammad y sus cuatreros realizaban a las caravanas originales de la Meca. Muhammad y sus seguidores resultaron victoriosos. Sin embargo, Muhammad ordenó la ejecución de los líderes que se habían rendido y estaban prisioneros, cuyo único crimen había sido criticar a Muhammad cuando esté vivía en la Meca.

Las acciones de Muhammad hacia las mujeres son también muy indicativas. Si bien Muhammad estuvo casado por muchos años con su primera esposa Jadiya, únicamente tras la muerte de ésta y ya convertido en profeta, se dedicó a coleccionar esposas, concubinas y esclavas sexuales. Una de ellas su propia prima, llamada Zaynab, que estaba casada con el hijo adoptivo de Muhammad, Zaid, quien le entregó su esposa al profeta como regalo. Así que Muhammad además de primo era el suegro de Zaynab, a pesar de que el Islam prohíbe el incesto. Valga decir que, según la versión islámica oficial, la esposa favorita de Muhammad, era ‘Aisha, una infortunada niña que fue dada en matrimonio a Muhammad a los seis años, mientras él tenía cincuenta. El matrimonio consumado tres años más tarde, cuando la niña contaba nueve años. Los islámicos siempre han tratado de justificar de diferentes maneras el comportamiento pedófilo de Muhammad al violar a una niña de nueve años. Se ha justificado que las tribus árabes casaban a sus hijas a edades muy tempranas y que las niñas árabes alcanzaban la pubertad a esa edad, algo biológicamente insostenible.

También se casó, como ya mencionamos, con varias prisioneras tomadas en cautiverio como “botín de guerra” tras la derrota de sus enemigos. Por cierto que una de sus esposas trató de envenenarlo como venganza por haber matado a toda su familia. No todas las mujeres de Muhammad eran sus esposas. La esclava cristiana- copta María fue tomada sólo como concubina del profeta y su hermana Sirin fue entregada a uno de los socios de Muhammad. El Islam permite tomar mujeres como botín tras una victoria militar.

A veces se coloca a Muhammad como uno de los grandes fundadores religiosos y líderes espirituales de la historia. No se puede comparar la vida de Muhammad con los grandes Profetas, verdaderos sabios. Estos nunca cometieron actos de violencia, predicaron el amor y la paz y practicaron lo que predicaron. Muhammad era para toda definición sociológica, psicológica y religiosa un líder sectario tan detestable como los muchos que se mueven en estas épocas.

¿Cómo pueden los mahometanos condenar el robo, la mentira, la pedofilia o el incesto si su profeta lo practicaba? ¿Cómo puede el Islam ser una religión de paz si su fundador era violento? Evidentemente no se puede culpar a toda la comunidad islámica de tener una actitud similar a la de su fundador. Probablemente muchos mahometanos no cometan las atrocidades de Muhammad, aunque defiendan su imagen como sagrada e intocable. Es obvio que muchos horrores han sido cometidos frecuentemente en diferentes partes del mundo islámico, como la actitud violenta del Islam frente al Yihad, el trato a la mujer y la niña como sujetos sexuales y las disposiciones del Corán para disponer de esclavos como botines de guerra, incluyendo mujeres, y del ajusticiamiento sangriento de cualquier que blasfeme contra el Islam y su profeta, están arraigadas en la misma vida y obra de Muhammad.

Yo no aceptó permanecer en silencio frente a la violencia en contra de mi gente, mi comunidad, mi familia, cristianos de Irak, obligados a decidir entre la conversión al Islam, el pago de la “Yizya” (impuesto islámico para los no musulmanes) o la huída. Cualquier ataque sistemático contra una población civil a causa de su origen étnico, creencias religiosas o su fe, es un genocidio, por el que los responsables deben rendir cuentas. Todos los cristianos de Irak están siendo víctimas de un genocidio religioso. Los cristianos de Irak, nuestra comunidad, tienen mucho miedo y con razón. No saben que futuro les esperan. El Estado iraquí es débil y está dividido. No podemos dejar pasar días y semanas en la pasividad. La falta de acción se convierte en complicidad con el crimen y en abuso de poder. El mundo no puede hacer la vista gorda ante la tragedia de todo un pueblo que huye de sus casas, llevándose consigo sólo la ropa que tiene puesta. Hemos escuchado tantas declaraciones, tantas llamadas, pero queremos más: por todo ello, reclamo a la comunidad internacional, desde el Vaticano, la ONU, el Consejo de Seguridad Internacional, EE.UU. Europa, etc.….todos deben de actuar.

Que Dios os bendiga y os proteja, os da valor y aguante y mucha Fe, hermana Warda hermanos y familia los cristianos de Irak.
Raad Salam Naaman (?)
Cristiano Católico Caldeo de origen iraquí

Más información:
Raad Salam Naaman, Profecía y Profetas monoteístas “judaísmo, cristianismo e Islam”, editorial Monte Riego, León- España, 2014.
Raad Salam Naaman, Todo Sobre el Islam, editorial Monte Riego, León- España, 2013.
Raad Salam Naaman, Desvelando el Islam, editorial Monte Riego, León- España, 2012.

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Bat Ye´or, historiadora atacada por ir contracorriente

Predijo el califato universal y ahora muestra el grave error de Europa con el islam y los cristianos

Matteo Matzuzzi / Il Foglio 20.VIII. 2014

“Es una catástrofe, una tragedia enorme a nivel humano, histórico y de civilización”. Bat Ye’or, en hebreo “Hija del Nilo”, que huyó de Egipto en 1955, es la autora de éxitos de ventas como “Eurabia” (Lindau, 2006) y “Verso il califfato universale” (“Hacia el califato universal”) (2008). Con Il Foglio comenta el éxodo de los cristianos de Mosul, ciudad que ha caído en manos de las milicias del califa al Baghdadi: “Estos hechos nos demuestran que ya vivimos en el tiempo del Corán. Un tiempo distinto al nuestro. El tiempo del Corán no cambia, permanece siempre enrocado en la palabra del Profeta, en sus gestos y comportamientos. Leyendo las declaraciones del nuevo Califato, reconozco los mismos discursos que se hicieron en el siglo VII durante las guerras contra los infieles. Es la misma mentalidad, la misma rigidez. No ha cambiado nada: lo que vemos hoy explica los acontecimientos del pasado”.

Bat Ye´or nos explica a qué se refiere: “Hablo de las masacres por las conquistas, del terror que hacia huir a pueblos enteros, de los saqueos, de la ley de la dhimmitud y de todos esos procesos de islamización que he examinado en mi libro ‘Il declino della cristianità sotto l’Islam’ (´El declive de la cristiandad bajo el Islam´) (Lindau, 2009)”. Nuestra interlocutora ha sido la primera en plantear el tema de la dhimmitud, condición teológica, política y jurídica vinculada inexorablemente a la opresión y a la persecución de los infieles: “Me han atacado ferozmente por haber acuñado esta expresión, con la que quiero explicar la relación entre musulmanes y no musulmanes. He demostrado que no existía esa tolerancia de la que alardeaban los poderes políticos europeos, obedientes a la Organización para la Cooperación Islámica (Oci). Son muchos los motivos – añade – que explican la sumisión de las comunidades cristianas. Uno de ellos es, naturalmente, el miedo, la vulnerabilidad. Está también el trauma de trece siglos de masacres y terror. Pero no se debe olvidar que, a lo largo del siglo XX, estas comunidades fueron abandonadas por los países europeos.

Países que no han protegido a los armenios, que han preferido a Turquía antes que a una Armenia independiente. Y lo mismo vale para los griegos masacrados por los turcos. Los países europeos no querían proteger a los cristianos, querían utilizarlos. Veían en ellos un instrumento para modernizar y occidentalizar la mentalidad musulmana, la sociedad, el islam”. Basta pensar en lo que sucedió entre 1950 y 1980, cuando “Europa quería construir con los cristianos de Oriente un puente hacia los países musulmanes y árabes, y luchaba contra los nacionalismos de los cristianos dhimmi. Europa decía que la buena integración de los cristianos en la sociedad musulmana era la prueba de la corrección de su política de fusión con el mundo árabe. Era ni más ni menos que la fundación de Eurabia, de la inmigración en masa. Y también un argumento permanente de su lucha contra Israel”.

La historiadora explica que los cristianos de los países musulmanes habían recibido una disposición concreta por parte de los poderes europeos, de sus iglesias, de los notables: “Integrarse en las sociedades musulmanas, ser más árabes que los árabes, odiar a Israel y aliarse con los palestinos. Esta elección representaba su única garantía de supervivencia en los países musulmanes. Sabían muy bien que los países cristianos no los habrían protegido, que habrían sido sacrificados en aras de los intereses de los musulmanes”. Sin embargo, antes del éxodo de Mosul no se hablaba de este fenómeno. Los motivos son simples, según Bat Ye’or: “Desde 1973, toda la política mediterránea de la Comunidad europea se ha fundado sobre la tolerancia, el amor por la paz y los principios humanitarios del Islam. La historia ha sido reinterpretada y escrita para probar esta nueva doctrina. Se atacaba a todos los escritores y los historiadores que proponíamos una interpretación distinta. En mis libros demostraba que la elección de la UE de unir la cultura a la política, tal como sugería Javier Solana, representaba una vuelta al fascismo”.

Europa, observa, “ha rechazado el cristianismo para acercarse siempre más al islam y este rechazo abarca también el odio hacia Israel y la alianza con sus enemigos”. Sin embargo, las razones son también otras, empezando por la “destrucción del estado nacional, con sus raíces culturales, históricas y religiosas; con sus instituciones democráticas”. Y además el silencio es cómodo: “¿Por qué hablar de los cristianos? Ellos representan la prueba del fracaso de la política europea. Algo que debe esconderse. ¿Dónde están los ejércitos de Europa que ayuden a los cristianos y protejan a los europeos del terrorismo? Nuestro gobernantes nos han transformado en mercenarios de la yihad”. Pero por encima de todo, observa nuestra interlocutora, “defender a los cristianos víctimas de la yihad significaría que la lucha de Israel es justa. Israel, pueblo odiado por Europa. Prefiere que mueran los cristianos y la misma Europa antes que acercarse a Israel. Cuanto más combata Europa a Israel, más difícil será para la primera combatir por su supervivencia, desde el momento en que Israel es su misma alma y fuerza”.

(Traducción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=37228

La credibilidad del Papa

 

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(Editorial de El País).- Probablemente sea menos llamativo que el debate sobre asuntos doctrinales —como la actitud hacia la homosexualidad o si los sacerdotes podrán casarse—, pero donde el papa Francisco parece estar haciendo una revolución en el Vaticano es en la administración, fundamentalmente en las cuentas de la Santa Sede, hasta hace poco centro de atención de los organismos internacionales encargados de vigilar y prevenir el blanqueo de dinero.

En el punto de mira de Jorge Mario Bergoglio ha estado desde el primer momento el Instituto para las Obras de Religión (IOR), que en principio debía servir de caja para administrar el gasto corriente de la ciudad Estado y algunos de sus organismos. Pero el IOR se había convertido en una entidad no solo similar a cualquier banca privada de inversiones, sino que era utilizada por capitales de dudoso origen para borrar sus trazas en el circuito internacional y por miembros de la curia relacionados por la justicia italiana con escándalos de corrupción.

El Papa ha actuado. Si nos ciñéramos únicamente a la cuenta de resultados, su primer año como banquero no podría arrojar un balance más inquietante: caída en el beneficio del 97%, sustitución del alto ejecutivo encargado de la gestión y anuncio de una drástica reducción de las actividades y objetivos de la entidad.

Pero precisamente la lógica meramente bancaria es algo que ha sido criticado con dureza por Francisco. Lo que el balance convencional no refleja, por ejemplo, es que se han bloqueado las cuentas de 1.239 particulares y 762 empresas u organismos en aras de la transparencia; que el nuevo presidente del IOR, el francés Jean-Baptiste De Franssu, se dedicará “a tiempo completo” a su labor; y que la institución volverá a su labor primigenia de servir de caja de depósitos para la Iglesia y sus instituciones, en vez de jugar como actor en el mercado financiero internacional.

Durante las últimas décadas, el Vaticano ha tenido abiertos varios frentes de escándalo. Uno de los más importantes ha sido precisamente el estado de sus finanzas y su banca. Benedicto XVI ya trató antes de su renuncia de poner algo de orden, con escaso éxito, en un organismo que parecía haber tomado vida propia y ser impermeable a cualquier clase de control. La decisión de Francisco, si mantiene este arranque, hará que el Vaticano pierda en millones pero gane en credibilidad.

W. Pannenberg. Pensar a Dios, vivir la Trinidad

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Xavier Pikaza
Religión Digital
11 de septiembre de 2014

W. Pannenberg ha sido quizá el autor cristiano que más hondamente ha pensado de Dios, en perspectiva filosófica y teológica en los últimos cincuenta años. Presenté ayer una visión de conjunto de su pensamiento. Los comentaristas han ofrecido buenas reflexiones y me han pedido mayores precisiones.

La mejor que les puedo ofrecer es una referencia al XXX Simposio de Teología Trinitaria, que organizamos en Salamanca, el año 1996, el Prof. Nereo Silanes (q.e.p.d.) y un servidor, y al que asistió como invitado y ponente principal W. Pannenberg.

Allí pudimos seguir filigrana precisa de su pensamiento, como filósofo, como teólogo, como creyente (y yo añadiría como místico, portador de aquella luz que un día le salió al camino, haciéndole descubrir al Dios de Jesús tras una infancia y juventud aplastada por el nazismo y por la dictadura comunista de la Alemania Oriental, antes de emigrar a la R. F. Alemana).

Con su habitual generosidad, N. Silanes publicó Los textos de aquel congreso introducidos por mi nombre (como anfitrión y primer ponente), el de Pannenberg y en el B. Forte (estrella emergente de la teología católica). Ésta es la ficha del libro y su contenido.

X. Pikaza, W. Pannenberg y B. Forte (eds.), Pensar Dios, XXX Semana de Estudios Trinitarios, Salamanca 1996n
Sec

Trabajos básicos:

– Dios de Moisés, Dios de Jesús (X. Pikaza)
– La doctrina de la Trinidad en Hegel, y su recepción en la teología alemana (W. Pannenberg)
– Creer y pensar la Trinidad. A partir de la estructura trinitaria de la «Revelatio» (B. Forte)

Otros trabajos:

– De la confesión de fe primitiva a la fórmula del dogma trinitario (B. Sesboüé)
– La fe se hace teología refleja (S. Agustín) (J. M. Rovira Belloso)
– «Cognitio divinarum Personarum…». La reflexión sistemática de Santo Tomás sobre el Dios cristiano (G. M. Salvati)
– La Trinidad, paradigma de vida comunitaria en S. Buenaventura (A. Merino)
– El Dios de la «nueva evangelización» (N. Silanes)
– Trasfondo categorial de la doctrina de los Concilios (S. Del Cura)
– Obrar, pensar y hablar como estructura intradiferencial. El «sapientiae trigonus» de Juan Amós Comenio como modelo pansófico de la autorealización insistencial (W. G. Schadel)

Como último homenaje a un autor que ha escandalizado a heterodoxos (por su arraigo en la luz de la pascua de Jesús) y a “ortodoxos” por su visión poco convencional de Nicea y Calcedonia (como decía con gracia un comentarista del post de ayer), quiero publicar hoy de nuevo mi recensión a su gran obra sobre el Dios de filósofos y teólogos (Sal-Terrae)… y un resumen de su visión trinitaria, retomando algunos elementos ayer vistos (de mi Enchiridion Trinitatis).

(Como verá el lector atento, retomo básicamente algunos materiales del post de ayer. Por eso, quien leyó lo de ayer puede pasar por alto lo de hoy, aunque añado ciertas precisiones bibliográficas. Gracias a todos los que se interesan por el tema)).

W. Pannenberg, Una historia de la filosofía desde la idea de Dios. Teología y filosofía, Hermeneia 46, Sígueme, Salamanca 2001, 316 págs.

Entre los teólogos sistemáticos del momento actual, W. Pannenberg (nacido en 1928) ocupa un lugar especial, quizá el más importante, al menos en el área occidental. Su proyecto teológico, que apareció vinculado a un grupo de exegetas y dogmáticos (R. Rendtorff, U. Wilckens, T. Rendtorff), en una obra programática titulada La revelación como historia (original de 1961; edición española: Sígueme, Salamanca 1977), se ha expandido en una serie bien articulada de obras personales que tienen como objeto un replanteamiento completo del cristianismo desde categorías de racionalidad e historia. En el fondo está su tesis provocadora y novedosa sobre la realidad histórica de la resurrección de Jesús, entendida como anticipación escatológica e intrahistórica de la resurrección de los muertos (Cf. Fundamentos de Cristología, Sígueme, Salamanca 1974).

El grueso de su obra teológica se puede dividir en dos grupos. Por un lado está su Teología sistemática, en tres gruesos volúmenes. Por otro, sus estudios de diálogo teológico con el pensamiento moderno. Los dos primeros volúmenes de la Teología sistemática han sido ya traducidos al castellano (Univ. Comillas, Madrid 1992 y 1996): el primero trata de Dios, el segundo de la creación y redención (Cristo); el tercero (original de 1996) se centra en la experiencia del Espíritu Santo y de la iglesia y no ha sido aún traducido. En su momento podremos ofrecer al lector español una visión de conjunto de esta gran obra. Ahora hemos preferido centrarme en sus tres estudios centrados en el diálogo con la ciencia y la filosofía.

El primero se titula Teoría de la ciencia y teología (Cristiandad, Madrid 1981) y quiere situar la teología dentro del espacio de las ciencias, dialogando para ello con el positivismo, las ciencias del espíritu y la nueva búsqueda hermenéutica de sentido. Pannenberg asume los presupuestos básicos de Schleiermacher, interpretando el cristianismo como experiencia suprema de confianza de la vida, en clave teológica, desde una perspectiva de intuición o sentimiento que desborda el plano del conocimiento teórico y la praxis. Eso le permite superar, por un lado, el riesgo del subjetivismo, pues el centro de la teología ha sido y sigue siendo Dios; pero, al mismo tiempo, le capacita para situar el estudio del sentido de Dios dentro de la nueva conciencia histórica, que nace con el mismo cristianismo y se expresa de un modo especial en la teología.

El segundo trabajo de diálogo con el pensamiento moderno se titula Antropología en perspectiva teológica (Sígueme, Salamanca 1993). Esta es, a mi juicio, la obra más significativa de Pannenberg y una de las más importantes de la teología siglo XX. Se divide en tres partes. La primera sitúa al hombre en la naturaleza, destacando su carácter excéntrico que, por un lado, le distingue de los animales (ajustados al medio) y por otro le abre a lo divino; en esa perspectiva se sitúa la libertad y el riesgo de pecado, como posibilidad inherente a la misma libertad.

La segunda describe al hombre como ser social, acentuando, con la ayuda de Schleiermacher, la importancia del sentimiento, entendido a la luz de la confianza básica de origen materno. La tercera interpreta al ser humano como creador de cultura, inserto en unas instituciones que le definen y le abren en línea de cultura; en este contexto evoca nuevamente el sentido del Espíritu como capacidad extática, que sitúa al humano fuera de sí, como ser que vive de manera casi inmediata en lo divino. Algunas de sus aplicaciones (en lo referente a la familia y al estado) resultan, a mi juicio, algo forzadas; quizá se apoyan más en un tipo de racionalidad tradicional que en el cristianismo. Pero, en su conjunto, la visión del ser humano que aparece en esta obra me parece muy importante para entender y vivir el cristianismo, desde una perspectiva de apertura del humano hacia las fuentes del sentido y de revelación básica

La tercera obra, que ahora presentamos, descubre y describe las relaciones entre filosofía y teología a partir de la idea de Dios. A su juicio, el cristianismo no puede interpretarse de una forma aislada, como revelación directa de Dios, pues ello desembocaría en un tipo de dogmatismo o fundamentalismo fanático, sino que debe dialogar y dialoga con la racionalidad humana, entendida como apertura extática hacia las fuentes de la realidad y del sentido. Su obra puede dividirse en dos partes con un intermedio, que podemos entender como crisis de la razón eclesial cristiana.

La primera parte (págs. 13-147) estudia los sistemas clásicos (platonismo, aristotelismo, estoicismo), destacando lo que ellos han aportado para la comprensión del Dios cristiano. Hubiera sido conveniente destacar la radical novedad de Jesús y su posible relación con otras formas de pensamiento alternativo, como los cínicos de la antigüedad. Pero Pannenberg ha preferido mantenerse en los cauces oficiales del pensamiento occidental. Su estudio es académico y denso, respetuoso con las tradiciones de tipo más católico. Quizá le falta un estudio de las relaciones entre visión de Dios y vida social, entre teología y eclesiología, pues ello le hubiera permitido centrar mejor la crisis ulterior.

El intermedio, que hemos llamado crisis (que no es un capítulo sino un tema de fondo), se expresa en el paso de la Edad Media a la Edad Moderna, que define la conciencia e historia posterior del cristianismo y de la filosofía. En un momento dado, desde el comienzo del siglo XVI, las iglesias se han dividido, suscitando con su división un siglo largo de guerras religiosas, que han marcado la Aderrota@ eclesial del cristianismo: las confesiones y teologías de católicos y protestantes podían ser muy buenas y tenían elementos positivos; pero se han mostrado incapaces de abrir un campo de diálogo; más aún, han sido causantes de guerras sangrientas que han marcado el nuevo origen Aracional@ y político (no cristiano) de Europa. La gran novedad de la cultura europea está en el hecho de que ella, tanto en plano político como filosófico, ha tenido que buscar unos modelos de pensamiento y organización (de tolerancia y diálogo social) fuera de la teología y de la iglesia. Esta me parece la tesis más importante del libro. Pienso que el autor la podría haber explicitado, partiendo de la historia anterior (especialmente de las cruzadas); pero lo que dice resulta convincente.

La segunda parte de la obra (la más larga y precisa) se centra en la emancipación de la cultura moderna, que abandona sus posibles raíces cristianas para buscar el sentido posible de Dios (o de la ausencia de Dios) y del orden social de un modo autónomo. El autor ha destacado en este campo la importancia del Locke (moral social fuera de la iglesia, con un Dios no confesional) y de Kant (deísmo no eclesial), para centrarse de un modo más extenso en Hegel y en sus sucesores, marcados por lo que él ha llamado el giro antropológico: Dios deja de estar en el centro de la conciencia social, deja de cumplir una función pacificadora en línea de pensamiento y de organización política; en su lugar emerge en sus diversas formas el ser humano. Pannenberg se muestra conocedor perfecto de los temas. Su obra es escolar en el mejor sentido de la palabra. En algún momento puede resultar un poco Atradicional@ y selectiva. A pesar de la importancia que en otros lugares ha dado al Ajuego@, vinculándolo a la belleza y, sobre todo, a pesar de su intento por recrear el pensamiento de Schleiermacher, pasa de largo ante la aportación más significativa de Kant, en la Crítica del Juicio: hay en su obra un claro déficit de estética; la relación de Dios y el arte ha quedado marginada. Tampoco ha evocado de manera expresa la relación entre Dios y la justicia, con la memoria de los asesinados, en la línea del pensamiento judío (de Rosenzweig a Lévinas), ni se ha ocupado de aquellos autores cristianos que, de un modo o de otro, han puesto el tema de la injusticia y violencia en el centro de su reflexión sobre Dios. Es significativa su falta de diálogo con autores como J. B. Metz o R. Girard, con lo que ellos han dicho o evocado.

A pesar de esas posibles carencias, esta es una obra esencial para el conocimiento del sentido cristiano de Dios en la cultura de occidente y quiero concluir mi reseña destacando sus dos valores principales. El primero es de tipo eclesiológico: la gran crisis de Dios en la cultura occidental está vinculada a la impotencia y violencia histórica de las iglesias, que se mostraron incapaces de crear condiciones de paz, partiendo el mensaje de Jesús; por eso, la presencia del Dios cristiano en el futuro resulta inseparable de la conversión radical de las iglesias. El segundo es de tipo espiritual, casi místico. Pannenberg ha definido al humano como ser Aexcéntrico@, un viviente cuyo centro está fuera de sí; la experiencia de Dios forma parte de esa excentricidad, que debe entenderse en claves de gratuidad y de encuentro enamorada. Frente al sistema que tiende a encerrar al ser humano en sus redes de racionalidad, se eleva el Dios de la gracia, es decir, la experiencia de autosuperación amorosa del creyente.

Amor en la historia, Trinidad eterna
(Textos trinitarios de X. Pannengerg, recogidos y “situados” por X. Pikaza, Enchiridion Trinitaris, Salamanca 2005, 645-649

(Principios. Amor y Trinidad). Esta frase joánica (Dios es amor: 1 Jn 4, 8.16) no se refiere sólo a un atributo de Dios, sino al ser o la esencia de Dios como amor… La idea de que Dios es amor resultó formulable sobre la base de la historia de Jesús, aun cuando, desde el punto de vista de su contenido, lo que expresa es la condición de posibilidad de la comunión entre Padre e Hijo que se nos revela en dicha historia. Pero la cuestión principal que se suscita aquí es la de cómo describir con más precisión la relación entre la unidad del amor divino y la trinidad del Padre, Hijo y Espíritu… E. JÜNGEL (Dios como misterio del mundo, Sígueme, Salamanca 1984) ha investigado con más detenimiento esta cuestión en confrontación con la crítica que L. Feuerbach hace al modo como los cristianos vinculan a Dios con el amor. Tenemos que negar que Dios sea «el que se ama a sí mismo eternamente», por más que sea cierto que desde toda la eternidad el Padre ama al Hijo, el Hijo al Padre y el Espíritu ama al Padre en el Hijo y al Hijo en el Padre. Cada una de las personas trinitarias ama a las otras… y se gana de esa manera a sí misma, tal como lo ha ilustrado Jüngel con su impresionante descripción de los efectos del amor entre los hombres…

No son las personas quienes dominan al amor, sino que es el amor el que eleva a las personas sobre ellas mismas constituyéndolas de este modo en sí mismas. Es el amor que se revela en las relaciones recíprocas de las personas que se encuentran vinculadas amorosamente. Cada una de ellas se recibe a sí misma de nuevo desde la otra, pero como la entrega de una a otra es recíproca no hay lugar para una dependencia unilateral del tipo de un sometimiento heterónomo. La personalidad de cada una viene constituida por su alteridad ante un tú. Pero lo que está en la base de la constitución de la persona no es el tú de por sí, en cuanto otro yo, sino que hay que buscarla… en el misterio reinante «entre» el yo y el tú. Pues bien, ese misterio es el poder del amor que los vincula; dicho más en general: el espíritu de la comunión entre el yo y el tú. Pero todas las formas de vinculación de ese tipo se nutren en último término de la fuerza del amor, cuya manifestación más primordial y completa es la entrega mutua de los amantes. Lo cual vale especialmente de la vida trinitaria de Dios…

(Constitutivo de las personas). Cada una de las personas trinitarias se halla extáticamente referida a una de las otras dos o a las otras dos y en esa relación con las otras es donde tiene su peculiaridad propia, su ser-ella-misma (Selbts-sein). El Padre sólo es Padre en su relación con el Hijo, cuando lo engendra y lo envía; el Hijo sólo es Hijo en su obediencia a la misión del Padre, que incluye el reconocimiento de su paternidad. El Espíritu sólo existe hipostáticamente como Espíritu glorificando al Padre en el Hijo y al Hijo como enviado del Padre. Ya la doctrina de la Iglesia antigua sobre las relaciones trinitarias había caído en la cuenta de que las relaciones entre las personas son lo constitutivo de su ser personal. Dichas relaciones dejaron de ser consideradas como meramente lógicas y pasaron a ser pensadas también como relaciones existenciales, como muy tarde desde el momento en que se desarrolló la doctrina de la mutua inhabitación de las tres personas. El espíritu divino vive como amor en la reciprocidad de esa inhabitación extática. Y podemos decir aún algo más preciso acerca de ello porque las relaciones del Padre, Hijo y Espíritu Santo entre sí no son en cada caso las mismas, sino tan profundamente diversas que, desde el punto de vista de su modo concreto de realizarse, también su respectivo ser personal es distinto.

La esfera del espíritu divino existe en la persona del Padre como fuerza creadora; fuerza que sólo aparece como una figura concreta por su relación con el Hijo… El misterio divino sólo es invocable como un tú, como el tú del Padre, por medio del Hijo y en comunión con él. Lo cual implica que siempre que se pudo invocar ese misterio divino, en Israel o en el mundo de las religiones, estaba ya actuando el Hijo, el Logos divino. Pero tanto en el mundo de las religiones como incluso en Israel esto no acontecía más que de un modo fragmentario, pues la plenitud del Logos no toma figura humana más que en Jesús. No debería resultarnos demasiado sorprendente que el Hijo se encuentre ya implicado –como condición de posibilidad– en todo conocimiento humano de Dios y en toda invocación de su hombre, pues, según la doctrina cristiana, él es incluso el mediador de toda existencia y de toda esencia creatural.

(Padre, Hijo, Espíritu Santo). La esencia misma de la divinidad es espíritu. Es espíritu en cuanto campo dinámico. Al manifestarse en la aparición del Hijo como obra del Padre, la dinámica del espíritu irradia desde el Padre, pero de tal modo que es recibida al mismo tiempo por el Hijo como un «don» que lo llena y que se refleja de nuevo desde él sobre el Padre. El Espíritu no aparece como hipóstasis propia más que en cuanto se presenta frente el Hijo y, por tanto, frente al Padre, como la esencia divina que les es común a ambos y que no sólo les une de hecho, sino que les atestigua y mantiene su unidad en medio de su diversidad. Del Padre se dice que ama al Hijo desde toda la eternidad; y del Hijo se dice también que ama al Padre, pero de lo que no se habla es de que el Espíritu sea objeto del amor del Padre ni del Hijo. Lo cual resulta comprensible si el espíritu es el amor mismo en el que el Padre y el Hijo están recíprocamente vinculados, aunque, por otra parte, sea también una hipóstasis frente a ellos en cuanto Espíritu del amor que les unifica en su diversidad. Pero como hipóstasis el Espíritu es distinto del Padre y del Hijo. De ahí que pueda no sólo actuar en la creación, sino también ser derramado como «don» en los corazones de los creyentes.

(Diferencia y unidad de las personas). El espíritu y el amor constituyen, por un lado, la esencia común de la divinidad y, por otro, aparecen en el Espíritu Santo como una hipóstasis independiente… El Hijo es la persona trinitaria que se diferencia con más claridad de la esencia divina. Tanto el Padre como el Espíritu Santo representan a la divinidad en su conjunto, cada uno de una determinada manera. En el caso del Hijo esto se da menos, pues él no participa de la divinidad eterna más que en su relación con el Padre y lleno del Espíritu del Padre. Es verdad que tampoco el Padre es lo que es desde la eternidad más que en relación con el Hijo. Pero como lo que el Padre representa en ese caso es su función de origen de la esencia divina, su dependencia respecto del Hijo es menos notoria. Sólo nos hacemos conscientes de ello indirectamente, de un modo reflexivo. En el Espíritu también resalta la unidad de la esencia divina en cuanto tal, aunque aparezca como figura independiente sólo en relación con el Padre y el Hijo y en su diferencia respecto a ambos. En cambio, en la persona del Hijo, el Dios-Uno sale de su divinidad. El Hijo se encuentra frente a la divinidad en su figura de Padre. Pero no deja por ello de seguir vinculado con el Padre en la unidad de la esencia divina. Pues saliendo de la divinidad no hace sino seguir el envío del Padre y, justo auto-diferenciándose de él, permanece unido al Padre. De este modo es precisamente en el Hijo donde la dinámica interna de la vida divina llega a expresarse como espíritu y como amor.

De modo que las personas trinitarias hay que entenderlas como concreciones de la realidad espiritual de Dios. Son singularidades del campo dinámico de la divinidad eterna. Lo cual significa, visto desde las personas, que éstas no existen cada una por sí, sino en relación extática con el campo de la divinidad, que las supera y que se manifiesta en cada una de ellas y en sus relaciones entre sí. Dicha relación con la esencia divina, que supera cada una de sus personalidades, va mediada por las relaciones de cada persona con las otras dos. El Hijo no tiene parte en la divinidad eterna más que por su relación con el Padre, siendo así Dios. El Padre no tiene su identidad de Padre más que en relación con el Hijo, siendo así, en cuanto Padre, Dios. Y el Espíritu, por su parte, no es una hipóstasis distinta más que por su relación con el Padre y el Hijo, en cuanto diversos y en comunión en su diversidad. Pues el Espíritu no tiene autonomía personal plena más que cuando se encuentra frente al Padre como irradiación de su esencia divina…

En el caso de la personalidad humana, la identidad de la persona no está nunca total y exclusivamente definida por sus relaciones con las demás; por eso, el yo y el yo-mismo aparecen diferenciados en la conciencia que el ser humano tiene de sí… En cambio, en el caso de las personas trinitarias, el Hijo es total y absolutamente él mismo en su relación con el Padre; el Padre es total y absolutamente él mismo en su relación con el Hijo; de tal modo que ambos son total y absolutamente en sí mismos aquello que son en el testimonio del Espíritu. Éste, por su parte, no es en su autonomía personal más que el Espíritu de la unidad del Padre y el Hijo… El amor divino constituye, de este modo, la unidad concreta de la vida divina en la diversidad de sus manifestaciones y relaciones. Las diferencias personales entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no pueden ciertamente ser deducidas de un concepto abstracto de amor. Nuestro conocimiento no puede acceder a ellas más que en la revelación histórica de Dios en Jesucristo. Pero, una vez conocidas, podemos entender dichas relaciones, y su unidad en la esencia divina, como la realidad concreta del amor divino que palpita en todas ellas y que lleva a su plenitud la monarquía del Padre, por el Hijo y en el Espíritu.

(W.Pannenberg, Teología sistemática I, Univ. Pont. Comillas, Madrid 1992, 459-469).

Wolfhart Pannenberg (1928-2014). El último maestro

 

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Xavier Pikaza
Religión Digital
10 de septiembre de 2014

Ha muerto el pasado día 5, a los 85 años. . Había nacido en Stettin, hoy Polonia, el 2 del X de 1928. Era un “trasterrado” de la última Guerra Mundial, hombre de frontera. Uno de los grandes-grandes de la teología cristiana del siglo XX, quizá con E. Jüngel el último de los teólogos dogmáticos protestantes, el mayor de los sistemáticos de los últimos decenios.

Conocí bien su pensamiento, le conocí en persona, le escuché y traté en Madrid, y le invitamos (Nereo Silanes y un servidor) a una Semana de Estudios Trinitarios, en Salamanca, donde pudimos conversar ampliamente con él. Era un pensador de fondo, alguien que quiso entender el cristianismo,a partir de la búsqueda del hombre y, sobre todo, a partir del “hecho radical” (de la radical novedad) de la resurrección de Jesús.

Él nos enseñó a profundizar en la cristología de un modo audaz, fiel a la historia, en una línea donde se vinculaban K. Barth y los grandes pensadores de la tradición antigua. Él nos enseñó a entender y superar la violencia falsamente cristiana (puso de relieve la importancia de la guerras de religión). Él llevó a entender teológicamente las religiones, él nos enseñó a razonar desde el interior de la fe, y a mantener el carácter específico de la fe dentro del pensamiento.

Panenberg ha criticado con mucha fuerza la cristología del Logos, que estaría marcada por la visión filosófica del platonismo, con su pretensión de eternidad (de intemporalidad), y ha destacado el carácter histórico del cristianismo, que se funda en el hecho de la resurrección. Desde su visión integradora de la historia de la revelación de Dios y del despliegue racional humano, él ha podido desarrollar una visión de Dios que está vinculada al amor, vinculando de un modo creador unos principios que parecen hegelianos con la tradición con la tradición más radical del amor cristiano (tal como aparece en Ricardo de San Víctor y en los padres del protestantismo). De esa manera introduce en la iglesia evangélica un concepto y experiencia solía ser más frecuente en el campo católico.

Entre sus obras, traducidas al castellano, cf. Fundamentos de Cristología, Sígueme, Salamanca 1974; Teología y reino de Dios, Sígueme, Salamanca 1974; La fe de los apóstoles, Sígueme, Salamanca 1975; Cuestiones fundamentales de teología sistemática, Sígueme, Salamanca 1976; Teoría de la ciencia y teología, Sígueme, Salamanca 1981; Teología Sistemática I-II, Comillas, Madrid 1992 y 1996; Metafísica de la idea de Dios, Sígueme, Salamanca 1999; Una filosofía de la historia desde la idea de Dios, Sígueme, Salamanca 2002.

Descanse en paz W. Pannenberg, gracias por lo que nos enseñaste, y gracias a tu esposa por haberte acompañado de un modo admirable.

Quien quiera conocer mejor la experiencia de fondo de su vida, vea http://estebanlopezgonzalez.wordpress.com/2011/06/25/wolfhart-pannenberg-pasion-por-la-argumentacion/

(Mi presentación es más teórica. Lo que sigue está tomado de mi Diccionario de Pensadores Cristianos, Estella 2010, donde él ocupa un lugar importante). Buen día a todos.

PANNENBERG, WOLFHART (1928- ).

Teólogo protestante alemán, de tipo especulativo. Su proyecto dogmático es quizá el más intenso de la segunda mitad del siglo XX. Nació en una familia cristiana, pero se educó sin religión. A los dieciséis años tuvo una intensa experiencia espiritual, que le aproximó a los grandes autores (filósofos y teólogos) de la tradición occidental, llevándole a la conclusión de la verdad del Cristianismo, entendido como revelación de Dios. La conversión de Pannenberg, madurada en el contexto de los últimos años del nazismo y de la durísima Guerra (1939-1945), fue de tipo básicamente intelectual, en diálogo con el pensamiento de occidente. Eso le ha llevado a elaborar una teología especulativa rigurosa, que parece única en el panorama del pensamiento cristiano de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XX. Desde los treinta años ha sido profesor de teología sistemática en varias universidades alemanas: Wuppertal (1958-1961), Mainz (1961-1968) y Munich (a partir de 1968). Ha enseñado también como profesor invitado en muchas universidades de Europa y América.

Su proyecto teológico, que apareció vinculado a un grupo de exegetas y dogmáticos (R. Rendtorff, U. Wilckens, T. Rendtorff), en una obra programática titulada La revelación como historia (Salamanca 1977; original de 1961), se ha expandido en una serie de obras personales que tienen como objeto un replanteamiento completo del cristianismo desde categorías de racionalidad e historia. Su proyecto teológico ha culminado en su Teología sistemática I-III (versión castellana en Madrid 1992/2007). Su pensamiento se abre hacia otros espacios también muy importantes (diálogo religioso, análisis de la historia), pero en su centro destacan dos aspectos fundamentales. 1. Teología como diálogo con la ciencia y la filosofía. 2. Teología como despliegue de la visión de Dios, es decir, como desarrollo de la revelación.

1. Diálogo con la ciencia y la filosofía. En este campo se sitúan algunas de sus obras principales, traducidas al castellano: El hombre como problema (Salamanca 1976); Teoría de la ciencia y teología (Madrid 1981); Antropología en perspectiva filosófica (Salamanca 1993); Metafísica de la idea de Dios (1999); Una historia de la filosofía desde la idea de Dios. Teología y filosofía (2002). Estos trabajos constituyen un testimonio impresionante de racionalidad creyente, propia de una fe que decide pensarse a sí misma desde una perspectiva de búsqueda de sentido. Quiero destacar en este campo el tema y argumento de alguno de esos libros.

El libro titulado Teoría de la ciencia y teología dialoga desde la teología con el positivismo, las ciencias del espíritu y la nueva búsqueda hermenéutica de sentido. Pannenberg asume los presupuestos básicos de → Schleiermacher, interpretando el cristianismo como experiencia suprema de confianza de la vida, en clave teológica, desde una perspectiva de intuición o sentimiento que desborda el plano del conocimiento teórico y la praxis. Eso le permite superar, por un lado, el riesgo del subjetivismo, pues el centro de la teología ha sido y sigue siendo Dios; pero, al mismo tiempo, le capacita para situar el estudio de Dios dentro de la nueva conciencia histórica, que nace con el mismo cristianismo y se expresa de un modo especial en la teología.

La Antropología en perspectiva teológica se divide en tres partes. La primera sitúa al hombre en la naturaleza, destacando su carácter excéntrico que, por un lado, le distingue de los animales (ajustados al medio) y que, por otro, le abre a lo divino, en una situación que hace posible la libertad y el riesgo de pecado (como posibilidad inherente de la misma libertad). La segunda parte describe al hombre como ser social, acentuando también, con la ayuda de Schleiermacher, la importancia del sentimiento, entendido a la luz de la confianza básica, de tipo materno. La tercera interpreta al ser humano como creador de cultura, inserto en unas instituciones que le definen e impulsan; en este contexto evoca nuevamente el sentido del Espíritu como capacidad extática, que pone al ser humano fuera de sí, como ser que vive de manera casi inmediata en lo divino.

El libro más importante en este contexto es Una historia de la filosofía desde la idea de Dios. Pannenberg piensa que el cristianismo debe dialogar y ha dialogado con la racionalidad, entendida como apertura extática hacia las fuentes de la realidad y del sentido. Significativamente, él se sitúa dentro de la historia del pensamiento occidental, que ha ido estudiando a partir de los sistemas precristianos (platonismo, aristotelismo, estoicismo…), para destacar lo que ellos han aportado en la comprensión del Dios cristiano, en una historia donde filosofía y teología han ido vinculadas.

Pues bien, en un momento dado, a partir del siglo XVI, las iglesias se han dividido y enfrentado en una serie de guerras religiosas (entre católicos y protestantes), que han marcado la “derrota” eclesial del cristianismo, pues las teologías de unos y otros se han mostrado incapaces de abrir un campo de diálogo, de forma que, al contrario, ellas mismas han alimentado la guerra. De manera consecuente, la cultura europea ha tenido que buscar unos modelos de pensamiento y organización (de tolerancia y diálogo social) fuera de las teologías y de las iglesias.

A partir de aquí, el libro se centra en la emancipación de la cultura moderna, que abandona sus raíces cristianas para buscar de un modo autónomo el sentido posible de Dios (o de la ausencia de Dios). El autor ha destacado en este campo la importancia del Locke (moral social, independiente de la iglesia, con un Dios no confesional) y de Kant (deísmo no eclesial), para centrarse de un modo más extenso en Hegel y en sus sucesores, marcados por lo que él ha llamado el giro antropológico: Dios deja de estar en el centro de la conciencia social, dejando de cumplir una función pacificadora en línea de pensamiento y de organización política.

Quizá hubiera sido deseable que Pannenberg dialogara sobre Dios desde la perspectiva del pensamiento judío (de Rosenzweig a Lévinas) o desde otros autores cristianos como →. J. B. Metz o R. Girard, que han evocado el tema en una perspectiva distinta. A pesar de ello, su obra resulta esencial para el conocimiento del sentido cristiano de Dios en la cultura de occidente. Desde ese fondo quiero destacar sus dos indicaciones principales: a. Una es de tipo eclesiológico: la gran crisis de Dios en la cultura occidental está vinculada a la impotencia y al enfrentamiento histórico de las iglesias, que se mostraron incapaces de crear condiciones de paz; por eso, el posible influjo del Dios cristiano en el futuro resulta inseparable de la conversión radical de las iglesias. b. Otra es de tipo espiritual, casi místico. Pannenberg ha definido al hombre como ser “excéntrico”, es decir, como un viviente cuyo centro está fuera de sí; la experiencia de Dios forma parte de esa excentricidad, que debe entenderse en claves de gratuidad y de encuentro enamorada. Frente al sistema que tiende a encerrar al ser hombre en sus redes de racionalidad, se eleva el Dios de la gracia, que lleva a la autosuperación amorosa del ser humano.

2. Teología estrictamente dicha.

De la revelación de Dios al sistema dogmático. En este campo se sitúan varias de sus obras, a partir de la ya citada (Revelación como historia, 1961). Algunas de las más significativas son: Fundamentos de cristología (Salamanca 1974); Teología y reino de Dios (Salamanca 1974); La Fe de los Apóstoles (Salamanca 1975); Cuestiones fundamentales de teología sistemática (Salamanca 1976); Ética y eclesiología (Salamanca 1985). Pero la más importante es su gran sistema de teología, titulado Beiträge zur systematischen Theologie, en tres volúmenes: 1. Philosophie, Religion, Offenbarung; 2. Natur und Mensch – und die Zukunft der Schöpfung. 3. Kirche und Ökumene, Göttingen 1989/1993 (versión cast.: Teología sistemática I-III, Madrid 1992/2007).

En ese contexto (y para poner de relieve el acento estrictamente teológico de su obra) diremos que desde su visión integradora de la historia de la revelación de Dios y del despliegue racional humano, Pannenberg ha podido desarrollar una teología que se funda en la visión de la realidad como amor y revelación, vinculando de un modo creador unos principios que parecen hegelianos con la tradición más radical del amor cristiano (tal como aparece en Ricardo de San Víctor y en los fundadores del protestantismo). Partiendo de eso, quiero evocar algunos elementos básicos de su visión de Dios, partiendo del primer volumen de su Teología sistemática:

a. Constitutivo de las personas. Cada persona trinitaria se halla extáticamente referida a una de las otras (o a las dos) y en esa relación con ellas es donde adquiere su peculiaridad propia, su ser-ella-misma (Selbts-sein). El Padre sólo es Padre en su relación con el Hijo, cuando lo engendra y lo envía. El Hijo sólo es Hijo en su obediencia a la misión del Padre, con el reconocimiento de su paternidad. El Espíritu sólo existe hipostáticamente glorificando al Padre en el Hijo y glorificando al Hijo desde el Padre. Ya la doctrina de la Iglesia antigua sobre las relaciones trinitarias había descubierto que las relaciones son lo constitutivo del ser personal. Dichas relaciones dejaron de ser consideradas como meramente lógicas y pasaron a tomarse también como relaciones existenciales, al menos desde el momento en que se desarrolló la doctrina de la inhabitación mutua de las tres personas (que se identifica con el espíritu divino). Y podemos decir aún algo más preciso: las relaciones del Padre, Hijo y Espíritu Santo entre sí no son en cada caso las mismas, sino tan profundamente diversas que, desde el punto de vista de su modo concreto de realizarse, también su respectivo ser personal es distinto.

La esfera del espíritu divino existe en la persona del Padre como fuerza creadora; fuerza que sólo aparece como una figura concreta por su relación con el Hijo… El misterio divino sólo es invocable como un tú, como el tú del Padre, por medio del Hijo y en comunión con él. Lo cual implica que siempre que se pudo invocar ese misterio divino, en Israel o en el mundo de las religiones, estaba ya actuando el Hijo, el Logos divino. De todas formas, tanto en el mundo de las religiones como incluso en Israel esto no acontecía más que de un modo fragmentario, pues la plenitud del Logos no toma figura humana más que en Jesús. No debería resultarnos demasiado sorprendente que el Hijo se encuentre ya implicado –como condición de posibilidad– en todo conocimiento humano de Dios y en toda invocación de su nombre, pues, según la doctrina cristiana, ese Hijo es incluso el mediador de toda existencia y de toda esencia creatural.

b. Diferencia y unidad de las personas.

El espíritu y el amor constituyen, por un lado, la esencia común de la divinidad y, por otro lado, el Espíritu Santo aparece como una hipóstasis independiente… El Hijo es la persona trinitaria que se diferencia con más claridad de la esencia divina. Tanto el Padre como el Espíritu Santo representan a la divinidad en su conjunto, cada uno de una determinada manera. En el caso del Hijo esto se da menos, pues él no participa de la divinidad eterna más que en su relación con el Padre y por hallarse lleno del Espíritu del Padre. Ciertamente, tampoco el Padre es lo que es desde la eternidad más que en relación con el Hijo. Pero como lo que el Padre representa en ese caso es su función de origen de la esencia divina, su dependencia respecto del Hijo es menos notoria. Sólo nos hacemos conscientes de ello indirectamente, de un modo reflexivo.

En el Espíritu también resalta la unidad de la esencia divina en cuanto tal, aunque aparezca como figura independiente sólo en relación con el Padre y el Hijo y en su diferencia respecto a ambos. En cambio, en la persona del Hijo, el Dios-Uno sale de su divinidad. El Hijo se encuentra frente a la divinidad en su figura de Padre. Pero no deja por ello de seguir vinculado con el Padre en la unidad de la esencia divina. Pues saliendo de la divinidad no hace sino seguir el envío del Padre y, justo auto-diferenciándose de él, permanece unido al Padre. De este modo es precisamente en el Hijo donde la dinámica interna de la vida divina llega a expresarse como espíritu y como amor.

De modo que las personas trinitarias hay que entenderlas como concreciones de la realidad espiritual de Dios. Son singularidades del campo dinámico de la divinidad eterna. Lo cual significa, visto desde las personas, que éstas no existen cada una por sí, sino en relación extática con el campo de la divinidad, que las supera y que se manifiesta en cada una de ellas y en sus relaciones entre sí. Dicha relación con la esencia divina, que supera cada una de sus personalidades, va mediada por las relaciones de cada persona con las otras dos.
El Hijo no tiene parte en la divinidad eterna más que por su relación con el Padre, siendo así Dios. El Padre no tiene su identidad de Padre más que en relación con el Hijo, siendo así, en cuanto Padre, Dios. Y el Espíritu, por su parte, no es una hipóstasis distinta más que por su relación con el Padre y el Hijo, en cuanto diversos y en comunión en su diversidad. Pues el Espíritu no tiene autonomía personal plena más que cuando se encuentra frente al Padre como irradiación de su esencia divina…

En el caso de la personalidad humana, la identidad de la persona no está nunca total y exclusivamente definida por sus relaciones con las demás; por eso, el yo y el yo-mismo aparecen diferenciados en la conciencia que el ser humano tiene de sí… En cambio, en el caso de las personas trinitarias, el Hijo es total y absolutamente él mismo en su relación con el Padre; el Padre es total y absolutamente él mismo en su relación con el Hijo; de tal modo que ambos son total y absolutamente en sí mismos aquello que son en el testimonio del Espíritu. Éste, por su parte, no es en su autonomía personal más que el Espíritu de la unidad del Padre y el Hijo…

El amor divino constituye, de este modo, la unidad concreta de la vida divina en la diversidad de sus manifestaciones y relaciones. Las diferencias personales entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no pueden ciertamente ser deducidas de un concepto abstracto de amor. Nuestro conocimiento no puede acceder a ellas más que en la revelación histórica de Dios en Jesucristo. Pero, una vez conocidas, podemos entender dichas relaciones, y su unidad en la esencia divina, como la realidad concreta del amor divino que palpita en todas ellas y que lleva a su plenitud la monarquía del Padre, por el Hijo y en el Espíritu (cf. Teología sistemática I, Madrid 1992, 459-469).

Dos de los hombres más significativos de la Iglesia española han escrito sus tesis doctorales sobre Pannenberg, el Presidente de la Conferencia Espiscopal y Monseñor Camino:

— R. Blázquez, La resurrección en la cristología de W Pannenberg (Vitoria 1976);

— J. A. Martínez Camino, Recibir la libertad Dos propuestas de fundamentación de la teología en la modernidad: W. Pannenberg y E. Jüngel (Madrid 1992).

En el centenario de Nicanor Parra, sus poemas y antipoemas

 

Nicanor Parra

Nicanor Parra

Eduardo Guerrero del Río
Revista Mensaje
11 de septiembre de 2014

Nicanor Parra remeció al ambiente literario con Poemas y antipoemas (1954), en el que desacraliza el yo poético e incorpora la oralidad del discurso cotidiano, en un hito creativo que marca desde entonces su trayectoria.

El 5 de septiembre del 2014 es una fecha significativa para la literatura chilena. Nicanor Parra, uno de los grandes poetas vivos de lengua española, cumple cien años. Por lo mismo, desde agosto vienen celebrándose diversas actividades en nuestro país para conmemorarlo. Una de ellas ha sido la exposición “Voy y vuelvo” en la Universidad Diego Portales, en la cual —a través de siete recorridos— es posible interiorizarse tanto de su biografía como de su producción poética. A manera de ejemplo: tal como a Huidobro se lo asocia con el llamado “creacionismo”, el nombre de Parra está íntimamente relacionado con el concepto de la “antipoesía”. Así, en lo fundamental, teniendo en cuenta la dificultad en abarcar en un breve artículo su extensa producción, a través de él deseamos, en boca del propio poeta, dilucidar eso de la antipoesía y, sobre todo, hacer un recorrido por ciertos hitos de su obra, aludiendo a determinados poemas que, en lo personal, poseen diferentes resonancias.

DATOS BIOGRÁFICOS: REFERENCIAS AL PADRE

Nicanor Parra nace en San Fabián de Alico, un pueblo cercano a Chillán, el 5 de septiembre de 1914. Es el mayor de ocho hermanos (entre ellos, Violeta). En una entrevista que realiza Leonidas Morales (“Conversaciones con Nicanor Parra”), alude el poeta a sus padres: “La influencia del padre es bien decisiva. Él se llamaba Nicanor y era maestro de escuela, un profesor primario, o sea, una especie de sabelotodo. (…) Mi padre era un hombre que vivía el ahora y el aquí intensamente. (…) la madre, una mujer de origen campesino, de pequeña burguesía campesina, poseedora de tierras, de animales, de viñedos”. Más adelante: “El papá era músico y medio poeta, y muy ingenioso. Todo lo que decía era divertido, entretenido, gracioso. Yo creo que la fuente está ahí, en el papá. La mamá representa la otra cara de la moneda. Él representa la poesía y la mamá la prosa, la organización de la familia, ella manejaba la casa…”. Por ejemplo, en “Se canta al mar” (Poemas y antipoemas), existe una referencia concreta al padre, en específico, a un viaje que juntos realizan a comienzos de la década del veinte y que tiene un sentido simbólico:

Mas sucedió que cierta vez mi padre
fue desterrado al sur, a la lejana
Isla de Chiloé donde el invierno
es como una ciudad abandonada.

Partí con él y sin pensar llegamos
a Puerto Montt una mañana clara.
Siempre había vivido mi familia
en el valle central o en la montaña,
de manera que nunca, ni por pienso,
se conversó del mar en nuestra casa.

Descendimos del tren entre banderas
y una solemne fiesta de campanas
cuando mi padre me cogió de un brazo
y volviendo los ojos a la blanca,
libre y eterna espuma que a lo lejos
hacia un país sin nombre navegaba,
como quien reza una oración me dijo
con voz que tengo en el oído intacta:
“Este es, muchacho, el mar”.

También en “Hay un día feliz”, del mismo poemario, reconstruye los días de su infancia y evoca la figura del padre:

(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
era un trasunto fiel de la Edad Media.

De su extensa biografía habría que señalar que pasa su infancia en Lautaro, su adolescencia en Chillán y, a los 17 años de edad, se traslada a Santiago, donde se gradúa de profesor de Matemática y Física: “Creo que la física está presente en todo lo que escribo”. Incluso más: “Un poema tiene que ser un teorema: economía de lenguaje y economía de recursos; obtener lo máximo con lo mínimo”.

Para costearse sus estudios, asume el cargo de inspector en el Internado Barros Arana. A su vez, efectúa algunos viajes al extranjero, entre ellos, a Estados Unidos e Inglaterra. Reconoce lo decisiva que fue para él la publicación, en 1935, de la Antología de la poesía chilena nueva, a cargo de Eduardo Anguita y Volodia Teitelboim (“esto fue un despertar, un sacudón tremendo”).

De entre los numerosos premios y reconocimientos obtenidos a lo largo de su dilatada carrera de poeta, está en 1969 el Premio Nacional de Literatura; en el 2001, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, y el 2011, el Premio Cervantes.

En Aproximación estética a la literatura chilena, el estudioso Luis Cecereu alude a la primera publicación de Nicanor Parra: “La obra de Parra se inicia en el año 1937 con la publicación de Cancionero sin nombre. Dicha instancia cronológica nos remite a la eclosión del superrealismo, a la consolidación de la poesía nerudiana con Residencia en la tierra (1933) y a la gravitación de la obra de Federico García Lorca sobre ciertos autores nacionales, a los que no está ajeno Nicanor Parra”. En efecto, en Cancionero sin nombre (“pescado de juventud”, al decir del poeta), con el cual obtiene el Premio Municipal de Poesía de Santiago, queda de manifiesto esta influencia, introduciendo, a su vez, “una que otra imagen surrealista”. Por ejemplo, un poema como “Suicidio violento” tiene, a nuestro entender, resonancias lorquianas:

Me muero por mi corbata
de rosa de sombra ardiendo,
si quieres que te lo diga,
me muero porque te quiero.

Sobre mi corbata reman
navíos de mar y sueño,
de mi camisa levanta
gaviotas de luz el viento”.

Eso sí, en opinión de Federico Schopf,
“el poeta asumía, además, una actitud irónica ausente en el Romancero gitano de García Lorca”.

IMPACTO DE POEMAS Y ANTIPOEMAS

Diecisiete años después, en 1954, la publicación de Poemas y antipoemas provoca un remezón en nuestro ámbito literario. El poeta da luces sobre el sentido de este texto: “Y entonces me pareció que el libro que yo estaba trabajando en ese tiempo debía titularse Poemas y antipoemas, o sea, en el libro debían aparecer dos objetos diferentes pero complementarios: los poemas tradicionales y, enseguida, este otro producto, estrambótico, más o menos destartalado, que se llama el antipoema. (…) En realidad, Poemas y antipoemas no es otra cosa que Yin y Yang, el principio masculino y el femenino, la luz y la sombra, el frío y el calor”. De aquí en adelante, este concepto del antipoema se va a constituir en un leitmotiv de su producción. Llama la atención, sin duda, esta especie de “desacralización” del yo poético y la presencia de la oralidad, del discurso cotidiano: los poetas bajan del Olimpo. Según Parra, los poemas de la primera parte son “neorrománticos y posmodernistas”; los de la segunda, “expresionistas”, y los de la tercera, “antipoemas”: “Ya no hay expresionismo. Son bichos diferentes. Un género prácticamente con todas las deudas a Kafka y al surrealismo. También habría que decir que tienen que ver las películas cortas de Chaplin”. Por otra parte, a través de esta poesía del habla (lenguaje de la tribu), lo que se persigue “es una demolición de los valores tradicionales inventados por los ricos. Inventados por la burguesía”, en palabras del poeta.
Aparte del mencionado “Se canta al mar”, resaltamos del conjunto otros tres poemas: “Autorretrato”, “Epitafio” y “Advertencia al lector”. En “Autorretrato”, se manifiestan —sobre todo— alusiones, con mucha ironía de por medio, a su trabajo como profesor primario, este profesor “de las quinientas horas semanales”:

Considerad, muchachos,
este gabán de fraile mendicante:
soy profesor en un liceo oscuro,
he perdido la voz haciendo clases.
(Después de todo o nada
hago cuarenta horas semanales).
¿Qué os parece mi cara abofeteada?
¡Verdad que inspira lástima mirarme!
¿Y qué decís de esta nariz podrida
por la cal de la tiza degradante?
(…) Aquí me tienen hoy
detrás de este mesón inconfortable
embrutecido por el sonsonete
de las quinientas horas semanales.
Por su parte, en “Epitafio”, se describe físicamente:

De estatura mediana,
con una voz ni delgada ni gruesa,
hijo mayor de profesor primario
y de una modista de trastienda;
flaco de nacimiento
aunque devoto de la buena mesa;
de mejillas escuálidas
y de más bien abundantes orejas;
con un rostro cuadrado
en que los ojos se abren apenas
y una nariz de boxeador mulato
baja a la boca de ídolo azteca
—todo esto bañado
por una luz entre irónica y pérfida-
ni muy listo ni tonto de remate
fui lo que fui: una mezcla
de vinagre y de aceite de comer
¡un embutido de ángel y bestia!

El tercero de ellos, “Advertencia al lector”, para Federico Schopf, “opera como una especie de antipoética, destinada a preparar el ánimo de los lectores con respecto a la novedad y pretensiones de la antipoesía. La comunicación de esta advertencia está plagada de lugares comunes y frases hechas”.

DÉCADA DE LOS SESENTA Y SETENTA

En 1962, se publica Versos de salón. Nuevamente Parra señala: “Y tengo la sensación de que solamente con Versos de salón empiezo a hacer una poesía home made o made in Chile. Una poesía que se atreve con el lenguaje chileno propiamente tal y con temas chilenos”.
En muchos de sus poemas, existen claros indicios de los derroteros de su escritura: “Todo poeta que se estime a sí mismo/ debe tener su propio diccionario” (“Cambios de nombre”); “Durante medio siglo/ la poesía fue/ el paraíso del tonto solemne./ Hasta que vine yo/ y me instalé con mi montaña rusa” (“La montaña rusa”); “Yo no permito que nadie me diga/ que no comprende los antipoemas/ todos deben reír a carcajadas” (“Advertencia”); “Tengo una sed ardiente de expresión (“Se me pegó la lengua al paladar”).
A su vez, destacamos “El galán imperfecto”:
Una pareja de recién casados
se detiene delante de una tumba.
Ella viste de blanco riguroso.

Para ver sin ser visto
yo me escondo detrás de una columna.

Mientras la novia triste
desmaleza la tumba de su padre
el galán imperfecto
se dedica a leer una revista.

De la misma década de los sesenta son Canciones rusas (1968) y Obra gruesa (1969), esta última una especie de “obras completas”, ya que reúne los libros publicados anteriormente (menos el primero de ellos), agregándose tres secciones: “La camisa de fuerza”, “Otros poemas” y “Tres poemas”.
De Canciones rusas, destacamos “Aromos”:

Paseando hace años
por una calle de aromos en flor
supe por un amigo bien informado
que acababas de contraer matrimonio.
Contesté que por cierto
que yo nada tenía que ver en el asunto.
Pero a pesar de que nunca te amé
—eso lo sabes tú mejor que yo—
cada vez que florecen los aromos
—imagínate tú—
siento la misma cosa que sentí
cuando me dispararon a boca de jarro
la noticia bastante desoladora
de que te habías casado con otro.

De los nuevos poemas aparecidos en Obra gruesa, se encuentran su “Defensa de Violeta Parra” y su “Manifiesto”:

Señoras y señores
esta es nuestra última palabra.
—Nuestra primera y última palabra—
Los poetas bajaron del Olimpo.

El poeta es un hombre como todos
un albañil que construye su muro.
Un constructor de puertas y ventanas.

Nosotros conversamos
en el lenguaje de todos los días
no creemos en signos cabalísticos.

De la década de los setenta en adelante, títulos como Artefactos (1972), Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977), Chistes para desorientar a la policía poesía (1983), Poesía política (1983), Hojas de Parra (1985), Discursos de sobremesa (2006), entre muchísimos otros, dan cabal cuenta de una poesía que no solo refleja una peculiar poética, sino que, a su vez, posee un sentido político y social. Tampoco hay que soslayar su preocupación por la ecología: se considera un “alfabetizador ecológico”.
Mucho se podría hablar de cada uno de estos textos. Pero solo queremos hacer una referencia a “El hombre imaginario” (de Hojas de Parra), considerado por Federico Schopf como “uno de los mejores textos de Parra”. Sus últimos versos señalan:

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

Para Parra, ese poema es el “salto mío también al vacío”, aludiendo a que la dama referida se había lanzado desde el piso octavo de un edificio.

RECIENTE PUBLICACIÓN

Como señala el crítico literario Rodrigo Pinto (revista Sábado), “un inédito de Nicanor Parra, aunque sea breve, es siempre una magnífica noticia”. Esto, referente a la publicación en junio de este año de Temporal que, a pesar de ser escrito en 1987, recién aparece ahora, ya que estuvo por más de veinte años extraviado. Para Nicanor Parra, “es un poema largo, es un libro. Temporal se llama y está todo hecho en lenguaje de la tribu y con el tema de la tribu… En último término, lo que me interesa a mí es la crítica social. Es una necesidad impostergable en mí; es decir, yo no quiero ser un fotógrafo de las imágenes oníricas, sino que quiero ser la voz de la tribu, y no tan solo la voz de la tribu, sino que la conciencia de la tribu”.
Nos encontramos con un temporal en una doble connotación: lo atmosférico y lo político: “Esto no es catástrofe camarada/ Temporal desatado cuando mucho.// Tiene razón el hombre/ El 11 de septiembre sí que fue una catástrofe (“Opiniones del hombre de la calle”).
Cuando Nicanor Parra cumplió 80 años, ante la pregunta “¿piensa llegar al año 2000?”, respondió “Cómo va a ser tanta la mala suerte”. Han pasado veinte años desde entonces y aún Parra sigue presente en el Olimpo literario chileno. Él mismo lo dijo en sus Poemas y antipoemas: “Creo que moriré de poesía”. MSJ

Flannery O’Connor, literatura de caída y redención

Flannery O'Connor.

Flannery O’Connor.

Enrique Chuvieco
Aleteia
11 de septiembre de 2014

Tan solo dos novelas, 39 cuentos y volúmenes de cartas y ensayos han conseguido que Flannery O’Connor se erija como una de las escritoras norteamericanas más significativas del siglo XX. Contemporánea de Truman Capote, Saul Bellow y John Salinger y, por tanto, integrante de la entreguerras “Generación perdida” se distanciaba de ellos en su consistente vivencia católica, auténtica columna vertebral en su corta vida, causada por la enfermedad del Lupus.

Quien había escrito “por favor Dios, ayúdeme a ser una buena escritora”, despertó su vocación hacia el dibujo en sus primeros años. Mary Flannery O’Connor nació en la localidad sureña de Savannah (Georgia- Estados Unidos) el 25 de marzo de 1925 de padres católicos irlandeses. El Sur de Estados Unidos era territorio hostil para los católicos, tal vez por eso la familia recibiera con agrado a los visitantes que llegaban de otros lugares y que serían semillero de amistades para la escritora en su edad adulta.

Kafka y Joyce, unos desconocidos

A los 19 años, Flannery se licenció en literatura y con un porvenir cabalgando hacia el matrimonio y a la docencia en escuela secundaria en su localidad, decidió, alentada por algunos profesores, desechar esa opción para irse a estudiar escritura creativa en la Universidad de Lowa, primera facultad que erigía esta disciplina en Estados Unidos.

De aquel contacto con la escritura, O’Connor reconocería posteriormente que vino a ser como un flechazo: “La verdad es que no empecé a leer hasta que fui a la escuela de posgrado y entonces comencé a escribir al mismo tiempo. Cuando entré a Lowa nunca había oído hablar de Faulkner, Kafka, Joyce, mucho menos los había leído. Pero en ese momento me puse a leer todo al mismo tiempo, tanto es así que no creo que haya sido influida por un solo autor.”

Tras terminar sus estudios en Lowa, vivió un tiempo en el estado de Nueva York. Allí hizo amistad con el poeta Robert Lowell, quien le presentó a quien sería el editor de sus libros, Robert Giroux. De este periodo es también su amistad con el traductor y poeta Robert Fitzgerald y su esposa.

Con el diagnóstico de su enfermedad Lupus, de la que había fallecido anteriormente su padre, abandonó el Norte y volvió a Georgia con su madre para escribir, criar a sus pavos, leer teología, principalmente al doctor de la Iglesia santo Tomás de Aquino, y mantener una multitud de relaciones epistolares que agigantan su producción literaria.

Cierta de la Encarnación y de la bondad del mundo

Su pasión por la escritura no disminuyó su fe, aunque no se hacía ilusiones sobre la influencia que podría tener con sus escritos de cara a sus contemporáneos. “Una de las cosas terribles de escribir cuando eres un cristiano –compartía en carta con una amiga- es que para ti la realidad suprema es la Encarnación (del hijo de Dios, Jesucristo), la realidad presente es la Encarnación, y nadie cree en ella; es decir, no tienes público. El público está compuesto de personas que creen que Dios ha muerto. Al menos tengo la conciencia de estar escribiendo para esas personas.”

Su consistente formación católica iba a la par de su vivencia personal, y la llevaba a decir a otra amiga hablando de las técnicas narrativas que estaba madurando: “La ficción es la expresión concreta del Misterio, un Misterio vivido. Los católicos creen que toda la Creación es buena y que la maldad es el mal uso del bien y que sin la Gracia lo usamos mal casi todo el tiempo. Es casi imposible escribir sobre la Gracia sobrenatural en la ficción. Casi siempre lo tenemos que encarar de una forma negativa. En cuanto a la Gracia natural, tenemos que recibirla como llega, por la naturaleza. En todo caso opera rodeada por la maldad.”

El mundo literario de Flannery, el Sur de los Estados Unidos, está poblado de seres extravagantes, como un predicador ateo que establece una “iglesia de Cristo sin Cristo”, un asesino nihilista, un vendedor itinerante de biblias que seduce a una mujer con una pierna ortopédica de madera (en su Biblia hueca guarda naipes pornográficos, whisky y condones…).

Éste contrastaba con su imagen personal, similar al de una profesora acogedora sentada en el porche de su casa, enfundada en sus vaqueros (cosa rara para aquellos tiempos en una mujer) y con una camisa a cuadros; inhiesta en sus muletas, compañeras diarias para ayudarla en su enfermedad, y así poder controlar los andares de sus chillones pavos.

La Iglesia sin Cristo

Más allá de esta galería de personajes límite que nos presenta, encontramos una escritora que aborda sin complejos cuestiones ligadas al hecho religioso, como la salvación, la redención y la gracia, cuyo arte es una alabanza a Dios desde su vinculación profunda con la Iglesia Católica.

Al respecto dirá: “Cuando miro los cuentos que he escrito encuentro que son, en su mayoría, sobre personas afligidas y pobres, tanto de cuerpo como de alma, que tienen poco sentido espiritual y cuyas acciones no dan, aparentemente, al lector ninguna seguridad sobre la alegría de vivir (…). Esto significa que el sentido de la vida esta centrado en nuestra redención por parte de Cristo y lo que veo en el mundo lo observo en relación con esto. No creo que sea una posición que se pueda tomar a medias o que sea, en estos tiempos, particularmente fácil hacerlo de manera transparente en la ficción.”

“La Iglesia sin Cristo” es la expresión que se convierte en el mensaje central del predicador Hazel Motes, en Sangre sabia. Como dice Flannery O’Connor en el prólogo: “Que la creencia en Cristo sea para algunos hombres una cuestión de vida o muerte, ha sido un constante obstáculo para aquellos lectores que prefieren pensar que es una cuestión de escasa importancia”. La negación sistemática de toda fe cristiana, que hace la Iglesia sin Cristo, finalmente no hace más que reafirmarla.

Pocos años antes de morir en 1964 Flannery a los 39 años de edad a causa del Lupus, se la comienza a reconocer en los Estados Unidos y algo más tarde en Europa. Ella, que vivió en su pequeño mundo sureño, supo conocer y conectar, como pocos, con el caudal de vida y de mezquindad que anidan en el corazón humano desde la noche de los tiempos, que fue rescatado para siempre por el Dios hecho hombre en una época y lugar extraños, Palestina, tanto como su pantanoso Sur.